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Uno de los mayores peligros al que se enfrenta la izquierda abertzale y por extensión todos los sectores que activamente buscan un escenario nuevo donde todos los derechos individuales y colectivos sean respetados es la “normalización”.

Es decir, ganar espacios de libertad que el estado ha erosionado en su lucha contra el independentismo vasco pero sin variar del status quo que permite al estado español aplastar el derecho de la ciudadanía vasca a decidir su futuro sin injerencias. Hecho clave para la resolución final del conflicto desatar ese nudo.

Aún superandose la represión que ha ido poniendo el estado a lo largo de los años para dificultar el proceso de liberación nacional y social solo se estaría dando salida a una parte de las consecuencias del conflicto político, así mismo el desactivar toda medida de autodefensa tambien solo traería consigo eliminar otras consecuencias del conflicto. Pero nunca el conflicto en sí mismo.

Una de las apuestas de la izquierda abertzale es llevar el conflicto a un terreno en el cual mediante vias políticas y democráticas se le pueda dar salida, y para ello ha hecho una apuesta unilateral en ese sentido confiando en que la energía que se pueda desatar, la acumulación de fuerzas, el empuje de duras decadas de lucha y la propia activación de la sociedad vasca sean el aval necesario para recorrer el camino. Una apuesta arriesgada y valiente pero que al mismo tiempo trae consigo una serie de responsabilidades. Es en ese terreno donde se ganará o perderá la batalla, y para ganar esa batalla se hará imprescindible la confrontación política y popular.

En decadas pasadas son muy conocidas las herramientas que se han usado para llevar a cabo esa confrontación y ciertamente el estado ha tenido que incrementar la represión y variar de estrategias para hacerlas frente. Así mismo el estado cada vez ha utilizado medidas mas sofisticadas. Todas y cada una de esas estrategias han sido superadas en su momento histórico por la izquierda abertzale.

Esa lucha de la izquierda abertzale ha llevado la situación política al punto donde nos encontramos hoy donde el estado español se está viendo obligado a usar todos sus recursos violentos, porque su estrategia politico-militar esta prácticamente anulada y se reduce a un militarismo corto-placista que cada vez tiene mas caríz de gratuito y vengativo que a una estrategia firme a largo plazo. El estado está a la defensiva y expectante intentando bloquear vias pero con incapacidad absoluta para abrirse camino.

Por otra parte los sectores que apuestan por el cambio se encuentran en un proceso de acumulación de fuerzas, de encuentro , y de apuestas compartidas, diseñando el camino firmemente y con perspectivas de futuro. El estado se encuentra con que sólo tiene a mano la represión para poder descarrilarlo, mientras un gigante muro anti represivo se ha empezado a construir y sin duda doblegará mas pronto que tarde a un estado débil políticamente haciendo inviable la represión a riesgo de acelerar el proceso democrático. Lo cual traerá una sensación de normalización política porque las consecuencias mas graves y visibles del conflicto político estarán muy reducidas.

¿Es suficiente eso para el cambio de ciclo?

De ninguna manera, sin confrontación popular el proceso político abierto morirá ahogado en una asimilación politica institucional y sin ninguna posibilidad de cambio.

Es por ello que el tensionamiento y la confrontación tienen que acompañar todo el viaje y que esta confrontación tiene que estar al mismo nivel de energía y flexibidad del pasado, abarcar todos los campos y ser sostenido en el tiempo.

La apuesta unilateral de la izquierda abertzale trae consigo un cambio táctico por el cual todas las formas de lucha y el capital político ddeben estar dentro de unos parámetros. Esos parametros son conocidos y el acuerdo de Gernika da buena cuenta de ello.

El objetivo prioritario tanto antes como ahora pasa por hacer insostenible la ocupación española en Euskal Herria, y para ello sera necesario en determinados contextos ir dando saltos cualitativos de confrontación politica. Esta confrontación también necesitara de su recorrido y de sus pasos, pero tiene que ser firme y sin límites.

Con la rica experiencia acumulada en el pasado y con los nuevos pasos que se están dando, este pueblo tiene la capacidad y determinación suficiente para llevar adelante nuevas estrategias de tensionamiento y desobediencia, muchas de ellas aun sin explorar donde se podrá efectivamente condicionar al estado. Llegará el dia de las huelgas generales, de la desobediencia institucional, de las consultas directas “fuera de la ley”, de la insumisión.

Ese camino se tendrá que recorrer porque la izquierda abertzale no nació para resistir y tampoco para acabar simplemente con la represión o para ser legal sino para llevar junto con otros a este pueblo a su soberanía y acabar con la opresión, donde cara a cara el pueblo vasco frente a los estados negocien finalmente una salida justa al conflicto que pasa sin lugar a dudas por el reconocimiento de los derechos nacionales del pueblo vasco sin injerencia alguna de nadie, único garante para que se asienta una paz verdadera.

La lucha popular y la movilización, como así ha sido siempre, seguirá siendo el eje. Eso o la derrota. Y la derrota no es una opción, como así nos lo han dejado para siempre grabado todos los que ya no están.

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