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Ayer 26 de Octubre pudimos leer en el diario Gara un interesante artículo de opinión firmado por el profesor de la UPV-EHU Mario Zubiaga titulado Marcos de guerra.

En el texto se da cuenta del concepto de “marcos de guerra” ya  profundizado por Judith Butler y en este caso aplicado a la realidad mediática y política de Euskal Herria y España con su conflicto violento subyacente. Conflicto político y violento no acabado (cabe recordar).

Como nos recuerda, los marcos de guerra son “las distintas maneras de repartir selectivamente la experiencia como algo esencial a la conducción de la guerra”. Es decir, una construcción simbólica que realizan las partes de un conflicto mediante la cual buscan la “deshumanización e insensibilidad” hacia el otro bando, ya sea exacerbando o negando realidades. Para esta labor los
medios de masas han resultado una herramienta eficaz.

En el artículo se nos explica que en el contexto del conflicto político que vivimos esos marcos de guerra han sido bilaterales: “los marcos sistémicos que hemos mencionado han competido con otros marcos de guerra insurgentes -«españolistas/opresores», «policías/txakurras o cipayos», «empresarios/explotadores» , etc… -, construidos en su momento para conducir la guerra desde el otro lado.” Y se incide en que “los espacios antisistémicos hace tiempo que han abandonado esos marcos discursivos. En efecto,«diálogo, acuerdo, negociación, derechos civiles y políticos, todos los derechos para todos, etc.»…, son términos asumidos desde hace tiempo por la izquierda abertzale. El último paso, el de abandonar la guerra material, es una consecuencia lógica del carácter constitutivo de los marcos discursivos: sin ellos, la guerra es imposible.”

A modo de conclusión Mario Zubiaga afirma que “Si pretendemos (re)construir una sociedad conflictiva aunque reconciliada es imprescindible la superación de los marcos de guerra dominantes hasta ayer y su sustitución inmediata por los de la pugna democrática”.

Una buena reflexión pero que en mi opinion cabría matizar y peca de cierta ingenuidad.

Dos fuerzas que se empujan entre sí (a todos los niveles; Ideológico etc…) crean una tensión, si una deja de hacer fuerza es atropellada y aplastada o totalmente cubierta por la otra que llegado el momento no necesitará hacer tal fuerza para dominarla.

La voluntad de un pueblo o de una clase social es del todo insuficiente sin elementos que hagan imponer esa voluntad democrática  frente a las fuerzas contrarias. Sin ello (esa fuerza) Euskal Herria no existiría, ya que no habría oposición a las fuerzas que empujan en el sentido de esa destrucción nacional y social vasca. Fuerzas opositoras irreconciliables con sus opuestos y totalmente anti-democráticas con las cuales es del todo imposible una conciliación y convivencia. Lo único posible y realista es el acuerdo y la negociación que asiente un terreno de no agresión y respeto mínimo. Pero se conseguirá precisamente mediante el ejercicio de la lucha (fuerza) que cree unas condiciones para ello. El ejercicio de generosidad y convencimiento son elementos importantes y claves de cara a la sociedad pero del todo inoperativos en los ejes de enfrentamiento sin una base asentada de justicia.

Por lo tanto es necesario un paso más, lo que sería una llave de judo que utilice la fuerza del contrario. Usar ese discurso bloqueador del opuesto para a través de un discurso desbloqueador en la sociedad generarle erosión pero a su vez con energía  empujarle, moverle, condicionarle para que vaya al suelo y no encima. En nuestro caso que la fuerza contraria vaya al suelo no
significa la dominación sobre los que ejercen fuerza contra nosotros sino derechos democráticos. Ya que no se puede partir de una igualdad entre los contrarios, uno oprime el otro genera respuesta.

La búsqueda de la desaparición de los marcos de guerra en Euskal Herria sería viable en un terreno de juego igualitario para las partes pero la guerra del estado nunca dejará de ponerse en práctica porque es violencia estructural lo que la mantiene, el estado no es neutro y responde a unos intereses, el hecho de pensar que no haciendo fuerza y poniendo toda la maquinaria discursiva y práctica en una búsqueda de solución pacífica es algo que va en contra de todos los axiomas históricos. Solo el tensionamiento ha conseguido avances. Tensionamiento entendido como fuerza realizada contra las fuerzas opuestas y no dentro del debate de métodos de lucha que sería paralelo.

El equilíbrio entre ofensiva, defensa, reforzamiento de posiciones, vulnerabilidad de los opuestos, atracción y confrontación será lo que irá abriendo paso. Por lo tanto posturas que  solo se concentren en uno de los apartados y descarten los demás  ya sea mediante revisionismos históricos, distensión mal entendida, actitud pacífica burguesa (diferente a la paz de la clase trabajadora) o desideologización harán fracasar la apuesta. Tensionamiento inteligente, firmeza ideológica y flexibidad táctica (como así  ha sido siempre) es los que generará condiciones nuevas de avance.

La izquierda abertzale no puede ser un movimiento mediador, desideologizado y defensivo sino defender su posición con contundencia y atacar con decisión a los elementos opuestos para erosionarlos, ya que eso genera las condiciones para que luego exista la mediación y  el acuerdo
desde una posicion reforzada. Sin dejar el marco discursivo de la solución y diálogo,  mantener la actitud ofensiva en todo lo demás, tensionar.

De lo contrario  si una fuerza se mueve hacia el centro de la tensión entre dos fuerzas, la perdida de capacidad ideológica es un hecho ya que la deja a parte debido a su posición neutra.

El estado no solo tiene discurso de marco de guerra sino discurso amable y será una estrategia que será puesta en práctica cada vez más. El discurso y prácticas amables generan otro marco de guerra, la guerra encubierta de la asimilación tan peligrosa como la otra. Los beneficios del sistema, el placebo institucional, la amenaza velada…

El movimiento antisistémico no ha abandonado el carril discursivo ofensivo que además en mi opinión habría que potenciar  y no hay que confundirlo con los medios empleados, que repito sería un debate paralelo y no cerrado. La radicalidad social debe y puede ser un valor tan o más importante que el diálogo, los acuerdos y la atracción/seducción política. Cuando , donde y como aplicar esos baremos es una de las claves.

Las condiciones que han causado el fin de la actividad armada de ETA no han llegado mediante la desaparición del marco de guerra de la izquierda abertzale. Sino de condiciones políticas generadas por el marco de guerra de la izquierda abertzale. Y eso no significa insensibilidad hacia el opuesto, o negación de realidades, no al menos en el caso de la izquierda independentista vasca.

La patronal seguirá siendo explotadora y las FSE fuerzas represivas al servicio del capital y de España. Es su naturaleza. En este caso sí. No pueden ser otra cosa.

3 thoughts on “Crítica al artículo de Mario Zubiaga: Marcos de guerra

  1. No me gustan nada muchos de los nuevos discursos sin memoria historica de la lucha que hacen tabla rasa sobre todo y que muestran a una IA angelical y democrata. Democratas siempre, pero la bandera pirata bien alta :)

  2. Tienes razón Iratxe. Con estos discursos parece que tengamos que escondernos del pasado, de nuestro pasado. Por lo de “democrata” mira, esta palabra esta tan prostituida la pobre, que prefiero el termino de “Revolucionarios”.

    • El termino democracia nos lo han robado para prostituirlo hasta limites insospechados, la democracia, la verdadera, la directa, la popular, corresponde al pueblo.

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