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Emilio Lopez Adan ‘beltza’, en un interesante artículo titulado Eztabaida irekitzeko publicado en Argia a principios de este mes, daba cuenta de su opinión en torno a diversos temas que están causando bastante debate tras la coyuntura creada por el cese de la actividad armada de ETA.

En ocho puntos y un pequeño añadido nos expresa cuales son sus planteamientos  y aquí expresaré cuales son mis aportaciones  en torno a los puntos de debate que propone.

1.Cese de la lucha armada. En el primer punto se extiende en torno a algunas de las razones o motivaciones que diferentes sectores sociales ponen encima de la mesa  (siempre desde una perspectiva negativa) y sitúa ahí los razonamientos para ese cese. Sin embargo no se puede de ningún modo analizar en toda su globalidad este tema aislandolo de toda la coyuntura política y de todos los demás agentes que interactúan con ésta. Por el mismo motivo se podría aducir que la lucha política y social no ha traido avances significativos en torno a la consecución del estado socialista vasco pero eso en ningún caso significa que la lucha política y social para la construcción de ese estado esté en disputa. Es obvio que se están produciendo recortes y retrocesos en el  ambito socio-económico y eso no significa que las herramientas sindicales y del movimiento social sean un tapón. Sino que la potencia de precisamente las fuerzas opuestas es superior.

Por lo tanto para analizar el cese y sus razonamientos lejos de discursos negativistas, oportunistas o éticos de diferentes sectores el análisis político del conjunto de la coyuntura  y como se relaciona entre sí es la base. Puede que haya sectores que opinen que precisamente la debilidad política y la falta de energía social sea la que produzca los efectos  negativos que a su vez contraresten otras herramientas de lucha. Y otros podrían volver a rebatir que eso es así por la existencia de fenómenos armados. Llegaríamos a un bucle.

No es un debate sencillo. Así que es descartable que el análisis negativista de la lucha armada haya sido lo que haya hecho dar ese paso sino el análisis político de todos los aspectos de la coyuntura , del proceso histórico y de las condiciones políticas creadas (todas). Porque es obvio que el que ha llevado adelante la lucha armada cree que sus efectos han sido positivos (lo cual no significa que no pueda creer  también que los haya habido negativos). Análisis táctico y estratégico en definitiva y una definición de etapas han sido en mi opinión los argumentos de más peso a la hora de llevar a cabo esa iniciativa de alto el fuego definitivo.

2. Los abertzales han levantado la cabeza. Aquí ‘beltza’ incide en que por arte de magia a consecuencia de la decisión de ETA, la sociedad abertzale que estaba bajo una represión feroz o con la cabeza agachada ha despertado y se han creado condiciones para enfrentarse al españolismo agresivo que incluso se había instalado en las instituciones así como para presentar una alternativa al PNV.

Sin embargo objetivamente la represión no ha finalizado, ni tiene visos de hacerlo pese a que pueda transformarse. Que el españolismo gestione instituciones no es fundamental en los ejes básicos de opresión ya que si lo hicieran abertzales no cambiarían tampoco esos ejes básicos ya que es necesario un cambio estructural total, imposible dentro de la legalidad e instituciones españolas  actuales para avanzar en el proceso de liberación sin una ruptura.

Aun así, es obvio que el control de instituciones españolas (los ayuntamientos también lo son), son herramientas que ayudan al proceso general pero nunca por sí solas pueden dar pasos concluyentes en ese proceso. Hace falta más.

El proceso de acumulación de fuerzas y la iniciativa política lo que hace, entre otras cosas, es que el movimiento abertzale genere condiciones de avance y es el aspecto psicológico de ese movimiento el que hace que tenga la cabeza más arriba o más abajo. Algunos pueden aducir que el cese de la lucha armada crea condiciones para que esa unidad sea más factible y expansiva pero también se podría añadir que ese cese se ha dado en un contexto donde la presencia armada ha sido un factor que ha requerido esa unidad y su puesta en marcha además de que esa unidad ya iniciada y planteada posiblemente  ha sido uno de los elementos de evaluación de cara al cese armado. Y no al revés.

3. El relato. Si bien como afirma ‘beltza’ es necesario hacer un relato completo y sincero lo que no se puede hacer es entrar en términos anti-terroristas para hacerlo, usando definiciones que ayudan poco o nada para entender lo sucedido en este último medio siglo. Ya que eso sería precisamente no ser sinceros al relato sino a opiniones concretas que parten de un análisis político propio facilmente distorsionador. Y es que en realidad hay tantos relatos como personas y llegar a un relato unificado va a ser casi una tarea imposible. Al final,como suele ocurrir siempre, el relato que prevalece es el del vencedor, por lo tanto mas que relato lo necesario será concentrarse en lo que está por venir más que en lo que ha pasado teniendo en cuenta que pese a que la actividad armada de ETA ha cesado ni el conflicto y la violencia lo han hecho. Es probable que todavía falte tiempo para que se den las condiciones de paz y normalización para empezar a escribir relatos.

4.Víctimas. Comparto  el punto de vista expresado en este punto. Los militantes armados caídos en acción así como sus opuestos no son víctimas. Sino que responden a la lógica de guerra, por muy dura que sea ésta.  Pese a ello es considerado esconder o no reivindicar muertos como crimen de guerra y ahí existe un vacío.

El dolor y daño causado se tiene que reconocer a todas las víctimas, en todos los sentidos y casos. Y el respeto al dolor y el recuerdo debe estar siempre presente. Además de cara a la convivencia futura llevar a cabo actos de reconocimiento mutuo puede ser importante.

Segunda parte :Crítica al artículo de ‘Beltza’: Para abrir el debate

3 thoughts on “Crítica al artículo de ‘Beltza’: Para abrir el debate (primera parte)

  1. Artículo escrito para la revista independentista galega Abrante, publicado en su nº 62.

    ETA como principio de realidad

    Sin duda, con el tiempo y gracias a la praxis, los marxistas de los pueblos oprimidos iremos desmontando el dogmatismo mecanicista y formal del “marxismo español”.

    Iñaki Gil de San Vicente

    Sin duda, con el tiempo y gracias a la praxis, los marxistas de los pueblos oprimidos iremos desmontando el dogmatismo mecanicista y formal del “marxismo español”. En este avance del conocimiento, la teorización de la experiencia de ETA será tan decisiva, en el marco europeo, como lo fue y está siendo en el marco latinoamericano, la teorización de las guerrillas, de la vida del Che y de Marulanda, de las aportaciones de Mariátegui, del contenido social, revolucionario y de liberación nacional preburguesa de Tupaj Kamaru y de Tupaj Katari, etcétera; por no extendernos a revolucionarias y revolucionarios africanos y asiáticos. El euromarxismo ha tenido miedo a estudiar algo a lo que más temprano que tarde ha de enfrentarse: las guerrillas de liberación nacional en la Europa nazifascita de 1939-45, y a otras posteriores, en cuanto heroicas e impresionantes demostraciones de la dialéctica entre lo objetivo y lo subjetivo, dialéctica que saca a la luz el principio de realidad, es decir, la objetividad de la explotación, de la dominación y de la opresión.

    Y es aquí en donde ETA aparece como la fuerza clave que, por un lado, sintetiza todas las contradicciones que pudren el capitalismo europeo y, por otro, muestra cómo la acumulación de fuerzas progresistas llega un momento que permite el salto cualitativo a un escenario político nuevo. No podemos exponer ahora la primera cuestión, que entra de lleno en la crítica del euromarxismo, sólo podemos decir que las luchas de liberación nacional se caracterizan por ciertas diferencias con respectos a las luchas revolucionarias en los pueblos que no padecen opresión nacional. La lucha de clases “normal” no se libra en un contexto en el que las subjetividades colectivas, los referentes históricos y la carga emotiva por los sacrificios de la lucha, alcanzan la importancia objetiva, material y política, que tienen en las naciones aplastadas que llevan decenios oponiéndose al ocupante. Con esto no negamos, en modo alguno, la importancia de lo subjetivo en esta lucha de clases, simplemente queremos recordar la diferencia–que no contradicción–entre ambos procesos revolucionarios que tienen el mismo objetivo último.

    Vamos a extendernos en la segunda porque es la más urgente, analizando trescuestiones de innegable significado que muestran por qué ETA ha sido y es el principio de realidad, aunque ya no actúe militarmente. Sin entrar en debates psicoanalíticos, por principio de realidad entendemos aquí la capacidad de ir a la raíz y mostrarla a la vez en la superficiecon la forma de objetividad de la opresión nacional. Quien conozca los rudimentos de la epistemología marxista sabrá que hablamos de la aplicación de la dialéctica materialista a la lucha de liberación. Empezando ya con la primera cuestión, hay que decir que el principio de realidad se ha mostrando de manera irrefutable con el comunicado de ETA sobre el fin de su accionar armado ya que ha destrozado todas las mentiras elaboradas durante años. Durante años, la industria político-mediática se ha volcado en “crear la verdad” de que ETA estaba en agonía premorten y la izquierda abertzale en la inanición. Aunque militantes independentistas llevamos tiempo explicando la acumulación de fuerzas, tanto las sofisticadas técnicas de manipulación mediática como nuestras limitaciones y errores, además de otros factores, han facilitado que se mantenga la mentira de la derrota.

    Las reacciones españolas ante el comunicado indican que siempre se impone el principio de realidad. Ahora se entiende perfectamente que ETA ni se ha rendido ni está derrotada, simplemente advierte que da un paso más en su larga lucha política, dejando un instrumento táctico y priorizando otros. La política española ha puesto el grito en el cielo al no poder regodearse viendo una rueda de prensa en la que sus participantes aparecieran sin capuchas, como los autoderrotados p-ms en su tiempo. La imagen y la simbología son expresiones materiales, y el nacionalismo imperialista español lo ha comprendido perfectamente, ladrando con impotente furia. Las capuchas, aun siendo importantes, son parte de un comunicado que llama a las cosas por su nombre, y esta radical coherencia ético-política que caracteriza a ETA lo dice todo, lo que refuerza su afirmación de que la acumulación de fuerzas democráticas lograda en las peores situaciones represivas permite y exige dar un salto en la movilización política. No se trata de un salto al vacío, porque todo demuestra que la acumulación lograda hasta ahora en muy penosas condiciones tiende a ampliarse, y además la decisión de ETA acaba con las excusas de quienes decían que su accionar armado imposibilitaba toda la lucha social y popular. Tampoco el comunicado niega la historia del independentismo socialista, ya que desde hace un tercio de siglo ETA ha propuesto finalizar su accionar armado si se llegaba a una unidad similar a la actual.

    Pero la realidad se impone incluso para la izquierda independentista y para ETA, y así llegamos a la segunda cuestión. Queremos decir que el comunicado se hace público cuando llevamos cuatro años sufriendo una crisis socioeconómica que tiene contenidos nuevos si la comparamos con las anteriores. Es verdad que no se entiende nada del capitalismo si se desconocen sus crisis periódicas y que, por tanto, todo proyecto independentista y socialista debe siempre tener en cuenta el estallido periódico de crisis pequeñas. pero fundamentalmente decrisis globales más espaciadas en el tiempo que cierran fases y abren otras, como sucede en estos momentos. Aunque el movimiento obrero y popular vasco hace tiempo que se percató de la gravedad y profundidad del desastre económico, todavía hay partes de él que no terminan de adecuar al contexto de crisis de larga duración la dialéctica entre liberación nacional y de clase, además de la sexo-género.

    Las tres huelgas generales sostenidas en el pasado reciente y un sin fin de luchas obreras, populares y sociales que se libran prácticamente todos los días en defensa de las condiciones de vida y trabajo, esta realidad permanece en segundo plano, mientras que lo fundamental y único decisivo parece ser la resolución del contencioso armado y la denominada “normalización política”. La interacción permanente entre lo nacional y lo social, que fue uno de los secretos de la fuerza del primer independentismo socialista, está en estos momentos reducida al formulario teórico y a la meritoria acción del sindicalismo abertzale y de movimientos y colectivos específicos que se han ido creando para llenar vacíos organizativos causados por la represión pero también por otras prioridades. Brutalidades inaceptables como los desahucios, los despidos, el empobrecimiento creciente y hasta la miseria que empieza a golpear, el paro estructural especialmente en la juventud y en la mujer, etc., estas y otras ferocidades burguesas encuentran una resistencia descoordinada y, lo que es peor a la larga, sin una precisa inserción teórica y política en el proyecto de conquistar un Estado independiente. De esta forma, mientras se dan pasos valiosos en lo nacional, lo social permanece relativamente alejado. No hace falta decir que la burguesía aprovecha este vacío, esta brecha, para atacar sin piedad al pueblo trabajador.

    Entramos así en la tercera y última cuestión, ya que la izquierda abertzale es muy consciente de este desfase transitorio que debe ser superado por su importancia clave para la conquista de los objetivos históricos, y por su importancia actual para elaborar una política de aglutinación de amplios sectores sociales golpeados en diverso grado por la ocupación española e interesados en crear un Estado vasco. En el duro contexto de larga duración impuesto por la crisis el principio de realidad encuentra su explicación teórica en la creación de ese amplio movimiento liderado por la clase trabajadora. En la historia del pensamiento marxista se han dado nombres diversos a las diferentes plasmaciones de esta movimiento, destacando el de “revolución democrático nacional” en la mayoría de las luchas de liberación nacional antiimperialista. Un debate permanente sobre este particular surge cuando se necesita precisar el ritmo revolucionario en un capitalismo altamente industrializado, con sus contradicciones tensionadas al máximo, cuando esta agudización obliga a las clases a posicionarse en los extremos mirando directamente al problema del poder y de la propiedad.

    La opresión nacional incide aquí determinantemente, marcando la lucha de clases interna al pueblo ocupado con ritmos propios. No entender este principio de realidad ha llevado al euromarxismo a estrepitosos fracasos. Los pueblos oprimidos, por su parte, tienen el riesgo de cometer uno de los dos errores suicidas: acelerar la velocidad sin atender al ritmo de acumulación, creyendo que puede dar el salto de la revolución democrática nacional a la revolución socialista por simple voluntarismo idealista, lo que le conduce a la escabechina sangrienta; o avanzar con lentitud lánguida buscando no atemorizar a la mediana burguesía, dándole tiempo para que se recupere y contraataque con el apoyo imperialista, produciéndose un baño de sangre o empantanándose la lucha de liberación en las marismas del pesimismo derrotista. Ambas posibilidades se han dado en muchos casos, y para evitarlas ha sido imprescindible la existencia de una fuerza revolucionaria organizada y preparada. En nuestra historia, ETA ha sido decisiva en este sentido.

    http://www.kaosenlared.net/noticia/eta-com-principio-de-realidad

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