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A raíz de la muerte impune de Iñigo Cabacas a manos de policías que siguen siendo encubiertos por los poderes fácticos policiales, políticos y mediáticos surgió un debate entorno al cambio de modelo policial requerido para avanzar hacia una normalización politica en Euskal Herria.

La necesidad de un cambio de modelo policial es imprescindible. Que los asesinos de Iñigo o los apaleadores de Xuban estén tranquilamente continuando con sus vidas y que sus acciones hayan sido gratuitas y por lo que se puede intuir seguirán siendolo es un ejemplo más de toda la construcción represiva que no tiene otro objetivo más que practicar la violencia con fines políticos, ocultar la mano de sus ejecutores bajo el manto impune de la legalidad. Una legalidad construida para llevar a cabo crímenes en nombre del estado. Una legalidad, no lo olvidemos, que emana de la constitución española y que nunca ha sido defendida por la mayoría de la sociedad vasca sino impuesta políticamente también gracias a la violencia de estado y a la negación de la soberanía política vasca.

Y es que sin soberanía política  no habrá un cambio policial profundo. El estado español sabe que necesita de una ocupación militar y policial en Hego euskal Herria. Por muchos motivos además. El primero de ellos para mediante la amenaza de las armas impedir un proceso de secesión democrático. Es ese y no otro; la lucha contra el independentismo, el objetivo prioritario de las fuerzas armadas y policiales españolas desplegadas en Hego euskal Herria, ertzaintza incluida. La ertzaintza jamás podría haber sido una policía vasca porque se debe y es dependiente de la ley española. Aplicar la ley española hace que ese cuerpo policial sea un cuerpo policial español. Así de sencillo.

A la hora de encarar el debate sobre el cambio de modelo policial yo distinguiría dos fases. La primera de ellas enmarcada en el conflito político y en los pasos necesarios para eliminar lo máximo posible el carácter político-represivo que impide una mínima normalización en el contexto actual y una segunda fase enmarcada en el proceso de independencia vasco con la necesidad de eliminar por completo un modelo policial que rija las vidas de la sociedad vasca.

La primera fase consistiría por tanto en la retirada de las fuerzas policiales y militares españolas del territorio vasco, y debido a que es también incompatible un proceso democrático con la actividad y caracterización de la ertzaintza; La desmilitarización del cuerpo, la eliminación de todas las secciones políticas diseñadas para combatir a la izquierda abertzale y el movimiento popular como la brigada movil, los berrozi o la nueva sección “anti-terrorista” ideada por el equipo de Ares.

Llegados a este punto surgiría un debate polémico pero que más pronto que tarde tendrá que encarar el pueblo abertzale de izquierda al ir ganando cotas de poder institucional. Tomar el control de la ertzaintza además de insertar a militantes y simpatizantes en ese cuerpo policial, desactivarla por completo hasta su eliminación enfrentandose a ella sin concesiones o mantenerse al margen pero con capacidad de incidencia política para controlarla y que no ahonde en estrategias político-represivas.

No cabe duda que cualquiera que sea la decisión va a traer consecuencias politicas y sociales importantes. Y no hay que olvidar, porque es un punto clave, que mientras que estemos en un proceso democrático o en un proceso independentista sin llegar aún al objetivo, esa policía estará bajo la sombra de la ley española a no ser que se plantee un proceso de desobediencia. Hablar de un proceso de desobediencia desde el ámbito policial tiene unas implicaciones evidentes.

Aquellos que creemos en que no son necesarios ni los ejércitos regulares ni los sistemas represivo-carcelarios en la Euskal Herria libre y por lo tanto inexistente la necesidad de cárceles y policías tendremos que esforzanos en plantear claramente la alternativa de cara a una Euskal Herria basada en la justicia social, no patriarcal y solidaria con capacidad de defensa popular y métodos adecuados de estructuración social. Tarea más que ardua y posiblemente tachada de utópica. Aunque la utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor.

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