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Muchas veces se ha comentado que las instituciones en las democracias burguesas de no ser encaradas con cierta actitud y estrategia son máquinas integradoras para las clases populares al igual que ocurre con los partidos políticos tradicionales. Máquinas integradoras en el sistema lo cual evita que pueda ser transformado radicalmente o cambiado. La derecha vive cómoda en las democracias burguesas sabedora y potenciadora de esa capacidad de asimilación y a la izquierda solo le quedan dos opciones; optar por la socialdemocracia adaptándose al sistema o seguir el duro y difícil camino que requiere imaginación, amplias dosis de determinación y valentía para no dejarse llevar por esa corriente.

Alguien se podría preguntar cómo es posible que una persona íntegra de izquierda, luchadora o incluso con amplio historial revolucionario se siente un día en las instituciones y al de poco se levante cambiada, asimilada y siendo una sombra ideológica de lo que un día fue. Y es que en realidad no existen varitas mágicas que produzcan tales cambios sino que son producto de procesos que siguen sus esquemas y que pueden ser detectados y estudiados para evitarlos y superarlos.

Lo primero a analizar es precisamente el partido político al que pertenezcan esas personas que trabajan en el ámbito institucional ya que en gran medida la labor realizada será una extensión de las propias políticas adoptadas en el partido. Un partido que esté diseñado exclusivamente para rentabilizar al máximo las posibilidades que ofrezcan las instituciones sin otros baremos a cuestionar jamás podrá salir del cerco del sistema. Lo cual creará una visión de embudo que intentará maximizar las posibilidades existentes en ese marco limitado perdiendo progresivamente la visión global. Esa visión global requiere que los responsables institucionales no acudan simplemente con un prisma institucional a sus quehaceres cotidianos sino que lo hagan asimismo con un prisma sindical, con un prisma de movimiento social y en definitiva con todos los primas necesarios en función de las apuestas políticas requeridas, sabiéndose partícipes de un todo global y evitando de esta manera la “profesionalización política”. Y es que las condiciones políticas y sociales de avance en los objetivos no las generan las instituciones sino una sinergia de todos los frentes de lucha. Centralizar el caudal de lucha en las instituciones hace vaciar ese caudal. Desde una perspectiva de izquierda y abertzale la labor institucional debe ser más un sonar y receptor de las luchas y ansias de la clase trabajadora poniéndose a su servicio que un centro de decisión delegado. Teniendo todo esto en cuenta se puede entender la importancia de tener desplegado y articulado un verdadero movimiento de liberación nacional pluri-organizativo y flexible donde el partido y la politica institucional sean una pieza mas del puzzle y no la esponja que absorba todo para luego derramar el líquido en los mermados y limitados espacios institucionales donde no podrá salir por sí misma quedando acotada.

En resumidas cuentas, una buena estructuración organizativa plural y flexible en contraposición al partido político tradicional es la base para combatir el proceso de asimilación institucional. No es casualidad que Sortu haya sido legalizado y el resto de organizaciones de la izquierda abertzale ilegalizadas lo sigan siendo. Responde a una lógica.

Esa lógica que entre otros factores busca impedir el despliegue y articulación del movimiento intentando reducir todo a un partido clásico se encuadra precisamente en esa necesidad de control. Y es que son muy fáciles de detectar esos elementos y mecanismos de control ya que en el caso de Euskal Herria son muy obvios. De entrada la amenaza de un nuevo proceso de ilegalización. Ya hemos podido oír a diferentes autoridades españolas que “la cuenta ha echado a andar” de cara a ello. El objetivo no sería la ilegalización, sino tener el control y poner los límites a las políticas del soberanismo de izquierda en un chantaje medido y estudiado.

Una vez situado ese terreno de juego de chantaje y amenaza, la táctica consiste y consistirá en forzar situaciones que hagan optar por medidas que vayan en contra de los principios ideológicos de la izquierda abertzale y el soberanismo de izquierda lo cual haga desarrollar un sentido del pragmatismo radical que vaya lastrando la combatividad hasta anularla. Banderas españolas, declaraciones institucionales de rechazos y condenas, iniciativas dudosas de todo tipo…. cualquier cosa que valga para poder crear un corte, aunque sea simbólico, entre la masa social y el partido lo pondrán en uso con insistencia.

Ante ello llegará el momento de la verdad en el cual o se produce una confrontación en toda regla ante los corsés legales, trampas y amenazas de todo tipo o el proceso de asimilación será un hecho. Se ha hablado de la desobediencia como un elemento a insertar en la dinámica política y ciertamente es una herramienta que no se podrá desdeñar. Si el estado llega a la conclusión de que un nuevo proceso ilegalizador es causa de miedo paralizante, pondrá toda su maquinaria a pleno rendimiento hasta desfigurar por completo el proyecto de izquierdas y abertzale.

Si a todo esto unimos la burocratización, aburguesamiento, partidismo, electoralismo, corrupción y demás valores que son intrínsecos a las instituciones burguesas, como se comentaba al principio se hará más que necesaria la imaginación, amplias dosis de determinación y valentía para no dejarse llevar por la corriente. En juego está la posibilidad de convertirse en una izquierda capitalista tolerable y que apenas pueda arañar el bloque burgués vasco-español y que se haga imposible generar la energía necesaria para desbordar los límites legales en un proceso de soberanía camino hacia la independencia.

El frente institucional no puede por sí solo enfrentarse a semejante reto y por tanto una apuesta colectiva de confrontación y superación del marco político con todas las piezas bien engrasadas es lo que podrá ser la garantía de éxito, superando temores, posibilismos mal calculados o simplemente irresponsabilidad y destensionamiento político e ideológico ni querido ni deseado por el pueblo abertzale de izquierda.

La araña, después de hilvanar su tela, esperará sobre o alrededor de ésta, esperando a que una presa quede atrapada. La araña puede sentir el impacto y el forcejeo de una presa por las vibraciones transmitidas a través de las líneas de la tela. Sin embargo una araña posicionada en el medio de su tela es una presa altamente visible para aves y otros depredadores.

+ La rueda

One thought on “La tela de araña institucional

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