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Se suele decir que para analizar la verdadera naturaleza de un Estado, hay que ir en primera instancia a la situación de sus cárceles, ya que reflejan el alma y la esencia de ese Estado. En Euskal Herria se conocen bien las prisiones españolas y francesas. Son miles y miles, los vascos y vascas que han pasado por el corazón de la bestia a lo largo de las décadas por cuestiones de conciencia, políticas o de guerra. Alguna alma cándida podría decir que esta predisposición de la sociedad vasca a ser encarcelada está relacionada con la existencia de organizaciones armadas vascas, pero la realidad indica todo lo contrario. Se han producido encarcelaciones desde el surgimiento de ETA, aún cuando no practicaba la lucha armada, durante la etapa armada, después de la etapa armada, antes del surgimiento de ETA, durante toda la etapa franquista, y antes de la etapa franquista.

Encarcelar vascos y vascas podríamos decir que es una tradición estatal. En momentos concretos sectores de la sociedad vasca dijeron ¡Ya basta!, pero eso no mueve una coma de la realidad objetiva. Los estados han utilizado el secuestro de una manera sistemática para doblegar la voluntad del independentismo de este país. Da igual si te llamas Sabino Arana o Josu Uribetxeberria. Da igual si formabas parte del Eusko Gudarostea, EGI, de ANV o de Segi. El hilo conductor ha sido el mismo. Sin embargo no son suficientes las cárceles para doblegar al independentismo .

Las cárceles españolas y francesas están diseñadas para anular completamente a las personas , para esconder las miserias del poder. Las piezas defectuosas que no rinden en los baremos del sistema. No es casual que estén llenas de pobres y enfermos. Aún así, toda esa maquinaria ya de por sí monstruosa tampoco es suficiente para doblegar la voluntad de un abertzale.

Es por ello que necesitan de políticas excepcionales dentro de la monstruosidad intrínseca de esos cementerios donde se entierra en vida a las personas. Y la excepción es la regla con las presas y  presos políticos vascos. Cárceles de exterminio y tortura continuada.

Hay muchas maneras de matar y de morir. En eso estaremos casi todos de acuerdo. Pero existe una que es muy especial y que desciende en los últimos peldaños de la miseria humana. No muy difícil de discernir si se encuentra en el terreno de la psicopatía o no. Asesinar la propia muerte, delicadamente, con gesto tranquilo, con amagos. Saboreando cada minuto que ya se hace tarde. La verdadera naturaleza del estado español es la que está mostrando Josu Uribetxeberria. Pero eso ya lo sabíamos, aunque a veces diera la impresión de que lo hemos olvidado. En esta ocasión, pase lo que pase, ya será tarde para el Estado. Despertaremos.

Hay muchas maneras de matar.
Pueden meterte un cuchillo en el vientre.
Quitarte el pan.
No curarte de una enfermedad.
Meterte en una mala vivienda.
Empujarte hasta el suicidio.
Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo.
Llevarte a la guerra, etc…
Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado.
B. Brecht

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