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Artículo de colaboración para Borroka Garaia da!. Autor: Sergio García Ibáñez de Garayo, Investigador de la Universidad Pública de Navarra y vecino del Casco Viejo de Gasteiz

Los contenedores arden en Burgos y ese fuego ilumina las sombras de un conflicto en el que no nos habíamos fijado. Vecinas y vecinos de Gamonal llevan tiempo diciendo alto y claro que el proyecto de la calle Vitoria no se hace pensando en ellos, sino en los beneficios de las élites burgalesas. Pero la noticia son los vándalos, los filoterroristas y los enemigos de la paz social. A pesar de todo, el fondo del asunto trasciende por su propio peso, las muestras de solidaridad se multiplican y el vecindario (al menos de momento) gana esta batalla.

El bochornoso espectáculo de deslegitimación de la lucha vecinal ofrecido por los grandes medios no hace sino recordarnos la importancia del espacio urbano en las dinámicas económicas que afectan a nuestra vida actual. Los grandes proyectos para atraer la inversión y “generar riqueza” se hacen a la puerta de casa. Y son pieza imprescindible del guión de acumulación por desposesión que se redacta desde los despachos de nuestros políticos, en diferentes estratos de la Administración.Este guión es sencillo, pero tremendamente eficaz: el uso recursos públicos es necesario para el estímulo de la actividad económica y de los grandes proyectos; la escasez de recursos de las instituciones obliga a recortar los servicios públicos; la progresiva erosión del sistema universal de infraestructuras y servicios ofrece nuevas oportunidades al sector privado para hacer negocio con las carencias públicas. Este ciclo se alimenta a sí mismo de forma muy efectiva. Por eso en Gamonal salen ganando Méndez Pozo, Arranz Acinas y COPSA, mientras que los vecinos pierden con el cierre de la escuela, la desaparición de los aparcamientos públicos y la deuda del Ayuntamiento.

Es que habíamos olvidado que las clases existen y sus intereses son contrapuestos. El espejismo de nuestra capacidad de consumo y del “Estado de Bienestar” nos colocó a todos en la clase media (¿quién no es de clase media?). Relegó a Marx y su clase obrera al cajón de la historia y a los panfletos de cuatro rojos. Pero llegó la crisis y nos dimos cuenta de que no nos encontrábamos tan a salvo, que podíamos caer en la miseria porque esto no está montado para nosotros. Porque esto es miseria para casi todos y opulencia para unos pocos.De hecho, en los años de la crisis, los datos revelan que el abismo entre las élites y el resto del mundo se ha agrandado, empujando a unos hacia arriba y a casi todos hacia abajo.

No hace falta irse a Burgos para ver ejemplos de ello. Aquí, en Vitoria-Gasteiz, capital de todo, en el barrio del Casco Viejo, nos damos de bruces con la realidad.También hay gente, vecinas y vecinos activos que llevan tiempo reclamando un proceso de rehabilitación que dé más importancia a las personas que a las piedras. Que el PERI, las luces de las murallas medievales y los millones invertidos en la Catedral no han conseguido revertir la situación del amplio número de personas vulnerables que se concentra en el barrio. Que los altos índices de infravivienda, un centro de salud obsoleto y desbordado, o la falta de accesibilidad aún hoy siguen haciendo huir del barrio a población que se lo puede permitir. Que las instalaciones de la escuela, deterioradas e insuficientes, no permiten a ésta convertirse en el factor cohesionador que la comunidad educativa reclama.

Y también en este Casco Viejo se manifiesta el conflicto de clases de manera explícita y grotesca. El colectivo Egin Ayllu publicó en 2011 un documento en el que se denunciaba el trato de favor que un grupo de empresarios vitorianos asociados habría recibido por parte del Ayuntamiento en la implantación de diversos negocios en la “Almendra Medieval”. Se explicaba en este documento que, mientras desaparecen del barrio establecimientos de primera necesidad, de los de toda la vida (que generan un tejido comercial más equilibrado y al servicio del vecindario), estos empresarios han recibido generosas subvenciones, cobertura pública y publicidad gratuita para emprender nuevos locales de hostelería, más acordes con la nueva imagen de moda del Casco. Todo ello a pesar de no encontrarse al corriente de sus responsabilidades fiscales con la propia institución que les apoyaba. Pues bien, varios miembros del colectivo Egin Ayllu han sido juzgados y condenados a pagar hasta un total de 4.000 euros en concepto de multas, gastos judiciales e indemnización a los afectados por injurias. No porque el juez considerase que las afirmaciones eran falsas, sino porque entendía que los términos empleados (“cuadrilla”, “avispados”) resultaban profundamente vejatorios. Por tanto, los poderes públicos en conjunto han salvaguardado los intereses de los Señores San Juan, Grimaldi y Freile.Y es que aquí, como en Burgos y en Alburquerque, el Capital no es una mano oscura, son caras con nombres y apellidos. Cara tienen también los cargos públicos que apoyan este modelo de entorno urbano. Y cara les sale la insaciable vorágine “emprendedora” a quienes apuestan por un barrio más solidario y vivo.

Ya está aquí. Siempre ha estado. Se llama lucha de clases y la tienes tan cerca que te golpea en la cara al salir a la calle, aunque cierres los ojos y grites a los cuatro vientos que eres de clase media. ¿Qué vas a hacer ahora?

P.D.: Las formas de solidaridad con los miembros de Egin Ayllu pueden encontrarse en: lagenterula.wordpress.com

One thought on “Se llama lucha de clases y está en tu barrio

  1. Otra vez un post sobre Gamonal. Daría cada uno, y voy leyendo varios desde personas y colectivos cercanos, para un largo debate y para rebatir o aportar otros puntos de vista.

    En relación a éste, quisiera aportar algunas cosas, de forma tan breve como debe ser un comentario al post, ya de por si escueto para el tema que es.
    En primer lugar, la causa del movimiento, la necesidad; en segudo lugar, los medios y repercusión del conflicto violento y no de las demandas, y en último lugar, un y ¿ahora qué?, tras hablar de Gamonal para vender periodicos o comentar nuestras ideas, que futuro espera a estas situaciones.

    En primer lugar, los movimientos populares, como ha sucedido en Gamonal, son la suma de necesidades reales de condiciones dignas que se demandan en Otxarkoaga, Errekalde, Pozo del tio Raimundo Cabanyal, Alde Zaharra etc. Es la razón del nacimiento en su origen y fundamento del asociacionismo vecinal, y la principal actividad (reinvindicativa) del movimiento vecinal.
    En estos casos, junto a una asociación de familias se ha ido tejiendo una red de trabajo, fluctuante con lo que se agrupan o son en realidad movimientos populares, variados, básicos y heterogéneos.
    En Gamonal como en otros casos, no podemos hablar de la calle Vitoria, ni del aparcamiento (que es historia de una lucha y victoria contada por sus protagonistas hace unos años en pleno Alde Zaharra de Gasteiz) sino de varios colectivos, varias generaciones y varios intereses, que han acabado confluyendo en lo principal.
    Es una suma de un barrio que pasó del barrio a tener casa y trabajo, pero que lleva luchando cuarenta años por tener condiciones dignas, trabajo, salud, educación. Esta defensa de lo vecinal con un interés colectivo, lleva a un esfuerzo titánico por quienes plantean la necesidad de la escuela infantil, mantener la escuela primaria, los talleres populares, el aparcamiento y los espacios de encuentro.
    Ante el conflicto entre necesidad y gestión liberal, se usan los medios más influyentes, ningunea a personas, vilipendia al movimiento vecinal a cuenta de mala gestión de una asociación que casualmente es considerada amiga del poderoso (igualito que Maroto), y se criminaliza la respuesta, cuando es pacifica y cuando no lo es.
    En segundo lugar, las protestas pacíficas no tienen reconocimento ni en medios ni en esferas políticas. Cuando una obra no se puede ejecutar porque los abuelos desayunan en las vallas de entrada a partir de las seis y media, con la bata puesta, y tras las manifestaciones se producen bancos atacados, se crea una noticia de criminalización. Ese foco buscado para eliminar la disidencia de quien defiende necesidades, tiene tal eco y difusión que ha salvado al movimiento.
    La violencia contra los bancos sobre todo, y no diseñada ni buscada por el movimiento pero posible y algo que no se puede descartar en esas situaciones de protestas, han sido utilizadas para criminalizar la protesta y el movimiento, pero han obtenido lo contario, aumentar el foco y que se hablase de cristales y de personas, en concreto de un barrio en contra con razones.
    Ante esa mala prensa (fácil en este caso) y la dificultad de imponer las obras, se han anulado.
    Personalmente sigo echando en falta reportajes que hablen de la historia y las carencias de un barrio con el interés que ha despertado, desde la recuperación de la luz del local vecinal, hasta la ocupación de un espacio en desuso por jovenes, pasando por la organización para urbanizar un tramo de la calle sin pedir al ayuntamiento con el dinero obtenido por los comercios.

    Por eso, y para acabar un comentario que quería ser breve, tras Gamonal tenemos muchos gamonales, tenemos barrios con gente casi anónima que lucha por lo colectivo, por el barrio, por esas necesidades basicas que no tenemos cubiertas y que son la esencia del movimiento vecinal.
    Tras Gamonal, tenemos la calma de la prensa, desaparecen los focos del cristal roto, pero en cada barrio tenemos espacios, asociaciones y luchas para hacer barrio y para reconocer que merece la pena hacer barrio y no cuando lleguen las camaras o hablen de nosotros/as.

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