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Autor: Borroka garaia da!

El 11 de septiembre de 1789 en la Asamblea Nacional Constituyente surgida de la revolución francesa estaba a discusión un punto propuesto para la nueva constitución. Si el Rey podía establecer vetos en la Asamblea Legislativa a crear. Los que estuvieron a favor se colocaron a la derecha del presidente de la asamblea, los que al contrario, opinaron que la soberanía nacional estaba por encima de cualquier autoridad real lo hicieron a la izquierda. Ese es el origen de los términos políticos tan conocidos hoy de izquierda y derecha.

La derecha siempre ha ido unida al verticalismo y a la toma de decisiones por grupos de poder no solo ya ante el conjunto de la sociedad sino ante sus propias estructuras organizativas. Es decir el poder está íntimamente ligado a la decisión. Ya sea mediante monarcas, oligarquías o caudillos. E incluso en ocasiones con una mezcla de todos ellos en alegre biribilketa como en la historia de un estado que conocemos bien. Las democracias burguesas no serían en realidad más que una extensión sofisticada de este esquema derechista que bajo una teórica supremacia de la soberanía nacional son los grupos de poder los que realmente manejan los hilos, ya sea desde el poder económico o haciendo uso de diferentes poderes fácticos que van desde lo mediático hasta lo militar y policial.

Es por ello que para la izquierda, con la intención de recuperar la decisión popular y dar término a las desigualdades generadas, históricamente se han levantado dos opciones revolucionarias. La toma del poder por la clase trabajadora, que parte de las propuestas del llamado socialismo científico, o la supresión de todo poder que parte de las escuelas libertarias. Una tercera variante sería la que descarta la toma de poder o su supresión y mediante la gestión y administración del poder burgués en sus estructuras trataría de reformarlo.

Esto a su vez ha dado básicamente tres formas de entender el método organizativo que de forma sintética serían el centralismo democrático, el asamblearismo y la tendencia a adaptarse al esquema burgués.

Esa tendencia de adaptación es una de las características más visibles de la socialdemocracia y la asimilación ha sido el resultado clásico, pero también se ha dado en la inmensa mayoría de partidos comunistas al traspasar la delgada línea entre centralismo democrático y centralismo burocrático. Podríamos decir que la historia de la izquierda en ese sentido es un bucle en el que se levanta un método organizativo que trata de derribar la organización burguesa de la sociedad, que incluso en algunos casos lo consigue, pero que el esquema burgués vuelve a reproducirse mandando atrás casi todos los avances. El asamblearismo cuenta también con sus vacíos y quizás el más visible sea su incapacidad de precisamente provocar un cambio radical por sí solo.

Esto posiblemente no sea reconocido por amplias capas del movimiento revolucionario de aquí o más allá, que siempre verá en el enemigo o en condiciones externas los motivos de retrocesos o derrotas sin mediante la auto-crítica entender que el enemigo puede retrasar pero no impedir el curso de la historia y del cambio.

Un centralismo democrático puede ser muy horizontal, tener mucha efectividad, estar perfectamente engrasado y conseguir grandes logros pero si luego analizamos el porqúe veremos que precisamente ha sido así y aunque suene frío, porque el ataque del enemigo lo ha propiciado a base de detenciones o asesinatos. Es decir, a base de represión. Eso en una situación pre-revolucionaria, donde las oportunidades revolucionarias son pocas y las ventanas temporales de estas no duran para siempre o en una post, contraresta las tendencias que el propio Lenin a través de ciertas medidas quería evitar: 1- Elecciones libres y democráticas a todos los cargos ; 2- Revocabilidad de todos los cargos 3- Que ningún cargo recibiese un salario superior al de un obrero cualificado; 4- Que todas las tareas de gestión las asumiese gradualmente todo el mundo de manera rotativa, “cualquier cocinero debería poder ser primer ministro”.

En una situación medianamente normalizada, donde no se está en una situación de guerra o la represión no es terriblemente abrasiva e incluso en una situación de victoria, la tendencia histórica del centralismo democrático es la deriva burocrática. Ya que pocas y casi inexistentes son las organizaciones que han hecho caso al punto cuatro de las propuestas de Lenin.

El asamblearismo tampoco está exento de algunos de esos problemas, ya que en la propia asamblea se puede reproducir el delegacionismo que se intenta evitar y crearse todo tipo de pirámides y escalas. Cosa que ocurre a menudo. Además, en momentos determinados el propio asamblearismo puede ser una rémora para golpear contundentemente y tener una agilidad correcta que aproveche ventanas de oportunidad.

Se podría decir que no existe un método organizativo perfecto de la misma manera que no existe una situación objetiva perfecta. Esto es algo que ha entendido de maravilla la derecha y la reacción, dando pasos sofisticados que han pasado por encima a la izquierda en demasiadas ocasiones.

Lo cierto es que en una situación de opresión nacional y social como la nuestra creo que la clave organizativa para revertirlo es saber conjugar lo rápido con lo lento, lo contundente y denso con lo mareable, saber complementar compartimentos diferentes, apreciar el círculo concéntrico, el muelle y el dragón, y ponerse berri txarrak mientras la pregunta de ¿Qué hacer? sabes que es retórica pero tiene respuesta y hay que dársela. Algo  en lo que acertó el MLNV en su día y que hoy de nuevo deberá acertar otra vez para no sucumbir. Pues no son las formas de entender la militancia  y las estructuras lo que cambian por sí mismas, sino la mecánica de pensamiento y acción es lo que crea las estructuras y la militancia, y su forma de ser y actuar.

3 thoughts on “Sofistificación

  1. Me gustaría poder añadir algo pero la verdad es que no se me ocurre gran cosa. Está claro que la democracia de base es fundamental para mantener el carácter popular (es decir: de clase) de cualquier proyecto revolucionario pero, como bien dices, no está exento de riesgos (lentitud, dejadez, voluntarismo, etc.) La jerarquización, aunque a veces necesaria, tiende a la traición (las posiciones de poder atraen a menudo a gente sin escrúpulos, o incluso agentes enemigos).

    La imagen que ilustra, bien conocida en sus variantes, es en realidad antinatural. La única forma en que las criaturas pequeñas se unen para vencer a las grandes sin formar organismos centralizados (es decir criaturas más complejas y jerarquizadas) serían cosas como los hongos y biofilms. Un hongo es sobre todo un micelio: un tejido “raíz” que se extiende por el entorno y que sigue existiendo en forma fragmentada cuando es atacado, y así vuelve a crecer. Sólo los ataques bio-químicos y/o la ausencia de nutrientes pueden derrotarle.

    Los biofilms son incluso más interesantes que los hongos, puesto que en éstos no es una sola especie o colonia, sino un ecosistema entero, compuesto de múltiples partes que interactúan simbióticamente para el bien común. Me parece particularmente interesante que sean diferentes tipos de organismos los que participan en este tipo de éxito biológico tan común: creo que coincide bastante con la idea “autónoma” en la que el movimiento popular, plural y en refuerzo mutuo, es el equivalente del “partido” de los socialistas clásicos.

    Sin embargo ninguna de estas formas, muy eficientes en la supervivencia, parecen capaces de llegar al estadio de toma de poder revolucionaria. Parecería que para derrotar al tiburón, hace falta otro tiburón y esto no puede sino perpetuar el status quo, rejuvenecido pero no alterado en su esencia.

    Sin embargo la misma idea del “pez grande” es tan errónea como la del banco de peces chicos persiguiéndole. Los depredadores no explotan, no someten a otros organismos a servidumbre, simplemente los cazan. La explotación es algo irónicamente más parecido a la simbiosis (con un grado claro de parasitismo) y probablemente tenga su origen en la domesticación de plantas y animales – especies que (biológicamente hablando) se benefician de esa explotación, al quedar su reproducción, su éxito biológico, favorecido por su servidumbre. Así los perros explotados tienen más éxito que los lobos libres y las vacas han sobrevivido al uro salvaje.

    Esto me lleva a preguntarme si la relativa docilidad de muchos trabajadores/as no está causada por la relativa ventaja que la misma explotación burguesa les ofrece, siempre y cuando acepten su papel como “esclavos” o humanos domesticados. La respuesta es probablemente (y atrozmente) afirmativa. Esto es algo que el movimiento obrero no suele analizar, atribuyendo estas tendencias subordinadas a los campesinos o al difuso “lumpenproletariado”. Pero igual resulta que todo el proletariado es en cierto grado “lumpen”, algo que no se admite (pero la ceguera no sirve para nada), permitiendo o incluso luchando activamente por que el Capital le ceda migajas, migajas extraídas de otros sectores, sea el medio ambiente, sean poblaciones que se consideran “otros” (y he ahí el extraño atractivo del fascismo, que ofrece a “nuestros” obreros ventajas a expensas de “otros” trabajadores y/o la Naturaleza).

    Por ello seguramente sea cierto que la verdadera contradicción fundamental del Capitalismo es su depredación hiper-intensificada del ecosistema global, que pone a la Humanidad misma en el brete de la extinción por suicidio irracional. Esta contradicción es cada día más intensa y peligrosa (catástrofes nucleares, agotamiento de los mares, erosión de las tierras, deforestación, polución, calentamiento global, etc.) y no tiene solución autoritaria, puesto que el autoritarismo es de por sí parasítico y, en consecuencia, destructivo.

    El “eco-fascismo” no es realista, al igual que no lo es el “eco-capitalismo”. Si lo fuera quizá podría perpetuarse, pero no. Y la Humanidad necesita urgentemente de una solución ecologista que permita su supervivencia como especie (mediante la supervivencia del ecosistema global y sus partes locales constituyentes). La única solución realista es eco-socialismo no autoritario, democrático. Es un desafío brutal y la misma contradicción que abre las puertas a ese cambio puede perfectamente resultar en nuestra extinción. Es posible que el proletariado o, más en general, la clase trabajadora sea sujeto de este cambio pero hoy por hoy no es sino sujeto potencial y no o sólo rara vez sujeto activo.

    Probablemente, a medida que se agudiza la contradicción ecológica, que necesariamente también será contradicción económica sin duda (la economía humana no es sino un subconjunto de la ecología), las clases populares adoptarán un papel más activo y revolucionario. Pero honestamente estoy frustrado por la lentitud de este desarrollo y también de la toma de consciencia, no sólo entre las masas sino incluso entre las vanguardias, demasiado escolásticas y “novecentistas”.

    La revolución y por lo tanto la supervivencia de la especie humana no está garantizada, no es algo automático, puede llegar demasiado tarde, hacer demasiado poco… Por eso es importante que pensemos y actuemos ya. Porque quizá no haya “mañana” con el que soñar si no lo hacemos.

    • No estoy muy puesto en biología maju. Interesante lo que dices. Lo cierto es que el tiempo se echaba encima y no sabía que foto poner. En cualquier caso creo entender que la foto es una metáfora de que la unidad de los débiles puede derrotar al poderoso. Sería lo mismo que el famoso puño cerrado que es símbolo de la izquierda que representa la unión de los dedos de la mano en principio débiles pero que juntos y apretados pueden formar un puño fuerte. Saludos.

      • Sí por supuesto. Pero, ya ves, me ha dado que pensar sobre la marcha… porque, como decía al principio del comentario, no se me ocurría gran cosa pero, ya ves, todo es empezar.

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