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Autor: Borroka garaia da!

Cuando un movimiento revolucionario se plantea la participación en la institucionalidad enemiga, sea la institucionalidad burguesa o sea la institucionalidad de un estado ocupante, o sea las dos cosas al mismo tiempo, siempre surge un debate. ¿Hasta qué punto se legitimará la legalidad e institucionalidad que se dice combatir y querer cambiar por otra?

Esto no es un capricho ya que la izquierda revolucionaria parte de dos bases. Los estados no son entes neutros moldeables sino que son estados burgueses o estados socialistas, y que no se llega al estado socialista a través del estado burgués y sus instituciones sino mediante una ruptura con él y ellas, siendo la lucha previa institucional instrumental, subsidiaria y dependiente de la lucha por el socialismo. Lo mismo ocurre en estados que ejercitan opresión nacional y que no tienen interés en prescindir de partes de su dominio territorial. Sin una ruptura que haga surgir una nueva institucionalidad y legalidad, no hay independencia.

Por supuesto, el reformismo histórico niega estas bases y afirma que se puede llegar al socialismo a través de reformas de la institucionalidad burguesa, y en el aspecto nacional existe un calcado reformismo que afirma que se puede llegar a la independencia bajo un estado que la niega estructuralmente a través de la legalidad del ocupante. Pero lo cierto es que no existe ningún ejemplo en la historia que confirmen estas tesis y si en cambio las de la izquierda revolucionaria. Concretamente en todas las ocasiones.

En el caso de la izquierda abertzale no fue diferente cuando hace décadas se planteó la participación institucional. Como ejemplo de ese debate están las palabras de Argala en relación a las instituciones en la grabación dirigida a su pueblo poco antes de ser asesinado por los escuadrones de la muerte españoles.

Este punto es de vital importancia porque la legitimidad institucional de un régimen es directamente proporcional a su capacidad para que no haya cambios estructurales e inversamente proporcional para que los haya. Si los marcos políticos no están desgastados y deslegitimados, difícilmente se instaurará uno nuevo. Por lo tanto, una labor permanente de la izquierda revolucionaria es deslegitimar y desgastar esos marcos impuestos. Sea desde fuera de las instituciones impuestas, desde dentro o combinadamente.

La izquierda revolucionaria cuenta con bastante experiencia en deslegitimar régimenes desde fuera de las instituciones, sin embargo uno de sus puntos débiles es el saber hacerlo desde dentro de las instituciones. La experiencia histórica, salvo escasas excepciones, nos indica que la inmensa mayoría pierde esa batalla y acaba asimilada. No es algo extraño porque precisamente el mayor objetivo de las instituciones es precisamente la asimilación. Estos efectos se empiezan a ver cuando empiezan a llegar dificultades para poder discernir entre un cambio político y social con un cambio en los gestores de las instituciones, cuando se abre paso la creencia de que las instituciones pueden traer ese cambio, cuando la institucionalidad no se pone en entredicho sino solo las diferentes políticas de sus gestores y cuando la batalla electoral se coloca por encima de la batalla por la liberación nacional y social. De esta manera, haciendo de los conflictos algo intrínseco a la mejora o empeoramiento de la institucionalidad, acotándolo a ello y por lo tanto cerrando opciones de saltos que solo se producen a través del conflicto abierto con el estatus quo.

Las instituciones burguesas y del ocupante en realidad pueden cumplir una función muy eficaz de cara al cambio real. Precisamente demostrar que son inoperantes para llevarlo a cabo y que se requieren otras cosas. Esa en realidad es la tarea básica de la izquierda revolucionaria en las instituciones del enemigo. Llevar al límite al sistema, demostrar que no sirve, que es un muro para las ansias del pueblo, sobrepasarlo y demoler ese muro para que se abra paso lo nuevo.

Claro que eso es muy difícil y generalmente la izquierda se pierde ahí. Ya que una vez alcanzada la gestión, hay que alabar las bondades del nuevo gobierno ya que necesita mantenerse ahí. Y lo que en realidad se está haciendo es embellecer y legitimar al sistema a la vez de cerrar opciones de ruptura con él. En esta lucha contradictoria en las instituciones enemigas, al final la contradicción suele dilucidarse en que en realidad no eran tan enemigas. Y así el hamster sigue corriendo en la rueda.

Como combinar el cocktail necesario en su justa medida necesita de una receta adecuada que por una parte de respuestas a lo inmediato, que el pueblo trabajador pueda ver claramente que hay formas muy diferentes de gestionar en su beneficio, pero no solo eso, sino que el pueblo sea consciente de que esa gestión es insuficiente y lo que está en juego son otras cosas. No solo otras maneras. Y esas otras cosas solo se consiguen a través de mecanismos que superen la legalidad y transfieran el poder sistémico al propio pueblo para que lo distorsione. Ahí entraría en juego desde la desobediencia, la alegalidad o hasta la aplicación indebida de funciones institucionales. Funcionando en paralelo a la norma y confrontándola en legitimidad.

Esos procesos son complicados pero no imposibles y requieren de una sociedad viva, un movimiento popular fuerte y no de un grupo de técnicos profesionales que busquen la “participación ciudadana” , sino que sean ellos los que participen de ese poder popular poniendo las instituciones a su servicio. Dar la vuelta a la tortilla y hacer de cada lugar donde se haya alcanzado poder institucional del enemigo una cosa diferente tanto en formas como en modos y en instrumentos. Sino, el hamster seguirá en la rueda que incluso será más bonita y legítima.

Teniendo el soberanismo de izquierda vasco el control de cientos de municipios e incluso una diputación ya es hora de empezar poco a poco con lo nuevo y a romper los esquemas de funcionamiento con imaginación fuera de las partituras del sistema y hacer de cada pueblo de Euskal Herria una marinaleda, una comunidad zapatista o un gran gaztetxe. Un modelo contrahegemónico vasco del futuro estado socialista independiente en el hoy con una nueva moral de auzolan y batzarre. ¿O acaso hay algo que perder? Claro que para esta tarea, los sabios y sabias no son los profesionales sino las don nadie organizadas para serlo todo. Mas vale invertir en ello y para ello que en pasta de publicidad electoral y así poder encaminarnos en la práctica a lo de “el mejor alcalde, el pueblo”.

3 thoughts on “Teniendo la razón, pongámosla sobre la mesa

  1. Esta tarea es imprescindible, pero sin la existencia de una organización revolucionaria de la IA que articule, aglutine y alimente en clave rupturista al movimiento popular e institucional y encamine esas energias hacia la insumisión total al capital y al estado, dificil lo tendremos. Al fin y al cabo, para hacer la revolucion hay que crear instrumentos para ello. Para No hacerla, hay que dejarlo todo tal y como está

  2. “Mas vale invertir en ello y para ello que en pasta de publicidad electoral”

    Hoy la he recogido del buzon y ha ido toda junta a la basura, sin leer, claro esta.

  3. La experiencia que yo he vivido en Portugalete no creo que es contradictoria ,los dos concejales de la IA en constante pelea dentro del ayunta sacando sus contradiciones y después en la calle como uno mas en la asamblea para la autogestión de un mercado abandonado, intentando darle su impronta IA ,y siendo muy valorados no como ediles sino como gente luchadora del pueblo.

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