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Carlos Aznarez / Resumen Latinoamericano

Una ráfaga de viento fresco que se lleva consigo todas las impurezas. Así son las grandes manifestaciones de protesta que han emprendido en Chile, en Argentina, Paraguay, Uruguay y Colombia, los jóvenes estudiantes de la Patria Grande.

Irreverentes, audaces, imaginativos, valientes, miles de chicos y chicas de universidades y colegios secundarios corren por las calles, construyen performances artísticas, esgrimen pancartas en las que están escritas sus ideas de darlo vuelta todo para que la educación pública no sea arrasada por los privatizadores de siempre, golpean con fuerza sus tambores, bombos, redoblantes, hacen sonar pitos y cornetas, anuncian que son portadores de la libertad que los adultos les niegan a cada paso.

En Chile, ganan la calle por una educación sin lucro, impuesta por los respectivos gobiernos de la Concertación incluidos los dos períodos de la “progresista” señora Bachelet, o por la derecha de Sebastián Piñera. Ambas gestiones, no sólo coincidieron en programas económicos sino en cómo acorralar las ansias educativas de los que están llamados a ser –por lógica generacional- sus enterradores ideológicos.

Para frenarlos en su efervescencia rebelde, les mandan una y otra vez los carabineros pinochetistas, esos mismos que con el Ejército fascista le cortaban las manos a otros jóvenes como estos en el Estadio Nacional. Pero los “cabros” de ahora les plantan cara a los chorros de agua tóxica que lanzan sus camiones hidrantes, o pelean cuerpo a cuerpo contra esos criminales a sueldo que disfrutan destrozando cabezas o disparando a matar balas de goma o de plomo.

Provocan admiración estos muchachos y muchachas cuando, por defender sus banderas, no aflojan en la pulseada contra la jauría uniformada, o cuando le arrojan a estos represores con todo lo que tienen a mano, en combates desiguales y no menos heroicos.

En Buenos Aires, los secundarios, con su adolescencia a cuesta, también se han visto obligados, como ocurriera en años anteriores, a pelear por sus demandas en las calles.

Enfrentan a dos gobiernos que no los tiene en cuenta: por un lado, el del derechista Mauricio Macri, que cree que toda la Ciudad es un gran shopping al que se puede llegar por bici-senda. El mismo sujeto que satura los barrios con globitos amarillos y manda a la policía metropolitana a echar a los que no tienen casa y duermen a la intemperie.

Es el macrismo el que aplica la NESC (Nueva Escuela Secundaria de Calidad), que provoca la degradación de los títulos, el despido de los docentes que dictan las materias recortadas, la falta de edificios adaptados a este modelo educativo. Se llegan a superponer dos turnos diferentes en un mismo colegio; faltan aulas, sobran ratas y otros roedores.

A esto, se le suma –lo cuentan los propios integrantes de la Coordinadora Estudiantil de Base- la línea telefónica que sacó el partido de Macri (el PRO) para recibir “denuncias” anónimas a quienes desarrollen actividades políticas en los colegios secundarios. Nada más apropiado para un gobierno que se precie de “demócrata”, que convocar a la delación vía el 0800, o avanzar hacia la regimentación política de los Centros de Estudiantes.

Lo mismo se puede decir del reglamento de vestimenta (especialmente para las mujeres), o los problemas que se tienen desde hace años: la falta de edificios (especialmente en la zona sur), el cierre de cursos, un presupuesto muy bajo para la educación pública, mientras se subsidia la privada y la mayoría de las escuelas existentes necesitan ser arregladas. Ni que hablar de que aún no se aplicó la Ley de Educación Sexual Integral de manera transversal en los colegios, algo que también los chicos han incluido en sus reivindicaciones.

En el mismo andarivel de la protesta, esta apunta al gobierno de la Nación, cuyos funcionarios están más preocupados en atender las internas electorales que prestar atención a los que ellos llaman en campaña “el futuro del país”.

Con cortes de calles céntricas y más de 13 colegios tomados durante varias semanas, los secundarios capitalinos demostraron que sólo la movilización sirve para ganar en auto-estima y vencer presiones y miedos del discurso que llega desde el poder. Rechazan de esta manera el “no se puede”, “no les conviene porque van a perder el año”, “tengan cuidado de que no los usen los partidos de izquierda”.

Así, desafiaron a las patotas que se acercaron a amenazarlos a los colegios ocupados y en algunos casos quemarles sus pancartas, resistieron a las jugarretas de algunas autoridades escolares que descaradamente llamaron y dejaron entrar policias y hasta patrulleros a alguno de los colegios, y una y otra vez se encontraron ruidosamente en la calle, con la alegría propia de los que saben que están peleando colectivamente por reivindicaciones que vienen de muy lejos.

“Defendemos la educación pública que los gobiernos entregan y bastardean día a día , luchamos con todas nuestras fuerzas para que los compañeros y compañeras no emigren a colegios privados”, dijo uno de los secundarios de “La Simón Bolívar”, una de las organizaciones que motorizan el conflicto.

Son maravillosos estos chicos y jóvenes que dan la batalla para que no les roben sus sueños. Allí puede vérselos en Chile y Argentina, o enfrentando al gobierno derechista de Horacio Cartes, en Paraguay, o reclamando ante el cada vez más neoliberal proceso uruguayo. Ni qué hablar de las muchachas y muchachos de Colombia que además de sufrir la represión policial son amenazados de muerte por el paramilitarismo.

Todas ellas y ellos constituyen el recambio generacional que huye del posibilismo y las frases hechas, se dan fuerza unos a otras, cuando chocan sus manos en el corte, gritan su bronca o entonan desafiantes: “A ver, a ver, quien dirigen la batuta, si los estudiantes o los gobienos hijos de puta”.

Desde la vigencia de su canto revolucionario, Violeta Parra sonreirá con ganas, vivando a estos “pibes”, “chabones”, “cabros”, “botijas”, “chiquilines”, “pelados”, “chamos”. Si pudiera hablarles, seguramente les recomendaría: “No bajen la guardia, no oigan cantos de sirena, sigan siendo ustedes mismos”.

One thought on “Qué vivan por siempre las estudiantes

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