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Xavier Oca – Llibertat.cat

La convocatoria de las elecciones del 27S señala, probablemente, el inicio de la fase resolutiva de lo que en los últimos años se ha llamado “el proceso” catalán hacia la soberanía. Cada vez es más evidente que esta confrontación entre el pueblo catalán y el estado español no puede terminar en tablas, es decir, no hay marcha atrás hacia la falacia autonomista.

O logramos la independencia, o entramos en una dinámica imparable de extinción como pueblo perpetrada por un estado español absolutamente irreformable y que cada día se muestra más claramente como lo que ha sido desde su génesis franquista: una cárcel de pueblos y una herramienta de dominación de una oligarquía cada vez más corrupta y fascista, que ha unido al aparato coercitivo policial-judicial una verdadera legión de mercenarios mediáticos que blindan su hegemonía ideológica fundamentada en el nacionalismo español y el culto al “libre” mercado .

Tan irreformable como España es la UE, maquinaria de guerra del gran capital y verdadera enemiga no sólo de los derechos sociales, sino de la más mínima expresión de democracia o soberanía popular. Los intentos oportunistas de reavivar la socialdemocracia europea revestida de un discurso populista de apariencia radical se han saldado con la monumental traición de Tsipras al pueblo griego, y han puesto de manifiesto que no hay futuro para la clase trabajadora sin la ruptura con la dictadura de la deuda y sus instrumentos (UE, Troika, FMI).

La única alternativa que garantiza nuestra supervivencia como pueblo y unas condiciones de vida dignas y respetuosas con los derechos sociales, laborales y democráticos pasa pues, necesariamente, por la Ruptura, tanto con el Estado Español, como con la dictadura del capital que encarna la UE, dicho de otro modo: la alternativa de la Unidad Popular que toma forma en la candidatura CUP-CC pero … dónde estamos realmente a nivel de conciencia, movilización y organización y cuál es el camino a recorrer?

Una nueva hegemonía no exenta de amenazas.

Actualmente, y debido tanto a los esfuerzos de concienciación y movilización popular, como las sistemáticas agresiones en los planos nacional y social, podemos afirmar que el pensamiento independentista y de izquierdas es hegemónico en el Principado de Catalunya. Dicho de otro modo: la mayor parte de la masa crítica de nuestra sociedad es partidaria tanto de la independencia, como de la reversión de las políticas liberales que han rasgado nuestros barrios.

La candidatura de Juntos por el Sí (con todas sus carencias y partiendo de una tesis errónea de raíz: que se puede ganar la plena soberanía sin romper con la UE y la dictadura del capital) es un reflejo de este nueva hegemonía, ya que ha obligado a la hasta ahora principal fuerza política, la derecha catalana, a esconder la cabeza bajo el ala, ponerse bajo el cobijo de la social-democracia y compartir cartel con el resto de agentes del independentismo , que son, en su mayoría, de izquierdas.

También el hecho de que la última esperanza del unionismo sea la candidatura reformista de CSQP, formada por un conglomerado oportunista de los antiguos gestores de las migajas del sistema y de los nuevos trepas aspirantes a sucederles, demuestra hasta qué punto la crisis del régimen del 78 es patente … en Catalunya! … Y a lo sumo, en el resto de los países catalanes y en  Euskal Herria, ya que en la España estricta, el régimen y sus gestores se mantienen firmes y el tan publicitado  tsunami no pasa de ola  oportunista para añadir nuevos miembros a la casta .

Sin embargo, y como acabamos de comentar, la principal amenaza para el movimiento popular por la independencia y la ruptura es, precisamente y paradójicamente, el neo-lerrouxismo de Podemos y de determinados sectores de ICV y EUiA, que siguen sustituyendo el análisis de clase y la apreciación de la oportunidad de ruptura por la simplificación populista y demagógica de catalanismo = burguesía.

Resulta escandaloso que, en lugar de asumir un análisis materialista (incluso desde un punto de vista español) que muestra inequívocamente que cualquier cambio pasa necesariamente por la ruptura y que ésta sólo es posible hoy por hoy en el Principado), una determinada (y más teórica que real) izquierda, cautiva mentalmente del nacionalismo español y sus entelequia, y ansiosa de ocupar espacios de poder dentro del aparato de dominación, se preste a jugar el papel de “mamporrero” de la monarquía borbónica y situarse al lado de la oligarquía, tanto catalana como española, principal enemigo de clase de la independencia y de la apertura de un verdadero proceso constituyente que permita avanzar hacia una democracia de raíz popular y un modelo económico y social al servicio de las necesidades de la mayoría.

Derrumbados PSOE y PP, con Ciudadanos con un techo de cristal derivado de su clasismo mal disimulado, la operación Podemos-CSQP, a pesar de haberse hecho evidente el engaño monumental de Syriza y el oportunismo reformista, es la última esperanza para conducir el voto de determinados sectores populares en el campo del unionismo y el (falso, imposible) regeneracionismo español.

La otra gran amenaza es lo que en los últimos meses hemos ido caracterizando como “procesismo”, es decir, como la dilación sine die del proceso hacia la independencia, esperando que la desmovilización popular y un cambio de mayorías en España, configure una correlación de fuerzas favorable nuevamente a la derecha catalana engañosa..

La sumisión de las direcciones de la ANC y Òmnium los designios de CDC, y en concreto, el hecho de que la presidencia del ANC esté en manos de un personaje que se ha distinguido históricamente por sus tendencias institucionalistas, reformistas y desmovilizadoras hace que haya que estar precavidos hacia una posible deriva pactista de JPS que termine traicionando los anhelos de libertad de nuestro pueblo y cerrando las puertas a un verdadero proceso constituyente de la nueva República Catalana.

Es con estos condicionantes en que enfrentaremos la batalla de las próximas semanas, en las que la izquierda independentista y la Unidad Popular tienen el deber histórico de emplazar de manera sistemática al resto de agentes políticos a sumarse o rechazar la única alternativa real: la ruptura democrática fundamentada en la independencia y la ruptura con las políticas de saqueo (mal-llamadas de austeridad).

Por último, y si el 27S da los resultados que esperamos, con una mayoría independentista clara y con un bloque popular potente y reforzado, hay que tener en cuenta cuál puede ser la reacción del enemigo y cuáles son los movimientos que hay que hacer para blindar el proceso constituyente y la construcción de la República Catalana.

Proceso constituyente, Unidad Popular, alianzas internacionales

La prioridad fundamental después del 27S es la Ruptura, el no-retorno, la apertura de un proceso constituyente, que sólo será verdadero si responde a la construcción de un nuevo estado, es decir a una declaración de independencia y la habilitación de los instrumentos políticos y administrativos necesarios para hacerlo fehaciente.

Nuestra apuesta en este contexto debe ser la de un gobierno de ruptura de carácter transitorio, con una duración limitada y con unos objetivos muy concretos: encarar el proceso constituyente, desplegar los instrumentos básicos de la República Catalana, trabajar por su reconocimiento internacional y desarrollar un programa inmediato de  justicia social.

Hay que ser conscientes de que la libertad se conquista luchando, y que la potencia del adversario a derrotar (el estado, la oligarquía) obliga a una alianza transitoria de todos los sectores democráticos por la ruptura dispuestos al enfrentamiento con el aparato de dominación. Solo así será posible articular un contrapoder capaz de enfrentarse a la represión, superar el actual marco jurídico-político y construir unas nuevas instituciones democráticas.

En el caso probable de que el 27S dibuje un Parlamento favorable a la independencia, es decir, una mayoría clara de JPS y CUP-CC, se abre un escenario en el que la construcción de la Unidad Popular puede y debe dar un salto cuantitativo y cualitativo de dimensiones gigantescas. La apertura de un proceso constituyente, y la dinámica de confrontación con el estado y de luchas sociales deben llevar a una acumulación de fuerzas del conjunto de sectores populares transformadores que pueda conferir a la nueva República Catalana un carácter basado en la radicalidad democrática y la justicia social.

Habrá que estar preparados ideológicamente, mentalmente y organizativamente para ensanchar la Unidad Popular incorporando personas y colectivos que hoy todavía son prisioneros del reformismo o el unionismo, pero que en el momento en que la construcción de un nuevo estado vaya en serio, deberán de sumarse al bloque de ruptura, el bloque que entiende la independencia como una herramienta para avanzar hacia el socialismo.

Este reforzamiento definitivo de la Unidad Popular debería plasmarse también negro sobre blanco

– En un programa de choque inmediato para la justicia social que recogiera los puntos más urgentes para la mejora de la calidad de vida de las clases populares (vivienda, sanidad, educación, alimentación, dependencia, paro …) Programa que debería ser asumido por el gobierno de Ruptura.

– Y en un Programa de Transformación con que la UP concurriría a las primeras elecciones de la República Catalana, con voluntad de convertirse en fuerza hegemónica y empezar a construir un nuevo modelo económico y social.

Habrá que velar especialmente para evitar el secuestro del proceso constituyente por parte de las instituciones, y garantizar su carácter radicalmente democrático, descentralizado, con los municipios como base y con la participación determinante de las organizaciones populares.

El proceso de elaboración de las bases constitucionales de la República Catalana debe ser la garantía de su carácter democrático e igualitario. Un proceso secuestrado por los partidos y los grupos de poder económicos equivaldría a generar tan sólo una nueva casta de gestores de una república bananera que difícilmente se diferenciaría del actual estado español.

Habrá también evitar caer en el regionalismo y la  autocomplacencia de una República circunscrita a las 4 provincias, y tener bien claro que si bien el Principado es el lugar donde se dan en este momento las condiciones para la Ruptura, nuestro proyecto político es del conjunto de la nación catalana, de Salses a Guardamar y de Fraga a Maó.

En este sentido, y aparte de las formulaciones inclusivas y dinámicas que el nuevo cuerpo jurídico-político pueda incorporar, hay que concretar herramientas de construcción y representación nacional, como la Asamblea de Representantes de los Países Catalanes o diferentes mesas de coordinación sectorial de alcance nacional , tanto a nivel de tejido social, como de políticas públicas.

Por último, hay que abordar el tema del reconocimiento internacional de la nueva República Catalana desde el realismo, pero también desde la perspectiva del modelo social y de relaciones internacionales a construir. Es evidente que la derecha soberanista tiene una apuesta clara y excluyente (UE-EEUU-Israel) que, pese a esconderse tras el barniz del pragmatismo, no es sino una imposición ideológica imperialista y neoliberal.

Por el contrario, los sectores populares debemos tener claro el papel que juega cada agente, y ser conscientes de que cada “socio” poderoso exige unas prebendas, y que los estados que gozan de cuotas más altas de soberanía son aquellos que diversifican sus relaciones internacionales y las definen con transparencia a partir de objetivos concretos y del modelo social y económico que quieren desplegar.

Por lo tanto, la EI y la UP tenemos la responsabilidad de actuar doblemente, por un lado a nivel de movimientos políticos con los que compartimos la necesidad de superar el capitalismo y el imperialismo, y por otro construyendo puentes con aquellos gobiernos de izquierdas, o nacional-populares, o sencillamente fuera del imperio euro-yanqui que puedan ser susceptibles de reconocer una nueva República Catalana.

4 thoughts on “Catalunya 27S: ¿Dónde estamos y qué hacemos?

  1. Pura propaganda electoral.

    Partiendo que desde “sus” instituciones no se va a conseguir nada referente a la autodeterminación, podrán mejorar la situación, denunciar las injusticias, promover leyes como la de prohibir las balas de goma, pero no dejaran de ser, la mano de obra “cara” porque en la CUP son muchos y bien formados, de la burguesía que ahora busca mediante el maldito “proceso” controlar los medios de producción que el estado español no les permite.

    La ruptura vendrá en la calles, de donde nació la CUP. Esta, debería ser solo el referente de la política municipalista, siendo un impedimento mas para no acatar las normas y leyes que ahogan la insurrección, los movimientos populares y a la clase trabajadora, no para hacer el juego del parlamento burgués. Para ser otra pata mas del movimiento de liberación de los Països Catalans, no para ser el monstruo referencial, en el que se ha convertido.

    No dudaré del buen hacer de su trabajo (socialdemócrata) en el parlamento de la CAC, muy a pesar que, para realizar ese mismo, se hayan olvidado, al menos desde mi humilde opinión del verdadero camino hacia la ruptura, la revolución y el socialismo.

    • Y sin embargo desde EH vemos a la CUP como la quintaesencia del socialismo comparado con Sortu.

      Los argumentos se repiten aquí y allí.

  2. muy reformista no? este se cree que Mas va a llevar la independencia y luego la izquierda se presentará a las elecciones para hacer ‘politicas sociales’… menudo iluso

    es de JPS o de la CUP? espero que habrá en la CUP gente mas izquierdista, independentista y lúcida que este tipo

  3. Seguramente la coyuntura actual se come y arrastra a los debates internos, tanto en Euskal Herria como en el Principat y el resto de Paisos Catalans.

    En mi opinión, una de las causas es la calendarización, en elecciones parlamentarias, de las movilizaciones que se promueven por las instituciones y élites burguesas (PNV, CIU incluso del Gobierno Central) y el seguimiento de nuestras alternativas a estas, para no perder el tren. Con esto, perdemos la oportunidad de realizar un proceso revolucionario trabajando desde las calles, partiendo desde abajo, de las bases.

    Por una parte esto nos da un indicativo de las fuerzas reales que tenemos, los que preferimos apostar por la revolución y el socialismo para un proceso real de ruptura con el estado (español y capitalista) y por otra parte que agentes políticos se aprovechan de la coyuntura, como es el caso del autor del articulo que comentamos.

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