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Artículo de colaboración para Borroka Garaia da!. Autor: Alvaro Hilario

A pesar de que el 1 de abril de 1939 Francisco Franco proclamo que el “Ejército rojo” estaba “cautivo y desarmado”, fueron muchas las personas que se echaron al monte a continuar la lucha contra el fascismo, rechazando la vida de oprobios y humillaciones a la cual quería condenarlos la entonces victoriosa oligarquía española. El guerrillero cántabro Paco Bedoya fue uno de aquellos que eligió “el camino de los emboscados”, “uno de los que prefirieron morir antes que rendirse, de los que aunque todo pareciera perdido continuaron luchando por la Libertad”. El próximo 26 de septiembre, la Asociación Cultural Roberto el Pirata, de Castro Urdiales (Cantabria) le rendirá homenaje en Islares, en la playa de Arenillas, allá donde fue abatido por la Guardia Civil el 3 de diciembre de 1957, porque los que cayeron, son nuestra memoria.

En 1939, a medida que el ejército franquista avanzaba, fueron muchas las personas que se echaron al monte con la intención de continuar la resistencia mediante la guerra de guerrillas, resistencia que lejos de finalizar con el triunfo del Ejército dirigido por el general Francisco Franco se prolongaría durante casi 20 años. El Pirineo, los Picos de Europa, la Cordillera Cantábrica fueron algunos de los montes donde se emboscaron los guerrilleros, los irredentos, negando fusil en mano el destino de humillación y miseria que el vencedor bando fascista les tenía preparado.

Francisco Bedoya Gutiérrez (Serdio, Val de San Vicente, Cantabria, 1929- Castro Urdiales, 1957) fue uno de los muchos ciudadanos que, con el paso de los años, fue engrosando la resistencia de quienes no bajaron los brazos, no se rindieron.

El 26 de septiembre, la Asociación Cultural Roberto el Pirata, por la difusión de las ideas libertarias (con la colaboración de Archivo, guerra y exilio, AGE) homenajeará a Paco Bedoya, el último guerrillero de la cornisa cantábrica, colocando una estela, tallada por el artista Javier Olaizola, que recuerde su figura en el lugar donde fue abatido por la Guardia Civil, en campa de la playa de Arenillas (Islares, Castro Urdiales; 11.30), a menos de 30 minutos en coche desde Bilbao. El homenaje se completará con dos charlas: “Bedoya y los que se echaron al monte”, a cargo del historiador y geógrafo Fernando Obregón (Casa del Mar, Castro Urdiales; 18 de septiembre, viernes, 19.30) y “Manteniendo viva la memoria democrática”, de la mano del grupo Archivo, guerra y exilio (2 de octubre; mismos lugar y hora que la anterior).

El último guerrillero de la cornisa cantábrica

La madre de Paco Bedoya fue una de las personas que prestaba auxilio al maquis, a la guerrilla, en los montes y valles de Cantabria occidental. Fue así cómo el joven Bedoya conocería al ya famoso guerrillero Juan Fernández Ayala, “Juanín”, quien al salir de prisión en 1942, se enroló en la Brigada Machado que operaba en los Picos de Europa. En agosto de 1948, Paco fue detenido y condenado a 12 años de prisión por colaboración con el mismo, al que servía como enlace. Después de una breve estancia en la prisión provincial, fue asignado al Destacamento Penitenciario de Fuencarral, Madrid, de donde huyó en 1952. No en vano, en aquel año supo que la casa familiar había sido arrasada por las llamas con todo el ganado en el interior, hecho que aceleró su fuga. Una vez en libertad, Paco Bedoya volvió a Cantabria, a luchar junto a Juanín, con el cual permaneció hasta su muerte, acontecida el 24 de abril de 1957.

El maquis, la guerrilla antifranquista, que para aquel entonces se nutría casi en exclusiva por militantes libertarios, daba señales de agotamiento, hostigada continuamente por el Ejército y la Guardia Civil. A fines de la década de 1950 y principios de la del 60, murieron en Catalunya, entre otros, significados y conocidos guerrilleros como Josep Lluís Facerías (agosto de 1957), Francesc Sabaté (1960) y Ramon Vila i Capdevila (1963).

En los Picos de Europa, en la cornisa cantábrica, sin una frontera cercana como en los Pirineos, la situación era apurada, insostenible. Al acoso militar se unían las represalias contra el tejido social y familiar que amparaba a la guerrilla. La madre y una tía de Juanín fueron encarceladas: “En lugar de que aquella medida le convenciera para mandarlo todo al traste, el guerrillero decidió quedarse e ir a por todas; era la única forma que tenía de proteger a su familia”, señaló el historiador Antonio Brevers (autor de “Juanín y Bedoya. Los últimos guerrilleros”. Cloux editores, 2007) en una entrevista concedida al diario “El País” . Los guerrilleros, empero, rompieron el cerco hasta en catorce ocasiones: era el comienzo de la leyenda, también el principio del fin para Juanín y Paco.

El 24 de abril de 1957, Juanín y Paco abandonaban la casa de la madre del primero, en Liébana. Era noche cerrada y cuando la Guardia Civil, aún sin saber quiénes eran, les diese el alto, los guerrilleros corrieron a esconderse. Las ráfagas de metralleta que a ciegas lanzaban los guardias, acabaron con la vida de Juanín, cuyo cuerpo fue encontrado al amanecer. Paco Bedoya, sin embargo, consiguió escapar. Ese día también se empezó a fraguar una mentira histórica, la de que fue Bedoya quien mató a Juanín de un tiro en la nuca, mentira que ha llegado hasta nuestros días y que solo el trabajo de Antonio Brevers que antes citábamos ha podido restablecer la verdad.

El 2 de diciembre del mismo año, cuando se dirigía en moto hacia el este, buscando la frontera con el Estado francés, Paco Bedoya cayó en una trampa dispuesta por la Brigada Social de la Policía española, celada en la que pudo haber tenido parte el cuñado de Paco, San Miguel. Con varios disparos en el cuerpo, Bedoya remontó la colina próxima a la carretera que une Castro Urdiales con Bilbao. Pasarían varios días hasta que su cadáver fuera encontrado. Las autoridades, negando la emboscada, anunciaron que Paco Bedoya falleció a consecuencias del tiroteo que mantuvo con la policía. Las pruebas atestiguan que Paco realizó un solo disparo. Su cuerpo descansa en Castro Urdiales.

Jornadas por la memoria histórica

A punto de cumplirse 68 años de la muerte de Paco Bedoya la Asociación Cultural Roberto el Pirata, por la difusión de las ideas libertarias, de Castro Urdiales, ha organizado unas jornadas de la memoria histórica en el marco de las cuales se rendirá homenaje a Paco Bedoya y cuyas conferencias reseñábamos al comienzo de esta nota.

La asociación organizadora presenta de este modo la razón de ser del acto: “Corría el 3 de Diciembre del año 1957, no hace mucho tiempo, ese siglo que el tango definió como un despliegue de maldad insolente, cuando en las laderas del Pico Cerredo, cerca de aquí, en Islares, acababan con la vida de Francisco Bedoya. Sabemos de él que nació en uno de esos hermosos valles del oeste de Cantabria y que era muy hábil tallando la madera, aunque lo que a este hombre de gran corazón le convierte en legendario y permite que su nombre sea recordado por nosotros es haber elegido el camino de los emboscados, ser uno de los que prefirieron morir antes que rendirse, de los que aunque todo pareciera perdido continuaron luchando por la Libertad”.

El homenaje, a realizarse el 26 de septiembre, consistirá en sustituir la placa conmemorativa que, en su momento colocará la familia, por una estela de piedra realizada por el artista de Errenteria Javier Olaizola. En la misma, el siguiente texto: “A Bedoya, el último guerrillero de la cornisa cantábrica. Emboscado y muerto aquí el 2 de diciembre de 1957. Otoño 2015, A.C. Roberto el Pirata”.

El lugar elegido para el acto se encuentra a unos 10 metros del arcén derecho de la N-634, sentido Castro Urdiales. Este mide unos 3 metros de ancho y unos 150 metros de largo, encontrándose alejado más de 100 metros de la A-8, la cual se encuentra separada por un fuerte desnivel, vegetación, rocas y a bastante altura del lugar solicitado.

Una vez se haya colocado la estela, la actuación del músico Lolo Callejo precederá al almuerzo popular.

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