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… se debatió sobre la ofensiva imperialista en Nuestramérica y las modalidades de la resistencia popular.

Resumen Latinoamericano

En el marco del IV Campamento Antiimperialista en la Taberna Internacionalista Vasca de Buenos Aires se reflexionó sobre las nuevas estrategias de intervención, el rol de los llamados gobiernos progresistas y las acciones de resistencia al Imperio. Expusieron militantes de Uruguay, Haití, Paraguay y Bolivia sobre el contexto del continente Latinoamericano y de las situaciones en particular de cada uno de sus países. También se presentó el último número del periódico Resumen Latinoamericano.

 Gonzalo Abella: “El Frente Amplio pasó de ser una coordinación de centro izquierdas a convertirse en un portaaviones del imperio”

Comenzó exponiendo sobre la situación de Uruguay, Gonzalo Abella, ex candidato a presidente por la Unidad Popular, partido cuyos militantes de separaron del Frente Amplio y fueron a elecciones consiguiendo un diputado y que además tiene una posición antiimperialista y anticapitalista.

Abella señaló: “Pertenezco a la generación que soñó con la revolución, luchó mucho, fuimos derrotados y el mundo siguió andando. La diferencia en el siglo XXI es que si perdemos se acaba el planeta. O es el capitalismo o es el planeta”, aseguró. También remarcó que ahora si se hacen proféticas aquellas palabras de “agrupémonos todos en la lucha final”, porque para el político y escritor uruguayo “estamos en la lucha final, no hay marcha atrás posible, ese es el mundo de hoy y si bien la contradicción central sigue siendo entre el capitalismo y el socialismo, la contradicción urgente es entre guerra y paz”. Asimismo, dijo que las fuerzas de la paz hoy muchas veces tienen que expresarse a través de la violencia armada y que no queda otra alternativa que frenar al enemigo de los pueblos, romperles los dientes al partido de la guerra mientras podamos y hacerlo dándonos la mano entre los pueblos en el internacionalismo, empantanando así la máquina de guerra.

“Hay algunos temas a los que queremos ser fieles: al legado revolucionario de nuestros mayores, la Revolución de Mayo y la Revolución de Octubre y la Revolución Cubana y del Che. Los que queremos ser coherentes tenemos un gran tema a tratar, que es la nueva categorización de los fenómenos”, explicó.

En ese sentido, marcó el deber de conocer en sus luces y sus sombras la serie de elementos importantes de los “grandes laboratorios sociales” que se dieron en el siglo XX, empezando por la Revolución Soviética, la Revolución China, la Revolución Cubana, la Revolución Argelina.

“¿A qué llamamos hoy un estado progresista? Es un rango tan amplio de diferencias que necesitamos una categorización. ¿Cuáles son los indicadores?”, señaló el político e historiador uruguayo. Ejemplificó con los casos de Venezuela y Bolivia y dijo: “son estados que claramente irritan al imperio, a las fuerzas de la guerra y  se alinean con las fuerzas de la paz. La tarea del movimiento popular ahí es fortalecer el proceso y el avance con un fuerte movimiento de masas, entendiendo además que hay contradicciones que son prácticamente insalvables. Entonces, en cada lugar la complicación y el arte sobre el punto de vista de los intereses del pueblo significa participación ciudadana, antenas sensibles a lo que la gente está diciendo, y tratar de construir en un equilibrio donde se está inmerso en un mercado capitalista y se tienen que distinguir muy bien las potencias”. También aseguró que hay que analizar con mucho cuidado en cada lugar qué es lo que hay que hacer y tratar de formar una alianza entre los estados que quieran la paz, los estados que quieran avanzar hacia el socialismo, que no son los mismos pero que en eso coinciden, sabiendo que en esa alianza lo único inclaudicable son los pueblos, en tanto no traicionen sus organizaciones políticas.

En el caso particular de Uruguay, Abella manifestó: “está todo entregado y la gran tarea del frente popular y de la organización popular es ir construyendo políticas de alianza que son sumamente complejas porque todos venimos de distintas historias y con distintas mochilas y todos muy dañados con nuestras distintas relaciones con un Frente Amplio que fue una coordinación de centro izquierdas y hoy es un portaaviones del imperio”. Y en ese sentido siguió: “recuerdo lo que decía el viejo Frente Amplio: cuando un estado es cómplice el pueblo tiene dos alternativas o es campo de lucha o es base de agresión. El Uruguay está pasando de ser una base de agresión a un campo de lucha y le vamos a hacer la vida imposible a los milicos”.

Para Abella la necesidad  de hoy es un programa antiimperialista agrario, de ruptura con el imperio, de sacar las tropas de Haití y de lograr mejoras y una política de incentivar el mercado interno y de desarrollar un proyecto de país.

“En ese programa, futuro puede coincidir gente muy disímil en cuanto a su visión utópica, en tanto cuidemos el lenguaje dándole la mayor amplitud y al mismo tiempo la defensa de ciertos principios que son sagrados. Porque todo lo que cada pueblo por separado pueda hacer, deja de ser subversivo porque está previsto, la creatividad de lo multiétnico, la creatividad de los pueblos combatiendo juntos es absolutamente impredecible, hasta su alegría es subversiva”, finalizó Abella.

William Yohai:  “A pesar de todos los disfraces, cada día que pasa el gobierno uruguayo va adquiriendo  un significado más reaccionario”

A su turno, William Yohai, periodista y economista uruguayo, comenzó recordando que en estos días se cumplen 200 años del Reglamento de Tierras de Artigas, al cual calificó como una de las primeras reformas agrarias radicales que hubo en América Latina, impulsado por una revolución que no solo fue anticolonial sino que tomó un carácter de radicalismo social que se plasmó precisamente en este reglamento. “En ese espíritu de radicalidad nos corresponden a nosotros dos grandes vergüenzas históricas, una la Guerra de la Triple Alianza y otra estar participando ahora en la ocupación de Haití”, aseguró Yohai.

Hablando de imperialismo y la realidad de América Latina  el periodista uruguayo citó una frase del Che la cual dice: “las burguesías autóctonas han perdido toda capacidad de oposición al imperialismo, si alguna vez la tuvieron, y solo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacerle o revolución socialista o caricatura de revolución” y afirmó: “en mi opinión eso que dijo el Che sigue teniendo una validez total y absoluta hoy sin dejar de lado lo que es el apoyo a las luchas de todo tipo, ambientales, reivindicativas, sindicales, democrática en los países como Haití y Paraguay que están en esa etapa de remedos de democracia burguesa. Pero a pesar de todo no debemos perder de vista que ahí está el nudo de la contradicción  y que tenemos que tenerlo siempre presente”.

Yohai señaló que en Uruguay que cada día que pasa fue adquiriendo un significado más reaccionario, más antipopular y más pro-imperialista, “a pesar de todos los disfraces y las cosas que vimos con este personaje que tuvimos de presidente hasta hace unos meses” y que hay experiencias como la de Brasil, que no se diferencia mucho de la de Uruguay, y otras experiencias que asumen características que realmente se enfrentan contra el imperialismo: las tres más claras son Venezuela, Ecuador y Bolivia. “Pero esas experiencias se caracterizan porque la base de su funcionamiento pasa por la apropiación de una parte sustantiva de la renta de los recursos naturales, de la renta del suelo, la renta hidrocarburífera, y esa base de valor de dinero es utilizada para mejorar las condiciones de vida del pueblo. Eso genera profundos movimientos populares muy importantes con distintas modalidades, de acuerdo con las realidades de los distintos países, una apertura y un fomento de la organización popular de base”, explicó.

En una visión económica Yohai ve que lo que está pasando hoy con la reaparición de la crisis motivada por la contradicción fundamental del capitalismo entre la producción social y la apropiación privada, tiene su epicentro en la máquina de crecimiento económico mundial, y en particular de estos países latinoamericanos tradicionales productores de materias primas, que está produciendo hoy unas consecuencias que son visibles en todos los planos y que si  no se resuelve, al final de todo, la contradicción principal que es la contradicción entre capital y trabajo termina determinando el destino de las cosas.

Yohai expresó que puede ser realmente duradero un proceso popular, un proceso con características antiimperialistas porque “hay que ver aquellos años de los 90 cuando se derrumbó la Unión Soviética, el campo socialista, y uno veía que se venía todo abajo y aparecen estos procesos que levantan el ánimo y que generan todo un movimiento alrededor, en particular el enorme dinamismo de esa figura gigantesca que fue Chávez en América Latina y en cierta medida en el mundo”.

De esta manera, remarcó: “uno ve que se dan estos procesos, pero sin embargo queda el capital, queda la banca privada, queda el comercio internacional privado, quedan grandes latifundios, propiedad de la tierra y grandes industrias en manos privadas. Todo eso impide que en definitiva una gran parte del pueblo pueda sentirse representada cuando la crisis empieza a morder, y empiezan a verse todas las dificultades que están teniendo estos procesos que cuando se acaba la bonanza hidrocarburífera, básicamente el petróleo, el gas, la luz y los otros minerales, empiezan a ponerse al desnudo las contradicciones internas”.

Por eso para el periodista uruguayo es  muy importante el estudio de los procesos revolucionarios que fracasaron, la Unión Soviética sobre todo o China, y también cree que  todos los que aspiramos a cambiar radicalmente la sociedad tendríamos que estudiar muy en profundidad todo el procesos de la Revolución Cubana. “El gobierno revolucionario cubano en 1960 decreta, nada más ni nada menos, que la expropiación de todas las empresas norteamericanas en Cuba y uno dice que eso es imposible, claro que las circunstancias no eran las mismas…Pero eso pasó y esa revolución sobrevivió y ha sobrevivido a pesar de la restricción externa, de las enormes dificultades que tiene un país pequeño como Cuba para generar las divisas de exportación para toda la inmensidad de excusas que necesita importar”, finalizó Yohai.

Mirta Lescano, del Movimiento Sin Techo de Paraguay:  “En mi país la tierra fértil es para el imperialismo, la casa de los Estados Unidos es Paraguay”.

Mirta Lescano, referente del Movimiento Nacional Sin Techo, profundizó sobre la situación actual de Paraguay. En ese contexto manifestó: “en Paraguay desde que se fue Stroessner (el partido que estuvo más de un siglo en la dictadura paraguaya), hubo un pequeño avance: por lo menos en cuanto a posibilidades de participación con el gobierno de Fernando Lugo, pero ese avance no lo podemos entender como cualitativo sino que se dieron ciertas aperturas de posibilidades de participación a sectores que nunca podrían haber entrado en algunas instituciones”.

También, indicó que desde la época de la dictadura el programa de desarrollo para el sector del campesinado siempre fue nulo, la presencia del Estado es prácticamente cero en el campo. “Actualmente avanzó bastante la sojización, En el Paraguay la soja no tiene impuestos, El país unas tierras muy fértiles para todo tipo de cultivos, y es por eso que  los agroexportadores de las multinacionales se han ido instalando desproporcionadamente”, afirmó. Además explicó que eso, sumado a la seguidilla de  política de ausencia del Estado en cuanto a asistencia técnica, créditos o apoyo al sector campesino produjo una expulsión de este y lo fue dejando en situación de mayor pobreza. Una pobreza, según Lescano, que va creciendo y hace que los campesinos emigren a otros países o los jóvenes hacia la capital logrando así que el campo esté desbastándose.

“A eso le acompaña la judicialización de los trabajadores, aquellos dirigentes campesinos que luchan para que la gente pueda acceder a un pedazo de tierra, que pueda tener techo, absolutamente todos ellos están criminalizados y tienen cargo procesal. Eso repercute en la desmovilización de la masa popular porque quedan sin dirigentes. Entonces en Paraguay hay dos opciones o te definís ideológicamente hacia un sector o sos funcional al sistema, al gobierno”, declaró Lescano.

La referente del Movimiento Nacional Sin Techo señaló que frente a esta “política devastadora” existe un grupo del campesinado y del sector popular que se mantiene en resistencia y que este año creó el Congreso Democrático del Pueblo, que es un espacio donde están los sectores de izquierda y progresistas “Porque de alguna manera  con la vuelta del Partido Colorado al gobierno, luego de aquel golpe parlamentario, la gente volvió a identificar o ver mejor el rostro del enemigo. La vuelta del Partido Colorado y con la presencia de Cartes que está ahí instalado con la plata del narcotráfico ha ido endureciendo más la situación”, aseguró.

En cuanto a la situación política en particular Lescano expresó que el presidente “con el dinero resuelve todo”, que es tal la absoluta impunidad  que existe en Paraguay que el mismo gobernante en un discurso dijo: “hemos ganado gracias a la plata del presidente y no le debemos nada al partido”. También reveló: “allá la tierra fértil es para el imperialismo, la casa de los Estados Unidos es Paraguay. Entonces actúan con absoluta libertad en el Paraguay y nosotros estamos viendo que el problema no es solo del Paraguay sino que ahí se instala para luego actuar en Bolivia, Argentina, Brasil, Uruguay”. Asimismo, profundizó: “frente a este panorama se puede entender porque surge el EPP y porque continúa creciendo. El Ejército del Pueblo Paraguayo es un grupo de personas que actúa más bien en el interior, sobre todo están instalados hacia el norte, y desde ahí hacen sus acciones”.

Lescano planteó que como organizaciones sociales y políticas tienen el gran desafío de rearticularse y  buscar la manera de hacer conocer en la región lo que está ocurriendo en el Paraguay, que es lo que están instalando desde el Congreso Democrático del Pueblo.

Henry Boisrolin, del Comité Democrático Haitiano:  “En Haití hay una Revolución inacabada”

El representante del Comité Democrático Haitiano, Henry Boisrolin expresó: “desde hace más de once años, siempre nos fue difícil hablar en América Latina acerca de nuestro país, porque entendemos que hay una matriz colonial que interpreta a Haití desde posiciones de derecha como desde posiciones de izquierda. Hay una desvalorización, una incomprensión y una invisibilización”.

Boisrolin remarcó que si bien hubo grandes festejos en los últimos años por el bicentenario de la independencia de América Latina, los mismos deberían haber comenzado en el 2004, ya que Haití es el primer país que en 1804 logró independizarse en América Latina. “Además es un país que ayudó no solamente con dinero, armas, municiones, sino con voluntarios a Miranda y a Bolívar fundamentalmente”, manifestó.

En ese sentido el representante haitiano explicó: “hay un permanente desencuentro entre el pueblo haitiano y nuestros hermanos latinoamericanos. Ese desencuentro se da en parte por culpas propias de los haitianos y también hay errores cometidos desde afuera. Se produjo una gran victoria de los países centrales al haber impuesto una imagen de Haití como Estado fallido, pueblo fallido, una imagen propia de los avatares y de las lacras del colonialismo basado en un racismo, en una discriminación”.

Haciendo una retrospectiva histórica Boisrolin expuso que Haití es el único país producto de una revolución victoriosa de esclavizados, ya que no derivó de la victoria de una elite criolla o mestiza como en otros países del continente, sino que en su caso “los esclavizados supieron romper las cadenas de los pies y de las manos, rompiendo también las cadenas de la mente y del corazón”. Sin embargo, reflexionó en que la raíz histórica del “fracaso” de esa gran revolución que triunfó en 1804 “desafiando a la modernidad, presentando una alternativa diferente, basada en libertad o muerte” se dio en 1806 con el asesinato de Dessalines y sus lugartenientes. “Significa que estamos en presencia de una revolución interrumpida. A partir de ahí el campo popular haitiano no supo, no pudo, retomar ese gran camino. Hasta llegar a 1915 donde los Estado Unidos intervienen y ocupan Haití durante 19 años transformando al país en una perfecta neocolonia de los Estados Unidos”, aseguró Boisrolin.

“La cosa ha llegado a un nivel tal que en Haití nosotros no podemos quedarnos con clichés o recetas sino que tenemos que hacer un gran esfuerzo, hasta teórico, para poder interpretar cabalmente lo que está sucediendo. Haití hoy no es más un país periférico de los países centrales, Haití es hoy un país periférico de la periferia. En este mundo tan injusto, producto del desastre que representa el sistema capitalista de producción, el dolor del pueblo haitiano es mayor”, expresó Boisrolin. Además, reveló que Haití tiene el 70% de la población activa sin trabajo sumado a las fuerzas de ocupación que se instalaron después del terremoto del 2010 que provocaron peores desastres como la epidemia del cólera que alcanzó ocho mil muertos, según datos oficiales. Hay más de 700 mil personas infectadas y esta tragedia se desató por culpa de nepalíes miembros de la MINUSTAH que contaminaron con sus heces el río más grande del país, en un país empobrecido hasta el extremo donde escasea el agua potable y la población no tiene acceso fácilmente.

En cuanto a la presencia en Haití de tropas de los países de América Latina, salvo Cuba y Venezuela, Boisrolin indicó que el pueblo haitiano entiende que hay raíces históricas que explican esto. “Nos ven como un pueblo incapaz de dirigirse, de autogobernarse, incluso a veces uno escucha explicaciones que dicen que si no hay una presencia extrajera, los haitianos se van a matar entre sí”.

También señaló que hay otro elemento que invisibiliza es la resistencia del pueblo de Haití. “Sigue estando, a pesar de masacres, de represiones. Cuando digo masacres y represiones no son con balas de goma sino con helicópteros artillados, con tanques, han entrado en el barrio popular más grande del país, que está en Puerto Príncipe, Citi Soleil, tropas brasileñas fundamentalmente a la madrugada”, expuso.

Henry certificó: “a pesar de once años de ocupación, terremoto, cólera, represiones, instalando gobiernos como ellos quieren, organizando las elecciones más falsas que pueden existir en la historia, tienen que reconocer el fracaso de las tropas de ocupación, porque ellos entraron con el discurso de ayuda humanitaria y para reforzar la institucionalidad y no lo lograron. El pueblo sigue estando en la calle, hasta noviembre del año pasado hubo movilizaciones casi diariamente en la capital y demás ciudades y a veces son más de 200 mil personas. Eso no lo difunden pero sí muestran cuando pasa un huracán o un terremoto, o cuando llevan a un soldado argentino a dar agua en un barrio, pero cuando violan a nuestras niñas de doce años, se cuidan de no muestrarlo”.

En este sentido, Boisrolin declaró que los enemigos del pueblo de Haití son fundamentalmente el imperialismo norteamericano y el imperialismo francés y canadiense. Planteó dos opciones: “hundir la isla o nosotros vencemos y estamos aceptando ese sacrificio porque no nos queda otra”.

“En este camino entendemos, desde la resistencia de Haití, que también tiene sus falencias, no queremos que nadie vaya a pelear en lugar nuestro sino solamente que nos respeten, que nos ayuden luchando en sus lugares para pedir el retiro de las tropas latinoamericanas que nos invaden, y dejarnos frente al imperialismo solos. Porque con este apoyo nos van a hacer el camino menos dificultoso, porque realmente es difícil para el pueblo haitiano ver en sus calles arriba de los tanques a hermanos brasileros, uruguayos, chilenos, argentinos. Nos cuesta, porque sabemos que no son decisiones propias de los pueblos ni de las organizaciones populares sino que son compromisos espurios de dirigentes que prefirieron sacrificar en el altar de no sé qué al pueblo haitiano.  Pero nosotros sabemos que contamos con ustedes, hace falta informarnos más, comunicarnos más, superar la barrera idiomática”, concluyó el representante del Comité Democrático Haitiano.

Antonio Abal Oña, militante de la izquierda boliviana

En concordancia con todo lo expuesto en este momento de gran ofensiva imperialista con total precisión sintetizó: “lo primero que tenemos que reconocer es que hemos perdido aquello que en los 70 y los 80 distinguía a cualquier movimiento popular en América Latina que era el internacionalismo. Lo hemos perdido y creo que un jalón de orejas y más que eso deberíamos hacer para entender que eso es una fuerza vital si es que queremos avanzar en cualquier intento de cambio en América Latina. Tenemos que cargar con eso”.

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