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Che-guevara

A 48 años de su caída en combate

Carlos “Vasco” Orzaocoa*

En el ´60 conocimos un Che que, siendo dirigente de una revolución triunfante, dejaba todos sus cargos para volver al combate en El Congo y en Bolivia. Y que entregaba su vida por la liberación de los pueblos. Y nos dimos cuenta que en él se había construido ese “hombre nuevo” de la Revolución Cubana, decidido a luchar contra la injusticia donde quiera que se diera, porque “lo más importante es la conciencia y la moral”. Nos ganó su coherencia entre el decir y el hacer.

Y nos hicimos Guevaristas como proyecto o camino, como plan para cada día, de seguir el ejemplo del Che. Pero en la Argentina de los ´60 y ´70 optar por el Guevarismo no era una decisión neutral a la política. Significaba romper con una izquierda que desde la década del 30 subordinaba las luchas del movimiento obrero a una alianza liderada por la burguesía nacional con sus líderes “progresistas” para realizar por etapas reformistas una revolución parlamentarista y democrática, totalmente inviable. Y significó también que, a partir del Cordobazo, debíamos abocarnos, con todas nuestra fuerzas, a la construcción de una alternativa de pensamiento y acción clasista y socialista, antiimperialista y latinoamericana. Nuestro enfrentamiento al “Pacto Social” de Campora, Perón y Gelbard nos distanció de sectores combatientes, pero confundidos y falsamente ilusionados en el progresismo de militares y empresarios. Eran como las ilusiones actuales en el “capitalismo con rostro humano” de los Kirchner, la Campora y los Scioli.

No pudimos o no supimos convencer a miles de heroicos combatientes, hermanos en el sacrificio de la sangre, de aquello que nos decía el Che: “las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo – si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola”. Y estos fracasos y equívocos facilitaron la tragedia del ´76. Y nos convencieron aún más de lo que también había afirmado el Che: “Revolución socialista o caricatura de revolución”.

En el ´70 Mario Roberto Santucho, Miguel Enríquez y las organizaciones de la Junta de Coordinación Revolucionaria actualizan a Mariátegui y el Che en el combate contra el reformismo y el populismo.

En su “Mensaje a los pueblos del Mundo a través de la Tricontinental” el Che decía: “Es el camino de Vietnam, es el camino que deben seguir los pueblos, es el camino que seguirá América, con la característica especial de que los grupos en armas pudieran formar algo así como Juntas de Coordinación, para hacer más difícil la tarea represiva del imperialismo yanqui y facilitar la propia causa”. Siguiendo esta orientación el PRT de Argentina, el MIR de Chile, el ELN de Bolivia y el MLN Tupamaros de Uruguay constituyen en 1973 la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR) que se propone luchar por la Revolución Socialista en América Latina. En sus documentos constitutivos la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR) se manifestaba continuadora del proyecto de emancipación latinoamericano iniciado por Bolívar y San Martín. De la posta tomada por José Martí. Y desde principios del siglo XX, de la Revolución Mexicana, la de Sandino en Nicaragua, la insurrección del Partido Comunista de El Salvador, más las luchas de anarquistas, socialistas y comunistas en toda nuestra América, alentados y fogoneados por la revolución de los bolcheviques en Rusia. Y continuaba afirmando la JCR que a partir del ´30, la política de Frentes Populares con la burguesía, de los Partidos Comunistas, había desviado y diluido las energías emancipatorias, pero que la Revolución Cubana en 1959 retomaba el impulso revolucionario.

La ola revolucionaria latinoamericana del ´60 y ´70 se cerró con la Revolución Sandinista en 1979. La insurrección nicaragüense fue la de un pueblo en masa, que en los combates vivaba a Sandino y al Che. Un grupo de internacionalistas argentinos, militantes del PRT, participaron activamente como combatientes del Ejército Sandinista en el derrocamiento de la sanguinaria dictadura de Somoza. Y después, en Paraguay, fueron autores del ajusticiamiento al Dictador. Muchas escuelas de Nicaragua llevan el nombre de Hugo Irurzum, nuestro querido capitán Santiago, caído en la acción.

Luego vendrá el repliegue del movimiento revolucionario y la tarea de la burguesía para que el Che quede aislado en las remeras y posters, casi como un ícono marmolado. Pretendían que se mantuviera totalmente alejado de la lucha por el Poder. Y se cae el Muro de Berlín con la implosión del “socialismo realmente existente”. Y la igual suerte del socialismo chino.

Pero con el “Santiagueñazo” de 1993 y la rebeldía del pueblo argentino al neoliberalismo menemista que fueron simultáneos a la insurgencia zapatista en México, se inicia un nuevo ciclo de lucha. Fue una nueva llamarada de luchas continentales por el agua y nuestros recursos naturales y contra el extractivismo que nos recordaron 500 años de invasión, colonialismo y opresión. Y surge nuevamente en las banderas de lucha y en los gritos de barricada la figura del Che. Que nuevamente nos conduce apuntando al Poder.

Pasaron varias décadas desde la muerte del Che. Las actuales generaciones tienen la posibilidad de conocer muchas más facetas del Che que las que conocíamos en el ´60 y ´70. Gracias a escritos de su autoría, que últimamente se han recuperado, y a estudios muy completos de su ideario, como el que hace el escritor y militante guevarista Nestor Kohan, hoy ya sabemos que el Che no es solamente un “combatiente heroico”. Además de eso es un estudioso de la realidad social e histórica del capitalismo. Es un marxista frecuentador de los grandes temas de la teoría social. Cultor de aquel apotegma de Lenin: “Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario”, el Che nos enseña que toda formulación política debe estar seriamente asentada e interpretada por una reflexión teórica. Que las dudas y las preguntas son insustituibles en la tradición marxista donde el más mínimo movimiento está relacionado a la totalidad, como filosofía de la praxis, de actividad objetiva y subjetiva íntimamente relacionadas, de unidad de teoría y práctica, por la cual el ser humano transforma el mundo y se transforma a sí mismo y donde la teoría sirve para resolver las cuestiones prácticas.

La crisis mundial desatada desde el 2007 que hoy repercute y se extiende a la periferia capitalista, plantea a las nuevas generaciones, seguidoras del Che, igual desafío que el que se nos presentó en el ´60 y ´70 : construir un programa socialista, trazar una estrategia de toma del Poder para América Latina y Argentina y construir una dirección revolucionaria. Sin estos tres elementos la barbarie capitalista se profundizará sin límites. La nueva situación que se abre pondrá en pié un gigantesco proceso de lucha de masas, que deberá utilizar todas las formas de lucha, combinando lo armado y no armado, lo pacífico y lo violento, lo legal con lo ilegal.

Para las nuevas tareas aprender de la gesta del Che es imprescindible.

Militante de Izquierda Revolucionaria y miembro del Comité Central del PRT en los `70

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