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Autor: Borroka garaia da!

Como dice un amigo, con el paso del tiempo a veces se pierden las palabras, su contenido o se hace borroso o quizás hasta se pierden significados. Pero lo que hoy se recuerde de lo que era una propuesta, puede que esté muy alejada de lo que en realidad era. La memoria es selectiva, está sujeta a las necesidades vigentes de quien afirma un específico resumen del pasado, y no a lo que en realidad fue.

Mañana se cumplirá un nuevo aniversario de aquellos fatídicos 20-N de pistoleros mercenarios del estado que se llevaron la vida de Josu Muguruza y Santi Brouard. Y os traigo dos cosas, en este caso relacionadas con Santi.

La primera, un número especial de Eraiki, boletín del comité central de HASI al cual pertenecía y centrado en la propia figura de Santi Brouard. Os recomiendo su lectura desde la primera a la última de sus 32 páginas.

Leer Eraiki (7. zenbakia)

La segunda es un extracto y el libro al cual pertenece.

Cuando mataron a Santi, los policías y militares españoles que deambularon después en torno a su cuerpo, por suerte nunca llegaron a descubrir lo que llevaba cual tesoro en el bolsillo izquierdo de su chaqueta. En un papel estaba escrito un precioso poema dirigido a él y titulado “Interrupción apacible” escrito por su compañera del alma, Tere, el cual se puede leer también en el Eraiki antes enlazado. En otro papel llevaba un extracto de un libro llamado “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde”. Después de haber leído ese libro, Santi comentó que todo militante revolucionario y especialmente aquellos o aquellas que se encuentran presas o en el exilio deberían conocer este pasaje que voy a transcribir a continuación y colocando al final el enlace al libro completo por si os interesa su lectura.

“Cuando llegaba uno nuevo, un grupo de nuevos era como sacarse la lotería.., cuánta información te podía dar cada uno y además que te refrescaban la memoria de cosas, vos podías preguntar por tus vecinos, por tus compañeros del movimiento estudiantil… cómo están trabajando … y los clandestinos de la ciudad… Era inundarse de felicidad aunque a los seis meses ya toda la misma situación está planteada de nuevo. Era cargar de nuevas cosas el campamento, cargarlo de nuevos ángulos de ver las cosas, de nuevas opiniones, de nuevos criterios, cargar el día, la noche de nuevas pláticas o de nuevos tópicos que no los has platicado con los otros. Seis, siete compañeros nuevos en el campamento era una inundación… Además ves los rostros… todavía no los distinguís bien, son nuevos, los nombres son nuevos… ¿cuál es el fulano? una inundación de información, una inundación de compañía… una ruptura de la soledad acumulada. Era la irrupción de una compañía violenta en el campamento. Era el fracturamiento de la soledad, y además, regás la soledad que se esfuma, la soledad se esparce por momentos. Con tu presencia se inunda y se irriga de compañía la situación.

Es una cosa extraordinaria. Yo fui de los que, incluso, dije muchas veces en la guerrilla, ya a los meses de estar en ella, cuando te adaptás y te has convertido ya en un guerrillero, que lo más duro no es la pesadilla del abra, no es lo horrible de la montaña, no es la tortura de la falta de comida, no es la persecución del enemigo, no es que andés el cuerpo sucio, no es que andés hediondo, no es que tengás que estar mojado permanentemente… es la soledad, nada de eso es más duro que la soledad. La soledad es algo horroroso, el sentimiento de soledad es indescriptible, y ahí había mucha soledad … La falta de compañía, de la presencia de una serie de elementos que históricamente el hombre de la ciudad está acostumbrado a tener a su lado, a convivir con ellos, la soledad es el ruido de los carros que se te empieza a olvidar. La soledad por la noche del recuerdo de la luz eléctrica, la soledad de los colores porque la montaña sólo se viste de verde o de colores oscuros.. y verde es la naturaleza… ¿y el anaranjado qué se hizo?

No hay azul, no hay celeste, no hay morado, lila, no hay esos colores modernos que existen. La soledad de las canciones bonitas que a vos te gustan… la soledad de la mujer… la soledad del sexo, la soledad de la imagen de tu familia, de tu madre, de tus hermanos, la soledad de los compañeros del colegio, la ausencia, la soledad de no ver a los pr ofesores, de no ver a los trabajadores, de no ver a los vecinos, la soledad de los buses de la ciudad, la soledad de no sentir el calor de la ciudad, el polvo.., la soledad de no poder ir al cine, aunque vos querrás tener todas esas compañías no podés tenerlas… es una imposición de soledad contra tu propia voluntad, en el sentido de que vos quisieras tener esas cosas pero no podés, porque no podés dejar la guerrilla, porque has llegado a luchar, ha sido la decisión de tu vida. Ese aislamiento, esa soledad es lo más terrible, es lo más duro, es lo que más golpea. La soledad de no poder dar un beso… lo que para un ser humano es no poder acariciar algo… la soledad de no recibir una sonrisa, de que no te acaricien, si hasta los animales se acarician.., una culebra ponzoñosa acaricia al macho… un jabalí.., un pajarito.., los peces de los ríos se acarician.

Nosotros no podíamos acariciamos, éramos puros hombres, no podíamos recibir palabras dulces; entonces, esa soledad, esa ausencia del mimo, que nadie te mima, y que a nadie podés mimar… eso es más duro, es más aguijonante que estar siempre mojado, que tener hambre, que tener que ir a buscar leña, que tener que andar peleando con los bejucos para que no se te caiga la leña y volverla a levantar, que limpiarte las nalgas con hojas, nada es más terrible, para mi, pues, que la soledad infinita que vivíamos, y lo peor era que no sabíamos cuánto tiempo íbamos a pasar así. Eso iba desarrollando en nosotros una especie de asimilación forzada de que teníamos que prescindir de todo el pasado, de las caricias, de las sonrisas, de los colores, la compañía de un sorbete, la compañía de un cigarrillo, la compañía del azúcar, porque no había azúcar… un año sin probar azúcar… Te vas resignando… Y por otro lado, si caminás un poquito te caés, aunque estés hecho y derecho, te caés como treinta veces.., ya nadie se asusta…

Se cocina con poca higiene, casi no te bañás, o lo hacés sin jabón, la comida es el mayor aliciente, pero te das cuenta que siempre es la misma mierda… una pelota de pozol con sal, un pedazo de mono sin condimento de ningún tipo, o tres cucharadas de pinol simple, una cucharadita de leche en polvo, y luego con esa hambre tenés que ir a hacer trabajo político con los campesinos y te vas.., y te mojás… y estás tiritando de frío y con hambre… y no hay caricias y no hay risas.., y no mimás a nadie… y el lodo.., y la oscuridad de la noche… y todo mundo a las siete de la noche acostado en su hamaca pensando cada quien en lo que le da su gana… Pero cada vez vas dominando el medio… aprendiendo a caminar.., se te fortalecen las piernas, aprendés a manejar el machete… y ya con el tiempo el pelo te va creciendo. A mí me salieron los bigotes en la montaña… el poco baño te curte la piel, luego han pasado períodos de períodos en que te desaparecen los rayones y vienen otros rayones y heridas hasta que las manos y los brazos empiezan a coger otro color.., te empiezan a salir callos en las manos… y eructás… aup… delante de todo mundo y a cada rato, lavás tu ropa, el entrenamiento… y la Guardia, y sin información de la ciudad y la represión en la ciudad; entonces, como que poco a poco ese montón de hombres se van convirtiendo en otro elemento más, en otras criaturas más de la montaña, con inteligencia, pero como los animales, y peor, porque somos animales reprimidos.

En alguna medida esto fue lo que ayudó a forjar en cada uno de nosotros el acero para derrocar a la dictadura. Se nos fue curtiendo la piel, la mirada, se nos fue curtiendo el paladar, se nos fue agudizando la vista, se nos fue perfeccionando el olfato.., los reflejos… nos movíamos como animales. El pensamiento se nos fue curtiendo, puliendo el oído, es decir, nos íbamos revistiendo de la misma dureza del monte, de la dureza de los animales… nos fuimos revistiendo de una corteza de hombres-animales como hombres sin alma, aparentemente… Eramos palo, culebra, jabalíes, veloces como los venados, y tan peligrosos como las serpientes, tan fieros como un tigre en celo. Así se fue forjando en nosotros un temple que nos hacía soportar el sufrimiento psíquico y físico, fuimos desarrollando una voluntad de granito frente al medio.

La solidez de la Vanguardia del FSLN no es una palabra. El Frente Sandinista de Liberación Nacional fue desarrollando con su práctica tanto en la montaña, en la ciudad, como en el campo, un temple de hierro, de acero, un contingente  con una solidez granítica entre ellos, una indestructibilidad del núcleo en lo psíquico, que fue capaz de mover a toda la sociedad contra la dictadura en diferentes etapas de su formación..”

Toda revolución tiene sus libros paradigmáticos. Como si al derrocar lo establecido, quedasen abiertas todas las veredas antes reprimidas, o bien postergadas por la necesidad del combate. Pocos libros, como éste de Omar Cabezas, han podido retratar mejor la frescura de una revolución: su gestación, su doloroso parto, su radiante alumbramiento. Subir a la montaña con Omar, reír y llorar con él en la selva, resistir con paciente impaciencia y entrar triunfantes en Managua persiguiendo tiranos son experiencias únicas, que sólo se pueden narrar en libros como éste.

LEER libro “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde” (236 páginas – pdf)

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