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Autor: Borroka garaia da!

¿Qué fue primero el huevo o la gallina? ¿Qué función cumplen los agujeros negros?. Como todo el mundo sabe, sin conocer respuestas a estos interrogantes no se puede desentrañar el misterio de la acción directa. Un misterio que en realidad no es tal, no tanto al menos como el triángulo de las Bermudas o el abovinable hombre de las nieves (conocido como el Yeti entre colegas ), pero si que requiere (aprovechando según dicen los Bizardunak que está de moda entre la chavalada este tipo de corriente músical en la escena vasca) un poco de que se enamore el alma como canta la Pantoja y un poco de hoy voy a salir a por ti como insistía el grupo local de Santurtzi llamado Tamara.

Y es que ayer se ocupó el nuevo gaztetxe de Iruñea, que aunque algunos digan que es de la capital de Euskal Herria, de momento la (y el) capital está en la BBVA, Neguri y entre terranientes navarros. En cualquier caso, siempre enamora el alma que se arranque de cuajo al capital y al sistema un espacio para ponerlo al servicio del pueblo sin intermediarios innecesarios que siempre acaban intermediando para que medien sus intereses y se metan por medio leyes y lógicas impuestas e injustas.

Cuando era muy jovencito dos veces tuve que hacer obligado por una asamblea infernal la función de negociador con la iglesia y el ayuntamiento en nombre de la gazte asanblada local. Lo cual da una idea de la insensatez y falta de escrúpulos de la alocada juventud de mi barrio. Y es que solo me he puesto corbata una vez en carnavales además de ser ateo militante y practicante. El caso es que con la iglesia no salió del todo mal, más que nada porque no nos íbamos a quedar con ella, solo con un cacho y por unos días. El cura no estaba a favor de lo que íbamos a hacer pero prometió no llamar al séptimo de caballería y me dio las llaves y una biblia, a cambio tuve que tragarme un sermón interminable del porqué de mi ausencia a misa de alguien que decía conocerme desde la pila bautismal, y entrar en una discusión política que por más que le repetía que no tenía nada que ver con el asunto le pareció buena idea tostarme con ella. Con el ayuntamiento las cosas fueron diferentes, no me dieron llaves ni biblias, solo un caramelo de los que tenía en la mesa el alcalde, el cual me arrepentí de haberlo comido nada mas salir de su despacho mientras me sobrevolaba por la cabeza la idea de pasarme por osakidetza para una revisión médica en búsqueda de un probable positivo en algún test de envenenamiento. Del gaztetxe no quedó piedra sobre muro y encima el tío después de destrozarlo pensó en ahorrarse pasta en el equipo de limpieza municipal y que aceptáramos con buen gusto borrar las pintadas de protesta que aparecieron por doquier en el pueblo. Entonces se entró en la fase final de las negociaciones con un vete a tomar por el saco que no fue bien encajado por la autoritaria autoridad municipal.

La ocupación y los gaztetxes no son un movimiento legal, ni falta que hace. Y no lo son porque en teoría no aceptan la legalidad. De hecho la combaten. El movimiento de ocupación surgió no simplemente para disponer de locales ante diversas necesidades, sino para arrancar de cuajo al capital espacios y devolverlos al control popular. Surgió para crear un poder popular enfrentado al poder del sistema, un poder inmerso en una ilegalidad que a través de la legitimización social compitiera con el estado de las cosas y la legalidad enfrentándose a él. Y hay que decir que esa pelea de legitimización ha sido bastante exitosa en Euskal Herria normalizando la ilegalidad de los gaztetxes.

Los que trabajan dentro de la legalidad a modo de caballo de troya no tienen que presentar alternativas sino blindar y ayudar, con triquiñuelas o desobediencia si hace falta a que los espacios recuperados justamente al capital permanezcan autónomos e intocables.

Los gaztetxes no solo son centros de cultura, que rápidamente hubieran sido fagocitados por la legalidad de la cultura burguesa, sino que son centros de clase y contrapoder. Esa es la razón de que sean atacados a menudo. Simplemente la clase burguesa está haciendo defensa de sus intereses de clase que son opuestos al interés común.

Si existe alguna institución legítima y cercana al pueblo donde existe una avanzada democracia y ayuda mutua, eso son los gaztetxes.

La ocupación no está permitida ya que va en contra de toda ley básica del capitalismo. Esto hace automáticamente generar un carácter de confrontación directa contra el sistema, una cultura de resistencia y un desafío permanente, lo cual crea en la mayoría de los casos en los que se da esas situaciones un blindaje poderoso frente a toda asimilación donde se produce una batalla entre la ley y la legitimidad. Se crea un contra-poder que libera un espacio y a través de la legitimidad social se asienta y se hace fuerte. El segundo aspecto a remarcar es su unilateralidad. No espera a un futuro mejor sino que construye hoy y ahora la avanzadilla de esa nueva sociedad en unos valores opuestos al del status-quo. Construye en el presente por encima de todo impedimento ese futuro ansiado. O al menos lo intenta.

He estado leyendo algunas declaraciones de Geroa Bai en relación a la reciente ocupación en Iruñea. En tono paternalista afirman que “es un signo preocupante de una reivindicación, la de espacios para la juventud, que sigue sin resolverse, un indicador preocupante de que, aún hoy, las acciones unilaterales se consideran una forma de solución, equivocada según Geroa Bai, de problemas reales”. Para Geroa Bai la solución es “la creación de espacios de ocio joven cogestionados”: “Hay necesidad de espacios, y hay espacios vacíos; pero ocuparlos unilateralmente no hace sino enquistar el problema y generar más tensiones de las necesarias”. “Más diálogo entre el ayuntamiento de Iruñea y la Gazte Asanblada hubiera evitado, seguramente, una situación como la actual, que no deja de ser una ocupación y, por ello, algo que no es legal”.

Aranzadi por su parte ha afirmado que “frente a la inacción de las administraciones con respecto a la gestión y fiscalización de lugares o inmuebles de titularidad pública o privada”, apoyan “la ocupación, recuperación y autogestión de dichos espacios en desuso y cuya reutilización materialice el desarrollo personal, social y político de la ciudadanía sin la tutela de los poderes públicos”. Aranzadi señala que prefiere que la ocupación de los lugares o inmuebles de titularidad pública por parte de entidades u organismos sociales se regule a través de un convenio general, pero, en caso de que no sea posible, con carácter general, darán su apoyo a dichas iniciativas y trabajarán “para que se generen marcos de entendimiento entre la sociedad y las instituciones”.

Lo cierto es que de signo preocupante no tiene nada. Al contrario, es signo de que la juventud no está del todo muerta y apática como la quieren convertir. Los partidos en general piensan o que las ocupaciones son simplemente actos criminales o que las instituciones deben solventar “el problema” ya sea co-gestionando y generando marcos de entendimiento entre la sociedad y las instituciones.

Por supuesto, eso es porque se creen el ombligo del mundo. Pero un gaztetxe es una institución no capitalista y soberana, y el entendimiento que tiene que haber con las instituciones capitalistas y dependientes de leyes injustas sea quien sea quien las gestione es que respeten a los gaztetxes en su autogestión sin ningún tipo de injerencia. Al fin y al cabo, aunque las instituciones capitalistas y dependientes se hagan las suecas lo que está en juego aquí es el sistema capitalista, sus lógicas y sus instituciones que son  lo que tiene que desaparecer abriendo paso a instituciones nuevas y humanas (el gaztetxe es una de ellas) además de un sistema que no siga la ley del dinero sino de los intereses de las personas. Hacer un capitalismo mejor (que pregunten por Grecia qué tal les va) o hacer algo distinto.

El cambio no vendrá de partidos, ni de la gestión institucional. No lo traerá ni Barkos ni Asiron. El cambio vendrá de la posibilidad de acabar con la vieja política. De ayuntamientos donde no mande el ayuntamiento sino que obedezca. De un parlamento foral donde no gobiernen partidos, sino la clase trabajadora navarra. Y para eso existen mecanismos y experiencias de donde aprender o reaprender.

La vieja política está basada en el delegacionismo, el personalismo , en la “participación” controlada, y en la neutralización del movimiento popular, no en la democracia directa ni en sujetos emancipados. Claro está, dar el salto a ello supone abandonar el institucionalismo autocentrado, el conservadurismo, apostar por la confrontación, en confiar en el pueblo y no pretender que el pueblo confíe en ti.

Estamos hablando de un mundo diferente. Y en ese camino, tanto los gaztetxes, como posibles propuestas  de ocupación de fábricas autogestionadas por la clase trabajadora e incluso barrios o pueblos enteros en la misma dirección no son “problemas” sino piezas indispensables para ir  acabando con un sistema e instituciones podridas desde la raíz. Las instituciones capitalistas y sus gestores pueden ayudar, no molestando  y blindando estas experiencias. No se puede cogestionar capitalismo y un mundo nuevo de personas libres, democracia directa y ayuda mutua.

+ Que Gbai, EH Bildu , Podemos e I-E den un paso atrás

3 thoughts on “Iruñea, otro capitalismo mejor no es posible

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