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Mauricio R. Alfaro / Rebelión

Introducción

Observamos que en El Salvador la cúpula dirigente del actual FMLN, en relación a la memoria histórica de la guerra popular revolucionara, ha optado por -casi- eliminar, de sus discursos y actos conmemorativos, el aporte que los ex combatientes dieron durante esa coyuntura política del país.

En este ensayo, lo que nos interesa destacar es que la observación anotada, la vemos como la síntesis de toda una serie de acontecimientos; que, en su sucesión-combinación, harían de un El Salvador pacificado y en democracia, el lugar de un nuevo caos estructural.

La etapa utópica revolucionaria del FMLN (un poco de memoria histórica)

En El Salvador, los años setenta del siglo pasado fueron aquellos en donde la alianza oligárquica-militar en el poder cerró, a través del terror organizado desde el Estado, la vía pacífica para reformar el sistema en plaza. Pero es de subrayar que, con ese cierre, esa alianza dictatorial, no hizo otra cosa que crear su propia antítesis; la cual se activa, cuando un grupo de militantes bien decididos opone a la violencia reaccionaria de las élites en el poder, la violencia revolucionaria del pueblo en armas.

Violencia revolucionaria dinamizada por un nuevo tipo de militante que veía en la organización de la lucha armada, el camino a seguir para echar abajo, de una vez por todas, un statu quo insensible al estado de pobreza y exclusión social de las mayorías empobrecidas del país. El militante guerrillero asumía entonces el desafío de construir una alternativa radical al estado de cosas dominantes en El Salvador. Y dadas sus tendencias, de inmediato, el poder en plaza no tardó en señalarlo como: el enemigo principal a aniquilar. Rudas circunstancias históricas que, en su dinámica misma, irían depurando las propias filas de la izquierda armada salvadoreña.

Hasta que, en una especie de selección social, esa izquierda logra progresivamente configurar las vanguardias organizadas del pueblo; desde las cuales, sus militantes supieron ganarse la confianza, la lealtad, la adhesión de una buena parte de los salvadoreños. La cual probablemente veía en ellos algo semejante a aquellos predicadores de los primeros tiempos cristianos. Algo así, como los profetas de los tiempos nuevos de la redención. Hombres y mujeres que en plena flor de su juventud persiguiendo sus ideales abandonaban todo -absolutamente todo- en aras de construir una Gran Utopía. En la cual, ellos y ellas (solidariamente) se daban la tarea de construir un mundo mejor.

E inspirados por tan noble fin y tantos ejemplos de heroísmo, una parte de los sectores populares, desde abajo, pasaron progresivamente del puño en alto en las manifestaciones a empuñar el fusil. Y con ellos, en una guerra popular que hizo gala de valentía y entrega revolucionaria, la ola de los partidarios del cambio social crecía y crecía. Hasta que, en una especie de Nuevo Contrato Social que lo vemos como un pacto político fundado en los valores de la confianza mutua y en la lealtad de la palabra dada, las bases y los dirigentes lograron fundar el FMLN; que, con el tiempo, se convertiría en una de las organizaciones político-militar de las más exitosas en la historia de los movimientos populares de la América Latina.

Y, en aras de la nueva patria, los guerrilleros y sus aliados caían y caían uno tras otro. Unos perdían la vida en combate; otros cazados, capturados por los escuadrones de la muerte que, haciendo de la tortura un arte monstruoso, se dedicaban -sádicamente, pacientemente, metódicamente- a torturarles, a despedazarles, a calcinarles. Y luego, ya vestidos con sus respectivos uniformes militares, ante los familiares y amigos, les hacían pasar al estado dedesaparecidos. O sea, de aquellos salvadoreños y salvadoreñas que, existencialmente hablando, como un general argentino en su momento lo dijo, no están: ni vivos ni muertos.

Digamos que, en términos generales, lo hasta aquí expuesto es lo que nosotros denominamos la fase utópica revolucionaria del FMLN. Situémonos entonces esta vez, en la otra etapa. O sea, de aquella que hizo pasar a El Salvador de la dictadura oligárquica-militar a la paz y la democracia. Y veamos, cómo y de qué manera, el cambio que habría llevado al FMLN de la utopía revolucionaria a su pragmatismo electoral actual, las pudo haber afectado.

El FMLN en su fase pragmática electoral

En El Salvador, según la versión oficial, la paz triunfo cuando las fuerzas oponentes, extremadamente radicalizadas, abandonaron sus posiciones del todo o nada. Y ya pacificadas y situadas en otro orden de ideas, habrían aceptado la vía electoral como la forma de lucha política principal para resolver sus divergencias. El todo, en nombre de la victoria del interés general sobre el interés partidario.

Con la paz firmada, El Salvador entraba entonces a una nueva fase de su historia. En donde, simultáneamente, con el fin del conflicto armado, las élites políticas de derecha e izquierda (los firmantes de los acuerdos de paz) se comprometían a unificar sus esfuerzos en aras de alcanzar un solo objetivo: democratizar a El Salvador. Y así, en un proceso gradual de cambios, esas élites prometían hacer lo que, desde siempre, sus mayorías empobrecidas tanto han anhelado: un país digno, integrado con justicia social.

Si el ritmo de las cosas -idealmente- se nos proyecta como una secuencia sostenida de fin de la guerra civil-paz-democracia-progreso-justicia social, consideramos que, desde nuestra perspectiva, es válido que nos cuestionemos en la forma siguiente: para las élites políticas de derecha e izquierda, ¿ cuál habría podido ser la fórmula ganadora que, en aplicándola, iría dando esos logros tan inusitados para El Salvador ?

Creemos que la guía a seguir para abordar y clarificar la pregunta planteada, es la de situar el triunfo de la paz y la democracia en El Salvador, al interior de un movimiento general que, en su momento, habría marcado la victoria -casi total- del paradigma neoliberal. Movimiento que en su proceso de concretización dictaba, a los países del mundo, la formula siguiente: -Estado +Mercado. Fórmula que a su vez, iba a servir de parámetro fundamental para distinguir a los amigos de la democracia, de sus enemigos. Y la regla a seguir para diferenciarlos sería que, en la aplicación de esa fórmula, los primeros se comprometían a alejarse de todo tipo de populismo. Es decir que, esos demócratas, deliberadamente, renunciaban a promover los derechos socio-económicos de los ciudadanos. Ya que esta vez, para ellos, lo esencial sería liberar las fuerzas productivas del mercado vistas como las creadoras de riqueza. Y por lo tanto, las únicas capaces de llevar, a los pueblos del mundo, el progreso sin fin.

Vistas las cosas desde esa perspectiva, sostenemos, para el caso concreto de El Salvador, considerándolo ya no como un caso sui generis sino como haciendo parte del movimiento global señalado, que habría sido la puesta en práctica de esa fórmula, la que explicaría, por un lado, el paso directo de El Salvador de la guerra civil a la paz y la democracia. Pero por otro lado señalamos igualmente que la fórmula -Estado + mercado es la que habría favorecido el advenimiento de una paz y una democracia insensibles al estado de pobreza y exclusión social de los más desfavorecidos de la sociedad.

Lo uno y lo otro, lo situamos en el hecho que en El Salvador el advenimiento de la paz tenía una condición sine qua non: suprimir el FMLN utópico de carácter revolucionario. Es claro que el fin de ese FMLN marcaba a su vez el nacimiento del FMLN de esencia pragmático electorero. El cual, al contrario del FMLN original con su programa maximalista de cambio radical de las estructuras dominantes, pasó a defender -integralmente- un programa político de tipo minimalista que tenía un rasgo esencial: evitar cuestionar la forma de producción y redistribución de la riqueza .

La paz marca entonces aquel momento crucial en donde la dirigencia del nuevo partido FMLN se dio la peculiar tarea de desmontar, de un día para otro, todas las estructuras -objetivas y subjetivas- que habían sostenido la larga y sangrienta guerra popular revolucionaria. Y esto, con un fin bien determinado: reciclarlas. Y ya recicladas, reutilizarlas para hacer del FMLN utópico, una maquinaria electorera. La cual se encargaría de enfriar y reducir las expectativas populares democráticas a un aspecto presentado como el alfa y el omega de toda democracia: el derecho a votar libremente, en cada evento electoral. Es claro que, en esta democracia de tipo representativa, reinaría el respeto irrestricto de la propiedad privada, la libertad de expresión, de organización y otras tantas libertades. Pero su limitante mayor sería, como ya planteado en otros términos: que las causas estructurales responsables de la profunda desigualdad socio-económica de los salvadoreños no podían, bajo ninguna circunstancia, ser cuestionadas.

Es lo planteado lo que nos hace sostener que en El Salvador, el poder tradicional (o poder real), nunca perdió el control de los acontecimientos producidos desde los tratados de paz hasta nuestros días. Y la prueba de ello es que con ese poder real ese sector habría permitido, hacia arriba, la apertura de un espacio político (o poder formal) fundado en un sistema de partidos funcionando al interior de una democracia restringida. Y hacia abajo, ese poder real, no teniendo que rendirle cuentas a nadie, habría -de nuevo- atenazado su indiscutible poder sobre la forma de producción y la acumulación de la riqueza. Lo cual, en el nuevo contexto, pasaba por privatizar los bienes del Estado; por abrir a El Salvador al libre comercio; por dolarizar la economía. En fin, ese poder real, no encontrando en su camino obstáculo alguno para implementar su terapia-shock de contenido neoliberal, hizo que la formula -Estado +mercado convirtiera a El Salvador en uno de los países más “libres” de la América Latina. Para ser exactos, el segundo después de Chile. Es claro que hacemos referencia aquí, al Chile neoliberal fundado por Augusto Pinochet.

Como extrañarse entonces que observamos que, en cuanto a la paz y la democracia triunfantes en El Salvador, existan dos evaluaciones completamente divergentes al interior del FMLN. Tenemos así que para la ex guerrilla esa paz y esa democracia no tendrían otro sentido que el de ser la forma política que selló una nueva derrota popular. Mientras que, para la cúpula dirigente, los mismos hechos habrían alcanzado el rango de haber originado una “autentica revolución en El Salvador”(1). Siendo a causa de esos puntos de vista divergentes que, igualmente, observamos que aquel Contrato Social forjado a la manera que más arriba lo exponemos, habría llegado a su fin.

Lo dramático del caso es que vemos que, luego que el Contrato Social se rompe, los caminos de los antiguos aliados durante la guerra civil se bifurcan. Conformando así dos campos bien definidos: los ganadores y los perdedores del conflicto armado. Con respecto a los perdedores vemos a unos ex combatientes -con una paz y una democracia que en términos reales no les aportó absolutamente nada, puesto que ellos seguirían siendo tan pobres y marginados como antes de la guerra-, regresar a sus pueblos, cantones y caseríos, sin nada realmente que celebrar. Mientras que, con respecto a la cúpula dirigente del partido FMLN, vemos que algo completamente diferente ocurrió. Puesto que ella, en la dinámica misma de los tratados de paz y la democratización, progresivamente, se convertiría, en la nueva clase política de El Salvador. Veamos entonces, con la ayuda de James Petras (2), cuales habrían sido sus primeros pasos para llegar a ocupar tan privilegiado status social:

“El FMLN (cuando) firmó el llamado acuerdo de paz (explica Petras, lo hizo) sin ningún diálogo democrático previo con los militantes, sin ninguna consultación con los movimientos sociales de base… Dictaron los acuerdos a sus cuadros intermedios, expulsaron a los críticos y manipularon a las masas para que den su apoyo ofreciéndoles promesas falsas de “continuar con la lucha”…; declararon obsoletas las principales reformas estructurales por las que miles de militantes habían luchado y entregado su vida… No cumplieron con las promesas de trabajo y redistribución de ingresos y tierras; nunca se materializó la promesa de “reformar” las fuerzas armadas ni entablar procesos judiciales en contra de los oficiales involucrados en violaciones masivas de derechos humanos.

Haciendo un análisis objetivo, continúa Petras, queda claro que el acuerdo de paz firmado por el FMLN ha fracasado en el cumplimiento de las mínimas demandas políticas y socioeconómicas de sus bases. A pesar de los grandes sacrificios y los incontables ejemplos de heroísmo personal, las masas populares de El Salvador fueron despojadas de todo logro positivo…”

De lo expuesto por Petras habría probablemente que aclarar que quien firmó los acuerdos de paz y dictó -de arriba hacia abajo- las medidas a las cuales él hace referencia, no fue el FMLN en abstracto sino que fue su cúpula dirigente. La que haciendo uso de un poder ilimitado y persiguiendo ya sus propios fines, la vemos que se daba la tarea de transformar radicalmente a aquel FMLN utópico forjado al calor de la guerra popular revolucionaria. Para así con un FMLN dócil, maleable, domesticado, convertirlo en un partido más del sistema de partidos de El Salvador.

Un sistema de partidos en donde lo que siempre imperó e impera es la simulación, la picardía y el oportunismo más abyecto. Es claro que la cúpula dirigente del nuevo partido FMLN, a la imagen de ese sistema, acto seguido a lo que James Petras nos revela más arriba, astutamente, ligado al hecho de haber desmantelado al FMLN utópico, tenía que dar su salto cualitativo de carácter regresivo; que hay que decirlo, vemos que le dio frutos jugosos; muy jugosos. Con respecto a lo que aludimos, James Petras con un lenguaje directo plantea que:

”Los líderes del FMLN se beneficiaron de manera directa con la transición de la lucha armada y la movilización de masas a la política electoralista: muchos fueron elegidos en puestos públicos, lo que les garantizó un estándar de vida de clase media. Como congresistas, asesores políticos, asistentes y alcaldes, la élite del FMLN recibió salarios sustanciales…Lo que les permite vivir en viviendas modernas, protegidas por muros de tres metros cubiertos con vidrio roto y alambre de púa, con calles pavimentadas y jardines con flores…”

“Entonces ellos… [nos relata Rubén Zamora, actual embajador de El Salvador en Washington D.C.] [adoptaron] un estilo de vida totalmente contrario a su estilo de vida anterior. Antes el comandante vivía con su tropa, comía con su tropa, había una relación muy directa con su tropa… Viene la paz y dónde va a vivir el comandante, ya no puede vivir en el campamento, va a vivir en una casa donde pueda recibir…, tiene que ir a recepciones, tiene que ponerse traje…

Habría que recalcar que ese “tiene” de los ex comandantes, Zamora (3) lo prolonga largamente . Pero el caso que nos interesa destacar es que la dinámica ascendente de movilidad social no se detiene ahí, ya que esa cúpula, gracias a ALBA petróleos, ha logrado ubicarse estratégicamente en el mundo de los negocios. Siendo esto algo que en la actualidad, le permite controlar un capital evaluado en 800 millones de dólares (4). El éxito alcanzado es tal que esa cúpula -con todo el poder económico, político y social acumulado- puede darse el lujo de declarar que ahora, con el poder tradicional de El Salvador, van a tratar de poder a poder.

Y habría sido así cómo aquel FMLN -forjado desde abajo por campesinos, obreros, estudiantes, religiosos y otros sectores de la sociedad salvadoreña y la solidaridad internacional-, habría tenido el infortunado destino de convertirse en una pieza más del statu quo de El salvador. Movimiento que habría culminado con el hecho que, en la actualidad, el FMLN habría sido convertido en un especie de partido-empresa (5); el cual es controlado por ex comandantes que ahora viven, como Petras y Zamora testimonian, en casas con jardines, con seguridad y bien amuralladas. Y que con sus trajes finos y zapatos como para calzar ángeles, hoy se mueven -sonrientes, obsequiosos- en la mundo de los ganadores de este mundo.

Conclusión

En función de lo hasta aquí expuesto, sostenemos que en El Salvador el cambio que llevó al FMLN de la utopía revolucionaria al pragmatismo electoral tuvo dos consecuencias inmediatas: 1) el de haber puesto fin a la alianza entre la cúpula dirigente del partido FMLN y los ex combatientes; 2) hizo que una organización política-militar originalmente creada -a sangre y fuego- para defender los intereses de los sectores populares se convirtiera, bajo el control de una élite que centralizó todo el poder de decisión, en una potente maquinaria electoral, la cual hizo de esa élite: la nueva clase política de El Salvador. Y la que jugando ya su propio juego -que tenía en la mira su propia movilidad social- obviaría (como ya mencionado) el fin supremo del FMLN: defender los intereses fundamentales de la mayoría empobrecida de El Salvador.

La izquierda reciclada en el partido FMLN habría mostrado entonces que, al igual que la derecha arenera, sus móviles no eran y no son otros que la búsqueda del poder para desde ahí potencializar al máximo sus privilegios. Es de acentuar entonces que sería al interior de ese contexto que en El Salvador la política habría perdido la posibilidad de innovar. Y con ello, estimular y señalar a los salvadoreños la senda a seguir para alcanzar el progreso y la dignidad social. Observamos así que la política, desde el momento que pierde su potencial creador, inevitablemente, sus promotores de derecha e izquierda no tardaron en hacer de ella una especie de mercado. En donde, con el fin de maximizar sus posibilidades de éxito social, principios e ideales serían puestos sobre la mesa, para determinar ahí sus valores de cambio. La política se revelaría entonces como reducida a un simple medio que las élites políticas, signos ideológicos confundidos, iban a usar -y a abusar- para conseguir sus fines egoístas.

Notamos así que las élites políticas no tardaron en hacer de El Salvador un país sin cohesión alguna, que en medio de la tempestad neoliberal, dio vida a un tipo de sociedad que hizo del individualismo a ultranza su norma por excelencia. Siendo entonces en este tipo de sociedad que los problemas de toda índole continuarían acumulándose más y más, hasta el punto de llevar a ese país hacia un nuevo caos estructural. El cual como telón de fondo avivaría el nacimiento de unas bandas de criminales sicópatas que, con sus extorsiones, sus asesinatos y sus masacres, habrían elevado a El Salvador al rango de ser: uno de los países más violentos del mundo.

El consuelo que, probablemente, les puede quedar a los salvadoreños es el saber que al menos hoy, sus días de violencias y crímenes sin fin, las viven en un país oficialmente declarado: pacífico y democrático. Lo cual, desde la perspectiva desarrollada en este texto, valoramos como: un chiste malo, de una comedia negra.

Mauricio R. Alfaro

Referencias

Ricardo Rivera (1), El Salvador: la negociación de un acuerdo de paz. ¿Un modelo para el mundo? http://www.uca.edu.sv/revistarealidad/archivo/4e2da01f8b2eeelsalvadorlanegociacion.pdf;

James Petras (2), ¿Es posible que los “acuerdos de paz” generen justicia, paz y seguridad para el pueblo? http://www.rebelion.org/noticia.php?id=171801

Fernando de Dios (3). (2013), “La amnistía fue la primera violación a los Tratados de Paz”,   http://www.archivocp.contrapunto.com.sv/especiales/la-amnistia-fue-la-primera-violacion-de-los-acuerdos-de-paz

La millonaria revolución de Alba (4), http://www.elfaro.net/es/201401/noticias/14423/

Editorial UCA (5): El peligro del partido-empresa, http://www.uca.edu.sv/noticias/texto-602

Mauricio R. Alfaro (6), El Salvador: Las dos historias del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), http://www.globalresearch.ca/el-salvador-las-dos-historias-del-frente-farabundo-marti-para-la-liberacion-nacional-fmln/5370142

Mauricio R. Alfaro (7), “El FMLN visto desde los acuerdos de paz de 1992 hasta su victoria electoral”, http://alainet.org/active/32375&lang=es

Mauricio R. Alfaro (8), (2013), “El Salvador: del terror de la alianza oligárquica-militar al terror de las maras”, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=171058

Mauricio R. Alfaro (9), El FMLN visto desde los acuerdos de paz de 1992 hasta su victoria electoral http://www.argenpress.info/2009/08/el-fmln-visto-desde-los-acuerdos-de-paz.html 

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