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Frente a la crisis en Grecia, mujeres crean casas autogestionadas

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“En lugar de permanecer aisladas y deprimidas en nuestras casas venimos aquí, tomamos un café, hablamos y creamos. Mientras sea necesario, nuestro lema será ‘Ninguna mujer sola durante la crisis’”.

Un grupo de mujeres preocupadas por el tema de la crisis en Grecia decidió abrir La casa de las mujeres, en Salónica, en el año 2010. No fue sino hasta el 2013 que abrió sus puertas y es desde entonces un proyecto en donde todas sus participantes construyen cada día una alternativa a la crisis social y económica que atraviesa Grecia hoy.

La casa está basada en la autogestión. Sus habitantes deciden sobre todos los temas referentes a la casa y la manera de habitarla, sostenerla y sobrevivir en un ambiente de solidaridad y apoyo mutuo. De cara a las políticas de austeridad impuestas por el gobierno, este lugar permite a las mujeres hacer frente a los problemas en un espacio de contención.

En los dos años de existencia de esta casa de mujeres, ellas han podido apoyarse las unas a las otras y experimentar activamente la solidaridad. Para ellas la solidaridad es totalmente diferente a la filantropía, ya que la solidaridad se basa en la reciprocidad: cada una de ellas es apoyada pero también da en la misma medida algo de ella misma. También han creado grupos de reflexión en función de sus temas de interés personal. Hoy actúan todas juntas a fin de encontrar soluciones colectivas, por ejemplo al problema de las mujeres a quienes la electricidad les había sido cortada. Había muchas de ellas en esta situación y solas era imposible interactuar con las autoridades. Trabajando e grupo en acciones colectivas, han logrado reestablecer la electricidad a todos los hogares que la habían perdido. Se trata de victorias extremadamente importantes para ellas, ya que cada victoria les a el coraje de continuar con sus luchas, a fin de poder resolver todos los nuevos problemas que se les presentan día tras día.

Leonora duro, Areti Karatassiou, Aliki Bravou, Athanassia Masneikou, Kleoniki Naoum, Eirini Kotefa, Voula Taki y angeliki Tzoanou hablan sobre lo que la casa les aporta cada día. En entrevista con la revista francesa 50-50.

“Por mi parte, ya me manifestaba desde hacía mucho tiempo en las calles, formaba parte de la izquierda no representada en el parlamento cuando supe de la existencia de este lugar. Al principio tenía una visión muy negativa y no quería venir. Pensaba en ese momento que se trataría de un espacio en el que las mujeres se parecería sobre todo en que se pasarían el día llorando por su suerte y que nada bueno podía salir de eso!. Una tarde en la que pasaba por casualidad por aquí la puerta estaba abierta y entré, muchas mujeres estaban reunidas. Entonces pasó algo muy fuerte en mí, sentí por primera vez lo que era la solidaridad, y esta casa se volvió mi segunda casa.”

“Todo se había vuelto de color negro para mi antes de que cruzara la puerta de la casa de la mujer. Ya no tenía ninguna esperanza y mi único objetivo era terminar con la cadena de cada día esperando que se terminara mi vida. Aquí encontré una segunda familia. Personas que no conocía me ayudan a seguir adelante. Es la primera vez que pasa algo de verdad en mi vida.”

“Yo soy inmigrante en Grecia. Cuando mi amiga Irene me llevó a la casa de las mujeres yo estaba muy triste porque no tenía trabajo y pasaba por una fase muy depresiva. No le podía encontrar ningún futuro a mi vida y no podía continuar así. Voula entonces me habló de un psicólogo al que veo desde hace meses y que me ha ayudado. En tanto que inmigrantes nuestros problemas no son solamente económicos. Tenemos problemas básicos, como ser indocumentadas. Aquí se me ha ayudado mucho y se ha vuelta realmente mi casa. Me siento muy bien, rodeada de todas las mujeres presentes. ¡Mi vida ha cambiado de verdad!”

“Un día pasé por la puerta, vi que había unos carteles y decidí preguntar, ¿qué es lo que hacen aquí? La crisis estaba en pleno apogeo, tenía grandes problemas económicos, traté de encontrar soluciones tomando cada opción que se me presentaba. Mi mayor problema en ese momento era que estaba sin electricidad desde hacía mucho tiempo. Me di cuenta de que no era la única en esta situación, incluso una de entre nosotras, que llevaba enferma desde hacía mucho tiempo, también le habían quitado la electricidad. La Casa de la Mujer llevó por ella una batalla que permitió que su electricidad le fuera restablecida, al menos pudo terminar su vida de una manera decente. En mi caso fue con la compañía eléctrica con la que nos dirigimos para lograr un arreglo con el que me fue restablecida la corriente a cambio de pequeños pagos por etapas. También recibí ayuda de la casa de la Mujer en otros ámbitos, incluyendo incluso la comida, que me ayudó a avanzar. Incluso si no tenía mucho tiempo libre he tenido todas las ganas de involucrarme poco a poco con más cosas en las actividades de la Casa de la Mujer. Por ahora mi compromiso con la Casa de la Mujer es principalmente mantener el espacio abierto a todas, a ciertas horas de la semana. Estoy buscando trabajo, pero mi presencia aquí es muy importante para mí.”

“A mí fue mi hermana quien me presentó la Casa de la Mujer. Como mujer he experimentado la violencia en la familia. Cuando esto empezó no había ningún lugar en Salónica donde se pudiera conseguir ayuda para esto. Pude salir de ellos y eso me hizo tener la necesidad de poner mi experiencia al servicio de otras mujeres que estuviesen pasando por la misma dificultad. Pertenezco a la izquierda y es con toda mi consciencia que deseo involucrarme en lugares donde podamos defender nuestras causas. La Casa de la Mujer me ha permitido involucrarme a fondo con objetivos precisos y mi experiencia de violencia doméstica me ha hecho abrir los ojos a la violencia social que sufren las mujeres. Algo que es formidable de este lugar es que por un lado recibo la ayuda que necesito, y por el otro puedo ponerme al servicio de quienes vienen aquí. Hoy tenemos que hacer frente cada vez más a la violencia económica. Nosotras, las mujeres, sabemos que lo que es cargar con el peso de la responsabilidad de que nuestras familias subsistan, sobre todo en los hogares monoparentales. Yo por ejemplo ayudo a mi hijo que ha tenido que volver a vivir conmigo. Albergar a un hijo adulto en el hogar es hoy una fuente de impuesto adicional, ya que se es sospechoso de ocultar ingresos al gobierno. Tengo el riesgo incluso de perder los pequeños subsidios sociales que me fueron concedidos. Pero no me hace dudar en apoyar a mi hijo, saldremos adelante juntos o no saldremos.”

“Con la Casa de la Mujer nos unimos a muchos movimientos sociales que han tenido lugar en Grecia. Estamos particularmente preocupadas por los inmigrantes que han llegado este invierno. Aquellos que llegaron por tierra en la región del Evros, el segundo canal de entrada a Grecia después de cruzar el Mar Egeo, se enfrentan ahora a un muro de alambre de púas. A pesar de que nada se había organizado aún para ellos, hemos traído ayuda a la frontera. La última vez que fuimos allí, nos encontramos con que Grecia estaba tratando de cerrar sus fronteras y organizar lugares donde los inmigrantes están siendo bloqueados. Vimos cosas inaceptables, algunos miembros de ONGs tenían comportamientos y formas de hablar inhumanas hacia los refugiados. A nosotras que llevábamos ayuda nos trataron de la misma manera. Los debates que tuvieron lugar entre los diferentes voluntarios que asistimos a ayudar dieron como conclusión que debemos encontrar nuevas soluciones. La sociedad tanto la griega como la europea en general, debe tomar conciencia de esto. Decidimos participar en los movimientos de protesta en la frontera y pedimos que las barreras que se construyeron en Evron fueran demolidas y que las circulación sea restablecida con toda seguridad para los inmigrantes. Ir a través de la tierra sería mucho más seguro para los inmigrantes que los viajes clandestinos en el Mediterráneo. Para nosotras el Mar Mediterráneo y su zona deben ser zonas de paz y no cementerios marinos para los que se atreven a cruzarlo. Todos los campamentos donde los inmigrantes son tratados como ganado deben quitarse. La Casa de la Mujer es parte de nuestra vida cotidiana. En lugar de permanecer aisladas y deprimidas solas en nuestras casas venimos aquí, tomamos un café, hablamos y creamos. Desde aquí levantamos todas nuestras luchas. Mientras sea necesario, nuestro lema será “Ninguna mujer sola durante la crisis”

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