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Artículo de colaboración para Borroka Garaia da!. Autor: Alabinbonban

Son las clases dirigentes las que modelan la sociedad a su gusto y antojo, de ahí que el deporte de masas y, más explícitamente, el fútbol sean un buen reflejo y termómetro de la época que nos toca vivir. Sin embargo, cuando históricamente políticos de muy diverso signo han intentado usar el deporte como instrumento de propaganda, resulta sintomático y muy revelador el esfuerzo de muchos media en tratar el fútbol como un mero juego, banalizándolo hasta el ridículo o jaleándolo como opiáceo adulterado.

Podría hablarse del fútbol como una pieza más en el engranaje del poder; del fútbol como paradigma del turbocapitalismo; de los largos tentáculos de los palcos; de la corrupción; del politiqueo barato; de la compraventa de niños; de agencias y comisiones; del amaño de partidos; de deudas impagables; de contabilidad que no encaja. Todo esto y mucho más podría ser central pero no sucede así, quizás porque tirando del hilo podría peligrar el chiringuito (en singular y plural; no nos referimos a basura televisada pero también valdría).


Así que lo que tratan de proyectar y vendernos es lo normal. Si lo criticas y te sales del guión es que estás politizando el fútbol. Ensuciándolo. Y eso está muy feo, ya lo dijo Maradona: “la pelota no se mancha”. Menos aún cuando las alubias de muchos están en juego.

Viene esto a colación de las detenciones ayer de cerca de una veintena de miembros de Indar Gorri. Según se lee en Argia, la orden la emitió el juez Fermín Otamendi, quien llevó a juicio a los “arrantzales barbudos” de San Fermínes y exoneró al cuerpo policial que, de un pelotazo, dejó sin ojo a un joven navarro durante una manifestación en el marco de una huelga general de 2014. “Que reclame a los convocantes”, fue la respuesta de Otamendi.

Una de las acusaciones, pertenencia a “banda criminal”, suena totalmente desproporcionada, por decirlo suavemente, y, aún a riesgo de equivocarnos, el caso huele a montaje, similar al sufrido por Bukaneros. Este tipo de literatura, bombas mediáticas y razzias no son nuevas en Euskal Herria. Las últimas noticias de anoche, por cierto, correspondían a cargas policiales en Iruñea.

El sesgo ideológico es claro, y todo esto sucede en unas fechas en las que otras gradas de izquierda son puestas en el disparadero. El Sevilla es multado con 120.000 euros por una pancarta en la que se podía leer “se armó la gozadera” mientras las machistas descalificaciones hacia Shakira en un país donde la violencia contra las mujeres está lejos de erradicarse le costaban al Espanyol 4.000 euros. No es una excepción. En Cádiz y Gasteiz bien podrían dar otros ejemplos.

Nada de esto podría entenderse sin el asesinato de Jimmy, aún hoy presentado por muchos medios como una pelea pactada de antemano. Casualmente, el correspondiente juicio se inició hace una semana, pero nada hace indicar que la negligencia policial de aquel lejano domingo esté en el orden del día. Es más, todo huele a que el marrón se lo comerá algún menor, un chivo expiatorio, mientras los frentistas gozan de una defensa top (¿quién, cómo y por qué pagará los elevados emolumentos de los letrados?). Será que el Frente Atlético, con dos muertos en su haber, no es una “banda criminal”, y sí Indar Gorri.

Tristemente, no hay garantía de no repetición. Básicamente porque no se ha ido a la raíz del problema y porque Tebas, no nos cansaremos de repetirlo, ese (¿ex?) ultraderechista, miembro de Fuerza Nueva en su juventud y más tarde bestialmente enriquecido gracias a chanchullos derivados del fútbol, Tebas, decíamos, ha aprovechado la ocasión para atacar sobremanera aquellas gradas de izquierdas que reivindican un fútbol popular y muestran solidaridad con causas en sus antípodas ideológicas. Tanto por convicción política como por mero interés económico personal, la disidencia es acallada.

Mientras tanto, la derecha local hace lo propio con los padres de Cabacas, que ayer volvían a la calle para reivindicar su papel de víctimas frente a estómagos agradecidos como Ezenarro y Jonan Fernández. Que nos digan de una vez si lavarse las manos y silbar forma parte de su suelo ético o simplemente es el peaje a pagar por trepar. Lecciones las justas. Y Cabacas, justizia. De una vez y sin más dilación.   

Basta, pues, una  semana de “fútbol” para recordar que España no rima con democracia y que, como berreaba Evaristo, “tras el fútbol hay mucha mierda”. Aunque también resquicios para la solidaridad, como el de Osasuna y un otra vez ejemplar Mikel San José apoyando a los currelas de TRW. Queremos, en fin, otro fútbol para otra sociedad. Sobre todo, otra sociedad.

sanjo

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