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Ekintza Zuzena  /N41,   2013

Recogemos aquí una aportación que en el marco del debate sobre La rebelión hoy se centra en un aspecto muy concreto de este asunto: la deriva política experimentada en los últimos años por quienes marcan la estrategia oficial de la Izquierda Abertzale.

El texto que podéis leer a continuación es fruto del debate conjunto de algunas personas de Gasteiz, pertenecientes a colectivos de un espectro de pensamiento próximo a lo libertario/autónomo/antiautoritario (al que no pretendemos representar con estas líneas) y que en la actualidad estamos involucradas en diferentes luchas o iniciativas que apuestan por la transformación social, algunas de ellas compartiendo desde hace años trabajo codo a codo con parte de ese gran espacio ideológico que se suele denominar izquierda abertzale (IA).

La razón que nos lleva a la elaboración de este escrito es una honda preocupación por la deriva que está tomando la política practicada por algunos sectores dentro de ese amplio espectro de la IA (esencialmente los que están marcando la ruta a seguir por Sortu y, en parte, Bildu, pero que afecta también a otros organismos o espacios de trabajo de la IA), deriva que no sólo está suponiendo ya en algunos casos un obstáculo, sino un freno y retroceso en la dinámica popular [1] de transformación social de Euskal Herria (EH) y, sin embargo, de la que poco se debate y a la que parece que en la propia IA cuesta criticar públicamente por una (a nuestro juicio) mal entendida «lealtad con nuestra gente» [2].

Esa preocupación nos lleva a plantear la necesidad de un debate, análisis y posicionamiento público que, trascendiendo los márgenes de la IA, realicemos todas las personas y corrientes de opinión que creamos que la transformación social radical (desde la raíz) a la que debe seguir aspirando y comprometiéndose EH, no puede tomar derivas posibilistas y/o reformistas que acaben con su carácter popular y revolucionario. Desgraciadamente hay numerosos ejemplos de ello en la historia de los pueblos como para no tenerlo en cuenta. [3]

Pero, definido a grandes rasgos el porqué de este escrito, antes de profundizar en las cuestiones señaladas hemos de hacer unas aclaraciones previas. Empezando por eliminar posibles fantasmas: en modo alguno este escrito pretende ser una iniciativa o llamada a la (re)organización del espectro ideológico en el que nos situamos (debate que, en cualquier caso, corresponde a ese espectro, en nombre del cual no hablamos en este escrito). Es más, pensamos que la revolución social a la que aspiramos sólo será posible si somos capaces de apostar (seguir apostando) por el trabajo conjunto con quienes aspiren a esa transformación social y tenemos claro también que la lucha revolucionaria en EH en las últimas décadas es principalmente fruto del trabajo realizado por la IA, lo cual, en los tiempos que corren, es de valorar en toda su dimensión.

Asumimos de entrada nuestros posibles errores en el análisis por no conocer con detalle la dinámica interna de una estructura (IA) a la que no pertenecemos, pero preferimos errar por desconocimiento que mantener el silencio ante unas dinámicas o estrategias que creemos necesario criticar y cuestionar. No somos ni analistas políticas ni «expertas en la IA», por lo que nuestras valoraciones nacen de la preocupación que ante la situación actual vivimos en el día a día de nuestras ta­reas militantes. Vamos definitivamente a ello.

El origen de la deriva y sus primeras consecuencias

A principios de 2010, con la presentación de las conclusiones finales del debate Zutik Euskal Herria, la IA hacía pública su decisión de apostar por un nuevo ciclo político en el que la palanca de cambio sería «el proceso democrático», proceso al que se comprometía de forma unilateral. Año y medio largo después ETA hacía pública su decisión del «cese definitivo de la actividad armada», asumiendo con ello el cambio de ciclo y, se supone, el proceso democrático unilateral. En lo formal, este proceso de cambio traía consigo también la creación de una coalición política para la participación institucional (EHBildu), un nuevo partido político (Sortu), así como una reestructuración de los diferentes organismos que venían configurando la IA (afectando a organismos como Gestoras, Ekin, Segi…)

Hemos de reconocer que la presentación del «proceso democrático unilateral» como palanca de cambio era ya una denominación que nos causaba inquietud, pero había que esperar a que se llenara de contenido y, sobre todo, confiar en que las gentes de la IA que apuestan claramente por la revolución social hicieran oír su voz.

Suponemos que así habrá sido en los debates internos de Sortu, pero los documentos aprobados en esos debates apuntan claramente a que, en cualquier caso, se ha impuesto una línea más «posibilista y pragmática». En el caso de los debates de Ernai, nos quedamos con las ganas de ver cómo se posicionaba la organización juvenil ante lo planteado en una ponencia tan novedosa en el ámbito de la IA como la de Elorri [4], que al final se quedó fuera del debate. Pero ya hemos dicho que no somos expertas en la IA, así que no vamos a analizar tanto sus documentos y sus debates, sino actuaciones políticas públicas concretas, que cualquiera puede analizar.

Decíamos que la referencia al «proceso democrático» nos causaba inquietud, entre otras cosas porque nos recordaba bastante a lo sucedido en la llamada «tra(ns)ición democrática» en la que, por describirla a grandes brochazos, una fuerza política (el PCE) consiguió legalizarse y adquirir «credencial democrática» a cambio de contener y paulatinamente desactivar el activo movimiento de contestación y cuestionamiento que la izquierda estatal había tenido entonces, incluso en algunos casos con claros tintes prerrevolucionarios. Creemos que parte de eso mismo está ocurriendo en la actualidad en EH y que la legalización de Sortu (cumpliendo todos los requisitos que la legalidad le exige) viene claramente de la mano de un proceso de moderación y modelación de los contenidos discursivos y de las propuestas movilizatorias de contestación al sistema. Son varias las constataciones que nos llevan a esta afirmación.

Podríamos empezar por los pasos que se están dando en lo que se ha denominado como «proceso de resolución del conflicto vasco», o sobre los posicionamientos públicos que en los últimos tiempos venimos escuchando a las personas portavoces oficiales de la IA en lo referente a la violencia: rechazo y oposición sin distinciones, dejando claro que quien la utilice «se sitúa fuera de la estrategia de la IA», algo que han repetido en los contados casos de ekintzas, sabotajes o similares habidos en los últimos tiempos, lo que queda lejos de la esperada solidaridad de gentes de izquierda revolucionaria para con quienes son amenazadas y/o reprimidas por practicar la violencia política (algo que durante años la IA solicitaba para sí misma, al margen de coincidencias ideológicas o no). Pero para no extendernos en unos temas que por sí solos requerirían un escrito propio, os remitimos al publicado por el colectivo Armiarma en el número 7 de su revista de diciembre de 2012 y con el que en lo sustancial estamos de acuerdo. [5]

Pero igual de preocupante es el hecho de que, en un contexto de absoluta ofensiva del capital y en el que con la excusa de una crisis por él mismo creada estamos asistiendo al desmantelamiento del llamado «Estado del Bienestar», con un recorte sin casi precedentes de presupuestos sociales básicos que está condenado a la exclusión a gran parte de la población y convirtiendo en nuevas esclavas a las que aún mantienen su puesto de trabajo… los planteamientos y propuestas de la IA para hacer frente a este panorama brillan por su ausencia. Y no nos referimos solo al ámbito sindical (donde, al menos en discurso, LAB se está mostrando menos combativa incluso que ELA), sino a iniciativas populares que tendrían que estar poniendo en el centro de la actividad política esta cuestión, como así está ocurriendo en otras zonas de Europa igual de castigadas.

A otro nivel, en un momento en el que se asiste a una profunda crisis del entramado institucional español, con un cuestionamiento como no se había conocido de la legitimidad de sus distintos poderes y de la clase política en su conjunto, llevando incluso a las poblaciones a movilizarse masivamente mostrando su hartazgo, la otrora «alegre y combativa» EH asiste como mera espectadora de un proceso que parece no tuviera que ver nada con ella, cuando estamos hablando del aparato estatal que impide su existencia como pueblo libre e independiente. Incluso algo tan sorprendente como la participación de la IA (a través de Amaiur) en unas instituciones a las que debería deslegitimar en vez de legitimar con su presencia, en la coyuntura actual no está siendo utilizado para desenmascarar el entramado institucional español, sino que parece, por el contrario, una presencia enfocada a conseguir «legitimidad» institucional ante la clase política española, una vez superados los filtros impuestos desde el Estado (principalmente a través de la «exitosa» «ley de partidos»). En este sentido, no hay que dejar de tener en cuenta que este escenario de «normalidad política del sistema parlamentario» le interesa al propio aparato estatal, ya que en él se inscriben los propios límites del juego democrático, y de nuevo, las estructuras del poder y la democracia totalitaria pueden volver a salir indemnes y fortalecidas de un proceso de confrontación política.
Si de reivindicaciones independentistas hablamos ¿qué decir?, pues que qué cara de envidia sana se nos queda cuando vemos el proceso constituyente que, con gran protagonismo popular, está teniendo lugar en Catalunya, mientras que aquí, en línea con los nuevos tiempos, parece que hay que esperar a que a Urkullu le entre una repentina fiebre independentista para la que está más que vacunado.

Parecía (así se declaró en numerosas ocasiones y se recoge incluso en los documentos de Sortu) que para «el nuevo ciclo» se iba a intentar desarrollar la estrategia de confrontación de la Desobediencia Civil (aunque las pocas veces que públicamente se ha caracterizado era una DC nada revolucionaria y con tintes reformistas, pues se centraba en la desobediencia liderada por las instituciones y no por los movimientos), pero tras el tiempo transcurrido y salvo en la dinámica de las Herri Harresiak [6] parece que esa estrategia desobediente sigue sin voluntad de desarrollo. Es más, la propia dinámica de las Herri Harresiak, surgida en gran parte desde las bases de la misma IA, está desbordando los presupuestos iniciales de sus dirigentes [7], quienes han visto el riesgo de una dinámica desobediente con gran apoyo popular y a la que, llegado un momento, no pudieran controlar.

Otra de las derivas preocupantes que observamos tiene que ver con la maldita unilateralidad. Hasta ahora, en el marco del conflicto de este país, la unilateralidad se venía entendiendo como la disposición a dar pasos unilaterales que condujeran hacia la independencia de EH, sin necesidad de unirlos a negociación alguna e incluso sobrepasando la legalidad vigente que imposibilitaría algunos de esos pasos. Sin embargo, en los últimos tiempos la unilateralidad que defienden la mayoría de las personas portavoces oficiales de la IA tiene casi el sentido contrario: pasos unilaterales (sin acuerdo o negociación previa)… pero hacia la aceptación de la democracia burguesa y sus conceptos de paz, perdón, víctimas, legalidad, democracia, etc. etc.

Hay otra cuestión especialmente sangrante en los cambios que observamos en quienes marcan las tácticas y estrategia de la IA, y tiene que ver con un tema tan importante como la situación de las presas y presos vascos. Si hace ya tiempo que se había pasado de la reivindicación de presoak kalera, amnistia osoa, a la de presoak etxera (que ya ponía el acento principal en el final de la dispersión) hemos pasado a escuchar que «la materialización de la vuelta a casa será de forma individual», sin terminar de aclarar si para ello deberán asumir las condiciones de «arrepentimiento y reconocimiento del daño causado» que se les exige incluso desde foros internacionales próximos. Si la unilateralidad adoptada actualmente por la IA es un chollo para el Estado, lo es principalmente en la cuestión de las personas presas, en la que el Estado practica su cara más vengativa y chantajista. Sabiendo que este pueblo ha mostrado muchas veces su determinación en defender a sus presos, causa asombro que, salvo las movilizaciones anuales de Herrira (cuyo efecto es simbólico, y sobre todo de consumo interno en EH, y disminuye con la repetición), no se esté poniendo en marcha ninguna dinámica popular que, lejos de la unilateralidad, genere una presión de tal calibre que fuerce al Estado a abandonar su actual inmovilismo. Insistimos, si en alguna cuestión está clara la capacidad y determinación de la sociedad vasca para adquirir compromisos y asumir la confrontación con el Estado, esa es la situación de los presos.

La hegemonía electoral como apuesta estratégica y sus consecuencias
Si el panorama descrito hasta ahora está teniendo como traslación evidente una desmovilización general del movimiento popular en EH, cabría preguntarse a qué se está dedicando principalmente el sector o sectores de la IA que parecen mayoritarios o haberse hecho con las riendas del proyecto, y la respuesta que encontramos es más que desazonadora: a la búsqueda de la hegemonía electoral y, allí donde la consigue, a la gestión reformista (si se quiere reformismo de izquierdas, pero reformismo) de las instituciones de la «democracia representativa». Nunca hemos compartido la necesidad que sienten ciertos sectores de la IA en estar presentes en esas instituciones para «no perder visibilidad», cuando la «visibilidad» y, sobre todo, la lucha transformadora se ha de realizar en la calle, y es desde el compromiso en esa lucha donde la IA ha labrado su legitimidad popular. Pero es que, además, en el momento actual, la estrategia central de Bildu (y por lo tanto, en gran parte de la IA) parece centrarse no tanto en no perder esa «visibilidad», sino en pugnar con el PNV en conseguir la hegemonía electoral en Vascongadas, lo cual lleva implícito la aceptación y legitimación del entramado institucional de la «democracia parlamentaria» y vuelve a recordarnos el penoso episodio de la transición española.

Aún más grave, en esa búsqueda por la hegemonía electoral se está llevando a cabo un acercamiento hacia posturas socialdemócratas que le abran el mercado de voto a un sector más amplio del actual. ¿Cómo pueden entenderse si no algunas de las posturas adoptadas por Bildu en torno a cuestiones como (por poner solo unos ejemplos) lo referente al «proceso de paz» o el «nuevo modelo policial»; o la ausencia de iniciativa suyas en cuestiones como el papel de la banca y el empresariado vasco en los procesos de latrocinio y especulativos que están llevando a una creciente parte de la población a la exclusión social?

Con frecuencia se escuchan discursos desde la IA en los que se justifican determinadas posturas en la necesidad de entendimiento con otros grupos de los que forman parte de la coalición Bildu. Pero cabe señalar que Bildu podía tener su sentido (tal y como se presentó inicialmente) en la dinámica de creación de un polo soberanista que agrupara a fuerzas independentistas dispuestas a poner en marcha una dinámica popular hasta conseguir la soberanía por la fuerza de los hechos, pero transcurridos ya varios años desde la creación de Bildu y su presencia institucional en distintos ámbitos, la realidad es que la citada dinámica popular hacia un proceso soberanista, hoy por hoy, no es más que una entelequia de la que, incluso, cada vez se habla menos. Es más, lejos de generarse una dinámica popular en aumento que lleve incluso a formaciones como el PNV a sentirse obligadas a sumarse a un proceso soberanista (algo parecido a lo sucedido en Catalunya) la estrategia actual de Bildu parece centrarse en el enfrentamiento continuo con el PNV con el objetivo señalado de disputarle la hegemonía electoral.

El papel que la coalición está desempeñando en las instituciones de ámbito local también causa asombro y/o indignación en no pocas ocasiones. Podríamos referirnos, a la condena, junto con el resto de grupos municipales, de actos de sabotaje anticapitalista en instituciones bancarias (Amorebieta), a la política contradictoria en cuanto a las consultas populares (basuras en Gipuzkoa) o a los pactos contra natura (con el PP) que han repercutido negativamente sobre iniciativas populares en marcha (Casco Viejo y Estación intermodal de autobuses en Gasteiz). Son ejemplos sueltos de una dinámica que no entiende la presencia institucional como una herramienta más al servicio de los movimientos populares, sino como objetivo en sí mismo para la consecución y mantenimiento de poder institucional.

Y, mientras tanto, como resultado de poner el acento más en la participación institucional que en la lucha popular, un número creciente de personas realmente comprometidas y luchadoras siente hastío y desencanto y opta por «irse a casa», y otras gentes sienten el dolor de ver cómo desde la propia IA se llevan a cabo apuestas que van en dirección opuesta (o, al menos, no convergente) a la que hasta ahora había caracterizado a la IA que apostaba por la revolución social, pero ese dolor les atenaza y no les permite una crítica que ellas mismas considerarían desleal. Resultado, desmovilización, desencanto y desmantelamiento paulatino de un movimiento popular con décadas de existencia.

Apostando por reencontrarnos en la lucha por transformar la realidad desde los movimientos populares

Somos conscientes de que el panorama que estamos reflejando es desolador, por eso sentimos la necesidad de este escrito. No para «juzgar o pontificar»« desde las alturas de las infalibles o las iluminadas que todo lo saben y todo lo hacen bien. Más bien al contrario, somos conscientes de nuestras propias miserias y de nuestro escaso éxito en los intentos de impulso a la revolución social en que enmarcamos nuestra actividad.

Tampoco es nuestra intención aprovechar los errores del de al lado para echar mierda sobre él. Al contrario, sabemos muy bien que entre las gentes de la IA hay mucha a la que consideramos (lo sabemos por experiencia de trabajo conjunto) compañera de viaje en esa tarea de la revolución social, y es principalmente a quienes dirigimos estas líneas. Según como se mire, estos momentos convulsos que vive la situación sociopolítica de este país pueden ser una buena oportunidad para desnudar la podredumbre de todo el entramado que sustenta al actual Sistema, y una gran ocasión para poner en marcha una dinámica popular de construcción desde la base de una Euskal Herria verdaderamente libre, soberana y de la que nos sintamos plenamente orgullosas.

Por eso vivimos con inquietud y asombro lo señalado en este escrito y por eso apelamos a esas gentes de la IA que pueden intentar darle vuelta a una situación que está dañando seriamente la capacidad de confrontación y transformación social de este pueblo, justo en un momento en que es más necesaria que nunca. Lejos de nuestra intención el decirles qué o cómo hacerlo, pero sí hacerles llegar el mensaje claro de que aquí estamos y estaremos, apostando por esa lucha revolucionaria y confiando seguir encontrándonos codo con codo en las calles de nuestros pueblos y ciudades, para impulsar dinámicas populares que sean capaces de transformar la realidad y construir desde la base la Euskal Herria que soñamos. Hay mucho trabajo por hacer, y resulta inaplazable.

Noviembre 2013


[1Utilizamos este término asumiendo la posible ambigüedad que puede entrañar.

[2Desde el momento de la redacción de este texto hasta el de su publicación han comenzado a aparecer en la red diversos textos de grupos o personas pertenecientes a la IA en los que comienza a abordarse con claridad y contundencia el análisis al que nos referimos.

[3Nicaragua, El Salvador, Libia, Argelia,… por citar sólo unos ejemplos.

[5Quien desee conocerla puede solicitarla por correo electrónico a EZ

[6Muros populares compuestos de personas que tratan de dificultar con resistencia pasiva la detención de personas condenadas por su militancia política, al mismo tiempo que con la acción denuncian la criminalización de esa militancia.

[7Recordemos la penosa actuación de su actual presidente en enero pasado abriendo paso a los zipis para facilitar el acceso entre la gente sentada a los jóvenes que querían detener.

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