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Garikai Chengu 

El pasado 30 de enero se celebraba en Gran Bretaña el aniversario de la muerte de Winston Churchill. El actual primer ministro Británico, David Cameron, calificó a Churchill como “el mejor primer ministro de la historia”, y sus compatriotas le han votado recientemente como el británico más grande que nunca haya existido. Los libros de texto describen a Churchill como “el bulldog británico”, y como un hombre de una extraordinaria moral patriótica, que fue capaz de derrotar a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y “llevó la civilización a las poblaciones indígenas de todo el globo”

Sin embargo, históricamente, nada podía estar más lejos de la realidad. La gran mayoría del planeta recuerda tan solo el símbolo racista del tiránico imperialismo occidental. En realidad, los británicos nos encontrábamos en el lado equivocado de la historia.

El mito de Churchill ha sido la gran herramienta propagandística de Gran Bretaña para intentar blanquear los crímenes de lesa humanidad del pasado imperialista británico. El mito de Churchill también ha servido para encubrir el neocolonialismo y el neoliberalismo de los políticos británicos, que sigue siendo una amenaza para los pueblos a los que Churchill presuntamente ayudó a civilizar.

Churchill el hombre cuya efigie preside las repisas de muchas salas de estar británicas como símbolo de todo lo que fue Gran Bretaña, era simplemente un racista sin complejos y un ferviente defensor de la supremacía blanca.

“Yo odio a los indios, son bestias con religiones bestiales”. “Los palestinos eran simplemente hordas bárbaras que comían estiércol de camello”, se atrevía a decir.

En 1937 dijo a la Comisión Real de Palestina:

“No admito que ningún mal se haya hecho a los nativos indios de Norteamérica o a los aborígenes australianos. No admito que se haya hecho ningún mal a esta gente por el hecho de que una raza más fuerte, superior, una raza más sabia, por decirlo de alguna manera, haya llegado y tomado lo que le pertenece” .

No mucha gente sabe que cuando Barak Obama llegó a ser presidente, una de las primeras cosas que hizo fue devolver a Gran Bretaña el busto de Churchill que estaba encima de la mesa del despacho Oval. Según el historiador Johann Harry, el abuelo de Obama fue encarcelado y torturado, sin juicio, durante dos años por resistirse al imperio británico en Kenia.

Aparte de un empedernido imperialista, Churchil fue también fue un acérrimo defensor del uso del terrorismo como arma de guerra. Cuando se produjo, en 1920, la rebelión kurda durante la colonización británica, Churchill comentó desconcertado que no entendía la negativa a que se usara el gas como un eficaz arma de terror: “Estoy totalmente a favor del gas mortal contra las tribus incivilizadas y salvajes”.

Ese mismo año, ocupando el cargo de Secretario de Estado para la Guerra, Churchill envió a los infames “Black and Tans” para combatir la rebelión irlandesa. La actuación de estas tropas paramilitares se hizo notoria por sus numerosos ataques contra la población civil, una actuación que Churchill no sólo toleró, sino también alentó.

Mientras en la actualidad los británicos siguen celebrando el legado de Churchill, la mayoría del mundo no Occidental aborrece la herencia de un hombre que siempre tuvo como objetivo la invasión y el saqueo de los países extranjeros porque, según sus propias palabras “la raza aria está obligada a vencer”.

Winston Churchill se jactaba de haber creado Jordania con un dibujo a lápiz, durante una aburrida tarde de domingo. De este modo situó a muchos jordanos bajo el brutal dominio del destronado príncipe hachemí Abdullah.

El historiador Michael R. Burst recuerda cómo el enorme zigzag trazado en la frontera este jordana con Arabia Saudí fue denominado “el hipo de Winston” o , también “el estornudo de Winston”, porque descuidadamente lo dibujó después de un copioso y bien condimentado almuerzo.

Winston Churchill fue también el creador de Irak. Después de entregar Jordania al príncipe Abdullah, Churchill, como gran demócrata que era, entregó al hermano del príncipe Abdullah, Faisal, arbitrariamente una parcela de desierto que se convirtió en Irak. Faisal y Abdullah fueron compañeros de guerra del gran amigo de Chuchill, el famoso T. E. Lawrence, más conocido por “Lawrence de Arabia”.

Si se preguntara quién o quiénes son los responsables de la inestabilidad iraquí, seguramente muchos contestarían que esta se debe a las intervenciones estadounidenses encabezadas por George Bush. Sin embargo, si la misma cuestión se le preguntara a alguien dentro del propio Irak, contestaría inequívocamente que el responsable fue Winston Churchill.

Fue Churchill el que convocó la Conferencia de El Cairo de 1912, para determinar los límites o fronteras del mandato británico en el Oriente Medio. En esa conferencia T. E. Lawrence fue el delegado más influyente. A la misma no fueron invitados los árabes, lo cual resulta cuando menos chocante, pero no sorprendente, ya que el mismo Churchill cuenta en sus Memorias que nunca consultó con los árabes cuales eran planes que tenía destinados para ellos.

Las fronteras que se dibujaron arbitrariamente en el Oriente Próximo por el imperialismo británico han atrevesado las épocas. Hasta hoy en día, las acciones de Churchill han imposibilitado que jordanos, iraquíes, kurdos y palestinos hayan podido disfrutar de estabilidad nacional y una democracia real.

El conflicto palestino-israelí encuentra también sus orígenes en el número 10 de Downing Street, mientras Churchill lo habitaba. Su decisión de ceder “la Tierra Prometida” a los judíos fue el gran error de la política exterior británica en el Oriente Próximo.

El legado de Churchill en el Africa subsahariana, y en Kenya en particular, es también una de las cicatrices físicas y psicológicas que aún hoy perduran.

Lo más importante para la verdad histórica deben ser las acciones de un hombre y no solo sus palabras. Mientras que Churchill ha llegado a ser una de las personas de habla inglesa más citadas en el mundo, especialmente cuando se habla de democracia e igualdad, la verdad es que este hombre se definió a sí mismo cuando refiriendose a su trayectoria biográfica dijo que la resumiría en “una gran cantidad de pequeñas y felices guerras contra los pueblos bárbaros”

Una de esas guerras fue provocada por el mismo Churchill cuando aludiendo a los Kikuyu de Kenia, – el grupo étnico más numeroso de este país – que se habia rebelado contra el Reino Unido, les llamó “niños brutos y salvajes”. A consecuencia de este enfrentamiento, 150.000 de ellos fueron encerrados en los “Gulag” británicos.

La premio Pulitzer, profesora de historia Caroline Elkins, señala a Winston Churchill como el autor de los muchos crímenes cometidos en Kenya en su libro “Britain´s Gulag”, el final brutal del imperio en Kenya. La profesora Elkins explica como los soldados británicos azotaban, disparaban, quemaban y mutilaban a los sospechosos del Mau Mau, el movimiento independentista keniata.Se comenta que el abuelo del Presidente Obama, Hussein Onyango Obama, nunca pudo recuperarse de la tortura y del daño causado por los hombres de Churchill.

La economista y ganadora del premio Nobel, Amartya Sen, ha probado como en Bengala, en 1943, Churchill gestionó y tramó una de las peores hambrunas de la historia humana con fines nítidamente lucrativos. Más de tres millones de personas murieron de hambre, mientras que Churchill se negaba a enviar comida para ayudar a la India. Alegaba que “la hambruna era solo culpa de ellos por reproducirse como conejos”. Intencionadamente el Reino Unido acumuló grano para venderlo en el mercado europeo después de la II Guerra Mundial en vez de desviarlo a los hambrientos habitantes de una nación bajo el dominio de la Gran Bretaña. Los crímenes de Churchill en la India fueron incuestionablemente de lesa humanidad.

Churchill fue también uno de los grandes defensores de la desastrosa política exterior británica del divide y vencerás. La administración de Churchill creó deliberadamente fisuras en el movimiento para la independencia de la India entre los hindues y los musulmanes. Sus efectos han sido devastadores en la región hasta hoy en día.

Hasta antes de la independencia de la India del imperio británico, Winston Churchill deseaba que se produjera allí un intenso derramamiento de sangre para con ello probar que la Gran Bretaña era benevolente y actuaba como argamasa para mantener unida a la nación . Para Churchill el derramamiento de sangre era una ventaja añadida a su objetivo de provocar la partición entre India y Pakistán, ya que quería que ambas quedaran bajo la esfera de influencia británica. Esto, a su vez, permitiría que sus maniobras en contra de la Unión Soviética continuasen, sin importar el coste de vidas de inocentes de indios y pakistaníes. La partición entre India y Pakistán causó la muerte del alrededor de 2,5 millones de personas y 12,5 millones de desplazados.

Según el escritor Ishaan Theroor, el secretario de Estado en India, Leopol Amary, comparó los problemas en la India con los que tuvo el rey Jorge III en América. En sus diarios privados Amery, revela que “en el caso de la India, Churchil actuó como un loco” y no veía diferencia entre la perspectiva de Churchill y la de Hítler.

Según la mayoría de los historiadores, la ideología de Churchill tenía mucho en común con la de Hitler. Por ejemplo, Chuchill era un convencido defensor de la eugenesia – aplicación de las leyes de la herencia para la mejora de la especie humana – algo que compartía con los nazis quienes, se estima, mataron a 200.000 discapacitados y esterilizaron a casi medio millón .

Churchill redactó una muy controvertida ley en la cual, los enfermos mentales deberían ser forzosamente esterilizados. En un memorándum en 1910 advierte que la multiplicación de los débiles mentales era muy peligrosa para la raza. También ayudó a organizar la Conferencia Internacional de Eugenesia, en 1912, que constituyó la mayor concentración de defensores de la eugenesia de la historia.

Creía a pie juntillas en las jerarquías raciales y en la eugenesia. Bajo su punto de vista los cristianos protestantes blancos se situaban en la parte alta de la pirámide, debajo los católicos blancos, los judíos blancos y los Indios estaban un poco más altos que los africanos.

El historiador Mr. Hari con razón señala “el hecho de que nosotros ahora vivamos en un mundo donde la India sea un superpotencia que eclipsa a Gran Bretaña y que el nieto de los salvajes Kikuyus sea uno de los hombres más poderosos del mundo es el mejor dulce e irónico rechazo a la victoria de Churchill.”

En medio de los discursos y celebraciones del día de Churchill, los medios de comunicación británicos y los libros de texto recordaran exclusivamente la lucha de Churchill contra las potencias del Eje. Pero, el resto del mundo no olvidará la dictadura ejercida por Churchill contra personas de color. Lejos de ser el “corazón de león británico” que destacó en la defensa de la civilización, Winston Churchill será recordado en todo el mundo como lo peor que pudo haberle sucedido a la historia contemporánea.

Traducido para Canarias-semanal.org por María Dolores Betancor. 

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