Home

simulador_redes1

Autor: Borroka garaia da!

De cara al punto de antolaketa – organización del documento Abian, propongo que se tenga en consideración dos aportaciones que serán expuestas a continuación con sus argumentos correspondientes en relación a lo que están compuestas las organizaciones: Sus militantes.

Hacer uso del sistema

Las democracias burguesas tienen un sistema sofisticado de asimilación de movimientos revolucionarios. Incluso las más autoritarias de entre ellas y que están levantadas en bases muy reaccionarias como la española, que hacen amplio uso de esquemas clásicos fascistas muy violentos y que apenas llegan al rango homologable de democracia burguesa.

La distribución y gestión del poder es uno de ellos. Dejando inaccesibles los verdaderos centros de poder y mando, especialmente el económico que es el central, los oprimidos y oprimidas se disputan entre ellos la gestión del sistema a la sombra delegada de sindicatos o partidos. En esa pelea se desfogan y ahogan comúnmente la mayoría de movimientos.

Los que no lo hacen se encuentran con otros problemas. El sistema ofrece varios caminos para ello. Crea toda una estructura especialmente diseñada para que el poder popular no se pueda levantar y para invisibilizar a la disidencia con el objetivo de producir procesos de marginación pronunciados.

De esta manera, el acceso a los medios de comunicación es un lujo de una élite selecta, la no participación en las instituciones del sistema silencia y margina, y un largo etcera. Es decir, el sistema está diseñado de tal manera que los oprimidos y oprimidas generalmente se ven en la necesidad de hacer uso del propio sistema ante el peligro que detectan de quedarse fuera de juego. Aunque claro está, es su juego, el del sistema. Es su terreno y son sus normas.

Deconstrucción del poder sistémico

Una vez que un movimiento revolucionar hace uso del sistema empieza a recibir sus “beneficios”. Sus políticos aparecen en los medios, se les da voz. Las arcas económicas del movimiento empiezan a crecer. Se alcanzan niveles de influencia y de altavoz que hasta ese momento eran negados. Incluso se puede llegar a gestionar cotas de poder y  hacer algunos cambios aunque nunca pongan en entredicho al propio sistema. El pueblo incluso puede llegar a beneficiarse. En resumen, podemos decir que se consigue cierto “poder”. Lo que hace precisamente el sistema es inyectar ese poder sistémico en el movimiento revolucionario.

La traducción de ello es que se crean castas políticas dentro del movimiento revolucionario, la influencia que aporta el sistema es recogida por los elementos más cercanos a él, principalmente en el ámbito institucional, y las dinámicas que se han levantado con tesón popular quedan fácilmente dependientes de ese poder sistémico previamente inyectado de no tomarse medidas.

Es por ello que un movimiento revolucionario debe deconstruir el poder sistémico recibido. Los elementos más directamente expuestos a ese “poder” deben ser controlados por la estructura popular y en ningún caso tener capacidades especiales de dirección y responsabilidad sino todo lo contrario, ser la correa de transmisión del verdadero poder popular que se fragua en las dinámicas de lucha ,en el movimiento popular, en la construcción nacional y social y en la confrontación. Especialmente de la realizada fuera del sistema que es de donde procede ese movimiento revolucionario ya que su objetivo es acabar con él y levantar algo nuevo.

De lo contrario, el peligro de reproducir el sistema dentro del movimiento revolucionario se hace evidente creándose una pirámide de influencia dictada por el sistema , un control mediático y una desequilibrada gestión de recursos que deberían estar en muchas manos.

Convertir el poder sistémico inyectado en poder popular y expandir el poder popular que nace fuera del sistema e intenta rebasar sus limitaciones son dos caras de la misma moneda.

En base a estas valoraciones y teniendo en cuenta los ejemplos más avanzados en institucionalismo popular conocidos (“alkaterik onena herria”) y de nuestro entorno geográfico cercano (CUP), propongo que todos los cargos institucionales de la izquierda abertzale (algo que podría ser extensible a las coaliciones soberanistas de izquierda) puedan ser revocables en cualquier momento, que no tengan ningún carácter directivo y que no superen nunca en el tiempo el propio ciclo estipulado por la normativa institucional española o francesa de un ciclo (generalmente 4 años) de mandato. Por lo que la militancia con responsabilidades institucionales tendrá un carácter eminentemente rotativo y con la filosofía del “mandar obedeciendo”.

Derecho a decidir en la izquierda abertzale

Según el diccionario, decidir es elegir entre varias opciones tomando una determinación. Decidir no es fácil, se necesitan requisitos previos. Conocer todas las opciones y tener preparación política pueden ser los requisitos más básicos. Pues obviamente, si se desconocen todas las variables en juego y sin una formación política mínima, decidir algo no pasa de ser una actividad banal. Para decidir por tanto hay que tener información y capacidad para decidir (y llevar a cabo la decisión). Es decir, hay que tener poder.

Una estructura, no importa su modelo organizativo, que no asegura la información y el trasvase, que no abre todas las opciones, que no eleva la capacidad política de sus miembros, tomará decisiones sesgadas y peores de hacer lo contrario.

En la izquierda, con la intención de recuperar la decisión popular y dar término a las desigualdades generadas, históricamente se han levantado dos opciones revolucionarias. La toma del poder por la clase trabajadora, que parte de las propuestas del llamado socialismo científico, o la supresión de todo poder que parte de las escuelas libertarias. Una tercera variante sería la que descarta la toma de poder o su supresión y mediante la gestión y administración del poder burgués en sus estructuras trataría de reformarlo.

Esto a su vez ha dado básicamente con sus propias variantes tres formas de entender el método organizativo y al mismo tiempo de toma de decisiones que de forma sintética serían el centralismo democrático, el asamblearismo y la tendencia a adaptarse al esquema burgués. Esa tendencia de adaptación es una de las características más visibles de la socialdemocracia y la asimilación ha sido el resultado clásico, pero también se ha dado en la inmensa mayoría de partidos comunistas al traspasar la delgada línea entre centralismo democrático y centralismo burocrático. Podríamos decir que la historia de la izquierda en ese sentido es un bucle en el que se levanta un método organizativo que trata de derribar la organización burguesa de la sociedad, que incluso en algunos casos lo consigue, pero que el esquema burgués vuelve a reproducirse mandando atrás casi todos los avances. El asamblearismo cuenta también con sus vacíos y quizás el más visible sea su incapacidad en muchas ocasiones de precisamente provocar un cambio radical por sí solo partiendo de una situación opresiva.

Esto posiblemente no sea reconocido por amplias capas del movimiento revolucionario de aquí o más allá, que siempre verá en el enemigo o en condiciones externas los motivos de retrocesos o derrotas sin mediante la auto-crítica entender que el enemigo puede retrasar pero no impedir el curso de la historia y del cambio.

Un centralismo democrático puede ser muy horizontal, tener mucha efectividad, estar perfectamente engrasado y conseguir grandes logros pero si luego analizamos el porqué veremos que precisamente ha sido así y aunque suene frío, porque el ataque del enemigo lo ha propiciado a base de detenciones o asesinatos. Es decir, a base de represión. Eso en una situación pre-revolucionaria, donde las oportunidades revolucionarias son pocas y las ventanas temporales de estas no duran para siempre o en una post, contraresta las tendencias que el propio Lenin (firme defensor del centralismo democrático en organizaciones revolucionarias) a través de ciertas medidas quería evitar: 1- Elecciones libres y democráticas a todos los cargos ; 2- Revocabilidad de todos los cargos 3- Que ningún cargo recibiese un salario superior al de un obrero cualificado; 4- Que todas las tareas de gestión las asumiese gradualmente todo el mundo de manera rotativa, “cualquier cocinero debería poder ser primer ministro”.

En una situación medianamente normalizada, donde no se está en una situación de guerra o la represión no es terriblemente abrasiva e incluso en una situación de victoria, la tendencia histórica del centralismo democrático es la deriva burocrática. Ya que pocas y casi inexistentes son las organizaciones que han hecho caso al punto cuatro de las propuestas de Lenin.

El asamblearismo tampoco está exento de algunos de esos problemas, ya que en la propia asamblea se puede reproducir el delegacionismo que se intenta evitar y crearse todo tipo de pirámides y escalas. Cosa que ocurre a menudo. Además, en momentos determinados el propio asamblearismo puede ser una rémora para golpear contundentemente y tener una agilidad correcta que aproveche ventanas de oportunidad e incluso a veces puede impedir lo que trata de asegurar: el consenso.

Se podría decir que no existe un método organizativo y de toma de decisiones perfecto de la misma manera que no existe una situación objetiva perfecta y que en muchos casos, un pueblo, una clase social, tendrá que compartir diferentes métodos de decisión en diferentes espacios aun compartiendo un mismo camino. Por ejemplo, la juventud no puede ni debe ser dependiente de las decisiones de otros bloques sociales viejos. Los trabajadores en paro no pueden ni deben ser dependientes de los trabajadores en activo, la clase trabajadora no puede ni debe ser dependiente de elementos superiores en la escala social, la mujer no puede ni debe ser dependiente de los baremos del patriarcado, y el movimiento popular no puede ni debe ser dependiente de las instituciones. Por lo que a la hora de la toma de decisiones, si las decisiones globales no tienen en cuenta la situación en la que se parte y los objetivos estratégicos que un movimiento se ha dado, el movimiento reproducirá en sí mismo los esquemas que quiere derrotar.

En cualquier caso y más allá de todas estas valoraciones, la clave más importante a la hora de la toma de decisiones es la inteligencia colectiva frente al pensamiento de grupo que es una explotación negativa de la tendencia al gregarismo y un uso pervertido o inexistente del método de crítica y auto-crítica que además ha sido históricamente una de las bases de todo retroceso o derrota de la izquierda, de procesos de liberación nacional y social o revolucionarios.

La inteligencia colectiva se alimenta tanto del acuerdo como del desacuerdo, del pensamiento crítico, de esquemas diferenciados que promuevan creatividad, de relaciones simétricas en el colectivo, de la estimulación a procesar críticamente en lugar de solo recibir información, del consenso, de la oposición y de la cooperación entre todos estos factores.

Lo opuesto es el pensamiento de grupo, que se genera en los grupos superiores de decisión cuando se descarta la inteligencia colectiva y el poder popular pasa a segundo plano. En esos momentos el movimiento ya no es un ente de poder,  ya no se gestionará esa sabiduría sino que partirá de un esquema ya trazado y lo intentará insuflar a todo el cuerpo social del propio movimiento (cuando el proceso en realidad es inverso), sea mediante la cooptación organizativa de responsables, dirigentes, plataformas levantadas por el propio movimiento o personalismos. Además de hacer uso de los logros creados  y espacios ganados por el propio movimiento contra lo considerado no adecuado a las agendas previamente trazadas. El resultado es el anquilosamiento del movimiento, la pobreza del debate, las malas decisiones y el enfrentamiento.

Que la izquierda abertzale se asegure el derecho a decidir y que en sí misma sea un órgano de poder popular pasa por terminar con esquemas de pensamiento de grupo a través de la cooperación de principio a fin.

En base a estas valoraciones propongo el fin del “ciclo de liberados” en la izquierda abertzale eliminando completamente su existencia como modelo de militancia fáctica y relegándola a apartados técnicos y de gestión no decisorios y a una rotatividad mucho más dinámica.

Ganaremos en salud, en menos problemas, en inteligencia colectiva y en democratización interna. Cambiar el yo-yo del arriba-abajo por uno arriba-arriba, que unido a una estructuración no constreñida como la actual (enmienda a Organización, propuesta organizativa), en expansión y con fábricas de militantes permanente tenderá a activar a la propia militancia de la izquierda abertzale, a aumentarla y a la asunción de responsabilidades conjuntas poniendo las bases de la propia activación de la sociedad vasca.
—————

[Usa este formulario para el envío de enmiendas , + información]

[Recopilación de las aportaciones recibidas]

2 thoughts on “Abian. Organización. Liberados, cargos institucionales e inteligencia colectiva

  1. Kaixo lagun!!!
    Abianeko eztabaidan egiten ari garen emendakinen topalekua sortu dugu!dropbox bat egin dugu gaurtik eta iganderarte bakoitzak edo taldeka egiten ditugun emendakinak denon eskura egoteko. Nahi duenak emendakinak hartu edota elkarbanatzeko!
    Horretarako emaila ta pasahitza hurrengoak dira:
    abiangaude@gmail.com
    elkartrukatzen

    Beraz, dropbox horretan sartu eta emendakinak elkartrukatu!
    ABIAN gaudelako….JTK!!

UTZI ERANTZUN BAT - DEJA UN RESPUESTA

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Aldatu )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Aldatu )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Aldatu )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Aldatu )

Connecting to %s