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Autor: Borroka garaia da!

1932-luciano-quintana-madariagaHan pasado algunos días desde el Aberri eguna. No tuve ese día oportunidad de hacer ninguna reflexión sobre el estado de nuestra nación sin estado pero si estuve atento a algunas que se lanzaron así que voy a reflexionar sobre eso precisamente.

El proyecto de una Euskal Herria libre y soberana (por no hablar de una socialista, que es lo único que puede asegurar la soberanía completa) es literalmente imposible que sea levantado entre todos y todas y que sea para todos y todas. La razón es bastante simple, la sociedad no está compuesta de ciudadanos neutrales y moldeables. La sociedad no es ciudadana sino clasista. Está formada de clases y para la consecución de una soberanía formal no es que simplemente no se puedan convocar todas sino que algunas trabajan exhaustivamente por la dependencia debido a los intereses económicos y de dominio que les genera y reporta. La abstracción de ese conflicto clasista hace diluir el único sujeto que puede ser convocado para un proceso de independencia en las condiciones actuales y de las últimas décadas en Euskal Herria. Solo la clase trabajadora y los sectores populares pueden ser convocados y ganados para el proceso de liberación vasco mientras que los demás son irreconciliables con éste y otros dependientes de la fuerza que el sujeto, pueblo trabajador vasco, pueda imprimir. El hecho de diluir en la teoría el sujeto tiene consecuencias prácticas. La más grave de ellas ha sido y es la dependencia hacia facciones de la burguesía vasca, ( y al mismo tiempo y debido a ello la dificultad de conectar con el pueblo trabajador vasco en toda su extensión), lo que ha bloqueado el proceso de liberación en todas y cada una de las ocasiones donde llegados a ciertos puntos de inflexión exigía un paso hacia delante. Y el momento actual no es una excepción, precisamente una confirmación de algo que lleva ocurriendo década tras década.

Hace cinco años se produjo la conferencia de Aiete. Es lógico que se hayan producido nuevos desafíos y preguntas porque precisamente tanto la conferencia de Aiete como los pasos dados previamente a ella y después no han dado ninguna respuesta y tampoco han creado un estadio de lucha ni un punto de partida cualitativamente superior en relación al proceso de liberación nacional y social. Es mas, se podría afirmar que se ha difuminado el proceso de liberación y el “conflicto” no es que no se haya solucionado sino que ha sufrido un proceso de “desaparición” sin que lo haya hecho. Si es que entendemos el conflicto como la situación de derechos negados que sufre Euskal Herria y su clase trabajadora o si lo entendemos también como el proceso de lucha para lograr esos derechos. Por lo que el único logro tangible, si es que así se le puede llamar, habría sido la pacificación parcial e inconexa políticamente de ningún proceso de liberación ni de solución. Habiéndose creado un reset político y nada preparado para dar cuenta de ello más allá de una estrategia que no concordaba con la situación objetiva de la lucha de clases interna de la sociedad vasca debido a la ofensiva criminal del sistema capitalista ni tampoco con la situación de desestabilidad estatal española que había aflorado debido a esa misma ofensiva todo ello derivado de lo que llaman crisis. No haber leído los movimientos sísmicos que esta crisis ha generado ( y seguirá generando), partir de una lectura política que se estaba haciendo obsoleta nada mas presentarse, no haber llevado a cabo una readecuación política a tiempo en baremos revolucionarios nos coloca en la situación actual: Crisis profunda de la izquierda abertzale y del proceso de liberación nacional y social.

No es que no se haya cerrado aún el ciclo político anterior ni que el nuevo no acabe de nacer porque estuviéramos en una especie de transición. Sino que estamos en un punto muerto todavía sin brújula clara hacia dónde y cómo ir, no en ninguna fase de transición hacia la paz y la libertad sino aún intentando pensar como abrir esa fase que necesita una de lucha aún, mientras en la transición que si que se encuentra Euskal Herria es en la de la dilapidación de la clase trabajadora vasca y de integración y legitimización del sistema en Euskal Herria. Porque por mucho que se repita, el PP y el PSOE no son las fuerzas que niegan a Euskal Herria , son instrumentos de las verdaderas fuerzas que niegan a Euskal Herria que no son solo meros partidos. En cualquier caso, el bajón del PP y el PSOE en Euskal Herria tiene la misma base del bajón del PP y el PSOE en el estado español y por mucho que se repita también no tiene ni ha tenido relación con ningún tipo de iniciativa del proceso de liberación sino con la crisis y factores internos del estado español. De ahí que tanto en Euskal Herria como en el estado español el que haya capitalizado esa crisis partidaria de los partidos clásicos españoles lo haya sido el reformismo español como forma de intentar ordenar la estabilidad española y abortar procesos de ruptura e indignación social , hoy ya descendente en el estado español.

La oportunidad de producir cambios profundos en Euskal Herria hoy está lejos con lo que tenemos encima de la mesa y con las metodologías que se están empleando asiduamente (ningún proceso de paz ni de solución, ningún proceso soberanista, ninguna agenda clara nacional ni social). La importancia de la situación actual reside en que la situación es gravísima tanto para Euskal Herria como para su clase trabajadora y para el proceso de liberación nacional y social. Este diagnóstico puede parecer negativo y pesimista. Ciertamente es negativo. Estamos mal. Y muchas veces de mal en peor.

En cualquier caso, si verdaderamente podemos cerrar este ciclo negativo, es decir, que no va a llegar la paz y las soluciones, y luego la libertad, sino que se debe abrir un ciclo de lucha que si es exitoso traiga consecuencias podremos enfrentarnos a la realidad por muy dura que sea. Por tanto, invirtiendo gran parte los baremos que se han llevado por ahora del famoso nuevo tiempo que nunca llegó y pisar tierra definitivamente. El pisar tierra significa que quedan muchos choques y peleas por delante, que el sujeto de liberación no es abstracto, que más allá de movilizar hay que crear un poder y enfrentarlo en legitimidad al de los estados y el capital aunque tenga apellidos vascos, y que la unidad de fuerzas no es una cuestión de despachos y siglas, sino de pisar barro con la gente corriente de este país. Para ello la izquierda abertzale debe dejar el pensamiento de grupo atrás en la historia  de una vez por todas mientras se abre paso la inteligencia colectiva y  reconcialiarse con ella misma,  el enemigo puede esperar. O eso o abandonarnos en la máquina electoral e institucional española con la esperanza de que algún día, en algún momento, no se sabe cómo, algo cambiará.

Por todo ello la situación es bastante negativa pero no debe traer pesimismo ya que si logramos trazar claves importantes que han sido obviadas, y luego llevarlo a la práctica de manera satisfactoria, las condiciones objetivas para dar saltos seguirán estando ahí por un tiempo. Lo bello del desierto es que en algún lugar esconde sus pozos y miradas detenidas al contexto también incluso en situaciones de repliegue y retroceso puede hacer ver que la contradicción anida en el interior de todo proceso. Esto es importante porque aunque apenas se atisbe, de su resolución suelen nacer nuevas oportunidades.

Ahora bien, si no se logra puede que el proceso de liberación nacional y social quede en un impasse enquistado por demasiado tiempo.

2 thoughts on “A casi una semana desde el Aberri eguna

  1. No creo que nada pueda “quedarse enquistado” en un contexto de crisis acelerada en toda Europa (y mundial). Sería sorprendente, la verdad. Creo que simplemente, como en otras partes de Europa (y del mundo quizá) no nos damos cuenta aún bien del contexto en el que estamos en realidad, que no es otro que el de una crisis terminal del sistema socio-económico (que no necesito adjetivar pero lo haré de todas formas: capitalista). Ese no darnos cuenta hace que la crisis sea más lenta y dolorosa pero no la evita ni la soluciona en manera alguna.

    Pero por lo demás tienes toda la razón: ningunear o “diluir” al sujeto revolucionario es un error de bulto que tiene costes muy grandes, incluso en términos tan cortoplacistas pero muy mensurables como pueden ser los votos (para qué voy a votar a una opción reformista sin ideas claras, nos preguntamos muchos), qué sentido tiene legitimar la rendición y la colaboración con el opresor de clase, sobre todo cuando no existe, ni remotamente, ningún interés por parte de éste, atrincherado en su regionalismo foralista, siquiera de impulsar la independencia nacional, al contrario de lo que ocurre en Catalunya. Yo entiendo que se pueda hacer, tácticamente, una alianza interclasista para conseguir objetivos concretos como éste, pero ese objetivo no existe y rebajarnos a asumir su marco conceptual, como el esclavo que se arrastra mendigando compasión al amo, para no lograr nada de nada, es simplemente patético. Y auto-destructivo, que quizá sea lo peor de todo.

    • Enquistado en el sentido de que el proceso de liberación no avance y que se mantenga el impasse actual, con peligro incluso de asimilación, Por supuesto eso no es un punto inmovil sino de retroceso.

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