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Autor: Borroka garaia da!

Se ha hablado mucho durante los últimos años de la crisis que afecta al sistema español. Tanto el efecto de la crisis global capitalista con las peculariedades que toma en el estado debido a su situación periférica y dependiente del centro neurálgico del capitalismo europeo como de la propia crisis del ordenamiento político surgido en el 78.

Esta situación de crisis se empezó a hacer visible en diferentes frentes políticos. Por un lado con el ascenso de la lucha de clases en el estado creando una situación de enfrentamiento con el régimen que se tradujo en saltos cualitativos de movilización social, choques violentos con los poderes estatales, situaciones de conflicto barriales como Gamonal u obreros como por ejemplo en la mineria y el fenómeno del 15M y los “indignados”.

Por otro lado en Catalunya explotaba un movimiento social soberanista que mediante una ofensiva independentista que fue desde consultas alegales a movilizaciones masivas dio un vuelco a la situación política.

Todo esto ocurría mientras que en Euskal Herria, problema principal histórico para la estabilización del estado español, se hablaba de una nueva era política, de un proceso de paz y de la solución al conflicto político.

Pasados los años y con perspectiva, se podría decir que estos tres “peligros” para los intereses del estado español y su clase burguesa han sido en alto grado suprimidos lo cual indica que pese a a una situación objetiva de debilidad económica e inestabilidad, la fortaleza política del régimen español y las maniobras de su clase burguesa han podido superponerse y recuperarse.

El caso vasco es paradigmático ya que siendo el problema principal histórico para la estabilización del estado español empezó a dejar de serlo y el mal llamado “conflicto vasco” perdía influencia importante en el transcurrir político hasta llegar al día de hoy donde apenas ocupa ningún espacio de relevancia. Nunca se abrió una nueva era política ni un proceso de paz ni de solución y la estrategia empleada por la izquierda abertzale se demostró plenamente errónea, ya que en vez de acentuar las contradicciones del sistema en una situación proclive para ello, en vez de organizar una ofensiva política y social al calor de la crisis, la izquierda abertzale se enfangó en una normalización política para la cual no había condiciones y en una visión plenamente institucionalista y dependiente de la comunidad burguesa internacional mientras tanto el discurso como la práctica tomaba cada vez más tintes de conciliación, interclasismo y reformismo en vez de rupturismo.

En el estado español la efervescencia social no terminó de cuajar en un proceso constituyente de cara a un cambio de régimen y las energías generadas en vez de vehiculizarse hacia un salto político que incidiera en la desestabilización del régimen fueron canalizadas hacia el institucionalismo socialdemócrata que asienta el régimen. Volver al marco institucionalista trajo la renormalización institucional. Y esa vuelta al juego fue la derrota de todo el movimiento que se había generado perdiéndose toda la movilización y los nuevos paradigmas por el camino que serían simulados por partes de la nueva clase política.

Catalunya si bien sigue siendo aún de cierto peligro para los intereses estatales, resulta bastante evidente que una vez transcurrida la ofensiva social independentista, el institucionalismo tomó el testigo y empezaron las maniobras de desgaste y contención lo cual han llevado el proceso soberanista a cierto impasse y dificultad para poder superar los esquemas institucionales y adentrarse en vías de ruptura.

Es decir, de los tres frentes políticos principales a los que se enfrentaba el estado español hoy están prácticamente todos bajo control con la excepción parcial de Catalunya. A nivel general la clase burguesa española ha mantenido su poder e intereses, ha intensificado la protección del capital, ha sabido modular la represión en sectores adecuados de una forma quirúrjica y pese a que la crisis capitalista y todos los problemas no han cesado ni por asomo ha podido vehiculizar el enfrentamiento, las alternativas y la lucha de clases hacia el marco español institucional para que se ahogen ahí y por tanto cerrando vías de ruptura. Esto demuestra que el estado español y su clase hegemónica lejos de estar débil ha tenido la suficiente fortaleza política para resituarse y asentar su ordenamiento pese a condiciones adversas que han podido ser hasta cierto punto manejadas. Por otro lado también implica la debilidad estratégica de las fuerzas de cambio de régimen y del movimiento social que se han dejado arrastrar.

Hoy el estado español está mucho más cómodo que en los inicios de la crisis ya que ya no se está poniendo en contestación sus pilares y el debate electoral ocupa toda la franja de atención. El estado español se encuentra cómodo en esta situación ya que el institucionalismo y el debate electoral partidista es el espacio donde no es débil y tiene capacidad de absorción ya que sus intereses se encuentran resguardados y regenerándose.

En cualquier caso, no todo está perdido. Las condiciones objetivas óptimas para la desestabilización del estado español (hecho crucial para que se opere un cambio real y se abran alternativas) no van a desaparecer y pese a que el estado se encuentra en proceso de relegitimización depende de las clases populares aprender de la experiencia de los últimos años, tanto las propias como las de todo el mundo (siendo Grecia para Europa el punto donde se pueden extraer las mayores enseñanzas) , e iniciar nuevos procesos de ruptura y confrontación para llegar a situaciones que la socialdemocracia, el reformismo institucionalista y el pragmatismo de contención ya no puedan asimilar por su propia esencia de proyectarse sobre el sistema con la incapacidad que trae consigo de superarlo y cambiarlo. Queda mucho por ver y de recuperar la confianza en la lucha popular de los y las de abajo.

5 thoughts on “¿Está débil el estado español?

  1. Creo que discrepo en la bases del analisis.
    Ni indignados, ni Gamonal, ni minería, ni Catalunya eran movimientos transformadores. Si acaso sectoriales. En el tema de Gamonal en este foro tuvimos olímpicas discusiones y duele decir que el tiempo dio la razón a quienes lo consideraban un mero conflicto municipal. Con el resto es evidente que lo sucedido ha sido lo mismo.
    Sin embargo creo que BGD si aciertas cuando apuntas que el estado ha conjurado todos estos peligros (que yo no veo como tales).
    En lo que nos toca a nosotros… complejo, perplejo y ahora me ha venido al cacumen una frase de ETA (m) a los Polimilis en aquellos tumultuosos años setenta “Lo único inasumible para el estado es la lucha armada”. Si creo que la lucha armada hace años que tuvo que ser sustituida por una lucha civil, pero no es esto lo que ha pasado en los últimos cinco años, no hay lucha armada, pero tampoco lucha civil.
    Insisto en mi análisis, los últimos 20 años de enfrentamiento con el estado dejo muy maltrecho a todo el MLNV por cuestiones organizativas bastante evidentes ahora. El MLNV esta convaleciente tiene que aprender a caminar de nuevo, tiene que fijarse algún objetivo cercano, a corto plazo y en cierto modo entrenar con el, el TAV no lo fue, el reciclado en Gipuzkoa tampoco… a por ello, kolpez kolpe.

    • Pues entonces no hay movimiento transformador alguno y nunca jamás los hubo. Vaya forma de despreciar todo lo que la gente hace con ilusión y ganas!

      Respecto a la lucha armada mucho me temo que se ha demostrado en este tiempo que el estado es perfectamente capaz de asumirla y rentabilizarla incluso. Y eso quizá sea porque más de uno no ha leído a Sun Tzu.

      • Que la gente ponga ganas e ilusion no significa que sea despreciable, esta muy bien que en Gamonal se revuelvan contra los pelotazos y la corrupcion, eso no significa que fuera el inicio de una revolucion.

        Rasputin decian que era insensible a los venenos, decian que cada dia tomaba un poquito de ellos y que asi se acostumbraba… seguramente es una leyenda, en cualquier caso un poquito de veneno no mata a nadie. Creo que con la lucha armada paso algo parecido en su recta final. Dificilmente se puede calificar de lucha armada una accion discontinua y desfocalizada. Pero esto ya es otra historia.

        • A ver: idealizamos la noción de “revolución” en vez de estudiarla. Las revoluciones son raras y las exitosas aún más raras, pero hay una cosa clara: cuando ocurren vienen de unas raíces que había detrás. P.e. la Revolución Rusa sería impensable sin las luchas de muchas décadas que la precedieron.

          Otra cosa que idealizamos de las revoluciones es su efecto inmediato, que sí que existe: son puntos de aceleración de desbocamiento del cambio pero por lo general porque ese cambio ha sido contenido anteriormente, en definitiva: son un desborde de agua mal embalsada. Desde el punto de vista histórico de todas maneras sus efectos son más dispersos, a menudo a través de otras micro-revoluciones, que a menudo no describiríamos como tales o que percibimos como fracasadas (p.e. 1848, 1968), o incluso de meras reformas.

          Lo de Rasputín parece ser cierto: les costó muchísimo matarle. No sé a qué viene.

          Respecto a la lucha armada, yo me quedo con estas dos ideas de Sun Tzu:

          (1) La manera ideal de ganar una guerra es sin disparar un tiro.

          (2) Para ganar una guerra debes capturar lo que el enemigo valora más.

          Sun Tzu aparte, toda guerrilla victoriosa ha dado en un momento dado el salto a la guerra convencional (más o menos). No es posible ganar sólo con guerrilla, por mucho que esta desmoralice al enemigo y permita luchar frente a una relación de fuerzas muy negativa.

  2. Si leyera el artículo con una óptica españolista te tendría que decir que eres demasiado optimista. No creo que ninguno de los conflictos que mencionas está cerrado en absoluto, lo que pasa es que los procesos tienen sus ciclos, su tira y afloja, y es ingenuo imaginar movilizaciones de masas todos los días, la gente se agota, lo que no quiere decir que deje de pensar en los mismos términos o incluso más radicales aún. A veces una rambla está seca y a veces se inunda de forma brutal, la barranca sigue ahí todo el tiempo con el potencial de causar un desastre, no conviene ignorar los cauces secos de los ríos.

    Como dices al final correctamente, las condiciones no van a desaparecer, sino todo lo contrario. El estado español es de todas formas un estado débil por dos razones: (1) nunca tuvo una revolución burguesa exitosa y (2) tiene a demasiadas naciones presas, siempre prestas a levantarse a cualquier oportunidad. Por eso depende del apoyo de sus aliados/amos de la UE y la OTAN y por eso, en gran medida al menos, tengo que insistir en que la crisis que lo reventará no es interna española (no únicamente al menos) sino general de Europa Occidental. Y esa crisis general está ocurriendo aunque también de forma contradictoria y aún relativamente pausada. Todo llegará, hay que estar preparados y motivados.

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