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Carta Económica

Acuerdos de Paz: Reconstrucción del Capitalismo y profundización de la deuda social y económica del Estado

En artículos anteriores de la Carta Económica se hizo un análisis de la economía de guerra en El Salvador y el intervencionismo del imperialismo estadounidense en el conflicto armado, el cual constituyó un negocio altamente lucrativo para Estados Unidos y la Banca Multilateral. Para continuar en esta línea histórica, en el presente artículo se realiza una reflexión sobre la situación económica y social en El Salvador luego de la firma de los Acuerdos de Paz.

Hay que recordar que los doce años de conflicto armado en El Salvador repercutió negativamente en la estructura económica, política y social del país, que de por sí ya presentaban profundos problemas estructurales de pobreza, desempleo, violación de los derechos humanos y laborales, asesinatos, torturas, en el marco de una dictadura que duró desde 1930 hasta 1979, cuya función era garantizar los intereses económicos de la oligarquía salvadoreña antes de la guerra de liberación que hizo el pueblo con el FMLN. Esta violación de derechos humanos durante el conflicto armado, significó más de 75 mil muertes, 25 mil desaparecidos, desintegración familiar y migración. La guerra además trajo destrucción de infraestructura pública y privada, y, estancamiento económico y social; con los Acuerdos de Paz se pretendía superar todas estas secuelas históricas que dieron fundamento social y político a la guerra de parte del pueblo, consecuencias que se profundizaron con la guerra.

No obstante, luego de 24 años de los Acuerdos de Paz que se firmaron el 16 de enero de 1992 en el Castillo de Chapultepec, México, el estado salvadoreño sigue teniendo una deuda con el pueblo ya que dichos Acuerdos no se han cumplido, más allá de los aspectos políticos que permitieron que el FMLN se convirtiera en un partido político legalizado y, por lo tanto, en una fuerza política en el marco de la estructura de la democracia burguesa, que ha buscado cambiar los aspectos estructurales que originaron la guerra, pero hasta ahora no ha podido por la predominancia del gran capital nacional y transnacional en el poder político, como una extensión lógica del poder económico que le da el control del capital en un contrato social, aludiendo a Descartes, entre la burguesía oligárquica, el capital transnacional instalado en el país y el imperialismo americano a través de su estado.

La afirmación anterior es respaldada por una publicación que realizó en el 2012 el Instituto Universitario de Opinión Pública  (IUDOP) de la UCA,   “luego de dos décadas de haberse firmado la paz, la mayor parte de ciudadanos considera que los Acuerdos de Paz no fueron cumplidos a cabalidad, por lo que el proceso adolece de importantes deudas. Esto sin duda está asociado al balance negativo que en general hace la población sobre la situación del país luego del fin de la guerra. De hecho, para una importante mayoría de la población, este acuerdo político no ha representado una mejora de la situación del país e incluso, prevalece la opinión de que el país se encuentra en una situación aún peor de la que estaba durante el conflicto armado[1]”.  Cabe mencionar que esta negativa apreciación es atribuida fundamentalmente al aumento del crimen, violencia,  pobreza y desigualdad que se vive en el país.

Los Acuerdos de Paz pactados  entre el Gobierno de El Salvador y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), establecían una serie de medidas económicas, políticas y sociales que permitirían dar un nuevo rumbo al país. Los puntos centrales que se plasmaron en el documento son: cese al enfrentamiento armado, reestructuración de la Fuerza Armada, creación de la Policía Nacional Civil (PNC), establecimiento del Tribunal Supremo Electoral (TSE), participación política del FMLN, y, búsqueda del  desarrollo económico y social del país (tema que se ahondará en este artículo).

En cuanto a los compromisos adquiridos en los Acuerdos de Paz en el área económica y social fueron: resolver el problema agrario, otorgar crédito para el sector agropecuario; gestionar cooperación externa directa destinada a impulsar proyectos de asistencia y desarrollo de las comunidades;  creación de un Foro para la Concertación Económica; y, establecer y poner en marcha un Plan de Reconstrucción Nacional. Mientras que en tema de seguridad se destaca la creación de la PNC, la cual  según el documento de los Acuerdos de Paz, “será el único cuerpo policial armado con competencia nacional. Será su misión la de proteger y garantizar el libre ejercicio de los derechos y las libertades de las personas, la de prevenir y combatir toda clase de delitos, así como la de mantener la paz interna, la tranquilidad, el orden y la seguridad pública, tanto en el ámbito urbano como en el rural”. No obstante, vemos que los índices delincuenciales se han incrementado en los últimos años y el país vive en una situación alarmante de inseguridad, esto indica que la PNC, en los 20 años de gobierno de ARENA representante del contrato social mencionado, desde sus inicios fue corrompida por el gran capital, desarrollando una complicidad de forma tal que este siguiera actuando impunemente en su lógica de reconstruir su poder económico.

Por otra parte, en cuanto al tema agrario,  es evidente que en el país no se logró ninguna mejoría, al contrario, este rubro fue totalmente desatendido ya que con  la implementación del modelo neoliberal instaurado por los gobiernos de ARENA en el año 1989, se desarticuló toda la política de apoyo a la agricultura.

“En el período 1990 – 2012 el PIB Agropecuario redujo su capacidad de aporte al PIB nacional en un 143%, así su peso pasa del 17% de aporte al PIB en el año 1990, a un aporte de apenas el 7% en el año 2012. Esto es un resultado directo de todas las políticas neoliberales, que desmontaron las pocas políticas que existían antes de la reforma neoliberal, de incentivo al sector y además crearon un marco de leyes de apertura de la economía, junto con la dolarización, que hizo que el sector perdiera competitividad y su capacidad de oferta, por lo tanto, no tuviera mayor desarrollo. Este comportamiento se da en una situación de casi estancamiento de la economía en su conjunto, lo que significa que la crisis productiva del sector (producto del neoliberalismo) ha sido y sigue siendo de mayor envergadura en relación a sus impactos negativos en el resto de sectores de la economía real[2]”.  Esta situación se ha continuado agravando con la crisis del café, el mercado internacional del azúcar, los fenómenos naturales adversos a la agricultura, y la falta de una política agrícola en la cual el Estado asuma la transformación del agro en una estrategia donde la agricultura familiar y su agroindustrialización, deje atrás las medidas neoliberales de alivio a este sector.

Si los agricultores contaran con crédito y asistencia técnica para mejorar la producción sin duda el agro del país estaría desarrollado. En este sentido, hay que recordar un compromiso que asumió el gobierno con los productores agrícolas, sin embargo, quedó en letra muerta; “el Gobierno de El Salvador velará porque el sistema financiero nacional cuente con los recursos suficientes para atender la demanda crediticia del sector agropecuario en general, y en especial para la micro y pequeña empresa, la pequeña producción campesina, incluyendo las cooperativas del sector reformado y no reformado. Asimismo, establecerá las normas para los créditos a la producción agrícola e industrial a fin de que éstos sean otorgados oportunamente y que su cuantía sea suficiente para sustentar la capacidad productiva y la comercialización de la producción. Para ese efecto, facilitará el incremento de la participación de los microempresarios y de la pequeña empresa en la cartera de crédito de la banca comercial[3]”. Es importante señalar que, el crédito agrícola es casi inexistente si le restamos a la cartera agropecuaria de los bancos, el crédito canalizado al café y a la caña de azúcar, los cuales básicamente favorecen a los grandes agricultores, a los ingenios de azúcar y a los beneficios de café de la burguesía oligárquica.

Por otra parte, la poca gestión de cooperación externa directa que se dio en el país no fue destinada a impulsar proyectos de asistencia y desarrollo de las comunidades, sino que al contrario contribuyó al aumento de la deuda externa, afectando así a la población salvadoreña quienes al final terminan pagando.

En cuanto al Foro para la Concertación Económica y Social (FCES) se creó con “la participación igualitaria de los sectores gubernamentales, laboral y empresarial, con el objeto de lograr un conjunto de amplios acuerdos tendientes al desarrollo económico y social del país, en beneficio de todos sus habitantes[4]”, sin embargo, este foro fue de corta duración.

“El FCES, se desmontó en la víspera electoral de 1994, argumentando los empresarios que no debía contaminarse el Foro, con la campaña política, primera en la que participó la izquierda ex-guerrillera. El fondo de esa decisión avalada por el gobierno de Cristiani, fue no dar reconocimiento y beligerancia social al sindicalismo, y evitar cualquier desarrollo de la organización sindical en las empresas[5]”. Como podrá advertirse, el gobierno en ese entonces no quería reconocer el papel fundamental de los trabajadores en las decisiones económicas del país, ya que les convenía mantener al margen a la población para seguir aumentando sus riquezas y defendiendo los intereses de la burguesía oligárquica y de las grandes transnacionales. Este Foro fue una artimaña de la derecha del país y su aliado el imperialismo yanqui para tomar el modelo de acumulación capitalista, el cual fue reactivado y reestructurado a partir de las privatizaciones, el robo de la banca, la política fiscal donde el pueblo tiene una fiscalidad promedio del 25.32%, contra una fiscalidad del capital de apenas 3.59% de la riqueza generada por el trabajo. Igual la corrupción en la administración de las finanzas públicas y la corrupción fiscal ha sido otra medida para reestructurar el capital de la burguesía oligárquica en su alianza con el capital transnacional. A continuación podemos ver la matriz básica (Cuadro N° 1) del robo de la banca y su venta a la banca transnacional, que le dio a la burguesía oligárquica el dominio de la economía para construir sus inmensas riquezas, que tiene como contrapartida la pobreza de más del 80% de los hogares del país y un Estado financieramente quebrado.

Cuadro 1 bancos

Por último, también se estableció en los Acuerdos de Paz la creación de un Plan de Reconstrucción Nacional que tenía como objetivos principales “el desarrollo integral de las zonas afectadas por el conflicto, la atención de las necesidades más inmediatas de la población más afectada por el conflicto y de los ex combatientes de ambas partes y la reconstrucción de la infraestructura dañada. En particular, en el contexto de los programas nacionales correspondientes, se adoptarán medidas tendientes a facilitar la reincorporación del FMLN a la vida civil, institucional y política del país, incluyendo programas tales como becas, empleos y pensiones, programas de vivienda y para la instalación de empresas. El Plan brindará especial atención a la necesidad de fomentar la creación de oportunidades de empleo masivo y el aumento de la producción de alimentos básicos, la cual gozará de promoción prioritaria de parte del Estado. Para tal propósito, el Gobierno promoverá  el  desarrollo  integral  de  las  actividades  agrícolas,  pecuarias, pesqueras, forestales y agroindustriales y garantizará la prestación de servicios sociales básicos, e iniciará la construcción y rehabilitación de la infraestructura económica  y  social. Asimismo, el Plan de Reconstrucción Nacional incorporará programas que beneficien tanto a los lisiados como a los familiares de las víctimas entre la población civil”.

El Plan de Reconstrucción Nacional hasta ahora no ha existido, en su lugar se estableció el modelo neoliberal que en Junio próximo cumple 28 años, el cual además de favorecer a la burguesía oligárquica ha favorecido al capital transnacional (como podemos ver en el Cuadro N° 2), que ha sacado del país sólo entre el año 2001 y el 2015 más de 15,000 millones de dólares por utilidades y repatriación de capital, desangrando al país y, por lo tanto, siendo una de las causas claras de la falta de inversión, del gran desempleo y la pobreza.

Cuadro 2 repatriación de capital

Así, el Plan de Reconstrucción o neoliberalismo, hace que sus objetivos fueran totalmente negados,  ya que en la actualidad persiste la pobreza, desigualdad, desempleo, mala infraestructura y las condiciones de vida de los pensionados y excombatientes son indignas.

Adicionalmente en el Cuadro N° 3 puede constatarse el deterioro de las condiciones de vida de la población al ver el débil incremento de los salarios reales de la población, lo que confirma cómo la sobre explotación del trabajo, en contra de la mejora salarial que se pregonaba en los Acuerdos de Paz, han determinado la relación entre el trabajo y el capital en El Salvador.

Cuadro 3 salarios reales

En síntesis, no ha habido desarrollo y tampoco crecimiento, lo que tenemos es una economía en una lógica entre el estancamiento y la recesión, después de la firma de los Acuerdos de Paz. Ver el Gráfico N° 1. Este nos muestra que la economía en el país no mejoró, al contrario se ha visto un retroceso, como resultado de la dolarización, privatización y firma de tratados de libre comercio que no han traído beneficios para El Salvador.

Gráfico 1 PIB

En conclusión, a 24 años de la firma de los Acuerdos de Paz, el Estado tiene una deuda creciente con el pueblo salvadoreño. Esto en la medida que tiene al pueblo sumergido en una situación de pobreza, estancamiento y lento crecimiento. Lo anterior, como producto de la implementación de medidas y políticas tendientes a la desregulación y liberalización del mercado que conforman el Modelo Neoliberal, que fue en lo que se convirtieron los Acuerdos de Paz en el campo económico. Este como ya mencionamos, promovió la acumulación y centralización de la riqueza en manos de la burguesía oligárquica y el capital transnacional.  Sin duda, los Acuerdos de Paz en la práctica, solo constituyeron, un acuerdo político para redefinir el poder económico de la burguesía oligárquica de El Salvador, en su alianza con el capital transnacional y el imperialismo yanqui.

[1] Ver en línea http://www.uca.edu.sv/publica/iudop/archivos/boletin1_2012.pdf

[2] El estudio profundo sobre este rubro se puede consultar en el libro Agricultura Familiar e industrialización sustentable: un nuevo modelo de desarrollo agropecuario para El Salvador, escrito por Salvador Arias Peñate.

[3] Documento de los Acuerdos de Paz, firmados por el Gobierno de El Salvador y el FMLN.

[4] Ibíd.

[5] Ver en línea: http://siguientepagina.blogspot.com/2009/09/del-foro-para-la-concertacion-economica.html.

FMLN, de la utopía revolucionaria al pragmatismo electoral

Mauricio R. Alfaro / Rebelión

Introducción

Observamos que en El Salvador la cúpula dirigente del actual FMLN, en relación a la memoria histórica de la guerra popular revolucionara, ha optado por -casi- eliminar, de sus discursos y actos conmemorativos, el aporte que los ex combatientes dieron durante esa coyuntura política del país.

En este ensayo, lo que nos interesa destacar es que la observación anotada, la vemos como la síntesis de toda una serie de acontecimientos; que, en su sucesión-combinación, harían de un El Salvador pacificado y en democracia, el lugar de un nuevo caos estructural.

La etapa utópica revolucionaria del FMLN (un poco de memoria histórica)

En El Salvador, los años setenta del siglo pasado fueron aquellos en donde la alianza oligárquica-militar en el poder cerró, a través del terror organizado desde el Estado, la vía pacífica para reformar el sistema en plaza. Pero es de subrayar que, con ese cierre, esa alianza dictatorial, no hizo otra cosa que crear su propia antítesis; la cual se activa, cuando un grupo de militantes bien decididos opone a la violencia reaccionaria de las élites en el poder, la violencia revolucionaria del pueblo en armas.

Violencia revolucionaria dinamizada por un nuevo tipo de militante que veía en la organización de la lucha armada, el camino a seguir para echar abajo, de una vez por todas, un statu quo insensible al estado de pobreza y exclusión social de las mayorías empobrecidas del país. El militante guerrillero asumía entonces el desafío de construir una alternativa radical al estado de cosas dominantes en El Salvador. Y dadas sus tendencias, de inmediato, el poder en plaza no tardó en señalarlo como: el enemigo principal a aniquilar. Rudas circunstancias históricas que, en su dinámica misma, irían depurando las propias filas de la izquierda armada salvadoreña.

Hasta que, en una especie de selección social, esa izquierda logra progresivamente configurar las vanguardias organizadas del pueblo; desde las cuales, sus militantes supieron ganarse la confianza, la lealtad, la adhesión de una buena parte de los salvadoreños. La cual probablemente veía en ellos algo semejante a aquellos predicadores de los primeros tiempos cristianos. Algo así, como los profetas de los tiempos nuevos de la redención. Hombres y mujeres que en plena flor de su juventud persiguiendo sus ideales abandonaban todo -absolutamente todo- en aras de construir una Gran Utopía. En la cual, ellos y ellas (solidariamente) se daban la tarea de construir un mundo mejor.

E inspirados por tan noble fin y tantos ejemplos de heroísmo, una parte de los sectores populares, desde abajo, pasaron progresivamente del puño en alto en las manifestaciones a empuñar el fusil. Y con ellos, en una guerra popular que hizo gala de valentía y entrega revolucionaria, la ola de los partidarios del cambio social crecía y crecía. Hasta que, en una especie de Nuevo Contrato Social que lo vemos como un pacto político fundado en los valores de la confianza mutua y en la lealtad de la palabra dada, las bases y los dirigentes lograron fundar el FMLN; que, con el tiempo, se convertiría en una de las organizaciones político-militar de las más exitosas en la historia de los movimientos populares de la América Latina.

Y, en aras de la nueva patria, los guerrilleros y sus aliados caían y caían uno tras otro. Unos perdían la vida en combate; otros cazados, capturados por los escuadrones de la muerte que, haciendo de la tortura un arte monstruoso, se dedicaban -sádicamente, pacientemente, metódicamente- a torturarles, a despedazarles, a calcinarles. Y luego, ya vestidos con sus respectivos uniformes militares, ante los familiares y amigos, les hacían pasar al estado dedesaparecidos. O sea, de aquellos salvadoreños y salvadoreñas que, existencialmente hablando, como un general argentino en su momento lo dijo, no están: ni vivos ni muertos.

Digamos que, en términos generales, lo hasta aquí expuesto es lo que nosotros denominamos la fase utópica revolucionaria del FMLN. Situémonos entonces esta vez, en la otra etapa. O sea, de aquella que hizo pasar a El Salvador de la dictadura oligárquica-militar a la paz y la democracia. Y veamos, cómo y de qué manera, el cambio que habría llevado al FMLN de la utopía revolucionaria a su pragmatismo electoral actual, las pudo haber afectado.

El FMLN en su fase pragmática electoral

En El Salvador, según la versión oficial, la paz triunfo cuando las fuerzas oponentes, extremadamente radicalizadas, abandonaron sus posiciones del todo o nada. Y ya pacificadas y situadas en otro orden de ideas, habrían aceptado la vía electoral como la forma de lucha política principal para resolver sus divergencias. El todo, en nombre de la victoria del interés general sobre el interés partidario.

Con la paz firmada, El Salvador entraba entonces a una nueva fase de su historia. En donde, simultáneamente, con el fin del conflicto armado, las élites políticas de derecha e izquierda (los firmantes de los acuerdos de paz) se comprometían a unificar sus esfuerzos en aras de alcanzar un solo objetivo: democratizar a El Salvador. Y así, en un proceso gradual de cambios, esas élites prometían hacer lo que, desde siempre, sus mayorías empobrecidas tanto han anhelado: un país digno, integrado con justicia social.

Si el ritmo de las cosas -idealmente- se nos proyecta como una secuencia sostenida de fin de la guerra civil-paz-democracia-progreso-justicia social, consideramos que, desde nuestra perspectiva, es válido que nos cuestionemos en la forma siguiente: para las élites políticas de derecha e izquierda, ¿ cuál habría podido ser la fórmula ganadora que, en aplicándola, iría dando esos logros tan inusitados para El Salvador ?

Creemos que la guía a seguir para abordar y clarificar la pregunta planteada, es la de situar el triunfo de la paz y la democracia en El Salvador, al interior de un movimiento general que, en su momento, habría marcado la victoria -casi total- del paradigma neoliberal. Movimiento que en su proceso de concretización dictaba, a los países del mundo, la formula siguiente: -Estado +Mercado. Fórmula que a su vez, iba a servir de parámetro fundamental para distinguir a los amigos de la democracia, de sus enemigos. Y la regla a seguir para diferenciarlos sería que, en la aplicación de esa fórmula, los primeros se comprometían a alejarse de todo tipo de populismo. Es decir que, esos demócratas, deliberadamente, renunciaban a promover los derechos socio-económicos de los ciudadanos. Ya que esta vez, para ellos, lo esencial sería liberar las fuerzas productivas del mercado vistas como las creadoras de riqueza. Y por lo tanto, las únicas capaces de llevar, a los pueblos del mundo, el progreso sin fin.

Vistas las cosas desde esa perspectiva, sostenemos, para el caso concreto de El Salvador, considerándolo ya no como un caso sui generis sino como haciendo parte del movimiento global señalado, que habría sido la puesta en práctica de esa fórmula, la que explicaría, por un lado, el paso directo de El Salvador de la guerra civil a la paz y la democracia. Pero por otro lado señalamos igualmente que la fórmula -Estado + mercado es la que habría favorecido el advenimiento de una paz y una democracia insensibles al estado de pobreza y exclusión social de los más desfavorecidos de la sociedad.

Lo uno y lo otro, lo situamos en el hecho que en El Salvador el advenimiento de la paz tenía una condición sine qua non: suprimir el FMLN utópico de carácter revolucionario. Es claro que el fin de ese FMLN marcaba a su vez el nacimiento del FMLN de esencia pragmático electorero. El cual, al contrario del FMLN original con su programa maximalista de cambio radical de las estructuras dominantes, pasó a defender -integralmente- un programa político de tipo minimalista que tenía un rasgo esencial: evitar cuestionar la forma de producción y redistribución de la riqueza .

La paz marca entonces aquel momento crucial en donde la dirigencia del nuevo partido FMLN se dio la peculiar tarea de desmontar, de un día para otro, todas las estructuras -objetivas y subjetivas- que habían sostenido la larga y sangrienta guerra popular revolucionaria. Y esto, con un fin bien determinado: reciclarlas. Y ya recicladas, reutilizarlas para hacer del FMLN utópico, una maquinaria electorera. La cual se encargaría de enfriar y reducir las expectativas populares democráticas a un aspecto presentado como el alfa y el omega de toda democracia: el derecho a votar libremente, en cada evento electoral. Es claro que, en esta democracia de tipo representativa, reinaría el respeto irrestricto de la propiedad privada, la libertad de expresión, de organización y otras tantas libertades. Pero su limitante mayor sería, como ya planteado en otros términos: que las causas estructurales responsables de la profunda desigualdad socio-económica de los salvadoreños no podían, bajo ninguna circunstancia, ser cuestionadas.

Es lo planteado lo que nos hace sostener que en El Salvador, el poder tradicional (o poder real), nunca perdió el control de los acontecimientos producidos desde los tratados de paz hasta nuestros días. Y la prueba de ello es que con ese poder real ese sector habría permitido, hacia arriba, la apertura de un espacio político (o poder formal) fundado en un sistema de partidos funcionando al interior de una democracia restringida. Y hacia abajo, ese poder real, no teniendo que rendirle cuentas a nadie, habría -de nuevo- atenazado su indiscutible poder sobre la forma de producción y la acumulación de la riqueza. Lo cual, en el nuevo contexto, pasaba por privatizar los bienes del Estado; por abrir a El Salvador al libre comercio; por dolarizar la economía. En fin, ese poder real, no encontrando en su camino obstáculo alguno para implementar su terapia-shock de contenido neoliberal, hizo que la formula -Estado +mercado convirtiera a El Salvador en uno de los países más “libres” de la América Latina. Para ser exactos, el segundo después de Chile. Es claro que hacemos referencia aquí, al Chile neoliberal fundado por Augusto Pinochet.

Como extrañarse entonces que observamos que, en cuanto a la paz y la democracia triunfantes en El Salvador, existan dos evaluaciones completamente divergentes al interior del FMLN. Tenemos así que para la ex guerrilla esa paz y esa democracia no tendrían otro sentido que el de ser la forma política que selló una nueva derrota popular. Mientras que, para la cúpula dirigente, los mismos hechos habrían alcanzado el rango de haber originado una “autentica revolución en El Salvador”(1). Siendo a causa de esos puntos de vista divergentes que, igualmente, observamos que aquel Contrato Social forjado a la manera que más arriba lo exponemos, habría llegado a su fin.

Lo dramático del caso es que vemos que, luego que el Contrato Social se rompe, los caminos de los antiguos aliados durante la guerra civil se bifurcan. Conformando así dos campos bien definidos: los ganadores y los perdedores del conflicto armado. Con respecto a los perdedores vemos a unos ex combatientes -con una paz y una democracia que en términos reales no les aportó absolutamente nada, puesto que ellos seguirían siendo tan pobres y marginados como antes de la guerra-, regresar a sus pueblos, cantones y caseríos, sin nada realmente que celebrar. Mientras que, con respecto a la cúpula dirigente del partido FMLN, vemos que algo completamente diferente ocurrió. Puesto que ella, en la dinámica misma de los tratados de paz y la democratización, progresivamente, se convertiría, en la nueva clase política de El Salvador. Veamos entonces, con la ayuda de James Petras (2), cuales habrían sido sus primeros pasos para llegar a ocupar tan privilegiado status social:

“El FMLN (cuando) firmó el llamado acuerdo de paz (explica Petras, lo hizo) sin ningún diálogo democrático previo con los militantes, sin ninguna consultación con los movimientos sociales de base… Dictaron los acuerdos a sus cuadros intermedios, expulsaron a los críticos y manipularon a las masas para que den su apoyo ofreciéndoles promesas falsas de “continuar con la lucha”…; declararon obsoletas las principales reformas estructurales por las que miles de militantes habían luchado y entregado su vida… No cumplieron con las promesas de trabajo y redistribución de ingresos y tierras; nunca se materializó la promesa de “reformar” las fuerzas armadas ni entablar procesos judiciales en contra de los oficiales involucrados en violaciones masivas de derechos humanos.

Haciendo un análisis objetivo, continúa Petras, queda claro que el acuerdo de paz firmado por el FMLN ha fracasado en el cumplimiento de las mínimas demandas políticas y socioeconómicas de sus bases. A pesar de los grandes sacrificios y los incontables ejemplos de heroísmo personal, las masas populares de El Salvador fueron despojadas de todo logro positivo…”

De lo expuesto por Petras habría probablemente que aclarar que quien firmó los acuerdos de paz y dictó -de arriba hacia abajo- las medidas a las cuales él hace referencia, no fue el FMLN en abstracto sino que fue su cúpula dirigente. La que haciendo uso de un poder ilimitado y persiguiendo ya sus propios fines, la vemos que se daba la tarea de transformar radicalmente a aquel FMLN utópico forjado al calor de la guerra popular revolucionaria. Para así con un FMLN dócil, maleable, domesticado, convertirlo en un partido más del sistema de partidos de El Salvador.

Un sistema de partidos en donde lo que siempre imperó e impera es la simulación, la picardía y el oportunismo más abyecto. Es claro que la cúpula dirigente del nuevo partido FMLN, a la imagen de ese sistema, acto seguido a lo que James Petras nos revela más arriba, astutamente, ligado al hecho de haber desmantelado al FMLN utópico, tenía que dar su salto cualitativo de carácter regresivo; que hay que decirlo, vemos que le dio frutos jugosos; muy jugosos. Con respecto a lo que aludimos, James Petras con un lenguaje directo plantea que:

”Los líderes del FMLN se beneficiaron de manera directa con la transición de la lucha armada y la movilización de masas a la política electoralista: muchos fueron elegidos en puestos públicos, lo que les garantizó un estándar de vida de clase media. Como congresistas, asesores políticos, asistentes y alcaldes, la élite del FMLN recibió salarios sustanciales…Lo que les permite vivir en viviendas modernas, protegidas por muros de tres metros cubiertos con vidrio roto y alambre de púa, con calles pavimentadas y jardines con flores…”

“Entonces ellos… [nos relata Rubén Zamora, actual embajador de El Salvador en Washington D.C.] [adoptaron] un estilo de vida totalmente contrario a su estilo de vida anterior. Antes el comandante vivía con su tropa, comía con su tropa, había una relación muy directa con su tropa… Viene la paz y dónde va a vivir el comandante, ya no puede vivir en el campamento, va a vivir en una casa donde pueda recibir…, tiene que ir a recepciones, tiene que ponerse traje…

Habría que recalcar que ese “tiene” de los ex comandantes, Zamora (3) lo prolonga largamente . Pero el caso que nos interesa destacar es que la dinámica ascendente de movilidad social no se detiene ahí, ya que esa cúpula, gracias a ALBA petróleos, ha logrado ubicarse estratégicamente en el mundo de los negocios. Siendo esto algo que en la actualidad, le permite controlar un capital evaluado en 800 millones de dólares (4). El éxito alcanzado es tal que esa cúpula -con todo el poder económico, político y social acumulado- puede darse el lujo de declarar que ahora, con el poder tradicional de El Salvador, van a tratar de poder a poder.

Y habría sido así cómo aquel FMLN -forjado desde abajo por campesinos, obreros, estudiantes, religiosos y otros sectores de la sociedad salvadoreña y la solidaridad internacional-, habría tenido el infortunado destino de convertirse en una pieza más del statu quo de El salvador. Movimiento que habría culminado con el hecho que, en la actualidad, el FMLN habría sido convertido en un especie de partido-empresa (5); el cual es controlado por ex comandantes que ahora viven, como Petras y Zamora testimonian, en casas con jardines, con seguridad y bien amuralladas. Y que con sus trajes finos y zapatos como para calzar ángeles, hoy se mueven -sonrientes, obsequiosos- en la mundo de los ganadores de este mundo.

Conclusión

En función de lo hasta aquí expuesto, sostenemos que en El Salvador el cambio que llevó al FMLN de la utopía revolucionaria al pragmatismo electoral tuvo dos consecuencias inmediatas: 1) el de haber puesto fin a la alianza entre la cúpula dirigente del partido FMLN y los ex combatientes; 2) hizo que una organización política-militar originalmente creada -a sangre y fuego- para defender los intereses de los sectores populares se convirtiera, bajo el control de una élite que centralizó todo el poder de decisión, en una potente maquinaria electoral, la cual hizo de esa élite: la nueva clase política de El Salvador. Y la que jugando ya su propio juego -que tenía en la mira su propia movilidad social- obviaría (como ya mencionado) el fin supremo del FMLN: defender los intereses fundamentales de la mayoría empobrecida de El Salvador.

La izquierda reciclada en el partido FMLN habría mostrado entonces que, al igual que la derecha arenera, sus móviles no eran y no son otros que la búsqueda del poder para desde ahí potencializar al máximo sus privilegios. Es de acentuar entonces que sería al interior de ese contexto que en El Salvador la política habría perdido la posibilidad de innovar. Y con ello, estimular y señalar a los salvadoreños la senda a seguir para alcanzar el progreso y la dignidad social. Observamos así que la política, desde el momento que pierde su potencial creador, inevitablemente, sus promotores de derecha e izquierda no tardaron en hacer de ella una especie de mercado. En donde, con el fin de maximizar sus posibilidades de éxito social, principios e ideales serían puestos sobre la mesa, para determinar ahí sus valores de cambio. La política se revelaría entonces como reducida a un simple medio que las élites políticas, signos ideológicos confundidos, iban a usar -y a abusar- para conseguir sus fines egoístas.

Notamos así que las élites políticas no tardaron en hacer de El Salvador un país sin cohesión alguna, que en medio de la tempestad neoliberal, dio vida a un tipo de sociedad que hizo del individualismo a ultranza su norma por excelencia. Siendo entonces en este tipo de sociedad que los problemas de toda índole continuarían acumulándose más y más, hasta el punto de llevar a ese país hacia un nuevo caos estructural. El cual como telón de fondo avivaría el nacimiento de unas bandas de criminales sicópatas que, con sus extorsiones, sus asesinatos y sus masacres, habrían elevado a El Salvador al rango de ser: uno de los países más violentos del mundo.

El consuelo que, probablemente, les puede quedar a los salvadoreños es el saber que al menos hoy, sus días de violencias y crímenes sin fin, las viven en un país oficialmente declarado: pacífico y democrático. Lo cual, desde la perspectiva desarrollada en este texto, valoramos como: un chiste malo, de una comedia negra.

Mauricio R. Alfaro

Referencias

Ricardo Rivera (1), El Salvador: la negociación de un acuerdo de paz. ¿Un modelo para el mundo? http://www.uca.edu.sv/revistarealidad/archivo/4e2da01f8b2eeelsalvadorlanegociacion.pdf;

James Petras (2), ¿Es posible que los “acuerdos de paz” generen justicia, paz y seguridad para el pueblo? http://www.rebelion.org/noticia.php?id=171801

Fernando de Dios (3). (2013), “La amnistía fue la primera violación a los Tratados de Paz”,   http://www.archivocp.contrapunto.com.sv/especiales/la-amnistia-fue-la-primera-violacion-de-los-acuerdos-de-paz

La millonaria revolución de Alba (4), http://www.elfaro.net/es/201401/noticias/14423/

Editorial UCA (5): El peligro del partido-empresa, http://www.uca.edu.sv/noticias/texto-602

Mauricio R. Alfaro (6), El Salvador: Las dos historias del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), http://www.globalresearch.ca/el-salvador-las-dos-historias-del-frente-farabundo-marti-para-la-liberacion-nacional-fmln/5370142

Mauricio R. Alfaro (7), “El FMLN visto desde los acuerdos de paz de 1992 hasta su victoria electoral”, http://alainet.org/active/32375&lang=es

Mauricio R. Alfaro (8), (2013), “El Salvador: del terror de la alianza oligárquica-militar al terror de las maras”, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=171058

Mauricio R. Alfaro (9), El FMLN visto desde los acuerdos de paz de 1992 hasta su victoria electoral http://www.argenpress.info/2009/08/el-fmln-visto-desde-los-acuerdos-de-paz.html 

¿Los “acuerdos de paz” generan justicia, paz y seguridad?

James Petras

Introducción

Se da por sentado que los “acuerdos de paz” entre regímenes de derecha pro-estadounidenses e insurgentes de izquierda generan paz, justicia y una mayor seguridad. Varios acuerdos de paz firmados en la década de 1990 en América Central, Sudáfrica, Filipinas y otros países proveen un amplio caudal de datos, a lo largo de más de dos décadas, tanto a favor como en contra de esa idea generalizada.

Examinaremos el caso de El Salvador donde un poderoso movimiento guerrillero (FMLN) firmó un acuerdo de paz en 1992.

Método de evaluación del Acuerdo de Paz

En referencia al análisis del Acuerdo de Paz es importante comenzar enfocándonos en la evolución del FMLN -los cambios políticos, organizativos e ideológicos que condujeron a las negociaciones, al pacto con el régimen de derecha y los resultados políticos y socioeconómicos.

La segunda parte del ensayo establece los parecidos y las diferencias entre los resultados políticos y socioeconómicos y las políticas posteriores al pacto, y el efecto que estas tuvieron en el pueblo. Esto nos permitirá ver quién se benefició y quién se perjudicó; qué clases socioeconómicas y estructuras políticas emergieron; qué políticas extranjeras fueron delineadas.

La tercera sección del ensayo se enfoca en extraer las lecciones que podamos aprender de la experiencia de El Salvador, que sean aplicables a las actuales negociaciones de paz entre las FARC y el régimen de Santos en Colombia.

El FMLN: De la revolución socialista al electoralismo capitalista

En 1980, cuatro grupos guerrilleros principales se unieron para formar el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). El componente fundamental, el FPL, postulaba la guerra prolongada, la unión de la guerrilla y de los movimientos de masa en la lucha revolucionaria y antiimperialista. Los aliados menores, encabezados por el Partido Comunista postulaban las dos etapas, “de la revolución democrática a la revolución social”.

Poco más de dos años después, los tres componentes minoritarios, el ERP, el Partido Comunista y el RN, transformaron la política del FMLN, eliminando la lucha por el socialismo basado en los obreros y en los campesinos a favor de la “revolución democrática”, que incluía a la “burguesía progresista moderna”. A medida que la lucha continuaba, los reacomodamientos internos del FMLN se inclinaron a favor de un giro al “centro”. Los líderes del FMLN pusieron el énfasis en la incorporación política al sistema electoral, la legalización del FMLN, la apertura de negociaciones sin ningún acuerdo previo y una disposición a trabajar dentro del marco electoral capitalista. Cuando comenzaron las negociaciones el FMLN abandonó las demandas de desmantelar las fuerzas armadas, de expropiar las principales empresas mineras, comerciales, banqueras y financieras. Aceptaron la formación de la “comisión de la verdad” que “examinaría” los crímenes de guerra -la matanza masiva de más de 75 mil civiles.

En 1992, cuando se firmó el acuerdo de paz, los ex guerrilleros, el régimen de El Salvador y el gobierno de EE.UU. lo calificaron de “un momento de inflexión histórico que iniciaba una nueva era de paz y prosperidad para el país y el pueblo”. La mayoría de los académicos y periodistas de izquierda se unieron al coro de elogios al “pragmatismo” y la “flexibilidad” de los líderes del FMLN. Los social demócratas europeos, especialmente el régimen socialista español, ofrecieron cursos de entrenamiento a los ex guerrilleros, para capacitarlos en asuntos municipales y gubernamentales.

Evaluación de las políticas del FMLN en la oposición y en el gobierno

Los líderes del FMLN se beneficiaron de manera directa con la transición de la lucha armada y la movilización de masas a la política electoralista: muchos fueron elegidos en puestos públicos, lo que les garantizó un estándar de vida de clase media. Como congresistas, asesores políticos, asistentes y alcaldes, la élite del FMLN recibió salarios sustanciales, adquirieron viviendas en barrios de clase media y nuevos automóviles y contrataron guardias privados para su protección.

La mayoría de los políticos del FMLN retuvieron una ideología social demócrata y una retórica radical en el discurso. Algunos, como el ex dirigente del ERP, Joaquín Villalobos, se alió con la derecha, denunció a los movimientos populares, recibió una beca de Oxford y se convirtió en un asesor de los escuadrones de la muerte en Colombia, Filipinas, Irlanda del Norte y otros países.

El FMLN prácticamente abandonó los movimientos de masa urbanos y rurales convirtiéndose en un partido electoral más. Durante las revueltas populares entre 1980 y 1990, los campesinos consiguieron una reforma agraria, los empleados públicos un incremento salarial, y las organizaciones populares proliferaron mientras que el gobierno y EE.UU. trataban de recortar el apoyo popular a la insurgencia. Una vez que los líderes del FMLN entraron al parlamento y priorizaron la política electoral, disminuyó la presión sobre la clase dominante, decreció la lucha popular y terminó la reforma agraria. Los gremios recibieron muy poco apoyo de los políticos del FMLN. El FMLN liderado por Shafik Handel buscó una alianza con la “burguesía moderna” para “aislar” a la oligarquía terrateniente “tradicional”, estabilizar la democracia y garantizarse una postura en el Congreso como “oposición leal”. En 2009, el FMLN ganó la presidencia con un candidato neoliberal, el demócrata cristiano Mauricio Funes, y obtuvo una mayoría del Congreso.

La sociedad salvadoreña después del acuerdo de paz

El FMLN firmó el llamado acuerdo de paz sin ningún diálogo democrático previo con los militantes, sin ninguna consultación con los movimientos sociales de base; declararon obsoletas las principales reformas estructurales por las que miles de militantes habían luchado y entregado su vida. En cambio, “consultaron” con sus propios intereses para conseguir una carrera legislativa. Dictaron los acuerdos a sus cuadros intermedios, expulsaron a los críticos y manipularon a las masas para que den su apoyo ofreciéndoles promesas falsas de “continuar con la lucha”. No cumplieron con las promesas de trabajo y redistribución de ingresos y tierras; nunca se materializó la promesa de “reformar” las fuerzas armadas ni entablar procesos judiciales en contra de los oficiales involucrados en violaciones masivas de derechos humanos.

De 1992 a 2013, El Salvador continúa siendo el segundo país en la lista de los más desiguales de América Latina. El desempleo, en especial de la gente joven, continúa superando el 50%. Más del 60% de la “población trabajadora” no tiene un empleo formal. Trabajan sin jubilación, seguro médico, vacaciones ni seguro social, mayoritariamente en el sector de servicios con los salarios más bajos, ya sea como vendedores ambulantes o empleadas domésticas. Más de 2,5 millones de salvadoreños se vieron forzados a dejar el país por falta de oportunidades. Los jóvenes guerrilleros fueron abandonados por sus líderes. Algunos recibieron terrenos pero sin capacitación, crédito, servicios, fracasaron y se convirtieron en pandilleros urbanos o rurales. Más de 25 mil jóvenes pertenecen a pandillas que trafican con drogas. El Salvador detenta el segundo porcentaje más alto de homicidios violentos en el continente americano. De hecho, son más los salvadoreños asesinados después del “Acuerdo de paz” (1992-2012) que los muertos durante la guerra civil (1980-1991). Desde marzo de 2012, cuando las dos pandillas principales firmaron una tregua han disminuido drásticamente los asesinatos.

El Acuerdo de paz estableció la formación de una “Comisión de la Verdad” para investigar los crímenes de guerra y las violaciones de derechos humanos. En lugar de cumplir con ese objetivo, se decretó una amnistía para los Generales y la élite militar. La Comisión carecía de apoyo financiero y político y ningún criminal de guerra, ni siquiera aquellos que cometieron los crímenes más violentos fueron enjuiciados ni mucho menos encarcelados.

Los principales beneficiarios del Acuerdo de paz fueron los “burgueses modernos” -la élite bancaria, comercial, de la agroindustria, de las maquiladoras- quienes hicieron grandes ganancias, pagaron muy pocos impuestos, recibieron subsidios estatales y explotaron la mano de obra barata de las maquiladoras. Las compañías de seguridad privada prosperaron como la clase de nuevos ricos -incluyendo la élite de “nuevos ricos” del FMLN que contrató un ejército de guardias privados armados con rifles automáticas y ametralladoras para proteger sus casas, negocios, clubes privados y balnearios de vacaciones.

El Salvador, antes y después del triunfo electoral del FMLN, puede ser caracterizado como un paraíso neoliberal: acuerdos de libre comercio, salarios bajos, trabajadores no sindicalizados, mano de obra barata de las maquiladoras, en síntesis, las zonas de libre comercio son la pieza fundamental de la política económica del FMLN.

La llamada “Revolución democrática” fue despojada de todo contenido socioeconómico. La distancia social entre los líderes del FMLN y sus contratistas de negocios aliados por un lado, y las masas por el otro, es abismal. Los líderes del FMLN habitan viviendas modernas, protegidas por muros de tres metros cubiertos con vidrio roto y alambre de púa, con calles pavimentadas y jardines con flores. La mayoría de los salvadoreños pobres vive en sitios hacinados, con calles sin asfaltar, controlados por pandillas armadas que trafican droga y policías corruptos.

El régimen del FMLN ha respaldado los acuerdos de libre comercio de EE.UU. y la Unión Europea en América Central al igual que las bases militares de EE.UU. Sus políticas de libre mercado perjudican a los pequeños y medianos productores. Sus vínculos militares con el Pentágono fortalecen la postura militar de EE.UU. contra Venezuela y Ecuador.

Consecuencias políticas del Acuerdo de paz

Durante la guerra civil, la lucha de clases incrementó la conciencia de clase, fortaleció la organización independiente de clase y forzó a la clase dominante y sus “mentores” estadounidenses a que hicieran concesiones, incluyendo una reforma agraria para los campesinos y un aumento salarial para los obreros. Posteriormente al pacto de paz, las organizaciones de base experimentaron una reducción de tamaño y actividad; los líderes fueron cooptados por la élite del FMLN. El control político centralizado de los movimientos sociales asegura el conformismo frente a las políticas neoliberales. El FMLN trata de legitimar el orden socioeconómico neoliberal escudándose en su “heroico y glorioso pasado guerrillero”. Los políticos corruptos del FMLN evocan su rol del pasado como “comandantes guerrilleros” para encubrir sus conexiones corruptas del presente con la élite económica. Cada vez que un sindicato va a la huelga por mejoras salariales o laborales, como los trabajadores municipales, de la salud y o de la educación, los líderes del FMLN los acusan de tener motivaciones “políticas” o de “ayudar” al enemigo. El FMLN se convirtió en un aparato burocrático manejado por facciones de las élites que pelean por posiciones de poder y privilegio dentro de la burocracia estatal neoliberal.

Frente al abyecto fracaso del FMLN y su gestión de gobierno para responder a las necesidades más básicas de los pobres de las ciudades y del campo, cientos de ONGs financiadas por los gobiernos de EE.UU. y Europa, en las que trabajan profesionales de clase media, establecieron proyectos de autoayuda, que enriquecieron a los líderes de las ONGs, perjudicaron a los movimientos sociales locales y no fueron eficaces para reducir la pobreza.

Sin paz, seguridad ni justicia social, y ante el debilitamiento de los movimientos sociales, ¿podemos sorprendernos de que anualmente decenas de miles de salvadoreños huyan de su país? Hay más de 2,5 millones de salvadoreños en el exterior, más del 90% de los cuales vive en EE.UU.

Conclusión: Causas del fracaso del Acuerdo de paz

Haciendo un análisis objetivo, queda claro que el acuerdo de paz firmado por el FMLN ha fracasado en el cumplimiento de las mínimas demandas políticas y socioeconómicas de sus bases. A pesar de los grandes sacrificios y los incontables ejemplos de heroísmo personal, las masas populares de El Salvador fueron despojadas de todo logro positivo. Los poderosos movimientos fueron desmantelados por decreto de los comandantes guerrilleros. Los principales líderes que dictaron dichas políticas lo hicieron ya sea porque eran colaboradores de las fuerzas militares de EE.UU. (Villalobos) o aliados de la llamada burguesía “progresista”.

Se pueden extraer varias lecciones:

1) El pasado combatiente no es una garantía de compromiso socioeconómico progresista después de la negociación de un acuerdo.

2) Un acuerdo de paz dictado por una élite suele implicar un sacrificio de los intereses socioeconómicos como garantía de ganar una imagen de “respetabilidad” política.

3) Aliados extranjeros “radicales”, como Cuba, tienen sus propios intereses políticos para asegurar la estabilidad regional y la paz, y tal vez dichos intereses no coinciden con las necesidades socioeconómicas de un movimiento revolucionario de masas.

4) Los acuerdos de paz deben incluir de manera directa a los representantes de los movimientos populares de masas e incorporar sus demandas.

5) Los acuerdos de paz que desarman a los insurgentes y mantienen a las fuerzas armadas, que son el sostén de la élite económica y de su control sobre los sectores estratégicos de la economía, dan como resultado una continuidad de las políticas neoliberales y de las bases militares de EE.UU. y producen la integración de los ex líderes guerrilleros en un sistema político corrupto y reaccionario.

6) Un pacto de paz que no genere inversiones públicas masivas en el sector laboral, obras públicas, reforma agraria y otras actividades productivas dará como resultado el desempleo de los ex guerrilleros jóvenes que se incorporarán a pandillas de tráfico de droga y otros delitos.

7) Los ex líderes guerrilleros promoverán sus carreras electorales y trabajarán dentro del sistema adoptando políticas neoliberales -como lo han demostrado numerosos casos. En Colombia, por ejemplo, Antonio Navarro Wolff, ex integrante del M-19 se convirtió en un aliado del entonces Presidente Álvaro Uribe y su régimen de escuadrones de la muerte cuando fue gobernador de Nariño. Teodoro Petkoff, ex guerrillero venezolano, devino en uno de los ideólogos del programa de austeridad del FMI durante el gobierno de Caldera. Joaquín Villalobos, el ex guerrillero salvadoreño del ERP, se convirtió en asesor de la CIA y de varios regímenes criminales que le pagaron cuantiosas sumas por su asesoramiento.

Los movimientos populares deben establecer sus propias prioridades socioeconómicas y estar presentes en cualquier proceso de paz.

La vasta mayoría de los obreros, campesinos y estudiantes quieren una paz que vaya acompañada de cambios en el sistema socioeconómico. Esto incluye expropiación de tierras irrigadas y fértiles; el fin de la represión sindical y el establecimiento de nuevas leyes laborales que protejan los sindicatos; la duplicación del salario y la formación de comités de trabajadores que supervisen a la administración.

Para que sea posible implementar un programa público a gran escala generador de empleo, se requiere un sistema impositivo progresivo, que use los impuestos a los ricos para financiar infraestructura y empresas productivas. Las agencias del medioambiente constituidas por ecologistas, indígenas y líderes campesinos deben tener el poder necesario para regular las actividades mineras y garantizar que exista una distribución equitativa de los ingresos impositivos y los pagos de royalty.

Por encima de todo, para que un acuerdo de paz funcione debe existir un estado democrático, en el que: se desmantelen las Fuerzas Especiales, los programas de contrainsurgencia, las bases militares y las misiones de asesoramiento extranjeras. El abyecto fracaso del FMLN para cambiar la sociedad de El Salvador y mejorar las condiciones de vida de las masas estuvo directamente relacionado con su inserción en el estado capitalista y su subordinación a la economía neoliberal.

La “teoría de las etapas” del gurú del FMLN, Shafik Handel sostenía que la “modernización capitalista y la democracia” en alianza con la burguesía moderna era el “objetivo inmediato” mientras que el socialismo era para el “futuro distante”. Esta “teoría de las etapas” dejaba de lado el hecho de que la “burguesía moderna” estaba estructuralmente atada a las élites de los terratenientes tradicionales, la banca y el imperio, y no estaba, de ninguna manera comprometida con una supuesta “revolución democrática”. El FMLN, descartó el socialismo, nunca logró concretar una revolución democrática y finalizó presidiendo un país empobrecido y desgarrado por delitos sangrientos en el que la élite política era socia de los mismos clubes sociales que su antiguo enemigo de clase.

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