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269 Indignados

Autor: Borroka garaia da!

En el 2010 un embajador francés en la ONU publica Indignez-vous! (¡Indignaos!). Un librillo de apenas cuatro mil palabras que se convirtió en bestseller en francia. El texto sirvió de inspiración para que surgieran diversos movimientos de protesta en diferentes partes del mundo de carácter más o menos espontáneo. En el estado español fue conocido como movimiento del 15m del que ayer se cumplían 5 años.

Como todo movimiento espontáneo, es decir, cruzado de contradicciones pero sobre todo con tendencia a ser moda ideológica, no transciende nunca para operar cambios profundos debido a la inexistencia de conducción revolucionaria y metódica que le dote de perspectiva estratégica. Sin embargo, en todos los procesos políticos se producen momentos, etapas o incluso líneas de acción semi-estructuradas de carácter espontáneo ya que lo espontáneo es la fase anterior a lo consciente y metódico en el caso de trascender.

Claro que para que algo espontáneo deje de serlo o se convierta en un factor subalterno de una metódica concreta que pueda operar cambios profundos y efectivamente se dote de mecanismos de combate, junto a planes y objetivos estratégicos que superen el tacticismo cortoplacista es necesaria la organización y el plan metódico.

En el estado español medio siglo de dictadura y la muerte de una generación de nobles luchadores no generó la indignación suficiente ante los trapicheos de eso que llamaron transición, no al menos para desatar ese nudo del que dejó todo atado y bien atado. Y es posiblemente que el carecer de estrategia para desatar ese nudo en términos políticos sea la mayor deficiencia que haya tenido el 15m.

Se protestaba ante las consecuencias de una situación, se proponían alternativas parciales partiendo de la situación, haciendo en cierta manera un reset del recorrido histórico de como se ha llegado a ella. Sin embargo no se puede desatar un nudo sin saber como está hecho. Ese nudo que no se discernía del todo bien es la raíz de la construcción política bajo la cual vivimos y responsable de todas las consecuencias que generan indignación.

Y el problema es que pese a que se exigía una democracia real posteriormente no se pusieron en activo los pasos necesarios para la construcción de tal democracia sino que quedó todo reducido a un activismo en función de las consecuencias de la falta de ella. De las consecuencias del capitalismo, de las consecuencias de largas décadas de pensamiento único bipartidista.

Por lo tanto sin un proceso de deslegitimización que tenga en cuenta los pilares de la construcción de este sistema se quedó en las consecuencias y no fue a la raíz. El sistema democrático español está construido primordialmente en la opresión nacional, el centralismo político subyacente, el legado teórico del franquismo con su nacionalismo español a la cabeza y en la sumisión de amplias capas de la izquierda española al capital y por lo tanto a la socialdemocracia de rebaja y todos sus valores.

Esa situación de activismo sin horizonte, que es lo que ocurre precisamente cuando lo espontáneo no trasciende, es muy dificil de superar, y la izquierda revolucionaria de las últimas décadas no ha estado a la altura para leer estas notas sociales. Y cuando no se hace una cosa, alguién la hará por tí.

En el estado español la efervescencia social no terminó de cuajar en un proceso constituyente de cara a un cambio de régimen y las energías generadas en vez de vehiculizarse hacia un salto político que incidiera en la desestabilización del régimen fueron canalizadas (aprovechadas) hacia el institucionalismo socialdemócrata que asienta el régimen. Volver al marco institucionalista trajo la renormalización institucional. Y esa vuelta al juego fue la derrota de todo el movimiento que se había generado perdiéndose toda la movilización y los nuevos paradigmas por el camino que serían simulados por partes de la nueva clase política.

El estado español y sus indignados tuvieron pendiente la creación de su propio “movimiento de liberación”. Y de esta manera mediante la sinergia política con otros movimientos políticos, sindicales y sociales tanto del estado español como de otros marcos autónomos de la lucha de clases como por ejemplo Euskal Herria, avanzar hacia el fin del proyecto franquista aún vigente que en esencia no es más que capitalismo y opresión nacional. Desatar en definitiva el nudo que hicieron la pseudo-izquierda y la derecha española bajo la sombra omnipresente del franquismo.

En cualquier caso, la historia avanza y nos va dejando enseñanzas, nos clarifica los caminos a seguir. Para freir un huevo primero hay que romper la cáscara y para aprender a andar en bicicleta, antes te has tenido que dar unos golpes. Parchear el sistema y hacerlo más eficaz y mejor, no es la alternativa para los y las que queremos otra cosa ya que los problemas estructurales que ha creado un régimen no pueden ser resueltos desde el mismo nivel de pensamiento del régimen que partieron a no ser que se tengan luces en un barco de contrabando o que al fin y al cabo, al final, lo que se pretendía fuera otra cosa.

En Euskal Herria está pendiente de hacer una gran confluencia social con nuevos paradigmas que poco tienen que ver con la renormalización institucional sino con la ruptura y la voladura de los puentes por los que nos quiere hacer pasar el sistema Algo que los estados y el imperialismo han intentado durante mucho tiempo que no suceda y no van a poner los micrófonos para que lo haga. Un proceso popular que seguramente también tendrá elementos espontáneos que ya se pueden intuir e incluso de revuelta pero que necesita tener a una izquierda revolucionaria lo suficientemente inteligente para saber leer tanto lo que ha ocurrido estos años como anticiparse a lo que está por llegar, que no va a ser poco, ya que el mundo en el que vivimos no es posmoderno sino muy real con sus elementos irreconciliables a todo tren. En ese camino, seguro que tanto en el estado español como en naciones bajo su dominio se encontrarán sinergias hoy en día en gran parte inutilizadas pues siguen existiendo millones de razones para la indignación y solo nos esperan nuevas hasta que le demos la vuelta a todo.

2 thoughts on “Indignación

  1. A nuestros amigos’ (Comite invisible) liburuko pasarte bat ekarri dit gogora artikuluak:

    “Escribimos “de los indignados” entre comillas porque en la primera semana de ocupación de la Puerta del Sol, se hacía referencia a la plaza Tahrir, pero de ningún modo al inofensivo opúsculo del socialista Stéphane Hessel, que sólo hace la apología de una insurrección ciudadana de las “conciencias” a fin de conjurar la amenaza de una insurrección verdadera. Es sólo tras una operación de recodificación conducida desde la segunda semana de ocupación por el periódico El País, también ligado al partido socialista, que ese movimiento recibió su quejumbroso título, es decir, una considerable parte de su eco y lo esencial de sus límites. Esto vale también, por otra parte, para Grecia, donde los que ocupaban la plaza Sintagma rehusaban en bloque la etiqueta de “aganaktismenoi”, de “indignados”, que los medios de comunicación les habían pegado, prefiriendo llamarse el “movimiento de las plazas”. “Movimiento de las plazas”, en su neutralidad factual, llevaba a tomar mejor en consideración la complejidad, incluso la confusión, de esas extrañas asambleas en las que los marxistas cohabitaban con los budistas de la vía tibetana, y los fieles de Syriza con los burgueses patriotas. La maniobra espectacular es muy conocida, consistiendo en tomar el control simbólico de los movimientos celebrándolos inicialmente por aquello que no son, con el propósito de enterrarlos más fácilmente una vez que haya llegado el momento. Al asignarles la indignación como contenido, se los condenaba a la impotencia y a la mentira. “Nadie miente más que el hombre indignado”, constataba Nietzsche. Miente sobre su ajenidad respecto a aquello de lo que se
    indigna, fingiendo no estar para nada en eso de lo cual se conmueve. Postula su impotencia para deslindarse más fácilmente de toda responsabilidad respecto al curso de las cosas; después la convierte en afecto moral, en afecto de superioridad moral. Cree tener derechos, el desgraciado. Si bien ya hemos visto muchedumbres en cólera hacer revoluciones, jamás hemos visto masas indignadas hacer otra cosa que protestar impotentemente. La burguesía se ofende y después se venga; la pequeña burguesía, por su parte, se indigna y después regresa a su cómodo refugio”.

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