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Autor: Borroka garaia da!

En el 2008 un joven vasco fue llevado al monte para ser interrogado a base de ostias. Al año siguiente fue arrestado en esas detenciones que nunca graban porque le arrastraron de los pelos como animales. Después aparecieron las cerraduras de su coche bloqueadas con silicona. Desde entonces han estado asediándole hasta que hoy ha sido detenido una vez más acusado de “poner una pancarta”.

Es el quinto joven que detienen los cuerpos militares y policiales españoles en Euskal Herria esta semana de propaganda de circo electoral mientras los juzgados ultiman esta misma semana también el envío de multas a varios cientos. Mientras esta represión se afianza siguen estando bajo tortura de aislamiento presos y presas políticas y el próximo domingo se cumplirán ya 20 días desde el inicio de la huelga de hambre en la cárcel de Fresnes en protesta por el aislamiento impuesto a una presa política por su solidaridad con las presas sociales.

Si es que hubiera existido alguna vez un proceso de paz y de soluciones en Euskal Herria los años cercanos, esta misma semana hubiera bastado para que quede inutilizado, ya que ningún proceso de paz serio tiene ninguna viabilidad de llevarse hasta el final sin garantías y bajo amenaza o represión. El problema es que nunca ha existido tal proceso y haberlo vivido y nombrado como si existiera no ha hecho más que bajar las defensas inmunológicas y la alerta del pueblo trabajador vasco ante la represión. Como si esta represión y violencia dependiera de un proceso que en realidad no existía o de que la propia legalidad española o francesa pudiera por sí solas colmar las expectativas de libertad cuando solo están diseñadas, como no podía ser de otra forma, para asimilar y coaccionar. Lo que una cosa lleva a la otra y se apagan las expectativas y aparecen las presiones sobre discursos del perdón, el rechazo a la trayectoria militante.

Si existe un sinónimo muy certero de represión este es vehiculización, pues la represión en Euskal Herria jamás ha sido ni es un acto de venganza sino parte de una estrategia política con unos objetivos determinados. Y estos objetivos siempre han sido llevar de un sitio a otro, vehiculizar las posiciones para moverlas a espacios bajo control para no alimentar dialécticas de confrontación que puedan generar contradicciones y desgaste a los estados y que esas contradicciones y desgastes sean sufridos por los y las que se enfrentan a la injusticia. Cabe decir que en ese apartado los estados están avanzando posiciones por lo que su margen de maniobra política les permite tener una flexibilidad mayor tanto para acentuar la represión como en apariencia rebajarla dependiendo de sus intereses y por lo tanto teniendo un control total del tempo para llegar al estadio óptimo represivo, es decir, destensionamiento social, inexistencia de confrontación dialéctica anti-represiva y despliegue de leyes, tanto viejas como nuevas de control social y político cada vez más sofisticadas.

Sin embargo, la represión y la imposición cotidiana de los estados no son más que el producto de la injusticia, y bajo la injusticia no existe ningún horizonte superador de la propia represión, y lo más importante, de los objetivos que ésta persigue, por lo que la única salida es generar dialécticas de confrontación frente a los estados que le haga generar costes reales de aplicar tales medidas, algo que solo se produce si paralelamente se va en el sentido del desarrollo histórico, en el sentido de un proceso de liberación bien imbricado. Por lo que a fin de cuentas, acabar con  la represión supone vencer a la injusticia.

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