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Artículo de colaboración para Borroka Garaia da!. Autor: Kolitza

Valor de cambio, poder burgués y racionalidad capitalista

El poder burgués consiste en el poder de mando sobre el trabajo ajeno que contiene el Dinero; poder que es ejercido en una sociedad en la que todos los procesos del metabolismo social dependen directa o indirectamente del proceso de trabajo. Es decir, es el poder absoluto sobre las fuentes modernas de la riqueza social, o lo que es lo mismo, el poder absoluto y tiránico que el Capital (como clase, como agente consciente y propietaria del proceso) ejerce sobre el Trabajo (como clase no propietaria de los medios de producción, clase que sólo accede a medios de consumo).

La substancia del dinero, del poder de mando, es el valor de cambio. Esto quiere decir, que el dinero es la expresión de otra cosa: la expresión de la capacidad de cambio o poder de intercambio del individuo o de una colectividad de individuos (Empresas, Estados). En una formación social en la que no sólo se pueden intercambiar cosas, sino también los procesos que las generan, es decir, los procesos de trabajo, el valor de cambio se convierte inmediatamente en el poder político esencial, en la medida en que constituye el poder de mando sobre los procesos sociales.

En la formación social moderna, el trabajo general, o trabajo abstracto, es la fuente social de toda la riqueza concreta, de todos los poderes concretos y todas las fuerzas materiales de la humanidad. Pero a la vez, ese trabajo, no sólo es fuente de riqueza, sino que es también mercancía; es decir, es susceptible de venta. El trabajo en potencia, la fuerza de trabajo o capacidad de trabajo, no sólo tiene un valor de uso (crear la riqueza material), sino también un valor de cambio (el salario). En esa medida, es decir, en la medida en que la fuente de la riqueza (el trabajo) es objeto de intercambio, el valor de cambio (el dinero) adquiere no sólo la cualidad del cambio por cosas concretas, sino la cualidad de mando sobre el proceso que constituye todas esas cosas, la cualidad de mando sobre el trabajo y sus procesos.

Así las cosas, cuanto más capacidad de cambio, es decir, cuanto más dinero tiene un individuo o colectividad de individuos, mayor poder social acumula en sus manos; o lo que es lo mismo, mayor control e influencia ostenta sobre los procesos sociales. De este modo, el afán de lucro no sólo no es un procedimiento irracional, como gran parte de la izquierda defiende, sino que es la secularización directa del afán de poder clásico, pero aumentado mediante mecanismos seculares, hasta el punto de posibilitar, en concepto (aunque no en la realidad concreta, como veremos), una acumulación de poder ilimitada y siempre creciente.

El dinero tiene en su concepto la llave para comprender su racionalidad interna, el afán de lucro y de acumulación, sin necesidad de recurrir a otras explicaciones. El dinero, como forma material del poder social enajenado, en la medida en que es objeto de posesión, implica conceptualmente su acumulación como algo deseable, y tiene una racionalidad interna, que consiste directamente en la dominación de Clase, y dentro de la clase dominante, en una carrera por la hegemonía del proceso social mundial.

De este modo, ante tal revelación del método radical de Marx, que ponía en evidencia la dominación social de la clase capitalista, la burguesía optó por dos opciones ‘científicas’: la primera la representa la Sociología Burguesa, francesa y sobre todo, alemana. Consiste en presentar el proceso de valorización, y el correspondiente afán de lucro de sus actores capitalistas, como un proceso irracional o ascético (Weber, Simmel, etc…). En efecto, la ciencia social adquiría así, por un lado, un ‘aura crítica’, en la que crítica no significa otra cosa que denuncia de lo que pasa fuera de la Universidad; y por otro, la imposibilidad de explicar la realidad, no digamos de ser herramienta para transformarla, ya que en las sociedades capitalistas todos los individuos tienen afán de lucro; y por otro lado, las sociedades en su conjunto tiene como leit motiv la acumulación. Una ciencia que considera absurdo todo lo que le rodea no sirve para mucho. La Sociología teórica cumple, de este modo, funciones apocalípticas, con el objetivo de desactivar al movimiento revolucionario al difuminar su enemigo de clase en unas totalidades abstractas, en unos organismos sociales carentes de finalidad que llevan a la humanidad a la barbarie.

Por otro lado, o en segundo lugar, el camino de la Economía Burguesa, que consiste en borrar del campo científico la reflexión sobre los fundamentos de la sociedad moderna dando por supuestos precisamente los fundamentos que hay que explicar. La economía burguesa, abandonando la teoría del valor-trabajo que la propia burguesía daba por evidente en el periodo clásico; abandonando así la única teoría capaz de explicar por qué un individuo es susceptible de intercambiar en el mercado, o de dónde procede la propiedad en la sociedad moderna, se dedica única y exclusivamente a enmascarar la dictadura de clase, el dominio absoluto del Capital sobre el metabolismo social, y a asesorar a las empresas particulares en la competencia con las demás. Pero cada vez que el sistema entra en dificultades, esta ciencia no le sirve a la burguesía para nada absolutamente, ya que no es capaz de dar cuenta de la totalidad social. Por eso la burguesía funciona a ciegas, sin ciencia, legislando a priori, en los procesos de crisis.

La acumulación de poder privado como movimiento esencial

Volviendo a la exposición teórica; la acumulación se revela como el proceso fundamental del sistema capitalista, el movimiento esencial sobre el cual se desarrolla el teatro de movimientos de la sociedad burguesa. Pero ojo: Ni un átomo de naturaleza compone la sustancia del valor (K. Marx, El Capital, T1). La acumulación de la que hablamos no es acumulación de máquinas, de ciudades, de población, de energía, de medios de transporte, ni siquiera de fuerza productiva. Todas esas formas de acumulación son meros apéndices del movimiento esencial, meras consecuencias de la lucha de clases. La acumulación esencial es por el contrario la acumulación de unidades de mando, o lo que no es sino la expresión jurídica de lo mismo: de unidades de propiedad.

Esto da lugar a múltiples malentendidos. En la medida en que la acumulación de Capital se materializa en diversas formas de acumulación concreta, su estabilidad relativa depende de ellas; pero su dinámica interna, su proceso, no puede ser colapsado por ninguna des-acumulación material. Por ejemplo, el peak oil, puede generar grandes perturbaciones en la acumulación capitalista, pero no es un límite absoluto para ésta.

El mecanismo de acumulación, por otro lado, presupone una base productiva; es decir, que para acumular algo, primero hay que crearlo. Presupone, por lo tanto, una producción de plusvalía (o vamos a decir, plus-propiedad): de lo contrario, la acumulación de valor aquí, no sería sino la disminución de la cantidad de valor (o unidades de mando, o unidades de propiedad) allá.

Es por eso que el proceso de trabajo supone la ampliación de la esfera del valor, o producción de plusvalía, en la medida en que emplea nuevo trabajo; y que a su vez, en la circulación de mercancías, representa de nuevo a mayor escala el poder de mando. En cada ciclo de rotación del dinero, de este modo, se añaden nuevas capas; y es de este modo en el que el dinero está funcionando ya como lo que realmente está llamado a ser: el Capital.

Pero la acumulación no es simplemente la producción de nuevo valor, sino también su consolidación de nuevo en la producción (reinversión), para relanzar de nuevo la producción de más valor a escala ampliada.

Por otro lado, solapadamente, todo el metabolismo social, o el proceso de vida y de reproducción material de la sociedad, que depende también de uno sólo y el mismo proceso de trabajo (esta vez no ya considerado como trabajo abstracto, sino como trabajo concreto, que genera valores de uso); todo ese metabolismo social, que reproduce la vida, se vuelve adicto a la acumulación de valor. Es decir, se vuelve dependiente de la acumulación; en efecto, el trabajo concreto se vuelve dependiente del trabajo abstracto. La sociedad en su conjunto, considerada como proceso, dinamei, se vuelve una consecuencia del proceso de producción de poder de clase.

Límites de la acumulación o límites del poder burgués: las crisis

Por lo tanto, en el momento en que la acumulación como proceso esencial sufre perturbaciones, todos sus resultados, entre ellos el metabolismo social, la reproducción de la vida, etc… adolecen a su vez de las mismas perturbaciones que el organismo de poder del que se han vuelto mero apéndice.

La crisis hay que pensarla como un hecho, no como una posibilidad. La economía burguesa acostumbra a pensar la crisis como algo que sale de lo normal, algo que altera el equilibrio. Sin embargo, en la medida en que la sociedad moderna es una sociedad que gira en torno a un proceso dinámico (la acumulación a escala ampliada del Capital), no existe equilibrio, y la crisis es, por el contrario, el fenómeno más ordinario y normal.

Ahora bien, la crisis capitalista no es la expresión de una incapacidad de la plusvalía para realizarse; es decir, no es una incapacidad de las mercancías producidas para ser vendidas y consumidas. Los obreros estadounidenses demuestran que no hay problema para comprar dos, tres, o cuatro coches; tantos como se pueda uno comprar. La escasez de dinero en los bolsillos de los consumidores (trabajadores) sólo es consecuencia de la incapacidad de los propios capitalistas para relanzar la economía a mayor escala, o lo que es lo mismo, de capitalizar la masa de plusvalía producida con la promesa de producir ganancia a mayor escala.

No, el problema no es de subconsumo. El problema consiste, muy por el contrario, en la incapacidad del sistema para producir una plusvalía suficiente como para poner en funcionamiento nuevos ciclos de rotación de todo el metabolismo social. La crisis es, en realidad, una crisis de producción, no de circulación. Una crisis por fallos en la acumulación, por incapacidad de acumular. ¿Cómo es esto?

Marx investigó con sumo detalle este fenómeno, y expuso sus resultados a lo largo de su obra fundamental, El Capital. El problema es conocido como ‘’Ley tendencial de la tasa de ganancia decreciente’’, aunque debe entenderse en conexión con el problema formulado en el primer volumen, sección VII, Capítulo trece: La ley general de la acumulación capitalista. Formulado en forma simple, consiste en que la conversión de dinero en proceso productivo (o lo que es lo mismo, el carácter de Capital del dinero) depende directamente de la relación existente entre la ganancia a producir y los costes de producción a invertir. Por otro lado, la ganancia depende, a su vez, de la producción de plusvalía, y en la medida en que los procesos de producción tienden a poner en funcionamiento cada vez menor masa de trabajo, junto con una mayor masa de inversión en maquinaria, infraestructura, ciencia, tecnología, etc… por la creciente composición orgánica del capital por sectores, la producción de plusvalía por unidad de valor invertida es cada vez menor. Esto se traduce en una capacidad porcentual cada vez menor de generar nuevos valores, y en consecuencia, La Crisis como forma permanente y cada vez más aguda del capitalismo desarrollado. Aunque se manifiesta en forma de subconsumo de mercancías, es en realidad, en su fundamento, una imposibilidad de acumular el nuevo plusvalor producido para relanzarlo a escala ampliada.

Este textillo no tiene como objetivo explicar todo este proceso de erosión interna, a nivel histórico, del proceso de acumulación de poder burgués a manos de sí mismo, de modo que me limito a este pequeño esbozo de lo que supone la crisis. Para un examen exhaustivo y didáctico de ese problema, me remito a la obra de Mattick que aparece abajo en las referencias, Crisis económica y Teorías de la crisis, recientemente publicada por la editorial maya.

A modo de conclusión: la apertura revolucionaria al colectivismo

Gran parte de la izquierda revolucionaria contemporánea está atrapada en el campo de visión de la Sociología burguesa, según el cual, el sistema capitalista carece de racionalidad propia, es un sistema irracional y afecta a la totalidad de la sociedad. La lucha de clases queda así completamente ahogada por la escatología. Considero fundamental retornar a la crítica de la economía política formulada por Marx, al marco teórico que es capaz, a la vez, de explicar los fundamentos, alcance y racionalidad del poder burgués, por un lado; y por otro, sus límites internos, su punto de erosión.

En este sentido, trabajos como el de Moishe Postone (Tiempo, trabajo y dominación social), por ejemplo, o los debates derivados de la así denominada crítica del valor (wertkritik), por otro, arrojan más sombras que luz al problema de los límites del Capital. En un trabajo colectivo publicado en 2015 por parte de miembros de la revista de debate austríaca Grundrisse, que lleva por título K. Marx, Philosoph der befreiung oder theoretiker des kapitals (K. Marx, Filósofo de la liberación o teórico del capital) se expone una crítica concisa de este punto de vista, heredero de la segunda escuela de Frankfurt (Horkheimer y compañía) y en particular, de los seminarios sobre la objetividad del valor promovidos por Theodor Adorno. No sólo la crítica del valor, sino también grandes corrientes del pensamiento anarquista como el antidesarrollismo, parte del área autónoma, el feminismo radical, etc… son herederos de este concepto de Capital promovido por la escuela alemana de Sociología y adoptado subrepticiamente por la escuela de Frankfurt, y a través de ella, promovido a partir de la postguerra en todos los círculos de debate anticapitalista en Estados Unidos y Europa.

La cuestión consiste más bien en reafirmar la lectura de Marx sobre el poder burgués, por un lado; lectura que contiene el desenmascaramiento de la forma interna de la dominación de clase, junto con la explicación de los motivos internos de la acumulación como proceso esencial del mundo moderno. Y en segundo lugar, actualizar la teoría de la crisis, de modo que sea capaz, no sólo de dar cuenta de la dinámica interna del sistema capitalista, sino de investigar empíricamente las condiciones objetivas actuales, los fundamentos de la crisis actual, con capacidad de pronóstico, para establecer la base de granito, la condición de posibilidad (y de necesidad) de un nuevo proceso revolucionario a escala global.

Por otra parte, que la crisis sea un límite a la acumulación no implica por sí sólo el derrumbe del sistema capitalista, ni mucho menos de la lucha de clases; sólo genera una de las condiciones necesarias para ello. Sólo el impulso revolucionario, la iniciativa colectivista, la lucha de clases es capaz de transformar la sociedad moderna en una nueva esperanza para la raza humana.

Es aquí donde entra en escenario la emergencia del sistema comunal que hoy llama ya a las puertas por aquí y por allá: emergencia del esquema de solidaridad universal, de reapropiación colectiva del proceso de metabolismo social, de combate de clase contra la propiedad privada y los agentes que la apuntalan (el Estado y las fuerzas de choque del Capital). Es aquí donde establecen punto de sutura necesario la construcción de la comuna, de abajo arriba, articulada a escala social, junto con el proceso político de expropiación a la clase dominante. A partir de la crisis capitalista, la iniciativa y la suerte de la clase trabajadora, su posibilidad de abolir su condición de subordinación, y junto con ello, de abolir la sociedad moderna, está en sus manos. Una vez más, la clave de bóveda de la revolución está, y estará siempre, en la lucha de clases.

ALGUNAS REFERENCIAS DE INTERÉS SOBRE ESTE TEMA:

-Paul Mattick, Crisis económica y teorías de la crisis, Maya ed,Madrid, 2014.

-Henryk Grossmann, Ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista, S XXI ed, México, 1979.

-Rosa Luxemburgo, Introducción a la Economía Política, S XXI ed. Madrid, 2015.

-K. Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse), S XXI ed, Madrid, 1972.

-K. Marx, El Capital, Crítica de la Economía Política (Vol III), FCE, México, 2014.

-G. Lukács, Historia y Conciencia de Clase; estudios de dialéctica marxista, Ediciones RyR, Buenos Aires, 2009.

-M. Lebowitz, Más allá de El Capital de Marx, La economía política de la clase obrera, Akal, Madrid, 1992.

3 thoughts on “Poder burgués y acumulación de capital

  1. Que pasa con el nacimiento del Capital monopolista en la fase imperialista y su capacidad para establecer el valor por encima del minimo trabajo social necesario para generar una mercancia dada? Me parece que este analisis se queda en la fase pre-monopolista del capitalismo.

  2. Aupa Jokin.
    El textillo (no es un artículo) tiene por objetivo explicar en qué consiste el poder burgués y cuáles son sus límites internos. En ese sentido, no analiza ninguna fase en concreto, y desde luego, sirve para todas. Me proponía fundamentalmente puntualizar que anclarse, como lo hace gran parte de la izquierda, en un concepto de capitalismo heredero de la sociología alemana es un error, porque es incapaz de hacerse cargo de las dimensiones del poder burgués.
    Si el objetivo de este textillo hubiera sido la acumulación de capital y las crisis, tendría que haber hablado, por ejemplo, de cómo funciona la plusvalía relativa y del papel del salario relativo para entender primero cómo es posible continuar con la acumulación; después, de la transformación del valor en precios, del precio de producción, y toda una serie de conceptos que son más importantes que el imperialismo.
    Y sólo en el caso de entrar a considerar las contratendencias históricas que aplica el Capital considero necesario hablar del imperialismo, entre otras. Es decir, sólo en el caso de que el texto sea un análisis histórico, una investigación, y no una exposición de un marco teórico.
    Por otra parte, no entiendo a qué te refieres cuando dices que el Capital monopolista tiene la capacidad de establecer el valor por encima del tiempo de trabajo necesario; intuyo por donde vas, pero eso sería romper la ley del valor. El valor no se puede establecer por encima del valor; y la ley del valor rige por igual para todas las fases del modo de producción capitalista.
    Muy al contrario, el Capital monopolista tiene, en cierta medida, la capacidad de establecer precios muy por encima del valor. O lo que es lo mismo, mayor capacidad para competir por la masa de plusvalía producida por la clase burguesa en cada ciclo de rotación.
    Los problemas de acumulación afectan por igual al Capital monopolista y al no monopolista, al centro imperialista y a la periferia. Centrarse en el monopolio desplaza el problema. Monopolio o imperialismo deben ser tratados como contratendencias. Para mí (y para gran parte del marxismo) el marco de referencia y la unidad de sporote del conjunto es el mercado mundial, y no los capitales nacionales.

    • Completamente de acuerdo Kolitza, la simple proposicion de que existe otra fuente de valor ajena o distinta a la creada por el trabajo asalariado, y medida por encima del tiempo socialmente necesario, es sencillamente una negacion de la ley de valor. Porque o bien se reciben “rentas” (que no valor) de otros modos de produccion ajenos al capital (tesis de Rosa) o sencillamente no se ha entendido nada. La condicion de monopolio permite apoderarse de “mayor” valor en la competencia entre capitales, pero es por su posicion de control y dominio de los procesos de produccion o distribucion, porque disminuye la parte proporcional correspondientes a otros sectores del capital (es decir es un juego de suma cero), no porque existan otras fuentes o porque el “valor” se establezca por fuera del tiempo socialmente necesario. Y si la acumulacion de capital es a escala mundial.

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