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Álvaro Hilario Pérez de San Román / Ekintza Zuzena

  Este artículo fue escrito en 2014, pero se han hecho algunas actualizaciones para su presente publicación.

El 24 de agosto de 1994, miles de personas, convocadas por la izquierda uruguaya, se concentraron frente al hospital Jacinto Vera -también conocido como el Filtro- en solidaridad con tres ciudadanos vascos en huelga de hambre para impedir su extradición al Estado español.

En una conversación que mantuvimos en su casa de Santa Catalina (Montevideo), a principios de 2008, Jorge Zabalza, el “Tambero”, (Minas, 1943), histórico militante del Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros (MLN-T) y unos de los responsables de aquella movilización, explicaba de este modo el porqué de la solidaridad tupamara1: “Aunque es cierto que muchas veces no entendimos algunas líneas del accionar militar de ETA y, a veces, discrepamos abiertamente con algunas formas de empleo de la violencia revolucionaria, para nosotros la solidaridad entre revolucionarios era fundamental. A pesar de que estábamos recién salidos de la cárcel, a pesar de movernos dentro de la legalidad burguesa, teníamos claro que no podíamos perder el principio básico de la solidaridad. Unos años antes, ETA hizo lo mismo cuando nos dio 50.000 dólares para pagar las deudas de nuestra radio, CX 44 Panamericana. Para la derecha, en sus palabras, aquello era incomprensible: dicen que compraron nuestra solidaridad; ese sería el tipo de trato que ellos mantienen con el imperio, pero no de los nuestros, de los acostumbrados entre revolucionarios”.

A medida que pasaban las horas, iba creciendo la tensión entre policía y manifestantes. A las cinco de la tarde, se desató la violencia policial: “La Guardia Republicana cargó por la espalda de quienes se estaban manifestando pacíficamente, en su mayoría gente mayor y familias con niños, que se vieron acorralados de frente por policías de a pie. (…) Ya era tarde, entre la densa humareda de los gases lacrimógenos la caballería atacaba a sablazo limpio, atropellando todo lo que estaba a su paso. La gente –desesperada- buscaba refugiarse en las casas de la zona. Al rato empezaron los disparos”2. El resultado de la operación policial concluyó con dos manifestantes muertos (Fernando Morroni, alcanzado por la espalda por una bala de 6 mm disparada a 10 metros de distancia, y Roberto Facal) y 31 civiles heridos, 15 de ellos por arma de fuego.

Semanas después de los hechos, el MLN-T difundió una grabación efectuada en una reunión sostenida por el comando de la Guardia Republicana 11 días antes y en la que participaron el ministro de Interior, Ángel María Gianola, varios diputados de los partidos Blanco y Colorado y el inspector de la Policía española Rafael Vera (a posteriori procesado y condenado por su participación en el terrorismo de estado de los Grupos Antiterroristas de Liberación, GAL). La grabación revelaba que la represión estaba preparada y tenía como objetivo “combatir frontalmente la creciente amenaza de los grupos radicales”.

En el contexto de las elecciones presidenciales, la derecha culpó a Tupamaros, no faltando dentro del Frente Amplio (FA) quienes señalaron al solidario accionar tupamaro como responsable de la derrota. Después de la represión, “la radio Panamericana fue acusada por el Gobierno de incitación a la violencia, posición compartida por el general Líber Seregni y por Tabaré Vázquez, quien manifestó que dentro de la coalición había elementos y grupos que trabajaban ‘en contra del Frente Amplio y su candidato presidencial’. A pocos meses de las elecciones nacionales, para Vázquez los votos importaban más que los muertos y los heridos. El 26 de agosto, la Panamericana fue definitivamente clausurada mediante un decreto presidencial”

De la política revolucionaria a la estrategia electoral

La derecha más reaccionaria sigue manteniendo la misma postura que hace veinte años. Para muestra, el artículo de Antonio Mercader publicado por el derechista diario “El País” el 24 de agosto pasado y del que reproducimos estas líneas: “Y otra vez la izquierda intentará tergiversar la verdad de aquellos sucesos para presentar al gobierno de entonces —presidido por Luis Alberto Lacalle— como responsable de todo lo sucedido el 24 de agosto de 1994. Aquel día, millares de personas convocadas por el Frente Amplio y el PIT-CNT rodearon el hospital en donde tres etarras, requeridos por España, decían estar en huelga de hambre para evitar su extradición.

Quienes dirigieron la pueblada, en especial los tupamaros, intentaron bloquear por la fuerza el cumplimiento de la extradición dispuesta por la justicia. Está probado —y hasta filmado— que manifestantes hicieron disparos contra el convoy de patrulleros y de ambulancias que llegó para llevarse a los etarras. Una fuerza policial mal equipada y poco preparada para enfrentar a una multitud hostil reprimió la algarada de manera caótica con el penoso resultado de un muerto y varios heridos”4.

Además, y como se puede fácilmente deducir de los dichos de Tabaré Vázquez (presidente de Uruguay entre 2005 y 2010 y nuevamente electo en marzo 2015) los hechos se utilizaron para definir tanto las políticas del FA como las del MLN-T y su frente de masas y marca electoral, el Movimiento de Participación Popular (MPP).

En la entrevista publicada en “Argia” y “Eutsi.org” el tupamaro Zabalza recordaba el debate interno de aquellos días y que, a la larga, supondría su salida del FA y el MLN-T: “Nosotros salimos de la cárcel en 1985. En ese primer tiempo después de la salida, seguimos defendiendo una estrategia insurreccional. No dibujada de forma clara pero sí como un horizonte. Salimos y empezamos un trabajo de siembra de ideas, de vinculación con lo social, de involucrarnos en las luchas, apuntando a un escenario muy parecido a lo que fue, en Uruguay, la lucha contra la dictadura. (…) Pero, justamente, se dan en 1994 los sucesos del Filtro, con una situación de represión muy violenta, inesperada, y que para el Uruguay fue como un volcán en mitad del océano. A partir de ahí, se dieron discusiones que culminan con la transformación de un movimiento guerrillero en un movimiento puramente electoral. (…). A partir de esos hechos del Filtro en el FA entró a predominar el discurso de que el FA perdió las elecciones por la violencia generada en el Filtro y que la responsabilidad de la derrota electoral era del MLN”.

Aquel 24 de agosto facilitó el giro del FA que Zabalza explicaba de este modo: “A partir de ahí, se comienza una transformación, se ve el Parlamento como el lugar donde hacer política, en vez de la calle o la fábrica, se empieza el fin. Si quieres tener fuerza electoral debes volcarte hacia los sectores medios: es rebajar el discurso, rebajar el programa y terminar en lo que es el MLN y el MPP, involucrados en un gobierno que es de derechas”.

El FA es una coalición de centro-izquierda con casi 50 años de historia empleados en la acumulación de fuerzas del campo popular que tiene como horizonte la vuelta al estado garantista, al Batllismo, que rigió Uruguay en la década de los 50 del siglo pasado. El Partido Socialista (PS) de Tabaré Vázquez, la Asamblea por Uruguay de Danilo Astori (vicepresidente con Vázquez y Mujica) y el MPP del Pepe Mujica (expresidente de Uruguay), amén del Partido Comunista de Uruguay (PCU), son las principales fuerzas del FA.
Ya desde los 90, años de privatizaciones y liberalismo económico salvaje propiciados por Julio María Sanguinetti5, el FA detenta la Intendencia de Montevideo desde la cual sus intendentes, como Arana, impulsaron la privatización de patrimonio y servicios de la ciudad. El Tambero Zabalza (concejal en Montevideo de 1995 a 1997) recordaba, en 2008, aquellos tiempos y políticas: “Cuando el gobierno municipal de Tabaré quiso ordenar la venta ambulante, reprimió y nosotros nos enfrentamos a la decisión. Cuando comenzaron los asentamientos, hubo represión; cuando la gente empezó a solucionar el problema de la vivienda ocupando tierras y construyendo sus casas, hubo represión del Gobierno municipal de Hugo Arana. Nosotros apoyamos a los ocupadores. Ahora bien, cuando después de 1994, cuando empiezan las políticas privatizadoras de la Intendencia, algunos empezamos a quedarnos solos, también dentro del MLN. Inicialmente, todos nos opusimos a las privatizaciones (casinos, hoteles, transporte público, etcétera) y tercerizaciones de los servicios públicos (que conllevaban pérdidas de derechos para los trabajadores). Después de aquellas discusiones tenemos al intendente Erlich, y a su equipo, que son todos tupamaros, privatizando. El caso paradigmático fue el del Casino Carrasco. Ahí están, participando en un gobierno que ha regalado la empresa aérea estatal, que se prepara para regalar los ferrocarriles del estado, un gobierno que consiente la presencia de capitales multinacionales, como los de la industria de la forestación y la celulosa, que mantiene relaciones muy estrechas con el FMI”.

Las políticas del FA son continuación de las llevadas a cabo por Sanguinetti y Lacalle desde el fin de la dictadura, profundizando el modelo extractivo y agro-exportador, la concentración de la riqueza y la tierra y la creación de zonas francas. Para conocer más de la política del Gobierno de Mujica se puede leer “Apuntes para un retrato del Uruguay”6.

En una ocasión, hará 8 o 10 años, en Montevideo, con la historia del MLN-T interiorizada y sorprendido por la popularidad de José Mujica, le pregunté al periodista y analista uruguayo Raúl Zibechi cómo era posible que un ex guerrillero como Mujica fuese tan popular, incluso entre las clases medias y las gentes de derechas: “Vasco, vos mismo contestaste tu pregunta”.

Mujica y Fernández Huidobro (exministro de Defensa), encendidos oradores en la radio Panamericana aquel día de agosto de hace 20 años, hace años ya que no acuden a la marcha de recuerdo de la masacre del Filtro. La impunidad para con los asesinos de Morroni y Facal, impunidad contra la que han clamado tanto Sortu en el acto conmemorativo celebrado en Donostia el 24 de agosto de 2014 como Askapena en una nota emitida desde Montevideo, es también responsabilidad suya.

¿Por qué se le dice izquierda?

En 2003, en un extenso trabajo donde desmonta la imagen de izquierda de Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores, James Petras y Henry Veltmeyer7 señalaban lo siguiente: “Los partidos políticos evolucionan a lo largo del tiempo, de la misma manera que lo hacen sus relaciones con la base social original que los apoya, sus fuentes de financiación, la composición del partido, la membresía en los congresos y las estructuras internas, tal como indicaron hace mucho los sociólogos clásicos Michels, Pareto y Weber”. Añadían que “La mayor parte de los izquierdistas del mundo que consideran la victoria del PT y de Lula como la llegada de cambios básicos sociales, o a lo menos importantes, en beneficio de los pobres y de una redistribución de la riqueza y de la tierra, basan su opinión en imágenes anticuadas de la realidad”.

Aunque escritas hace 11 años, las palabras permanecen vigentes. Han pasado 20 años de aquel 24 de agosto y la práctica del MPP, del MLN-T es diferente hoy en día. Es legítimo que Mujica o Fernández Huidobro, por ejemplo, hayan cambiado sus posicionamientos y si esto para nada enturbia su pasado, es lícito deslindar pasado y presente y considerar el accionar de los gobiernos del FA libre de esas “imágenes anticuadas de la realidad”.

Para muestra del giro político del MLN-T, basta un botón. Hablábamos más arriba del fuerte impulso que la creación de zonas francas ha recibido en las legislaturas frenteamplistas, leamos lo que sobre esta cuestión opinaba el líder revolucionario tupamaro Raúl Sendic.

El 19 de diciembre de 1987, este participó en su primer acto de masas una vez terminado el cautiverio. Fue en el estadio Franzini, en Montevideo. Allí pronunció estas palabras: “El gobierno elegido en 1984 fue aun más lejos: Este gobierno dio un paso que ni siquiera los militares se habían atrevido para la extranjerización del país: la aprobación de la ley de zonas francas. Zona franca significa ceder un pedazo de territorio para que las empresas extranjeras puedan instalarse allí, libres de acatar buena parte de las leyes nacionales”.

Otro tanto, obvio, ha de decirse del PT brasileño, quien hace más de una década desarrolla un programa neoliberal ortodoxo acorde con los planes estratégicos de Estado y burguesía brasileños para convertir a la república sudamericana en una potencia económica.

En su editorial del 10 de julio pasado, el diario vasco “Gara” (en el que tuve la fortuna de ser redactor) hacía una encendida defensa del PT: “Así, los mismos que intentan acusar a la formación socialista de recurrir al fútbol o a los Juegos Olímpicos de 2016 como ‘pan y circo’ son quienes realmente hacen ese uso espúreo del deporte. Con sus errores y aciertos, y también con abundantes dosis de autocrítica que incluye su gestión de esta Copa del Mundo, el PT ha conseguido evidentes avances para la mayoría de la población brasileña desde que Lula llegó al gobierno hace once años. Ha situado la pobreza en la agenda y la ha combatido en sus formas más extremas. Ha distribuido más justamente la abundante riqueza del país. Ha creado 20 millones de empleos, ha aumentado el sueldo mínimo en un 70%, ha impulsado la sanidad pública con 13.000 nuevos médicos”.

Los programas para combatir la pobreza (el hambre) desarrollados por, entre otros, Brasil, Uruguay y Argentina tienen como fin combatir los estallidos sociales (como los habidos en 2001 y 2002 en Argentina y Uruguay) provocados por las políticas neoliberales. Pero no se toca el modelo agro-exportador y extractivo, la soja y la megaminería; no se tocan los capitales especulativos…

Jorge Zabalza, en 2008, planteaba la brecha social abierta por las políticas liberales en Uruguay: “Los golpes de estado se reflejaron en otra cosa: el 40% del PIB iba al bolsillo del trabajador; cuando terminó la dictadura era el 20%. Este es el sentido de la dictadura. Hoy, sin violencia, con el Gobierno progresista, es lo mismo: los trabajadores tienen menos sueldo que en 1970. Hoy, esto es ratificado por Gargano (ministro de Asuntos Exteriores; murió en 2013) que dijo que esta política había aumentado la brecha social, porque el crecimiento de las importaciones va a pocas manos, a 2.500 familias; estos han elevado sus ingresos, han elevado su poder adquisitivo y son los que sostienen el consumo en el Uruguay. Por otra parte, es cierto que se han regalado 100 millones de dólares en planes de emergencia, pero no son nada en comparación con los 1.600 millones de dólares de los que hablábamos de disminución del salario en relación con el PIB. En el Uruguay hay más empleo, pero precario: empresas de seguridad, empleo doméstico, pesca, construcción tercerizada, limpieza de calles, trabajo de baja calidad y sin seguridad social; detrás de las cifras del Gobierno hay una realidad peligrosa incluso para ellos mismos; hay una realidad latente, el aumento de la brecha social, confirmado por Gargano”8.

En la página 14 del texto antes citado, “¿Adónde vas, Brasil? (III)”, Petras y Veltmeyer hablan del presupuesto de Lula en 2003, de la evolución de las partidas destinadas al programa Hambre cero o del salario mínimo y las razones por las que fueron reducidos. El neoliberalismo del PT no coincide con el carácter de partido socialista y revolucionario que tuvo hace más de 20 años. El texto, de 31 páginas, merece ser leído.

Esencial para conocer Brasil, sus planes estratégicos (la Iniciativa de Integración Regional Sudamericana, IIRSA, por ejemplo), sus políticas y, por ende, el actuar real del PT, es “Brasil Potencia. Entre la integración regional y un nuevo imperialismo” (Baladre, Ecologistas en Acción y otros; Málaga, 2012), obra donde se estudia la evolución del capitalismo brasileño y en el que su autor, Raúl Zibechi, ha empleado 12 años de trabajo. En su página 48 trata el tema de la financiación de la campaña electoral de octubre de 2010 que llevó a Dilma Rousseff (otra ex guerrillera) a la presidencia. Zibechi explica la importancia que tienen las donaciones empresariales –especialmente las de la construcción- en el financiamiento de los partidos: “El partido que más dinero recibió de las constructoras fue el PT (15 millones de dólares) seguido del PSDB (11 millones). Se trata de empresas que se benefician de las grandes obras de infraestructura de la IIRSA y del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), y que ahora esperan aumentar sus ganancias con las obras que se realizarán para la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos en Rio de Janeiro en 2016”. Un dato anecdótico entre los muchos que ofrece el libro de Zibechi, pero que nos recuerda a ese “poco pan y pésimo circo” que canta la banda Def Con Dos.

22 años son nada

Lo mismo en América que en Europa, las proscripciones, las ilegalizaciones o los vetos acostumbran a generar subjetividades erróneas, errores de apreciación o interpretación; simplificaciones y mitos suelen ser habitantes de estos procesos. La izquierda lo sabe bien: en los últimos veinte años esta ha perdido casi toda su capacidad de trascender; huérfana de modelos, incapaz de abrir caminos no transitados por los temores que ello le acarrea, vaga por el mundo como un boxeador sonado. Campañismo y difusión de eslóganes, todo ello de modo acrítico, son los límites, los criterios en los que languidece y se reproduce de mala manera.

Las siguientes palabras del argentino Osvaldo Soriano pueden ilustrar sobre alguno de los aspectos señalados:

“Es verdad que los adversarios del liberalismo pasan por un muy mal momento –que será largo-, y tienen que sudar como albañiles para oponer un punto de vista creíble al discurso del nuevo poder privatista. Ser minoría y jugar en un campo que será durablemente perdedor no le es fácil ni grato a nadie. Sobre todo si las ideas que se oponen a la doctrina del Libre Mercado provienen de una cultura del mínimo esfuerzo intelectual. Por eso, una propuesta simple para quienes todavía defienden un mundo solidario es la de estudiar, leer, informarse, trabajar, comunicar. No es con un eslogan gastado que se derrota a técnicos del Fondo Monetario y del Citibank”

(…) Hace veinte años, valores como la solidaridad, -icono y patrimonio de la izquierda casi en exclusiva- eran hegemónicos en nuestra sociedad. Recordemos la marcha solidaria, encabezada por las banderas vasca y uruguaya, que recorrió el recinto festivo de Bilbao, en plena Aste Nagusia, una vez llegó la noticia del asesinato de Morroni y Facal. Las txosnas (espacios y casetas festivas del campo popular) permanecieron cerradas. Pensemos si algo así sería posible hoy.

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