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Artículo de colaboración para Borroka Garaia da!. Autor: Lluís Rodríguez Algans. Economista asesor laboral en la cooperativa Maiatzaren Lehena Aholkularitza  Profesor de postgrado en la Facultad de Relaciones Laborales y Trabajo Social de la UPV/EHU

Si a cualquier estudiante de ciencias económicas se le pide que defina y ubique en el plan de estudios conceptos cómo “economía capitalista”, “poder”, “lucha de clases”, “distribución de renta y riqueza”, “sindicalismo” o “democracia económica” seguramente nos encontraremos con el decepcionante resultado de su desconocimiento o al menos de su identificación en los “márgenes” del tronco analítico central de la contabilidad, la economía de empresa, la micro y macroeconomía o la política económica. Con toda probabilidad se desconocerán profundamente corrientes de análisis económico y políticas alternativas cómo el postkeynesiano, institucionalista, neomarxista, regulacionista y radical, ecológico o feminista, de economía socialista o economía libertaria y autogestionaria, impulsadas solventemente por economistas tanto de fuera de nuestras fronteras [1], cómo también por multitud de economistas críticos de ámbitos académicos o sindicales de Euskal Herria o el Estado español [2].

Todo ello es, sin duda, una mala noticia. Sin embargo, pese a la tenaz voluntad de quienes detentan el poder académico y de discurso político en economía por marginar, esconder y silenciar dichas corrientes, la realidad es que la economía capitalista real -y desde luego las relaciones laborales existentes- aquellas que conoce cualquier persona trabajadora, se entienden principalmente con los conceptos antedichos, que se resumen en el título de este artículo, que a su vez da nombre a un curso de introducción a la economía [3], que a su vez se ubica en una de las corrientes citadas, de economía radical, fructífera para abordar los temas aquí planteados [4]. En efecto, el sistema económico capitalista con sus aparatos políticos coadyuvantes, y máxime la empresa capitalista, se sustenta en lo que autores radicales denominan “dimensión vertical”, esto es, en el autoritarismo y el ejercicio del poder de los empresarios sobre los trabajadores y trabajadoras, de la patronal sobre la clase trabajadora, aspecto que condiciona y determina transversalmente las decisiones u organización de la producción, inversión y distribución entre salarios y beneficios [5].

Cómo posiblemente puede parecer muy abstracto y académico lo relatado hasta ahora, quizás con un par de ejemplos vividos sea posible engarzar la caracterización sistémica con la realidad económica y de las relaciones laborales.

En un caso de una mediana empresa del sector de los cuidados, sobre negociación de reducción salarial por dificultades financieras de liquidez y económicas de viabilidad, el economista de la empresa apuntaba que el peso de los salarios en la estructura de costes de la misma era muy superior al de otras empresas del sector, por lo que era imprescindible acometer la reducción salarial planteada a las trabajadoras. La respuesta de la parte social planteó que desde luego era así, pero porque la estructura salarial estaba desproporcionada por arriba, pues los cargos de dirección doblaban el nivel de salarios de referencia en la negociación colectiva sectorial, lo que implicaba que su reducción a nivel de convenio permitía cuasi-equilibrar las cuentas. Entonces se hizo el silencio en la sala y todas las presentes nos dimos cuenta que sin duda habíamos llegado al punto de expresión de un conflicto de poder, el clásico conflicto distributivo en el sistema capitalista entre salarios y beneficios -disfrazados de altos salarios- aplicado al caso recesivo de la crisis empresarial. Finalmente este conflicto se resolvió con la convocatoria de una huelga indefinida de toda la plantilla, que forzó efectivamente a la dirección a reducirse sus salarios a convenio sectorial cómo primera acción previa a evaluar otras medidas, entre otros elementos del pacto de empresa conseguido, relacionados con el control sindical productivo y económico.

En otro caso, un grupo empresarial del sector de la construcción de tamaño medio, planteó un despido colectivo de un tercio de la plantilla, en un contexto de muchos años de ingresos no declarados y contabilidad B, que en cualquier caso permitían la viabilidad empresarial. Este despido colectivo cómo caso paradigmático de “violencia del poder privado” utilizando términos que titulan una obra de Antonio Baylos, se tuvo que resolver judicialmente en el Tribunal Superior de Justicia, siendo ratificada la nulidad y readmisión de los despedidos por el Tribunal Supremo. A esta situación se llegó sin duda por una actitud patronal autoritaria. La postura empresarial en la negociación colectiva, defendiendo que concurría causa económica y productiva para el despido colectivo, mientras ganaban dinero de forma ilícita, desembocó en la judicialización del proceso. Se trataba pues del intento de imponer su poder de clase despidiendo a trabajadores cómo mecanismo para eliminar el sindicalismo combativo en la empresa.

Ni que decir tiene que, en general, la reacción sindical a las contrarreformas laborales impuestas vía parlamentaria, así como a las diferentes estrategias empresariales en casos concretos de reestructuraciones y despidos, algunos ya emblemáticos por implicar confrontación solvente ante deslocalizaciones productivas (Coca – Cola en Fuenlabrada, Celsa Atlantic en Gasteiz y Urbina, Zardoya Otis en Mungia, etc.), nos ha dejado una pléyade de experiencias sindicales y de huelgas que bien analizadas nos ayudan para sintetizar algunas conclusiones de interés de cara al debate sobre la revitalización del poder sindical, aquel que efectivamente hace frente a la discrecionalidad del poder empresarial y patronal, elementos indisociables de la dinámica económica capitalista.

Es necesario pues que el sindicalismo combativo gane capacidad de intervención en sus múltiples dimensiones: afiliativa, militante y organizativa, programática, de capacidad de acción colectiva y confrontación con los poderes político-económicos hostiles a la clase trabajadora. Mientras que el voto ciudadano se está demostrando excesivamente voluble y escorado hacia el mantenimiento de mayorías parlamentarias que apuestan por la servidumbre al poder económico, en cambio la militancia y afiliación sindical siguen siendo la principal garantía para recuperar derechos, condiciones salariales y de empleo, consolidando orientaciones de políticas económicas que nos dirijan a mayores cotas de democracia económica y bienestar social. No en vano, múltiples analistas avalan que un sindicalismo fuerte implica mejores condiciones salariales, de empleo, protección social, equidad de género y defensa de la salud laboral, así como caminar hacia mayores equilibrios ecológicos [6].

Una mirada sistemática a estas reflexiones, propuestas y experiencias acumuladas, nos permite centrar algunas cuestiones fundamentales para caminar hacia una recuperación solvente del poder sindical. Sin ánimo de dejar fuera aspectos importantes, pero con objetivo de priorizar recogiendo el núcleo esencial de las fuentes imprescindibles de poder sindical, es preciso fijarse en cuatro pilares que dependen fundamentalmente del propio sindicalismo: negociación colectiva y política sindical; gestión del conflicto laboral, huelgas y repertorios de presión; política social, empleo y economía social; formación sindical, asesoría sindical y técnica, teniendo también cómo base de la arquitectura de un sindicalismo combativo, la financiación sindical.

[1] Entre otros muchos, Robinson, Kalecki, Minsky, Goodwin, Lerner, Bahduri, Wray, Stockhammer, OnaranBaran, Sweezy, Gordon, Bowles, Sherman, O’Connor, Marglin, Shaikh, Pollin, HahnelAglietta, Boyer, JessopGlyn, Gough, SilverJackson, Forstater, Beneria, Matthaei economistas sindicales cómo Rehn, Meidner, PalleyLiberman, Kardelj, Horvat, Lange, Bettelheim, Vanek, Schweickart, Guillén, Albert… También de corrientes económico-políticas cómo el operaísmo italiano, con Negri (Operai e stato, La forma Estado, Los libros de la autonomía obrera o El poder constituyente), Tronti, Bologna o Fumagalli cómo algunos de sus exponentes, o también autores provenientes del sindicalismo que realizan interesantes aportaciones al análisis sindical del capitalismo post-fordista y una orientación de salida socialista cómo Bruno Trentin.

[2] Agrupados en la Asociación de Economía Critica o participantes del Foro de profesionales del asesoramiento laboral y social de la UPV/EHU dónde se pretende generar inteligencia colectiva desde perspectiva laboralista (también en ámbitos mercantil, administrativo o penal) para juristas, economistas, asesores sindicales, trabajadores y trabajadoras, a la vez que relacionar las experiencias de acción colectiva y sindical con los ámbitos de intervención profesional, académica e investigadora.

[3] “La economía capitalista: conflicto y poder”. Una descripción del curso, con objetivos y plan de estudios se puede encontrar en Edwards y MacEwan. Un enfoque crítico de la enseñanza actual en economía: bases para un nuevo currículo, en el libro “Critica a la ciencia económica”. Periferia, Buenos Aires, 1972. Las lecturas del curso se editaron en los manuales de Edwards; Reich y Weisskopf. “The capitalist system. A radical analysis of american society. Prentice Hall (1ª Edición 1972; 2ª Edición, 1978; 3ª Edición 1986, las tres con lecturas complementarias).

[4] Más correctamente, Economía Política Radical, corriente vertebrada por la asociación creada en 1968, Union for Radical Polítical Economics (URPE), en el marco de la cual se creó una revista de ámbito académico y un centro de economía popular dirigido a militantes sindicales y sociales, el Center for Popular Economics, aparte de otras iniciativas de ámbito universitario cómo el Political Economy Research Institute (PERI), donde se ponen en común líneas de análisis e investigación a corto y largo plazo, así cómo para propuestas de política económica relacionada con inversión socialmente útil además de ecológica o respecto a incrementos de salarios mínimos. Los principales temas tratados por dicha corriente son “economía y poder”, “sistemas económicos comparados” -socialismo, comunismo y autogestión-, “estado capitalista, lucha de clases y distribución de la renta”, “segmentación de los mercados de trabajo” y “estructuras sociales de acumulación” para entender la dinámica medio placista del sistema capitalista.

[5] Bowles y Edwards. Introducción a la economía: competencia, autoritarismo y cambio en las economías capitalistas. Alianza, Madrid. 1990.

[6] Por ejemplo Mikel Urrutikoetxea en ¿Para qué sirve un sindicato? Reflexiones , Juan Torres desde una perspectiva económica en ¿Para qué sirven los sindicatos? o estudios cómo el de Hamann y Kelly, Andrew Glyn, Wilkinson y Pickett, Onaran et. al. a largo plazo relacionando poder sindical y distribución de la renta y riqueza. Especialmente interesante al respecto es el artículo de John Bellamy Foster “Marx, Kalecki, Keynes y la estrategia socialista: la superioridad de la economía política del trabajo sobre la economía política del capital”.

12 thoughts on “La economía capitalista: conflicto, poder… y revitalización sindical

  1. Este tipo de argumentaciones confunden al personal, como si el capitalismo fuera regulable, asignable o redistribuible. El problema del capitalismo desde la critica anticapitalista, no es su brutalidad sino su bastarda (es decir no es asunto de circunstancialidad sino de genetica). El sistema del salariado, no es de su justeza (puesto que no existe el salario justo), sino de de su misma esencia (la esclavitud salarial). No existe salario justo, la aberracion es el mismo salario. No es asimilable en ningun verdadero humanismo que el tiempo de los seres humanos pueda ser comprado, tamaña aberracion, por mucho o poco eso es lo de menos. Es como la prostitucion, no se trata de un asunto de tarifa, sino de condicion.

    El sindicalismo en todas sus versiones esta languideciendo, existen varias razones generales y ademas particulares en EH. Y escribo cuando hace apenas unas horas he podido estar conversando con un excelente sindicalista durante horas sobre una situacion especifica, y el procedimiento mas inteligente. Luchamos por la vida no por una asignacion monetaria.

    Algunos, desde la clase obrera, aspiramos a la aniquilacion del sistema capitalista, no a su reforma, regulacion o distribucion. Nuestra pregunta pertinente es : ¿cuantos somos los dispuestos? ¿cuanto podemos resistir? y ¿cual es la profundidad de nuestra ira?.

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  2. El primer problema del sindicalismo es que pretende – en general – ser todavía expresión de “la” clase antagonista del capitalismo, cuando no es nada más que un movimiento social de un sector de LA clase Obrera real, según el trabajo marxiano por empezar.
    Clase OBRERA que entonces no es la llamada – en todas estas seudortodoxías – clase trabajadora, sino una realidad muchísimo más amplia, compleja y contradictoria que su componente de los trabajadores asalariados – además cada vez más minoritaria entre todos las demás componentes de la CLASE OBRERA.

    Minoritaria y a su vez muy compuesta entre autónomos, becarios, precarios, desempleados intermitentes, coperativistas (super o poco capitalizados), etc, etc, etc.

    Por lo tanto, por muy abierto, radical, desarrollado y coherente (con sus asalariados) que se presente un sindicato, se transformará tendencialmente, antes o temprano, en una lacra o resistencia para la lucha de clases, pretendiendo suplantar el antagonismo general obrero – es decir: no solo en la cuestión del curro explotado, sino con relación a todas las demás contradicciones fundamentales del sistema – con las cuestiones específicas de ese sector determinado.
    Por muy central que pueda presentarse en algunos lugares y épocas.

    Es decir: si el sindicalismo no se reconoce como movimiento específico pero sectorial de la clase, y entonces como parte del amplio abanico de movimientos sociales proletarios o de clase. Cuando existan, que ahora no se les ve por casi ninguna parte, si no fuera en la Rojava revolucionaria, me parece. Aquí sobre todo después del auto-sabotaje de KAS.

    Pero, con todo el podrido dogmatismo y las presunta ortodoxias “marxistas” que pretenden controlar teorías y prácticas de la lucha de clases, o anti capitalistas, no saldremos nunca del agujero.
    Del desarrollo capitalista actual.
    Cada vez más profundo.

  3. Kaixo Denoi,

    Eskerrik asko por las respuestas.

    Petriko, dices: “Este tipo de argumentaciones confunden al personal, como si el capitalismo fuera regulable, asignable o redistribuible. ”

    El capitalismo histórico ha sido regulable y redistribuible. El capitalismo, en el medio-largo plazo, desde luego en la actualidad, no, es imposible. Y de hecho quien entre otros fue muy preclaro al respecto, después de Marx, libertarios, etc. analizando el sistema capitalista contemporáneo (regulado post-crack 1929), fue Michal Kalecki (excelente artículo-sintesis de sus trabajos por parte de John Bellamy Foster).

    Estoy de acuerdo contigo en lineas generales.

    Me paro a puntualizar alguna cuestión: en una sociedad socialista, colectivista, el concepto salario no existiria seguramente, por no ir asociada a una generación de excedente para un empresario, bajo su poder de dirección y con unos medios de producción de su propiedad, pero si existiria el concepto de renta de consumo para los trabajadores/as. Lo digo al hilo de que, en una sociedad socialista también existiría algún tipo de distribución de la renta generada, algo parecido a lo que hoy són impuestos y cotizaciones para políticas sociales y trabajo administrativo, etc. Cito a Lenin refiriendose a Marx porqué mejor no lo puedo expresar (y es lo que tengo más a mano en plan rápido ;):

    “CAPÍTULO V LAS BASES ECONÓMICAS DE LA EXTINCIÓN DEL ESTADO

    (…)

    3 . PRIMERA FASE DE LA SOCIEDAD COMUNISTA

    En la “Crítica del Programa de Gotha”, Marx refuta minuciosamente la idea lassalleana de que, bajo el socialismo, el obrero recibirá el “producto íntegro o completo del trabajo”. Marx demuestra que de todo el trabajo social de toda la sociedad habrá que descontar un fondo de reserva, otro fondo para ampliar la producción, para reponer las máquinas “gastadas”, etc., y, además, de los artículos de consumo, un fondo para los gastos de administración, escuelas, hospitales, asilos para ancianos, etc.

    (…)

    Los medios de producción han dejado de ser ya propiedad privada de los individuos. Los medios de producción pertenecen a toda la sociedad. Cada miembro de la sociedad, al ejecutar una cierta parte del trabajo socialmente necesario, obtiene de la sociedad un certificado acreditativo de haber realizado tal o cual cantidad de
    trabajo. Por este certificado recibe de los almacenes sociales de artículos de consumo la cantidad correspondiente de productos. Deducida la cantidad de trabajo que pasa al fondo social, cada obrero, por tanto, recibe de la sociedad lo que entrega a ésta.”

    Petriko: “El sindicalismo en todas sus versiones esta languideciendo, existen varias razones generales y ademas particulares en EH.”

    En esto no estoy de acuerdo.

    Petriko: “Algunos, desde la clase obrera, aspiramos a la aniquilacion del sistema capitalista, no a su reforma, regulacion o distribucion.”

    Me posiciono publicamente ahí. Ahora bien, y en el “mientras tanto” ¿qué? y en la acción individual y colectiva cotidiana ¿cómo? Respuestas a esto las hay en la acción sindical diaria, sin duda.

    Izeba Loli: “Por lo tanto, por muy abierto, radical, desarrollado y coherente (con sus asalariados) que se presente un sindicato, se transformará tendencialmente, antes o temprano, en una lacra o resistencia para la lucha de clases, pretendiendo suplantar el antagonismo general obrero – es decir: no solo en la cuestión del curro explotado, sino con relación a todas las demás contradicciones fundamentales del sistema – con las cuestiones específicas de ese sector determinado.”

    Tampoco estoy de acuerdo, pero espero a que se publique otro artículo que apunta sucintamente los porqués.

    • Aupa Lluis, como dicen los parlamentarios respondo “por alusiones”, voy con mi parte.

      Respecto a la regulabilidad del capital. El que hayas mencionando a Kalecki, es significativo, puesto que fue un destacado economista precisamente en la linea del keynesianismo, relacionado con la escuela de Cambridge (la gran economista britanica Joan Robinson, Kaldor, etc). Kalecki no es un economista marxista (aunque algunos lo confundan) puesto que no acepta ni la teoria del valor-trabajo de Marx, ni la teoria de la acumulacion de capital, etc. Cuando de algun valor habla Kalecki es del “valor agregado”. La tesis de Kalecki parte de las teorias de la distribucion, su explicacion de la explotacion del trabajo, es siempre a ese nivel, y por lo tanto, el ciclo economico es explicado como la evolucion entre precios y costos, incluyendo salarios. Para Kalecki la explotacion del capital no se da en el proceso de produccion, sino en el mercado.

      De lo anterior se deriva que la posicion de Kalecki y la de los keynesianos de izquierda (heterodoxos, etc.) no se fundamenta en una apreciacion objetiva del capitalismo, sino en una dimension “politica” del mismo. A saber, por ejemplo, en cuanto los capitalistas quieran o no invertir presionaran politicamente sobre “los sindicatos”, para redesitribuir beneficios. A su vez, el Estado adquiere una posicion central en la “regulacion” de ese capital, a nivel agregado fomentara la inversion, podra intervenir en los precios, inducir a un incremento de la demanda agregada, etc. Lo cual tras el curso de todos estos años de crisis, se evidencia que no es asi, un centro del capitalismo como Japon lleva mas de veinte años de politicas economicas expansivas, y no hay forma de restablecer la inversion y reactivar el ciclo

      No existe ni medio ni largo plazo, ni parafraseando a Keynes por aquello de que “a largo plazo todos estaremos muertos”, el capitalismo esta presente en todo momento con toda su totalidad. Pero es caduco el capital, y no es regulable a partir del instrumental de politica economica, porque esta regulado por leyes de naturaleza objetiva. Esto es necesario repetirlo constantemente, porque se induce a la falsa creencia de que eliminando el “neoliberalismo” y aplicando politicas economicas keynesianas (o soberanistas o como se les quiera llamar) se pudiera restituir una nueva fase virtuosa de crecimiento, cual truco de prestidigitador . No nay salida de esta ratonera, la crisis no ha sido un invento de los “malvados capitalistas” que nos quieren “joder”, la crisis es una manifestacion objetiva del estancamiento del proceso de acumulacion de capital, en tanto que contraccion de la tasa de ganancia y de la masa de ganancia, y hoy es el dia en que el capital no encuentra la salida.

      Para ver una exposion sucinta de las diferencias entre el pensamiento de Kalecki y el de Marx, sugiero la lectura de este articulo de Rolando Astarita, lo recomiendo vivamente:

      Rolando Astarita. Marx, Kalecki y el ciclo económico
      https://rolandoastarita.wordpress.com/2011/05/08/marx-kalecki-y-el-ciclo-economico/

      Respecto a los sindicatos. Decia yo en mi mensaje que estan languideciendo y me reitero de que es cierto.Esta disminuyendo el numero de afiliados, estan siendo arrinconados por el capital al desaparecer convenios colectivos a negociar, la precariedad y temporalidad de los nuevos empleos vulnera la accion sindical pues es un continuo transito de personas; se elimina o reduce los fondos de subsidio; se ha reducido la composicion industrial de los nuevos empleos, etc., etc. La clase obrera ha sido disminuida en el area central del capitalismo, y esta sometida a una flexibilizacion tal, que rompe intencionadamente con sus lazos internos de solidaridad, sustituyendolos por el acojonamiento general y el miedo cerval, mas su consiguiente reverso, el lacayismo, el individualismo y el silencio, junto a la puñalada trapera entre iguales. La clase obrera estamos hoy por hoy, derrotados y hundidos, con el corrspondiente sindicalismo que eso conlleva, y el capital nos tiene asi contra las cuerdas sin la necesidad integradora de la “labor sindical”. En todo este escenario, no es de extrañar que el sindicalismo quede cada dia mas fuera de foco, y algunos intuimos que en el proximo futuro ante una apertura de un nuevo ciclo de lucha de clases (que es algo mas que hacer manifestaciones, comunidados y alguna huelga derrotada), haya desaparecido el sindicalismo o en todo caso sea transitoriamente “reactivado” por el propio capital.

      Respecto al socialismo y la distribucion de renta. Es significativo que hayas tomado las citas precisamente de Lenin, y su muy socialdemocrata vision del “socialismo”. ¿Existira distribucion de renta en el socialismo?. Si no existe dinero, no podra existir ingreso, pienso yo, por lo tanto no habria distribucion alguna a realizar. Todo esto suponiendo que estos bajo la sombra de aquella vieja frase socialista de “a cada quien segun sus necesidades”, o me pregunto que no va a ser asi.. Existen otros autores marxistas que provienen y derivan proposiciones mas cercanamente de Marx:

      Karl Korsch. ¿Que es la socializacion?. Edit. Ariel, 1975

      GIKH. Produccion y distribucion comunista. Edit. ZYX, 1976

      (Ambos textos fueron tambien publicados en su dia en Cuaderno Pasado y Presente ).

      ¿Y en el mientras tanto, que?. Pues de entrada no actuar intencionada o ingenuamente como apologetas del capital, prometiendo lo que no es aceptable ni cierto, ni justo ni humano. El capital es una vulneracion permanente a la vida, tanto en sus fases ascendentes como descendentes. Tambien es el capitalismo de naturaleza historica, es decir, temporal y transitable, y sobre todo superable, no el fin de la historia. La receta eficaz para la salida a la crisis es mandar a paseo al capital. Si no se puede hacer mucho mas, por lo menos decirlo.

      Hace unos dias estaba leyendo un interesante articulo, que me ha gustado –por eso lo enlazo–, puede que algo diga sobre esto que estamos comentando en este hilo:

      Werner Bonefeld, La auto-emancipación de las clases de trabajadoras y trabajadores como proceso abierto.
      http://www.herramienta.com.ar/print/revista-herramienta-n-39/la-auto-emancipacion-de-las-clases-de-trabajadoras-y-trabajadores-como-proc

      Venga saludos, ondo izan…

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  4. Respondiendo por partes.

    Como incisos previos agradecerte la respuesta y las recomendaciones de lectura, algunas no las conocía (Korsch, Gikh, Bonefeld).

    Otro inciso es que entiendo, porqué es una dinámica histórica de la “izquierda”, pero no comparto, realizar criticas forzando argumentos para que entren dentro de un constructo téorico específico, i.e. ir a Marx o a quien ha realizado una lectura concreta de Marx. Cómo no provengo del marxismo, me siento libre de coger aquellos trabajos, corrientes e interpretaciones que me parece ayudan a analizar y sobretodo en el corto y medio plazo, a caminar hacia una transformación socialista. Dicho lo anterior, como parte de ese inciso, lo que yo me pregunto es sí esto se trata de un debate teórico e interpretativo de los posicionamientos de los autores, o de coger sus aportaciones para abordar la acción sindical, social y política reales. Quiero decir, si cogiendo la realidad y unos objetivos concretos de cambio social, nos armamos analiticamente y orientamos nuestras acciones y propuestas de politica (economica, laboral, etc) hacia esos objetivos, o se trata de otra cosa. Esto lo digo al hilo de que he leído a Marx, también Ricardo y Sraffa, entre otros (Baran, Sweezy etc), en lo que se refiere al valor, explotación, excedente y precios, y no dudo de su interés y efectividad para trazar lineas argumentales de análisis del capitalismo, pero no són partes de la teoría económica que sean prácticas para la acción sindical en la negociación colectiva, en los procesos de recuperación y cooperativización autogestionada de empresas o en las posturas para confrontar la macroeconomia y política economica capitalista neoliberal con otra que pueda oponerse a ella para avanzar a una economia socialista, colectivista y autogestionada.

    • Bueno, agradecerte por mi parte, tan rapida respuesta.

      No entiendo muy bien tu mensaje, no se de verdad donde estoy forzando argumentos. Para mi no es imprescindible la etiquetacion “marxista” o su exigencia de cualquiera de mis interlocutores. Lo que he hecho ha sido intentar enlazar tu mensaje, en el que señalas a Kalecki, para responder no que no sea marxista –lo cual me es indiferente–, sino para indicar que todo el “arsenal” de politica economica keynesiana (en cualesquiera de sus manifestaciones) de entrada no supone un superacion del capital; y de segundo, que no representa ninguna alternativa a la crisis, pues esta no es producto de una malintencionada gestion sino consecuencia de un estancamiento objetivo del capital.

      ¿A efectos practicos supone algo?. Pues mira, si es en cuanto a labor sindical, no, desde luego que no. Es mas esta en las antipodas del mismo. Porque el mismo sindicalismo, fue producto de aquel keynesianismo historico, del Estado del bienestar, y una clase obrera fordista, estructura, encuadrada, disciplinada y ‘representada’ por el sindicalismo. La crisis del sindicalismo es complementaria a la de la socialdemocra, en el tiempo historico del capital su utilidad –para el mismo– ha concluido. [Para una critica al sindicalismo, suele ser muy recomendable leer los textos de la revista Socialismo o barbarie, –anos 50— Castoriadis, Lefort, etc.]

      Tienes razon, Marx no es practico ni util para el gestionismo, en razon de que lo que escribe es de como encontrar puntos de colision en la totalidad capitalista….

  5. Empiezo por lo rápido.

    En tu párrafo que empieza “Respecto a los sindicatos…” , es cierto que en época de crisis se ha perdido afiliación sindical, que los cambios de regulación laboral, las políticas empresariales y estatales (economicas, industriales, etc), hacen perder capacidad, poder, al sindicalismo, pero porqué hacen perder empleo o remueven las bases económicas y productivas que sustentan eso. De ahí a asegurar que languidece va un trecho. No estoy de acuerdo, porqué el sindicalismo cuenta en todo esto, busca nuevas estrategias, abre nuevas vías de reclutar y armar la negociación colectiva, confronta y consigue defensa de empleo y condiciones de trabajo, activa la huelga y los repertorios de presión, genera un discurso alternativo, por ej. en cuanto a política económica más a la izquierda que la mayoría de partidos. Además, Euskal Herria es un ejemplo de todo esto, dentro del Estado español, pero también en europa (tasas de afiliación, tasas de huelgas, etc).

    Y no estoy de acuerdo tampoco, porqué ese discurso creo que también se puede interpretar, en el peor de los casos, cómo apologeta del capital, cómo un discurso antisindical en relación a su “inutilidad” o “inevitabilidad” del declive sindical que es el que articulan los neoliberales constantemente. El simple hecho que deba estar justificando todo esto, me sitúa cognitivamente en estos parámetros. Parece cómo si se quisiera llegar, en el mejor de los casos, a adaptar la realidad a unos posicionamientos teorico-políticos concretos, donde el sindicato es un estorbo para la revolución.

    Hagamos desaparecer pues a los sindicatos de la ecuación de las relaciones laborales y de la economia, ¿qué pasaría pues? con salarios, empleo, etc. ¿es aceptable socialmente salarios de miseria, desempleo crónico? ¿hay que aceptarlo hasta que llegue una revolución socialista?

    • Lo que puede resultar alarmante para algunas mentes es no saber distinguir entre representacion y “democracia”. Los grandes momentos historicos de la clase obrera, han sido constituidos cuando el sindicalismo no ha estado presente (o ha estado en contra de este). Si en politica (burguesa por cierto), la representacion es una ocultacion de la democracia (decia Rosseau, aquello de “estando el pueblo presente, no le hace falta ser representado”) mas aun en el campo proletario. De los soviets de 1905, de los consejos alemanes de 1919 o 1923, de los consejos turineses de 1920, de los comites del mayo 37, etc., hablas de EH, precisamente una de las mas grandes experiencias fue Gasteiz 1976….por algo fue derrotada con fuego de ametralladora.

      Mi critica al sindicalismo es desde la izquierda, con el legado historico por detras, Cuando mayor es el grado de sindicalizacion de una clase obrera, no es mayor su potencial revolucionario, sino al contrario lo que expresa es su mayor integracion en la subsuncion real al capital.

      Planteas luego una discusion que creo que ya esta superada, desde luego que hay que luchar por mejores salarios, condiciones laborales, etc., etc. Lo que te estoy diciendo es que el sindicalismo es parte del juego, pero es que ademas el tiempo del sindicalismo esta siendo agotado… La clase obrera estamos siendo conducidos a la minima desnudez de nuestra humanidad a la tragedia final del capitalismo, y la disputa no sera entonces dirigida a un aumento del 2%, el mientras tanto es cada vez menor.

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  6. Dices: ” Es significativo que hayas tomado las citas precisamente de Lenin, y su muy socialdemocrata vision del “socialismo”. ¿Existira distribucion de renta en el socialismo?. Si no existe dinero, no podra existir ingreso, pienso yo, por lo tanto no habria distribucion alguna a realizar. ”

    La cita de Lenin es su lectura-reproducción de Marx. Yo no sé si Lenin tenia “sombras” socialdemocratas, ni me interesa sinceramente. Lo que me parece interesante de los párrafos es que apunta que en el socialismo, cómo así ha sido, hay una parte del excedente generado que no va (o no puede ir en términos sociales) al disfrute directo del trabajador/a concreto/a. Esto ha pasado en todas las economias socialistas, centralmente planificadas, de reformas “autogestionarias”, en la economía col.lectivista catalana y valenciana durante la guerra civil, etc. Por otra parte en todas las economias socialistas y colectivistas, incluso en las comunistas (colectivizaciones agrarias en Aragón, por ej.) la existencia del “dinero” se mantuvo, porqué sabrás ya que tus respuestas tienen un buen fundamento económico, que el dinero es depósito de valor (acumulación), medida de valor -contabilización de producción- y medio de intercambio, y en el socialismo, al menos el libertario que es el que controlo históricamente en su experiencia práctica en las colectivizaciones agrarias, industriales y de servicios, se utilizó “dinero” o cómo dice Marx un “certificado acreditativo de haber realizado tal o cual cantidad de trabajo” cómo intercambio, y también cómo medida de valor. Intentando aplicar la separación de “dinero” de producción y “dinero” de consumo, para que los procesos de capitalización e inversión fueran siempre controlados socialmente por las colectivizaciones. Y con lo anterior digo, también establecieron un “salario familiar”, según cargas familiares. Así es cómo funcionaba a grandes rasgos. No conozco ninguna experiencia economica socialista (quizás más bien tu planteamiento sería de economia comunista) que haya funcionado cómo tu planteas a gran escala, en una economia industrial y de servicios.. excepto en alguna parte de las colectivizaciones agrarias en Aragón.

    Dicho lo anterior, pues sí, hay distribución a realizar de los excedentes en el socialismo. Otra cosa es que sea lo perfecto, deseable, que consideremos que esto encierra peligros de “vuelta atrás” (¿acaso la burocracia sovietica y otras no se apropiaban de los excedentes de trabajo?).

    • Instrumentos sustitutivos del dinero, seguro?… certificados de trabajo, etc., etc., que miden que?? valor?, cuanto tiempo de trabajo invertido donde?. La participacion en la produccion social, independiente del tiempo de trabajo aportado, siguiendo el viejo principio socialista: “de cada quien segun sus capacidades” …una cartilla, certificado, bono, etc, que son indistintos unos de otros, pues lo que se distruibuira es el producto social total, a partir del principio “a cada quien segun sus necesidades”. El camino sovietico es el de la acumulacion de capital intensiva, con el Estado como agente controlador y disciplinario-

      En el socialismo deja de operar la ley del valor, reclamar su existencia es sencillamente darle vida al capital. sin mas, Y el socialismo no es una cuestion de economia, sino de una nueva civilizacion humana, de la asociacion de trabajadores libres e iguales a la creacion de la comunidad de seres humanos liberados.

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  7. Sabemos que el capitalismo está lejos aún de ser derrotado. Así que en realidad, el problema hasta su derrota podría formularse de la siguiente manera: ¿Cómo operar en el interior del campo capitalista y, al mismo tiempo, no vernos constantemente obligados a quedar fuera de los procesos socio-políticos que se nos plantean día a día?

    Sabemos que vivimos una ofensiva en todos los ámbitos de nuestras vidas pero es por este día a día por donde han conseguido el debilitamiento del sindicalismo, del movimiento popular y de los movimientos sociales puesto que “despolitizan” la pobreza y la desigualdad al transformarlas “en problemas de administración de recursos”.

    Compañero Lluis, el sindicalismo en general ha entrado en esa trampa. Los debates en torno al desclasamiento (con el concepto de ciudadanía y clase media) la precariedad de los trabajadores y las clases populares aparecen entonces centrados y vinculados a cuestiones técnicas y operativas en las que se evaporan los conceptos de opresión, explotación y las causas estructurales de la desigualdad de clase.

    Esta misma trampa es la que nos lleva a una política sindical y social asistencialista tradicional dirigida a compensar los estragos que genera la crisis economíca y de la que hemos participado en muchos casos activamente. Esto reproduce e institucionaliza la pobreza.

    Para la clase trabajadora y el movimiento popular es el peor escenario imaginable si se piensa en términos de emancipación. Por decirlo de una manera concisa y directa, no se logran luchas emancipatorias garantizando la supervivencia de las personas, (los bancos de alimentos constituyen una pieza fundamental del sistema. No se trata de algo provisional frente a una situación de emergencia o de crisis coyuntural sino de una alternativa neoliberal permanente a los servicios de asistencia social) sino que se debe reafirmar el derecho de todos y todas a vivir dignamente.

    Si hablamos en términos de construcción de una nueva sociedad me parece que la microeconomía será el campo de batalla del futuro cercano como lo fue en el pasado y con ejemplos paradigmáticos lo tenemos en Los Panteras Negras de EEUU, los Piketeros en Argentina o Hezbollah en Líbano. A más participación y movilización de los sectores afectados, más posibilidad de referenciar el problema de la exclusión, el paro y la precariedad como un problema social y no como déficit personal.

    El neoliberalismo lo sabe y si es necesario, para perpetuarse, compensará necesariamente la desigualdad social creciente por medio de políticas sociales. Siendo esto así, debemos entender que las políticas sociales han dejado de ser comprendidas como “conquistas” devenidas por la lucha. El propio sistema se ha encargado de convertirlas en la forma de gobernar para contener a los sectores más golpeados.

    El problema más grave para percibir lo que está sucediendo y que a menudo obtura la comprensión de este dispositivo es que las redes de la dominación están tejidas ahora con las mismas hebras que sustentaron las fases resistenciales de antaño. El propio sistema se ha encargado de convertirlas en la forma de gobernar y el sindicalismo ha colaborado en ello.

    En la construcción de lo nuevo es evidente que se necesita un estudio y debate teórico (necesidad del dinero…reparto etc etc…) aunque a muchos les parezca una pérdida de tiempo. Y si hablamos de contextualizar, querido Petri, no podemos referirnos sólo a entender el contexto histórico internacional y las presiones a las que estamos sometidos puesto que el capitalismo de alguna manera va a estar presente de manera externa y en nuestro interior. Habremos de contextualizar por lo tanto también nuestra vida hasta en sus aspectos más cotidianos. No toda la sociedad es militante.Tendremos que hablar entonces de aspectos bastante desagradables que superan la percepción romántica de la revolución y tendremos que enfrentarnos con el factor humano en todas sus dimensiones, en especial con aquellos componentes violentos de la naturaleza humana que tan bien nos muestra Dostoievski en su obra literaria.

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