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Traducción Alasbarricadas

1. Una huelga en el corazón del complejo industrial-carcelario en cifras -con enlaces-

Datos publicados por Sue Sturgis en Facing South, revista del Institute for Southern Studies

  • Fecha en la que presos de todo Estados Unidos tienen prevista una huelga contra el trabajo forzado con salarios míseros o nulos, descrita como “llamada a la acción contra la esclavitud en América”: 9/9/2016
  • Enmienda de la Constitución de Estados Unidos que prohibe la esclavitud pero incluye un giro permitiéndola “como castigo por un crimen para quien haya sido condenado por él”: 13th
  • Número de estados en los que los presos se unirán a la huelga, incluyendo Alabama, Georgia, Mississippi, Texas y  Virginia: al menos 20
  • Aniversario del levantamiento en el Penal de Attica (Nueva York), un punto de inflexión en el movimiento por los derechos de los presos, al que los presos en huelga conmemoran eligiéndolo como fecha de inicio: 45th
  • Número de afiliados al Comité de Organización de los Trabajadores Encarcelados, el grupo organizador de Trabajadores Industriales del Mundo -los ‘Wooblies’, IWW- en las cárceles: alrededor de 800
  • Año en que las presas de la cárcel de mujeres de Carolina del Norte iniciaron una sentada en la lavandería de la prisión y tuvieron como respuesta la agresión de los guardianes: 1975
  • Año en que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos declaró que los internados en prisiones no tienen el derecho a sindicarse que reconoce la primera enmienda de la Constitución: 1977
  • Año en que los internos de al menos seis prisiones del estado de Georgia iniciaron una huelga para exigir salarios y una mejora en sus condiciones de vida: 2010
  • Mes en el que tuvieron lugar huelgas en al menos siete prisiones del estado de Texas: 4/2016
  • Mes en el que tuvieron lugar huelgas en siete prisiones del estado de Georgia, organizadas por el Free Alabama Movement: 5/2016
  • Año en que Melvin Ray y Robert Council, los fundadores del Free Alabama Movement, organizaron las primeras huelgas en dos de las prisiones del Estado: 2014
  • Porcentaje del salario mínimo pagado a los presos de Alabama que la administración penitenciaria puede retener para cubrir los gastos de mantenimiento del preso: 80
  • Salario mínimo por hora de los presos de Georgia y Texas: $0
  • Valor anual estimado de los bienes y servicios producidos por los inernos de prisiones estatales y federales para compañías como Wal-Mart o Whole Foods: $9.000 millones
  • Puesto de los Estados Unidos entre las naciones con un mayor porcentaje de población encarcelada: 2
  • Factor por el que las tasas de encarcelación en el Sur de Estados Unidos exceden a las del Noreste: más de 2
  • Siendo los afroamericanos y los hispanos el 25% de la población de Estados Unidos, cuál es su porcentaje dentro de la población reclusa: 58

2. Por qué vamos a ver la mayor huelga de presos de la historia de Estados Unidos
Por Jeremy Galloway, revista ‘Rawstory’, 11 de agosto de 2016

Los presos irán a la huelga a lo largo de todo país en el aniversario del motín de Attica, por el fin de la esclavitud en prisión y de la supremacia blanca. ¡Solidarizate tomando las calles!

El 9 de septiembre de 2016 tendrán lugar paros laborales y huelgas de hambre en prisiones ubicadas a lo largo del territorio de Estados Unidos. Organizadas por sindicatos, grupos en defensa de los derechos de los presos y por la justicia racial, estas huelgas agrupan a presos de al menos veinte estados de la Unión, y constituyen así el mayor esfuerzo de la historia estadounidense para la organización de las personas presas.

Se trata de acciones que representan una poderosa y largamente esperada arremetida contra un estado de cosas que ha hecho de Estados Unidos de América la nación con más encarcelados de todo el planeta. Desafiando a la encarcelación masiva y, en general, al complejo industrial carcelario, las huelgas ponen el foco específicamente sobre la muy extendida práctica de explotar laboralmente a los presos – en lo que el Comité para la Organización de los Trabajadores Encarcelados (Incarcerated Workers Organizing Committee – IWOC) ha definido como “una llamada a la acción contra la esclavitud en América”.

En la fecha elegida para la huelga se cumplen cuarenta y cinco años desde el levantamiento de la prisión de Attica, el conflicto más sanguinario y notorio que haya tenido lugar en una prisión de Estados Unidos. La rebelión de 1971 -que implicó a 1.300 presos y se prolongó durante cinco días- terminó con una brutal respuesta estatal que se cobró la vida de docenas de guardianes y presos. Estos acontecimientos dejaron una cicatriz permanente, pero también la inspiración para una mucho mayor nueva generación de población encarcelada.

Este 10 de agosto se realizaron actos informativos, charlas y manifestaciones solidarias con la huelga en Georgia, Alabama, Mississippi, Texas, Virginia, Wisconsin, Oklahoma, Missouri, Illinois, Minnesota, California y otros lugares. La coalición organizadora incluye a The Ordinary People Society (TOPS), Free Alabama Movement (FAM), Free Virginia Movement, Free Ohio Movement, Free Mississippi Movement, New Underground Railroad Movement (CA), Formerly Incarcerated, Convicted People, and Families Movement (FICPFM), e  IWOC— que tiene delegaciones por todo el país y con el que he estado involucrado durante varios años. FICPFM  ha programado una conferencia nacional para el 9 de septiembre, coincidiendo con las huelgas principales, que también es respaldada por el Gremio Nacional de Abogados.

Estas acciones abundantes y coordinadas no han sido puestas en marcha de la noche a la mañana: son el resultado de años de lucha a los dos lados de los muros de las cárceles. De manera significativa, han sido las personas presas quienes en todas partes han tomado esta vez las riendas de la organización de las huelgas, sin dar importancia a las amenazas del Estado.

La experiencia histórica hace prever que el estado hará cuanto pueda para limitar la difusión mediática de estas acciones. Los organizadores de dentro y de fuera están organizando la comunicación mediante youtube, facebook y twitter. La “revolución” no será televisada, pero estas huelgas se podrán conocer en tiempo real a través de las redes sociales, a pesar de los responsables de prisiones que intentarán mantenerlas ocultas.

Apoyándose en la historia y en la tecnología

Hay una razón para que la organización de las personas presas a tan gran escala no tenga precedentes. Hace tan sólo siete años, durante mi estancia de dos años en el Departamento Correccional del estado de Georgia, el mero hablar sobre sindicatos de presos era impensable, ya que se temían las represalias y el aislamiento.

Ahora, no se trata sólo de que los presos explotados laboralmente estén hablando, en Georgia y en todo el país, sobre luchar contra este sistema injusto – se trata de que realmente lo están haciendo.

Muchos de los implicados en la organización de la huelga ni siquiera habían nacido cuando Attica tuvo lugar. Pero para dar forma a la resistencia nosotros contamos con los recursos combinados de un montón de historia de la que aprender y de comunicaciones modernas en las que apoyarnos  -teléfonos portátiles y redes sociales-.

Attica tuvo lugar en una época en la que, como en la actualidad, existían graves tensiones y conflictos entre los cuerpos policiales y la gente negra y pobre. En 1971 el Movimiento de Derechos Civiles, así como los asesinatos de Martin Luther King y Malcolm X eran parte reciente de la conciencia pública, y el gobierno ponía bajo el punto de mira y ejecutaba, sistemáticamente, a los líderes de la mayoría de los grupos militantes, como los Pantera Negra.

Tres meses antes del levantamiento de Attica, el presidente Richard Nixon había declarado su “Guerra contra las Drogas”. Hasta entonces, la población presa en las cárceles de Estados Unidos, tanto estatales como federales, se había mantenido en cifras de menos de 200.000 personas.

Desde los mandatos de Reagan y de Clinton -durante los cuales la guerra contra las drogas se intensificó y se prohibió que las sentencias fueran inferiores a cierta duración- se llega a una actualidad en la que el número de presos oscila en torno a un millón y medio de personas. En  un día cualquiera se encuentran entre rejas alrededor de dos millones de personas – en la cárcel, en centros de retención de inmigrantes o en prisiones juveniles-.

Esto da a los Estados Unidos el puesto de campeón mundial como estado encarcelador y hace que la opción por organizar la resistencia se vuelva masiva. La vida y la libertad de millones de personas están en juego.

Primeros levantamientos y la larga marcha por las reformas

Se han producido pocas reformas en el sistema de encarcelamiento de los Estados Unidos, y todas ellas han llegado con dolorosa lentitud – frecuentemente sólo después de la  resistencia desde dentro o de la presión pública desde el exterior, como la reforma Rockefeller de 2009 en las leyes sobre drogas.

El levantamiento de Attica condujo a amplios cambios en el sistema penal de Nueva York, pero la mayoría de las peticiones de entonces permanecen hoy como problemas sin resolver. Las demandas de las actuales huelgas en prisión evocan con fuerza el Manifiesto de Demandas de Attica  y las anteriores demandas de los internos de la prisión de Folsom, en California: seguro médico básico; salario justo por el trabajo; fin de los abusos y brutalidades de los empleados de prisión; decisiones justas de los equipos de libertad condicional; condiciones de vida saludable; comida adecuada y nutritiva.

Uno de los más  destacables y menos conocidos ejemplos de huelga de trabajadores encarcelados para mejorar sus condiciones es la huelga del Correcional de Mujeres de Carolina del Norte en 1975, cuatro años  después de Attica. Las mujeres presas llevaron a cabo una sentada contra las condiciones de la lavandería de la prisión estatal.

Los guardianes de la prisión respondieron con la fuerza ante esta protesta noviolenta, acorralando a las presas en un gimnasio y agrediéndolas. Las mujeres se defendieron, obligando al Estado a recurrir a cien guardias de otras prisiones para sofocar el levantamiento. La prisión recuperó su funcionamiento normal cuatro días después de la huelga, pero la lavandería fue cerrada al poco del incidente.

Esta huelga, el levantamiento de Attica y la rebelión de 1993 en la prisión de Lucasville (Ohio) -el único gran levantamiento en una prisión de Estados Unidos que se ha resuelto pacificamente- aportan lecciones vitales a los presos y a sus aliados del exterior.

Siddique Abdullah Hassan, que participó en el levantamiento de Lucasville y permanece preso en la actualidad, mantuvo recientemente una entrevista con miembros de  IWOC en la que expresó la necesidad de un sólido apoyo exterior mientras los presos resistan: “Es un comentario triste por nuestra parte, dirigido tanto a nuestros enemigos como a los activistas de fuera: cuando las personas saltan a la arena y luchan por una causa justa, pienso que no deberíamos darlas por muertas”.

2010: un detonante en Georgia 

La ola de huelgas de hambre y parones laborales que se ha puesto en marcha bajo la alianza para el 9 de septiembre tiene su punto de partida en diciembre de 2010, cuando los internos de seis prisiones de Georgia se negaron a formar para las comidas y las asignaciones de trabajo.

Casi todo el trabajo que permite funcionar al sistema de prisiones de Georgia viene del trabajo no pagado de los internos -cocinar, mantener las instalaciones, recoger la basura, reparar los daños y llevar a cabo tareas que de otras maneras serían realizadas por los vecinos de la localidad, incluyendo construcción de nuevas prisiones y gestiones administrativas (muchos presos trabajan codo con codo con trabajadores locales)-. Por ello, la huelga tuvo un impacto inmediato y sólido.

Las peticiones de los presos eran elementales y familiares, como lo fue la respuesta del Estado: el departamento correccional de Georgia cortó la luz y el agua de los pabellones donde habitaban los presos. La mayoría de ellos sucumbió a estas ásperas medidas, pero un puñado continuó resistiendo.

El Estado represalió con aislamiento y castigos a treinta y siete internos que fueron identificados como organizadores de la huelga.

Se consiguió filmar a guardianes de la prisión estatal Smith, de Georgia del Sur, golpenado brutalmente a Kelvin Stevenson y Miguel Jackson con martillos. Los presos fueron aislados y, siguiendo una costumbre que los presos dicen que se da desde siempre, se les impidió recibir visitas y asistencia legal hasta que sus heridas se cerraron.

Otros tres empleados de prisiones fueron encausados en 2014 por una paliza anterior, pero la justicia continua esquivando a Jackson, a Stevenson y a sus familiares. La respuesta a la paliza del departamento correccional de Georgia fue pedir a Google que censurase el vídeo en Youtube.

Cuatro de los huelguistas de Georgia, ahora bajo vigilancia extrema, iniciaron otra huelga de hambre en 2015. Esta vez sólo pedían la revisión de su grado penitenciario.

Marea alta

En el sureste de los Estados Unidos hay más presos que en cualquier otra región de los Estados Unidos, y ha sido un foco de la organización dentro de las prisiones.

Inspirados por las acciones de la cercana Georgia, trabajadores presos, junto a gente que les apoyaba, comenzaron por sí mismos a organizar parones y huelgas de hambre bajo la bandera del Movimiento Alabama Libre – Free Alabama Movement (FAM). Desde su fundación, FAM ha organizado una serie de parones y pequeños levantamientos en las instalaciones penitenciarias de St. Clair, Holman y Stanton, durante 2014, 2015 y el principio de 2016.

Los organizadores de FAM explican en un vídeo de su canal de Youtube  por qué organizan a los presos como trabajadores: “El departamento correccional de Alabama no va a llevar a esta persona a la escuela si necesita un graduado. No va a proporcionarle una habilidad o un oficio. No va a hacer nada que le permita salir adelante cuando vuelva a las calles. Le van a hacer trabajar gratis para ellos. Es aquí donde interviene el Free Alabama Movement”.

FAM ha elaborado un manifiesto titulado “Dejad que se pudran las plantaciones” en el que se presentan orientaciones que han sido compartidas en prisiones de todo el país. En lugar de confiar en el soporte externo o en acciones pasivas como las huelgas de hambre, el manifiesto destaca la herramienta más poderosa al alcance del preso: su fuerza de trabajo.

Quien trabaja en prisión lo hace por calderilla – o por nada en Georgia y Texas-, rompiéndose la espalda en tareas que mantienen las prisiones en marcha, que benefician al Estado y, cada vez más, a las corporaciones privadas.

Si rechazan estas tareas o son incapaces de llevarlas a cabo, los internos dicen que son sometidos a castigos como “aislamiento, ponerse en posiciones incómodas, ser desnudados y examinados como animales”.

FAM también trabaja dentro del sistema para conseguir la promulgación de leyes que mejoren la situación de los presos de Alabama. Recientemente presentaron el “Alabama Freedom Bill” por el que se ampliaría el acceso a los servicios de educación y rehabilitación – servicios que hasta ahora existen sobre el papel pero raras veces se ponen en práctica.

El pastor Kenneth Glasgow, un antiguo preso cuya organización, The Ordinary People’s Society tuvo un papel crucial en las primeras resistencias en Georgia y Alabama ha declarado: “Ellos han creado la cañería de Escuela a Prisión, queremos darle la vuelta y convertirla en la cañería de retorno”.

Dado que los antecedentes penales se convierten una barrera al empleo, la educación y la vivienda, los servicios de retorno son vitales, pero el Estado rara vez los toma como una prioridad – si es que los llega a proporcionar.

Una alternativa al silencio de los sindicatos mayoritarios

En una época de grandes tensiones, la alianza por la huelga se pone a sí misma en una intersección crítica de opresión racial, estructural y económica.

Los sindicatos mayoritarios han mantenido un largo silencio sobre la cuestión del trabajo de los internos. De hecho, los principales sindicatos como American Federation of State, County, and Municipal Employees (AFSCME), Service Employees International Union (SEIU), American Federation of Government Employees (AFGE), y los Teamsters afilian a los empleados de prisiones y a los policías de todo el país, entrando en conflicto directo con los trabajadores presos y las personas que viven en los márgenes de nuestra sociedad.

Estos sindicatos luchan muchas veces contra el cierre de prisiones, incluso cuando sus empleados tienen garantizado el empleo en otros sitios. Esto les pone en el mismo barco que las empresas de prisiones privatizadas, cuyos contratos frecuentemente requieren un porcentaje de plazas que han de estar ocupadas.

IWOC cuenta en la actualidad con 1.000 afiliados presos, una cifra que crece conforme se acerca el 9 de septiembre. Esto hace de él una de las mayores secciones de IWW -Trabajadores Industriales del Mundo – International Workers of the World, los míticos “wooblies”-, un sindicato en manos de los propios trabajadores que no se ajusta al modelo dominante.

No todas las personas encarceladas han cometido crímenes -o lo que en el sistema vigente se define como ‘crimen’-. Pero cuando sí los han cometido, ha sido por necesidad, frecuentemente bajo el influjo de problemas de drogas para los que no existen servicios de tratamiento y, frecuentemente, para apoyar a sus familias o para sobrevivir a un sistema que discrimina por raza, género y posición económica, y priva de oportunidades a cualquier persona con antecedentes penales.

Los trabajadores no dejan de ser trabajadores por estar encarcelados, sean cuales sean sus antecedentes. No hay otra forma de terminar con el encarcelamiento masivo, o al menos de moderarlo, que la de crear lazos entre los trabajadores a ambos lados de los muros de manera que comience la reforma de un sistema que se alimenta de sufrimiento humano.

El canario en la mina de carbón

El 9 de septiembre podría ser la llamada más poderosa en toda una generación para reformar -o desmantelar- un sistema que Sean Swain, organizador de IWOC y preso en Ohio, denomina “una colonia tercermundista dentro de Estados Unidos” y “el canario que da señales de que la mina ha de explotar”. Las condiciones que hoy se dan en las prisiones anticipan las que los trabajadores del exterior deberán afrontar en el futuro, porque la opresión en el interior es sólo una versión aumentada de la opresión que la gente pobre afronta en el exterior. Por esto y por otras cosas, la prisión tiene un impacto sobre toda la clase trabajadora, no sólo sobre la que está en prisión.

La mayoría de los presos tiene que salir de prisión algún día. ¿Queremos que sean nuestros vecinos personas amargadas, humilladas, sin educación ni competencia laboral, desesperadas por llevar comida a su mesa y con un gran riesgo de reincidencia?

¿O queremos que vuelva a casa gente que pueda trabajar, que tenga lazos con su comunidad, que mantenga relación con sus seres queridos, y que haya adquirido interés en ayudar a construir comunidades más fuertes, social y económicamente justas?

Si tenemos éxito al hacer que Estados Unidos preste atención a los hechos del 9 de septiembre, podremos ayudar al país a decidir cuál de estas direcciones quiere tomar.

Puede encontrarse más información en inglés sobre la huelga de presos del 9-S en las páginas de internet citadas en el texto. También hay información en castellano disponible en www.alasbarricadas.org:

– [USA] Un sindicato para las personas presas: IWW

   – [USA] Los trabajadores presos se organizan. Ganan fuerza los sindicatos de presos/as

 – [USA] Huelga de presos el 9/9/2016, contra la esclavitud en prisión

One thought on “[EEUU] Por qué el 9 de septiembre veremos la mayor huelga de presos de la historia

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