Home

29038da27c_cartel-en-contra-del-embargo

Artículo de colaboración para Borroka Garaia da!. Autor: Maurício Castro (del Colectivo Editorial de Diário Liberdade / Galiza)

En unas fechas en las que redes y foros bullen con la exaltación de la gigantesca figura de Fidel Castro, líder excepcional cubano, podría dedicar estas líneas a expresar el orgullo que, como galego, independentista y de izquierda, siento por la dimensión alcanzada por un hijo de Galiza que ya es patrimonio histórico de las mejores virtudes de la humanidad.

Sin embargo, prefiero aprovechar la ocasión para ir al fondo de la cuestión, analizando la situación y perspectivas que enfrenta el pueblo cubano en este momento de cruce histórico de caminos. Y no por la muerte de Fidel, que llevaba una década en un segundo plano político, sino por el fin biológico de la heroica generación que lideró el proceso revolucionario cubano.

Como siempre que tienen ocasión, los enemigos de la Revolución disparan toda su artillería mediática contra ese proceso histórico, que llevó un pequeño pueblo, con recursos y riquezas escasas, a ocupar una posición relevante, como ejemplo de dignidad para todos los pueblos del mundo.

Todos esos poderosos enemigos, incluida a llamada “social-democracia” oficial, aún representada en Galiza por el PSOE, desean la caída definitiva de Cuba, su retorno a la miseria capitalista y a la condición neocolonial.

Tampoco falta, en el seno de la llamada “nueva política”, quien reconozca algunas virtudes de la Revolución cubana, mientras lamenta lo que considera insuficiente “nivel” exigible para los cánones democráticos del “Occidente civilizado”. Es el caso de intelectuales y políticos como el británico Owen Jones, el español Pablo Iglesias y otros parecidos, integrados en esa corriente de izquierda llamada “ciudadana” o, de manera aún más imprecisa, “rupturista”, defensores “críticos” de “una parte” del legado cubano.

Lejos de mi intención realizar cualquier crítica al proceso histórico conducido por el pueblo cubano durante más de medio siglo de dignidad y soberanía nacional, en transición hacia el socialismo. No porque considere ese proceso libre de fallos o carencias, consubstanciales a cualquier proyecto de transformación social. Sin embargo, sería indigno de alguien que aspira a defender el internacionalismo como valor supremo de los pueblos dirigir cualquier reproche a quien durante todos estos años se atrevió a ir más lejos que nadie en la lucha por la liberación del género humano de la única manera que es posible hacerlo: partiendo de la lucha nacional y socialmente circunscrita y combatiendo abiertamente el imperialismo y el capitalismo como peores lacras sociales de la humanidad contemporánea.

Todo lo anterior no debe evitar que intentemos analizar la realidad como es, condición imprescindible para cualquier intento serio de transformación.

Cuba es una nación que, emancipada sucesivamente de los imperialismos español y norteamericano, consiguió importantes avances en todos los órdenes de la vida social, que no es preciso glosar aquí y ahora para quien nos lee, porque eso está siendo hecho ya en estos días por otras personas que comentan rigurosamente la actualidad.

Debemos, eso sí, admitir que se trata de una pequeña isla, con escasos recursos, alzada a 90 millas náuticas de la mayor potencia imperialista de la história contemporánea. Su improbable liberación se produjo a costa de una grande heroicidad que aún hoy le permite gozar de condiciónes sociales privilegiadas en relación a otros países de la región, a pesar del bloqueo y de ser una de las pocas experiencias vigentes de transición hacia el socialismo en un mundo unánimemente capitalista.

En esas condiciones, sería una falsa ilusión o una irresponsabilidad exigir a las fuerzas revolucionarias cubanas cualquier mimetismo “democrático-formal” con las podridas democracias burguesas del occidente capitalista, como hace en estos días la izquierda posmoderna. En primer lugar, porque los regímenes del capitalismo occidental no merecen ningún tipo de estatuto regulador sobre lo que serían verdaderos contenidos democráticos para otros pueblos que, como el cubano, construyeron su propio y genuino modelo. Pero, sobretodo, porque Cuba tiene muy escaso margen para cualquier supuesta “apertura” que, con toda probabilidad, iría a suponer desarmarla frente al permanente e implacable asedio imperialista de su enemigo nacional y de clase.

La necesidad insoslayable de participar en el mercado mundial está siendo asumida por la Revolución Cubana cómo lo que realmente es: un mal inevitable cuyos efectos deben ser aminorados en lo posible. Ningún pueblo puede romper por completo con la lógica interna del capital si no es en el contexto del superación global o crecientemente internacional del modo de reprodución social fundada por las relacioness capitalistas. No pudieron hacerlo la URSS y el bloque oriental europeo, liquidados hace tres décadas, ni pudo China, integrada hoy en el modo de produción capitalista bajo la regulación implacable de la Ley del valor, a pesar del control político de un partido autoproclamado comunista. Mucho menos podría Cuba culminar sola el ascenso a la nueva y superior civilización socialista.

La heroica resistencia nacional cubana, las políticas abiertamente anticapitalistas que su combativo pueblo ha protagonizado hasta hoy, tienen su límite en la capacidad de asumir y enfrentarse a una realidad mundial de abierta contrarrevolución.

Cuba se enfrenta a la contradición de asumir ese terreno de juego y, simultáneamente, ser consciente de que cualquier concesión en la afirmación patriótica, en el control directo de la propia soberanía nacional y en la defensa del socialismo como horizonte de construcción social, conduciría el país de vuelta a la condición de neocolónia yankie en breve plazo.

Sin embargo, es necesario afirmar una vez más que la historia no ha concluído, por más que la ideología dominante consiga hacernos creer en la inexistencia de alternativas a la dictadura mundial del capital. La alternativa existe y Cuba es una prueba de sus potencialidades. Si una pequeña isla con escasos recursos y hasta geográficamente atada a la principal potencia capitalista consiguió levantar un proyecto de dignidad humana como ese, ¿qué no habría de conseguir una sucessión de procesos similares que, con sus peculiaridades, coincidiesen en la perspectiva de superación del capital como forma de reprodución social y de la Ley del valor como regulador de la existencia humana?

El capital es solo una forma histórica entre otras que ya atravesarom la historia humana. Como las anteriores, puede y debe ser rebasada.

En su último discurso, ante el congreso del Partido Comunista de Cuba, Fidel recordó el pasado mes de abril los desafíos que el género humano enfrenta, incluyendo la posible desaparición de nuestra especie a causa del avance hasta hoy irrefrenable del metabolismo social capitalista. Hoy más que nunca, la superación de las graves amenazas a que el ser humano se enfrenta pasa por extender nuevas victorias revolucionarias que envíen el capitalismo para el vertedero de la historia.

Como también Fidel nos recordó, en ese camino, siempre ocuparán un lugar destacado la experiencia y el ejemplo de las comunistas, de los comunistas cubanos. Con todas y todos ellos, y con su líder histórico, Fidel Castro, los pueblos del mundo mantenemos desde hace medio siglo una deuda de gratitud que solo será pagada cuando nuevos pueblos se sumen a la corriente de lucha global por la independencia y el socialismo, expresiones históricas concretas de los más elevados ideales humanos: el internacionalismo y el comunismo.

UTZI ERANTZUN BAT - DEJA UN RESPUESTA

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Aldatu )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Aldatu )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Aldatu )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Aldatu )

Connecting to %s