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Artículo de colaboración para Borroka Garaia da!. Autor: Martzel Nabarro

Las detenciones de Luhuso dejan claro unos cuantos aspectos:

Hay en la sociedad vasca cierta voluntad de superar el esquema “tradicional” de la lucha contra el estado. El proceso de liberación nacional vasco se encuentra hoy en una situación de busqueda de nuevos paradigmas de lucha. La actuación de los “artesanos de la paz” se situa en esta busqueda. Es un intento de esbozar nuevas lineas de actuación en aras de encontrar salida a la situación que vive el proceso de liberación vasco. Cabe, en este caso, desde una perspectiva revolucionaria, valorar este intento positivamente, aplaudirlo y exigir la puesta en libertad de estas personalidades cuyo fin enmarco en una respuesta desesperada a la cerrazón de los estados español y frances.

Cerrazón, en frente del cual se ha solido colocar el asombro o la resignación de diferentes fuerzas politicas. Esperando, al parecer, algun otro tipo de respuesta que no fuera la fuerza bruta de la que disponen los estados para terminar con cualquier ansia de paz.

La dimensión política en la que actúa el estado sigue siendo la misma que la ha caracterizado durante largos años. No podemos ver en su esencia de actuar ningún cambio de paradigma. Al cual solo cabría esperar en una situación de “normalidad democrática”. Quimera o utopia del pensamiento liberal. El estado no responde con dialogo pues no necesita hacerlo.

Es decir, desde una perspectiva revolucionaria, ¿sirve de algo responderle a la represión con este tipo de acciones?

Sirve por un lado, para evidenciar (una vez más) la nula voluntad de los estados para ejercer algun tipo de respuesta dialogante al conflicto vasco. Pero, esa evidencia, ¿es algo nuevo?

Sirve, por otro lado, y esto es lo que quiero recalcar, para evidenciar la nula capacidad que esta mostrando el pueblo vasco para situarse adecuadamente en frente de los estados español y frances. Inadecuación que está atravesado entre otras cosas por el dogma de la no-violencia.

El proceso de liberación decidió que en este momento dado era mejor y más efectivo que la organización armada ETA dejara su actividad. Esta decisión, acarreó graves consecuencias a la caracterización de lo que debe ser la lucha por la liberación. Caracterización que vino definida por límites bien demarcados dentro de unas lineas de actuación que no contemplaban de ninguna manera ningún tipo de respuesta “violenta” a las actuaciones del estado.

Así pues, las actuaciones de los estados por un lado, y las fuerzas de liberación (las que quedan todavía) se colocan en planos diferentes. Consecuentemente, no hay respuesta de la una a la otra y viceversa. De modo que, en el caso de que caracterizemos (y considero imprescindible que lo hagamos) la lucha por la liberación como la lucha por la liberación de los estados y estructuras que nos oprimen, deberiamos reconducir todos nuestros actos a la misma dimensión que nos colocan estas estructuras de poder.

Pues estariamos aceptando que estas mismas estructuras son las que tienen la sarten por el mango. De momento, ellos ponen las reglas del juego. No nos queda más que acatarlas. Esperemos que en un futuro próximo seamos nosotras las que guien la pugna. En ese futuro próximo la balanza estará a nuestro lado y no nos quedara más que profundizar todo dinamismo político dentro de nuestro marco de actuación. Pero, mientras tanto, nos toca dibujar la estrategia más liberadora posible sobre su terreno.

Tijera contra piedra: gana la piedra. Seamos la piedra.

12 thoughts on “Tijera contra piedra: gana la piedra. Seamos la piedra.

  1. Lo de los Artesan@s por la Paz me ha parecido una de las ideas más creativas (y extremadamente coherentes, porque se van a comer un marronazo sí o sí) en la línea de acción noviolenta que he visto en muchos años. Tremenda osadía: si los estados ocupantes no quieren hacer la paz, lo hará la sociedad civil vasca a su pesar. Es un mensaje muy poderoso, extremadamente difícil de implementar pero sin duda con gran atractivo para la inmensísima mayoría de la sociedad a ambos lados de la trinchera histórica. Lo único que pueden hacer al respecto los estados y su cerrazón es reprimir y tratar de ocultar, de acallar el debate, lo que tiene poco recorrido o eso espero.

  2. Está bien… (?)
    Ahora solo nos falta otra plataforma “Artesanos por la independencia” y otra mas “Artesanos por el Socialismo”. Serían la extensión lógica del protagonismo de la sociedad civil, harta de que los profesionales no estén a la altura, ni de las encomiendas electorales, ni (por supuesto) de sus propias promesas y perjurios.

    • No llamaría a este pequeño grupo “plataforma” y además, por lo que sé, “Artesanos por la Paz” no es como se autodenominaron (en Twitter usaron “Bakea EHn”) sino un mote puesto por la gente que se solidarizó con ellos al día siguiente.

      Por otro lado: una acción directa noviolenta va dirigida a confrontar una situación de injusticia mediante el desafío desobediente. Es el recolectamos nuestra propia sal del mar de Gandhi, usamos los asientos reservados para blancos de Rosa Parks, nos negamos a ir a la mili de los insumisos, etc., aunque nos repriman por ello. Es una forma de evidenciar la injusticia mediante el desafío a las normas que la sustentan.

      Ahora bien, eso no cuadra con lo que estás planteando, por muy salado que te haya quedado. Si hay que hacer una especie de “Artesanos por la Independencia y el Socialismo” sus parámetros tienen que ser diferentes: para empezar de espacio de debate y encuentro. La fórmula de acción directa noviolenta no cuadra aquí.

  3. Si verdaderamente fuesen artesanos de la paz, también deberían desarmar a los más violentos y armados de este país, que no son otros que los cuerpos represivos y fuerzas de ocupación. Pero a éstos ni se los menciona…

    • Eso que dices es un sinsentido en principio, porque evidentemente ETA ha colaborado con ellos, dándoles las armas a destruir, algo que no cabe pensar que haga la Guardia Incivil.

      Otra cosa sería que hiciéramos protestas ante cuarteles policiales exigiendo su desarme o retirada, eso podría sin duda ser una línea de acción. Ya sabes, aplícate el cuento: “si no tú, quién?, si no ahora, cuándo?”

    • No han decidido desarmar a nada ni a nadie.
      Quien tomó esa decisión les ha pedido la inutilización de ese armamento como importantísimos representantes de una sociedad civil que desde hace MUCHOS años quiso ver el silencio de esas armas.
      De otras sin duda también pero ahora estamos tratando de un arsenal concreto.
      Si alguien aquí sabe como materializar la inutilización de las armas de otros que lo diga.

    • Parece un texto interesante, mila esker, Iparra.

      Hay diferentes aproximaciones a la noviolencia (escrito todo junto, ya que es una traducción del hindi ahimsa = “no-daño”, probablemente a través del inglés, en que también se escribe todo junto: “nonviolence”). Yo p.e. siempre he tenido una aproximación pragmática, no dogmática, en la que el derecho a la autodefensa es reconocido y no me parece mal la destrucción de elementos materiales si esto sirve a los fines pedagógicos de la acción política pre-revolucionaria. Yo creo que la palabra clave es “pedagogía”: a menudo con la lucha violenta, entre otros problemas (quizá más importante sería el elitismo, la desconexión entre la vanguardia armada clandestina y las masas desarmadas) observamos que el medio (la violencia) oculta al fin (el sentar las bases del cambio revolucionario) e incluso llega a ser contraproducente. Por eso las tácticas noviolentas pueden ser mucho más poderosas, sobre todo en tiempos de relativa estabilidad social, que suele ir asociado a relativa libertad, consenso social sobre el status quo, etc., que las violentas a la hora de obtener empatía, reflexión, organización social, etc. El planteamiento táctico noviolento es que represión va a haber, uses la forma de lucha que uses, pero en un caso puedes capitalizar esta represión mucho mejor que en el otro de cara a la propaganda o pedagogía de masas.

      Mi énfasis, y reconozco que en esto soy algo peculiar pero en mi opinión también más correcto que otros más “idealistas” o “paciflores”, está en los términos “táctica” (la forma de lucha noviolenta es primariamente una táctica, no un dogma) y “pedagogía” (lo importante es que tu mensaje cale, no que destruyas más o menos o que tus explosiones sean más o menos holiwoodienses, desde luego lo importante NO es satisfacer tu rabia primaria, sino tener un impacto socio-político).

      Recuerdo que hace dos décadas largas tuve el extraño privilegio de debatir esto, por pura casualidad, con el militante anarquista italiano Bonano, un apologista de la lucha armada anticapitalista. El contexto es que íbamos a dar una charla sobre insumisión en un ateneo griego, pero, cosas de la vida, estaban allí Bonano y un colega suyo siciliano cuyo nombre no retengo y pronto la charla se convirtió en un acalorado debate en inglés (a veces incluso en mezcla de de italiano y castellano) entre él y yo sobre todo, mientras los pobres anarquistas griegos que se apelotonaban en torno a un traductor espontáneo. Digno de ver, la verdad. Mis otros compañeros del MOC llegó un momento en que pasaban de debatir e incluso me contradecían, porque para alguno de ellos era un tema más “de principios”, mientras que para mí siempre fue un tema de “tácticas” y “eficacia”. Y era con este argumento con el que debatía con Bonano, “el terrorista”. Por supuesto no hubo acuerdo (para Bonano era también un tema “de principios”) pero el debate fue interesante, al menos desde mi punto de vista.

      Todavía no he podido leer el libro entero, pero por lo que veo en la introducción, creo que podría entenderme bien con Gelderloos, ya que dice:

      Esto es exactamente lo que han hecho lxs pacifistas al formular el conflicto violencia versus no violencia. Lxs críticxs de la no violencia [sic] usan esta dicotomía, con la que la mayoría de nosotrxs básicamente discrepamos, y presionan para expandir los límites de la no violencia de manera que las tácticas que nosotrxs apoyamos, como la destrucción de la propiedad privada, pueden ser aceptadas en el marco de la no violencia, señalando cuán desempoderadxs y deslegitimadxs estamos.

      Me parece un debate muy interesante en potencia. De hecho la destrucción de “propiedad” se usa en la noviolencia que conozco. Hasta hace poco tenía en la sala una foto de activistas del MOC picando a mazazos el murete del Gobierno Militar de Bilbo, y eso es destrucción de la propiedad privada aunque sea simbólica y la propiedad sea del estado. Pintar el murete ese de todos los colores se ha hecho varias veces y un purista dogmático (un tanto hipócrita sin duda) podría argumentar que eso es “violencia”. Cómo de “violento” es el “secuestro” del guardia jurado o el corte de los cables de Itoiz? O cómo de noviolento?, puesto que los activistas se entregaron y asumieron las consecuencias en vez de huir, como bien podían haber hecho. No hay una línea absoluta.

      En mi opinión el principal elemento de la definición de noviolencia es que se busca evitar el daño a personas (y por extensión animales, etc.) porque ello crea un círculo vicioso de odio (la violencia crea violencia, bla-bla) pero en ningún momento se considera que la posible destrucción de objetos muebles o inmuebles sea “violencia”, eso es una distorsión interesada de los manipuladores mediáticos y/o ingenua de algunos “puristas paciflores”. Para mí realmente la clave está en la EFICACIA de esa acción, porque si la única eficacia es el deshago de la rabia, mejor haz terapia. La EFICACIA se mide en impacto político-social, en efecto propagandístico, en persuasión genuina (no coacción, obviamente: convencer en vez de “vencer”), en acumulación de fuerzas en última instancia.

      Y entonces, si te planteas el uso de la destrucción de bienes, tienes que plantearte sobre todo su eficacia propagandística, que seguramente variará según las circustancias. Otro tema importante es que la táctica de lucha noviolenta plantea el tema desde la “superioridad moral” o “ética” desde el “tenemos la razón” y por eso vamos a ganar sí o sí, y en consecuencia asume la represión en vez de eludirla. Es una postura “santona” si quieres pero sin duda que genera muchas simpatías en la mayoría de los contextos, y de ahí extrae gran parte de su eficacia. En este sentido la ekintza de Itoiz, que es un buen ejemplo a considerar, es mayormente noviolenta, ya que se asumen las consecuencias, mientras que poner un petardo, aunque no mate o hiera a nadie (siempre hay un riesgo) y luego ocultarse no lo es.

      Un ejemplo claro podría ser el grupo armado Iraultza, que sólo consiguió matar a miembros propios antes de disolverse, si no recuerdo mal, y cuyos objetivos eran siempre “pocoviolentos” (por usar un término informal que puede ser útil), es decir: nunca atentaban contra personas sino sólo bienes. Es posible que generaran más simpatías entre ciertos sectores que otros grupos armados más estrictamente “violentos” pero en general yo diría que su eficacia propagandística y política fue siempre mínima.

      En términos generales yo pasaría bastante de la dicotomía “violencia” vs “noviolencia” e incluso citaría a Gandhi para ello: “la verdadera diferencia no está entre quienes luchan con las armas y quienes lo hacemos con la satyagraha, sino entre los que luchan y los que no”, sino que hablaría de eficacia socio-política, propagandística o pedagógica, que hay que analizar en cada caso. Por supuesto, una vez que asumes una línea táctica, la coherencia se vuelve importante, sobre todo si esta es la noviolencia, pero ese no es el debate de fondo.

      También existe un debate sobre qué eficacia, si alguna, podría tener la noviolencia en contextos totalitarios, p.e. bajo la bota de Hitler o del Franquismo. Yo diría que ninguna, que ciertas condiciones de relativa “libertad” deben de existir para que la noviolencia pueda florecer como forma de lucha eficaz, Gandhi mismo renunció a dar ninguna recomendación a quienes sufrían la violencia del nazismo, ya que evidentemente era una situación muy diferente de la de India.

      Espero que mis reflexiones te sean de utilidad.

    • Sigo leyendo el libro y la verdad es que, por un lado es un debate interesantísimo pero por otro me parece que Gelderloost acaba siendo un mucho tendencioso. Podríamos debatir el tema de Vietnam, de la muy discutida ineficacia del VietCong, que causo millones de muertos probablemente innecesarios en sus propias filas, o de lo que muchos han argumentado fue una victoria estadounidense porque el objetivo real no era tanto retener Vietnam sino dejarlo tan destrozado que no pudiera servir de modelo a otros estados de la región (prevenir el “efecto dominó”). O podríamos debatir como efectivamente el ciclo de la violencia digamos “incontrolada” está considerado en el análisis táctico noviolento también, al menos cuando éste es brutalmente honesto: son factores que están ahí y que no puedes controlar y que tienen sus efectos, no son por lo general factores que respondan directamente a la acción armada de una organización concreta sin embargo.

      Pero me voy a centrar en un caso más cercano que es el de la Segunda Guerra de Iraq y la presencia militar española en ella, que Gelderloost trata en las pp. 32-33 de forma un tanto tendenciosa. Dice que las protestas contra la guerra fueron “impotentes” o poco eficaces. De verdad?, por qué? Acaso no sentaron las bases de lo que luego sería la retirada del contingente español. Dice que la causa de la retirada fue el atentado de Atocha, y sin duda fue un detonante en lo inmediato, pero hasta qué punto es cierto? Acaso el atentado del Metro de Londres logró algún cambio en la política británica? No, en absoluto, incluso parece que en muchos estados se estilan atentados de falsa bandera totalmente orwellianos para estimular a la población a alinearse con las políticas intervencionistas de sus gobiernos (así como para justificar la degeneración en el estado policial cada vez más extremo).

      La diferencia en el estado español es que, por un lado había ya de antemano, no sólo por las protestas contra la intervención en Iraq expresamente, sino por décadas de protestas anti-OTAN, lucha antimilitarista, etc. un consenso anti-intervención de muy amplia base, que en ningún caso se puede atribuir a un atentado concreto y mucho menos a la fantasmagórica Al Qaeda, que tanto vale para un roto como para un descosido. Y entonces Aznar dudó, pestañeó, titubeó… y no se le ocurrió otra cosa que decir que había sido ETA, y se demostró, con increíble celeridad, que mentía, y hubo más protestas convocadas por SMS, y Aznar perdió las elecciones quizá principalmente por la vergüenza ajena que daban sus mentiras tan descaradas.

      Yo argumentaría que no fue el atentado en sí lo que destronó a Aznar y su foto de las Azores, sino el contexto. No lo sabremos nunca pero quizá si Aznar hubiese asumido los hechos e intentado capitalizarlos como una justificación más para una intervención recrecida en Oriente Medio, puede que hubiese salido airoso, pero se acojonó y mintió y eso le costó el sillón.

      Uno de los problemas de fondo es que la intervención contra Iraq siempre estuvo muy mal justificada, algo que era evidente para la gran mayoría. Compárese con otras intervenciones cuidadosamente justificadas, como puede ser Afganistán o Kosova, hasta yo mismo pienso que son un “mal menor”, porque los talibanes son tan malos requetemalos que cualquier cosa es mejor. Añádese a eso el 11-S, que fue un atentado de falsa bandera, pero sin duda el más elaborado jamás, hasta el punto que mucha gente se niega a aceptar que es un autoatentado porque la mentira es tan colosal y tan elaborada que no se puede sino reconocer que es difícil de creer que no sea cierto. En comparación qué justificación tenían para invadir Iraq? Pues cosas pilladísimas por los pelos y que más o menos todo el mundo podía apreciar en su falsedad. Por eso las tropas españolas siguen en Afganistán y nadie protesta demasiado y ya pueden venir los talibanes a poner bombas, que mientras no dejen volar cometas, cantar y bailar u obliguen a las mujeres a llevar burka no van a convencer a nadie. Si es que son malos tan perfectos que hasta yo les querría por enemigos, la verdad, cualquiera diría que los han diseñado en Hollywood o sacado de un tebeo de Marvel…

      Qué vemos en consecuencia:

      1. Hay problemas (o no) de la propaganda imperialista occidental a la hora de justificar esas intervenciones, caso por caso.

      2. Hay problemas (o no) de consciencia popular anti-intervención, que no sé hasta que punto es decisiva pero sin duda es un factor importante (y es desigual en los diversos casos de intervención).

      3. Hay líderes (Aznar) que son patéticos y no pueden sino caer en consecuencia una vez que lo airean de forma tan clara.

      Los puntos 1 y 3 son problemas del poder establecido, el punto 2 es un tema del movimiento popular primariamente. La bomba de Atocha es un incidente puntual que puede ser capitalizado políticamente en uno u otro sentido según los otros factores. Para terminar y porque estaba queriendo salir del tintero: alguien en el PSOE estuvo muy vivo y acertado esos días de confusión, sabiendo capitalizar el incidente a su favor, pero no tanto el atentado en sí o la intervención militar en Iraq (que ellos mismos podrían bien apoyar), sino las mentiras, los errores de Aznar sobre todo, y también la ola de anti-militarismo que recorría al estado desde mucho tiempo atrás.

      Y por eso creo que Gelderloost se equivoca: porque no está sabiendo analizar el caso correctamente, porque padece de “idolatría de la violencia”, que en este caso en concreto (y seguramente en otros también) está muy poco justificada, siendo un caso claro de “pensamiento deseante”, de razonamiento pseudocientífico, de “cherry-picking” (seleccionar “las cerezas”, la evidencia, para favorecer el punto de vista de uno, descartando o trivializando lo inconveniente), de “arrimar el ascua a su sardina” en definitiva.

    • Me he leído ya como la mitad del libro y voy a dejarlo de momento. Pero tengo que decir que su crítica cobra mucho más vigor en el contexto de EE.UU. sin duda. Aún así el problema central para mí es uno de eficacia política: o bien tu accionar es productivo políticamente o bien es estéril e incluso contraproducente, al poner a las masas contra ti, al darle baza al estado burgués para que te criminalice y privarte del aura de “héroe de las masas”. Es un tema complejo y sin duda depende mucho del contexto espacio-temporal concreto pero hay que considerarlo en profundidad no dogmática. La crítica al “paciflorismo” y a la hipocresía de las clases medias blancas la puedo compartir al 90% quizá pero hay otra crítica que hacer igualmente al “violentismo” y su impotencia, su improductividad política en muchísimos casos, crítica que parece totalmente ausente en Gelderloos (que como me imaginaba al final es un chico “blanco de clase media” él mismo).

  4. Iepa Maju, debatir sobre la violencia revolucionaria en internet no creo que sea muy prudente. Al libro de Gelderloos anadiria el de Beltza, Terrorismo y violencia revolucionaria, para el debate .

    “La violencia es justificable solo cuando es necesaria para defenderse a uno mismo o a los demás de la violencia […] El esclavo siempre está en un estado de legítima defensa, así que su violencia contra su patrón, contra el opresor, está siempre moralmente justificada y tiene que ser regulada sólo con el criterio de su utilidad y de la economía del esfuerzo humano y de los sufrimientos humanos.”
    Enrico Malatesta, «Umanità Nova»

    Zaindu

    • Creo que tienes razón en que hay cosas que son difíciles de debatir en público pero eres tú el que has sacado el debate en cualquier caso. Además, me pregunto: por qué escribir libros y firmarlos con nombre y apellidos es más recomendable que discutirlos en la Internet, donde siempre puedes recurrir a la metodología Snowden (TOR, etc.) para no dejar huellas, si lo consideras conveniente… que quizá sea lo bueno.

      Tanto un libro como un foro, etc. son materiales públicos. Pero en cualquier caso estamos debatiendo en abstracto y es un debate muy necesario; tanto los métodos de un tipo como de otro buscan: (1) manifestar que existe una oposición al sistema (sea sectorial o generalista): tanto en la acción como en el programa, (2) aglutinar a las masas/pueblo/gente en torno a esa oposición, (3) dividir al adversario político creando contradicciones en su seno. El tema, a mi entender, es cuál es más eficaz en estos cometidos y quizá en otros aspectos que se me puedan olvidar.

      Existen muchas zonas grises, en particular el sabotaje y la “violencia” contra bienes, que puede perfectamente ser parte de una acción por lo demás 100% noviolenta, si el contexto le da sentido. Esta es mi opinión, no la de algunos “puristas”, no de la noviolencia, sino del “paz, amor y flores”, títeres del consenso de dirección burguesa (porque para el burgués la propiedad es más valiosa que la vida humana).

      Pero es el contexto socio-político lo que determina el sentido siempre: si la opresión es brutal y la legitimidad del régimen escasa, sin duda la oposición violenta se convierte en legítima, necesaria y poderosa, porque sus acciones expresan lo que much@s sienten pero casi nadie osa decir/hacer. Pero cuando no es así, cuando el sistema es capaz de concitar amplios consensos, entonces ese tipo de métodos claramente pierden todo sentido e incluso se pueden volver contraproducentes, produciendo consenso en torno al sistema a pesar de pretender lo contrario.

      Para mí no es una cuestión de “purezas ideológicas”, de fetichismo de “la paz” o de “la guerra”, sino de eficiencia política. Y si no entendemos eso no haríamos política sino otra cosa, algo menos racional y más visceral, sea en un sentido (rabia escasamente controlada) o el otro (miedo camuflado de falso amor). Debemos canalizar la rabia sin miedo de forma que genere genuino amor (afecto, simpatía, cohesión y solidaridad en el pueblo), si no es así, entonces es mayormente estéril e incluso potencialmente contraproducente.

      Claro que lo peor de todo es no hacer nada, eso lo entendía hasta Gandhi mismo, como he mencionado anteriormente.

UTZI ERANTZUN BAT - DEJA UN RESPUESTA

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