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Autor: Borroka garaia da!

Nos vamos acercando a Marzo, al 3 de Marzo. Una fecha importante para la clase trabajadora vasca. Del 3 de Marzo se habla desde muchas perspectivas. Sea por la terrible represión desatada aquel fatídico día de 1976 en Gasteiz, sea por la lucha obrera vasca a nivel genérico, sea por el contexto político de la época en relación a a la reforma franquista. Sin embargo, pocas veces se habla de a qué vino realmente la masacre de Gasteiz. Y si bien es cierto que todo lo que se apunta en relación a ello no deja de ser verdad, el fondo que lo vehiculiza no se suele discutir.

A mediados de los 70 nació LAB. Pero es erróneo decir que nació el sindicato LAB. Pues LAB en sus inicios no fue un sindicato tradicional sino un movimiento de masas asambleario. No sería hasta 1977 cuando en asamblea nacional se decidió pasar de movimiento asambleario de masas a sindicato.

Tanto la masacre de Gasteiz como la represión ascendente al movimiento popular y obrero tuvo como eje central cortocircuitar la alianza asamblearia entre masas – clase trabajadora. Con el tiempo es totalmente evidente que por una parte han andado los sindicatos y por otra las masas prácticamente en compartimentos estancos y solo coincidiendo en momentos puntuales. Hoy se hace esto muy evidente en el escaso lazo entre clase trabajadora en paro, juventud o grandes franjas de las mujeres trabajadoras no remuneradas y la dinámica sindical.

Tanto el sindicalismo como la lucha institucional comparten potencialidades y beneficios pero también comparten limitaciones y peligros. Obviar la lucha institucional o sindical puede llevar a un movimiento a su irrelevancia debido a cómo está constituido el sistema. Al mismo tiempo debido a esa constitución sistémica, el institucionalismo y el sindicalismo tradicional se quedan paticortos para precisamente cambiar ese sistema.

Las democracias burguesas tienen un sistema sofisticado de asimilación de movimientos revolucionarios. Incluso las más autoritarias de entre ellas y que están levantadas en bases muy reaccionarias como la española, que hacen amplio uso de esquemas clásicos fascistas muy violentos y que apenas llegan al rango homologable de democracia burguesa.

La distribución y gestión del poder es uno de ellos. Dejando inaccesibles los verdaderos centros de poder y mando, especialmente el económico que es el central, los oprimidos se disputan entre ellos la gestión del sistema a la sombra delegada de sindicatos o partidos. En esa pelea se desfogan y ahogan comúnmente la mayoría de movimientos.

Los que no lo hacen, se encuentran con otros problemas. El sistema ofrece varios caminos para ello. Crea toda una estructura especialmente diseñada para que el poder popular no se pueda levantar y para invisibilizar a la disidencia con el objetivo de producir procesos de marginación pronunciados. De esta manera, el acceso a los medios de comunicación es un lujo de una élite selecta, la no participación en las instituciones del sistema silencia y margina, y un largo etcera. Es decir, el sistema está diseñado de tal manera que el oprimido generalmente se ve en la necesidad de hacer uso del propio sistema ante el peligro que detecta de quedarse fuera de juego. Aunque claro está, es su juego, el del sistema. Es su terreno y son sus normas.

Por otro lado tenemos a la fuerza ciega del capital. Objetiva, autista e irrefrenable. Es por ello que la defensa de derechos mínimos de la clase trabajadora en plena crisis estructural no solo no ha conseguido ningún resultado, sino que no lo conseguirá. Y se irán apilando cada vez más todo tipo de retrocesos hasta que el capital arranque su ciclo de toma de plusvalía en las condiciones favorables que requiere. Por lo tanto nos encontramos en una situación en la que si no se producen cambios radicales políticos y económicos por fuera de la lógica del capitalismo y del entramado burgués no hay espacio para la recuperación de derechos ni mucho menos para reclamar nuevos avances. El capitalismo es una dictadura de clase. Y el institucionalismo y el sindicalismo en realidad son sus herramientas permitidas porque precisamente son muy inoperativas para producir por si solas cambios radicales políticos y económicos por fuera de la lógica del capitalismo y del entramado burgués al que pertenecen y en el cual participan.

De esta manera, hemos podido constatar en las últimas décadas que el sistema inmunológico del capitalismo ilegaliza o amenaza de ilegalización a propuestas institucionales radicales de cambio de sistema y que cada vez más limita el poder fáctico del sindicalismo.

Esta conjunción de factores; las limitaciones intrínsecas del sindicalismo, la fuerza ciega del capital y la represión encubierta o plenamente abierta, han dado como resultado que el sindicalismo haya entrado desde hace tiempo en una espiral descendente con picos ascendentes que se evaporan en la rutina del resistencialismo con escasas o pocas opciones de poder revertir la situación y uno tras otro se han ido perdiendo derechos y se han ido ganando retrocesos nuevos.

Pese a que en Euskal Herria afortunadamente la mayoría sindical no ha cumplido una labor de acompañamiento del capital ni haya cedido a sus trampas, el sindicalismo en Euskal Herria no se ha podido abstraer al recorrido histórico del capitalismo debido al resistencialismo neto. No se ha trabajado una alternativa estratégica frente al capitalismo y la lucha se ha circunscrito a mejorar el sistema y que la clase trabajadora esté lo mejor posible dentro del capitalismo.

Esto era funcional mientras el sueño del consumismo se abría paso en la clase trabajadora y mientras que se creía que el estado de bienestar era algo así como un capitalismo justo y defensor del trabajador como nos vendía la socialdemocracia y algunos incansables siguen haciendo. Pero el estado de bienestar no fue más que un espejismo fruto de la cesión del capital ante el “problema revolucionario” tras la segunda guerra mundial, sin cambiar en nada las estructuras político-socio-económicas. Hoy, esa etapa ya quemada por el capital, especialmente en el sur de Europa es irreversible porque precisamente no se tocaron las estructuras político-socio-económicas. La socialdemocracia vuelve a decirnos que sin tocarlas se puede volver al fantasioso estado de bienestar. Pero el capital no tiene nada que ceder ya sino que está arrebatando más y más, y mucho menos cedería mientras esa socialdemocracia haga de apagafuegos del “problema revolucionario”.

Ante esta situación en la que el sindicalismo se vería con muchas dificultades y en la que algunos incluso se atreverían a decir que es inservible o que aporta tensionamiento innecesario con sus huelgas y sus obrerazos, otros pretenderían insertar aún mas en las lógicas del capital al sindicalismo mediante el “gemba Kaizen”, es decir, mejoramiento continuo en el lugar de trabajo (que ademas lo suelen combinar en las empresas con los sistemas estandarizados de control de calidad, -ISO, etc.-, además de los programas de “optimización”, “just in time”, “error cero”). La explicación de todo esto proviene de la nueva fase del capitalismo que se inició en los sesenta (finalización de los 30 dorados), lo expone Marx en El Capital, en la comprensión teórica profunda.. que no es otra cosa que el agotamiento al final en la contradicción intensidad de trabajo-duración de jornada; que al final explota; y que se le conoce como toyotismo en términos genéricos.

El aspecto macabro: El capital aliena, esto significa inicialmente “que separa” (esto es lo que significa alienar ); además domina (es decir, subsume, domina al trabajo, y lo recrea); en una fase formal en su inicio; y luego de modo real (recrea, es decir que modifica al trabajo vivo a su modo y forma). En el toyotismo estamos ante una subsunción más profunda, la segmentación de la “individualidad” del trabajador, queda anulada su “intimo privado”, para convertirse en célula de un cuerpo superior integrado en una unidad cercana y constante, llamado círculo o equipo, bajo un lider (por eso el trabajo en equipo, y precisamente como en ingeniería de diseño al modelo toyota, se le defina precisamente como “modelo celular”). …lo macabro es el numero de suicidios que produce, es el capital penetrando en el cuerpo. Trabajadores compartiendo “responsabilidades” con empresarios para una mayor optimización en la extracción de la plusvalía, mediante técnicas de intensificación del trabajo (por algo, las personas son “lo mas importante”, pues claro, es a quienes hay que ordeñar plusvalía, la savia del capitalismo). Esta es la apuesta de la mediana y partes de la pequeña burguesía vasca, con sus promesas de estado de bienestar. Subsumir en un interclasismo barato al pueblo trabajador vasco y “entre empresarios y trabajadores” en alegre biribilketa dar solución a las problemáticas.

O vamos hacia adelante o vamos hacia atrás. Y ante esta situación de incertidumbre y de cantos de sirena que quieren reducir el sindicalismo incluso por debajo de las propias limitaciones intrínsecas que tiene, solo cabe ir hacia adelante.

Y es aquí donde entra la crítica a Joxe Elorrieta, el que muy acertada aunque tardíamente, dijera en su día que el estatuto ha muerto y que ahora acertadamente reivindica la autonomía sindical frente a modelos institucionalistas dependientes. Y con el que comparto que uno de los mayores problemas para la unidad de acción estratégica de ELA y LAB sea el modelo que se ha arrogado Sortu de centralismo institucionalista clásico de partido de la socialdemocracia, para lo que añado yo, ha tenido que desmontar la forma de movimiento de la izquierda abertzale. Y es que de la misma manera que es muy necesaria la autonomía sindical, debido a las limitaciones históricas del sindicalismo, también es necesaria una autonomía social frente a los límites del sindicalismo, por ello los sindicatos por si solos, ni aún con la mejor de las intenciones podrían dar forma al bloque político-social necesario.

Por lo que llegamos al terreno de que tanto los sindicatos como los partidos institucionales no pueden ser mas que agentes subsidiarios del verdadero bloque popular que sin delegaciones construya tanto la alternativa al capitalismo como el proyecto de independencia. Y que debido a muchas de las razones que aporta el propio Elorrieta, al propio contexto vasco y su realidad material, supone que el sujeto central de cara a la dinámica independentista no sea otro que la clase trabajadora vasca y por lo tanto, sus intereses siendo salvaguardados.

Como bien afirma Elorrieta no existen condiciones para dar inicio a un proceso independentista con el PNV ni tampoco bajo la ideología neoliberal interclasista, pero sería un error, que creo que comete Elorrieta, el intentar avanzar en un proceso independentista, aun sin el PNV, pero con el objetivo de que finalmente se sume, por la sencilla razón de que seguiría existiendo exactamente la misma dependencia hacia el PNV solo que estirada en el tiempo.

Maltzaga. Aquella metáfora que dijera Telesforo Monzón en relación a que la izquierda abertzale y el PNV deberían acordar el tránsito hacia la independencia y después ya se discutiría de qué tipo de sociedad nos queremos dotar. Siendo precisamente el “tipo de sociedad” , a priori no a posteriori, lo que ha imposibilitado e imposibilita al PNV cualquier apuesta independentista, pues su interés de clase siente cubiertas sus necesidades con autonomía, UE, conciertos y convenios ya que la burguesía vasca y sus intereses corren de la mano del interés del capitalismo español del cual son partícipes y beneficiarios, haciendo que solo pueda ser revertida esa tendencia regionalista si a la burguesía vasca le saldría muy perjudicial y caro económicamente la dependencia al estado español. Cosa que no ocurre, ya que el estado español es el marco que asegura y defiende sus privilegios de clase, y al mismo tiempo le ayuda a someter a la clase trabajadora vasca. Por lo que solo sería probable el giro independentista en el PNV, ante el colapso del propio PNV o ante una declaración de guerra de la burguesía española. La segunda opción materialmente imposible debido a que el recorrido histórico de la burguesía vasca entra en colaboración y simbiosis de intereses, fundiéndose e interelacionándose con la española. De ahí que no haya existido nunca proyecto político de burguesía nacional vasca como clase que optara a un estado, porque esa burguesía nacional no existe. Es local o regional bajo el marco económico español.

Si verdaderamente creemos que la clase trabajadora es la única que puede conseguirlo todo, la esperanza total, el principio y el fin de todo iniciativa debemos depositarla en ella siendo absolutamente todo lo demás instrumental.

Lo que hace falta en este país es un acuerdo entre la clase trabajadora vasca, entre los olvidados, los vencidos, las desprotegidas, las no personalidades y los nadie. Lo que hace falta en este país es pensar por ellas, por nosotras. Proclamar bien alto cuál es nuestra postura de justicia nacional y social. Que queremos la libertad de este pueblo para acabar con toda dominación y que este proyecto no sea simplemente “un nuevo estado en europa”, sino una luz para todo oprimido y oprimida del planeta. La lógica de los acontecimientos correrá entonces a nuestro favor acompañándonos. Pues la alianza del débil es la cosa más poderosa que existe. Es la que derriba esas barreras, que cuando se llegan a ellas da la fuerza para derribarlas. Es entonces, cuando el débil es fuerte, cuando llegan “los acuerdos”, en muchas ocasiones para evitar un “mal mayor”. Precisamente la mayor libertad del pueblo. La dependencia hacia el PNV no significa otra cosa más que el miedo a la independencia y a que la clase trabajadora vasca sea la clase nacional constituyente, que por pura matemática es la única que puede serlo.

Como estructurar a ese bloque político-social, cómo dar poder a esa clase trabajadora vasca, cómo llenar precisamente de contenido el independentismo solo puede responder a los intereses de la clase trabajadora vasca, pues la burguesía vasca vive cómoda actualmente y no necesita para nada la independencia, ya que las estructuras políticas que someten a Euskal Herria no les someten a ellos, les ayudan a tener esa comodidad y les ayudan a pisar a la clase trabajadora.

One thought on “Sobre sindicalismo y Joxe Elorrieta

  1. Totalmente de acuerdo.

    La clase trabajadora vasca debe ser la clase nacional constituyente, es decir, la clase social que agrupe en torno suya al resto de clases, fracciones y capas sociales que componen el Pueblo Trabajador Vasco. Es decir, el proceso de liberación y emancipación revolucionaria de Euskal Herria es la construcción, no de una nación bajo hegemonía burguesa, sino de una nación de nuevo tipo, bajo hegemonía de las y los trabajadores. Una patria socialista.

    Paris, 1871. La Commune.

    Y el Pueblo Trabajador Vasco, bajo la dirección de la Clase Obrera, debe impulsar la Revolución (Eco)Socialista Vasca, que no es más que la Independencia Socialista de Euskal Herria, la reconstrucción revolucionaria y anticapitalista de la Nafarroa Osoa sobre bases de Poder Obrero y Popular…

    Es decir, una Independencia anticapitalista, antiimperialista y antifascista, y una Interdependencia internacionalista, solidaria y confederal…

    Para decirlo en palabras de la Herritar Batasuna:

    “De la misma manera que la recuperación de la Independencia constituye la libertad de la Nación, el Socialismo es la libertad de lxs trabajadorxs.”

    “Necesitamos la Independencia para construir el Socialismo en libertad, y necesitamos el Socialismo para llegar a ser realmente independientes. Son, las dos caras del mismo proceso liberador.”

    “La conquista continuada nos ha traído a esta situación de subordinación, y solamente la INDEPENDENCIA de la NAVARRA ENTERA, junto con la SALIDA DEL CAPITALISMO, podrán abrir las puertas de la Libertad Plena al Pueblo Trabajador Vasco. La desconquista contra los estados conquistadores, en su amplitud y profundidad, y dentro de ella especialmente, LA LIBERACIÓN DE LA DINÁMICA DE LA MERCANCÍA, nos traerá la libertad y la emancipación en todos los ámbitos: estatal y nacional, social y económico, de clase y género, individual y colectivo, cultural y lingüístico. Eso es la AUTODETERMINACIÓN, entendida como proceso global e integral de EMANCIPACIÓN del Pueblo Trabajador Vasco. Sólo entonces seremos gentes libres en una sociedad libre.”

    “Debemos realizar en la práctica diaria la dirección política de lxs trabajadorxs en todos los ámbitos, fortaleciendo constantemente la CONCIENCIA NACIONAL DE CLASE. La Unidad Popular es así la Unidad del Pueblo Trabajador Vasco y, en especial, de la Clase Obrera Vasca.”

    “Los recursos y medios de producción son del pueblo, y no la propiedad de unos pocos. La industria, la energía, la tierra, la producción de alimentos, la explotación de los recursos naturales, el transporte y las redes de comunicación, la cultura, la educación, el sistema sanitario, los medios de comunicación, la construcción, el sistema financiero, etc. Damos prioridad a la propiedad pública, social, colectiva, comunal, autogestionada y común, la propiedad privada se subordina a los intereses colectivos.”

    “La crisis ecológica global que acontece en el planeta demuestra que el sistema capitalista no puede mantener, de ninguna manera, el equilibrio con la Naturaleza, que nos es imprescindible como especie. Para ello tenemos que construir un sistema socioeconómico que no se base en los intereses privados. Por lo tanto, somos abiertamente ANTICAPITALISTAS. Nuestro Socialismo será inevitablemente el ECOSOCIALISMO, basado en el respeto a la MADRE TIERRA. Nosotrxs pertenecemos a la Madre Tierra, la Madre Tierra no es nuestra.”

    El 3 de marzo debería ser el día de la Clase Obrera Vasca, como el 1 de mayo es el día de la Clase Obrera Mundial.

    “Siempre hemos vivido en la miseria, y nos acomodaremos a ella por un tiempo. Pero no olvide que los obreros, son los únicos productores de riqueza. Somos nosotros los obreros, los que hacemos marchar las maquinas en las industrias, los que extraemos el carbón y los minerales de las minas, los que construimos las ciudades…. ¿por qué no vamos, pues, a construir y en mejores condiciones para reemplazar lo destruido? Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar más que ruinas, porque la burguesía trata de arruinar al mundo en la última fase de su historia. Pero te repito que no nos dan miedo las ruinas, porque LLEVAMOS UN MUNDO NUEVO EN NUESTROS CORAZONES. ESE MUNDO ESTÁ CRECIENDO EN ESTE INSTANTE.”

    Buenaventura Durruti.

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