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Autor: Borroka garaia da!

Desde la izquierda decía Salvador Allende que ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica. Luego existe otra cita de algún acomodado con los años que no se exactamente quién pronunció que decía algo así como que el que de joven no es revolucionario es un cabrón y el que lo es de mayor es un gilipollas. Lo cierto es que no comparto ninguna de las dos. Si existe juventud revolucionaria no lo es por generación espontánea sino que hay mucho detrás y el que llega a viejo siendo revolucionario supone una victoria personal frente a casi todo.

Hoy en día las condiciones objetivas por las que pasa la juventud trabajadora vasca son las peores en bastantes décadas. Y esto no es mera literatura. No hay más que mirar cualquier estudio serio para darse cuenta del proceso de desestructuración que está sufriendo, una juventud en retroceso numérico, golpeada sin contemplaciones por el sistema y la represión, con pocas perspectivas, quizás abocada a la emigración y una sociedad envejeciéndose cada día más.

En cualquier caso, es del todo innegable que la juventud, en nuestro caso la vasca, ha sido y es el hilo conductor y columna vertebral del proceso de emancipación nacional y social, entre otras cosas por eso ha sido siempre el sector social más atacado.

No responde a ninguna cuestión biológica que esto haya sido así sino a un trabajo definido que ha dado ciertos resultados. Toda acción (o falta de ella) tiene una reacción y una consecuencia. Que la juventud vasca haya sido (y lo siga siendo) más independentista, más socialista, más feminista y más luchadora que otros arcos generacionales no responde a la edad sino a la acción subversiva, a metodologías de trabajo, a estrategias y tácticas empleadas, en definitiva, a un recorrido histórico.

El hecho de que exista un discurso en el que se tacha a la juventud actual de “pasiva” o de que “no es como la de antes” o que “es poco eficaz” creo que no tiene en cuenta ni la situación objetiva real, ni que verdaderamente la juventud sigue siendo la punta de lanza de lo existente, ni de la “mochila” que tiene que acarrear de viejos y nuevos errores, la casi totalidad de ellos ajenos, y en definitiva, este discurso lo que verdaderamente oculta es que no es que la juventud haya retrocedido posiciones sino que el resto lo hemos hecho y la juventud en una parte ha pagado esas consecuencias.

Es diferente actuar en la realidad o crear realidad. Cuando se actúa en la realidad se modifica ésta, pero bajo unas bases que no pueden fácilmente moldearse, y rara vez se pasa de la superficialidad. Cuando se crea realidad, se crea poder. Y si la juventud vasca siempre ha estado algo sola a la hora de crear realidad, hoy lo está más que nunca.

Por lo que o el “mundo adulto” empieza de alguna manera a ponerse las pilas o la juventud rebelde vasca según avance el proceso de desestructuración que está sufriendo y sigan apilándose (que lo harán) cada vez más condiciones objetivas negativas debido al despojo planificado por el sistema, puede resultar que esta juventud quede totalmente minorizada, apartada y luchando más sola que la una, dando como resultado claro que no va a haber manera posible de liberar a este país por largo tiempo.

Si elementos de trabajo altamente eficaces que rara vez salen del esquema de lucha juvenil siguen quedándose como “juveniles”, por ejemplo por nombrar uno destacado la autogestión ¿Cómo vamos a pretender crear poder a escala integral? ¿Acaso solo la juventud necesita vivienda, auto-organizar la vida y el trabajo o redes solidarias? ¿Cómo vamos a pretender liberar este país sin poder popular y obrero por mucho poder juvenil que haya? De hecho, no es la policía, sino la inexistencia de poder popular y obrero la mayor rémora que puede tener el poder juvenil para expandirse y ahondar en las contradicciones del sistema para superarlo y dejarlo atrás.

Podemos olvidarnos de la independencia y el socialismo si en la balanza de fuerzas reales y materiales no está presente una realidad nueva que intente abrirse paso y disputar todo lo que hay. No de mucho va a servir seguir actuando en la superficie de los problemas y en la artificialidad de discursos sin una verdadera construcción nacional y social (con su autodefensa incluida) que ineludiblemente pasa por el poder nacional de clase, o sea el poder popular. Esa es la diferencia sustancial entre actuar sobre la realidad o cambiarla. Si la vida de adultos que llevamos impide o no está sirviendo para esos menesteres quizás habría que empezar a cambiar el modo de vida y paradigmas que por otra parte no han caído del cielo sino que muchos de ellos son precisamente de esa realidad que decimos querer cambiar y empezar a pensar y realizar proyectos que verdaderamente empiecen a dar cuerpo a ese poder integral.

Zorionak Ernai por esos cuatro años recientemente cumplidos de trabajo desprendido, toda esa juventud  que también sigue en la brecha y todo el movimiento estudiantil y juvenil vasco.

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