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Artículo de colaboración para Borroka garaia da! Autores: José Luis Herrero y Antton Azkargorta. Profesores despedidos de la UPV

Hagamos un poco de historia. A finales de los años 80 la mayoría de los profesores de la UPV éramos contratados administrativos precarios con condiciones laborales y políticas totalmente discriminatorios con respecto a los funcionarios. Reclamábamos igualdad a través de una relación laboral. Una sentencia determinó nuestra condición de laborales pero la UPV se negó a reconocerlo y expulsó a cerca de cien profesores que se negaron a firmar el nuevo contrato administrativo Se inició así un gran conflicto que culminó con nuestra readmisión y la dimisión del rector Emilio Barbera. Sin embargo, los tribunales superiores dictaminaron que nuestros contratos temporales se habían extinguido. La UPV volvió a ofrecer un nuevo contrato administrativo y la mayoría de los profesores afectados lo firmó. Sin embargo, 9 de nosotros, que luego quedaron reducidos a 5, no aceptó este viejo contrato y reclamó una solución intermedia para nuestra reincorporación al Universidad. La Junta de Gobierno rechazó esta salida que habíamos pactado con el rector Goiriena de Gandarias .Nos declaramos insumisos y a finales de marzo de 1992 nos constituimos en el Colectivo de profesores despedidos. Construimos una pancarta y reivindicamos nuestra readmisión, el profesorado propio con contrato laboral y la autonomía universitaria.

Nuestra lucha fue larga y difícil. Atravesó los rectorados de Goiriena, Peio Salaburu, Manuel Montero e Ignacio Perez. Al final la ley vasca de universidades o ley Iztueta de 2004 creó categorías de profesorado laboral propio equiparadas en derechos y obligaciones a las del funcionariado. Las transitorias daban estabilidad al profesorado contratado anterior y permitían nuestro ingreso en la UPV. El PSOE recurrió a ciertos artículos de la ley pero tres años después, gracias a los pactos con los partidos nacionalistas vascos y catalanes, el recurso se retiró y pudo entrar en funcionamiento a partir de 2007. Quince años después de nuestro despido. Sin embargo, el rector Ignacio Pérez y más tarde Iñaki Goirizelaia se negaron a negociar con tres de nosotros. 25 años después continuamos con nuestra pancarta reclamando un acuerdo justo y digno.

No vamos a negar las dificultades encontradas en nuestra trayectoria y los malos momentos pasados: agresiones, lesiones, comisaria, juicios numerosos, cárcel, despido, embargos de bienes, multas etc. Sin embargo, las satisfacciones también han sido abundantes. Las decisiones tomadas. Las apuestas emprendidas. El compromiso adquirido. Las experiencias vividas. Las solidaridades recibidas. Los afectos sentidos. Todo ello compensa con creces las angustias y sinsabores padecidos. Todos ellos son componentes de un proceso subjetivo vivido con total intensidad y que tiene un valor por sí mismo con independencia de cualquier resultado. La consecución de un profesorado propio con contrato laboral y estable nos otorga, sin duda, una legitimidad. Pero lo importante no es tanto el resultado, el elemento objetivo. Lo que nos llena es la fidelidad a unas ideas y el acto de rebelarnos contra la injusticia. Lo que nos produce satisfacción es haber sido capaz de decir No a una situación injusta y Si a un proyecto afirmativo. Sacando lo mejor de nosotros mismos para dotarnos de los recursos con los que hacer nuestro camino. Convirtiendo lo considerado anteriormente imposible en posible y ofreciendo lo conquistado a los demás. Universalizando así nuestro esfuerzo. Y aumentando de esa manera nuestros conocimientos sobre la Universidad, el mundo, el prójimo y nosotros mismos.

El éxito de nuestra apuesta se debió a que transcendimos la reclamación laboral. No era un simple contrato por lo que luchábamos. Este era solo la expresión jurídica, lo estructural. Lo que reclamábamos era un profesorado propio para nuestra Universidad. Un profesorado especifico en virtud del derecho de nuestro pueblo a tener una Universidad y un sistema educativo nacional. Coincidía pues con las reivindicaciones nacionales de autodeterminación y capacidad de decidir. Por eso nuestra lucha adquirió un acusado tinte político y salió fuera de los campos universitarios. Vinculándose con la lucha de todos aquellos que en aquella época en Euskalherria luchaban en la misma dirección. Y una parte del mundo educativo y cultural abertzale conectó con nosotros. Y así se creó una conciencia que favoreció nuestra causa y la condujo al éxito citado.

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