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Autor: Borroka garaia da!

No son alentadoras las noticias que llegan desde Venezuela. O más bien si lo son. Alentadoras para que uno de los objetivos que se fijaron esos de ahí arriba que ya casi no se les ve, se llegué a cumplir. Alentadoras para alentar el ataque, la desinformación y el asedio internacional e interno con el fin de descarrilar el proceso bolivariano para acceder al control de lo que es la mayor reserva de petróleo del planeta en un mundo en el que se agota. ¿O alguien se pensaba que ésto tenía que ver con supuestas cuestiones de democracia?

Hace 15 años la mayoría del petróleo exportado venezolano (70%) iba destinado a EEUU. Hoy es un 20%. Lo que antaño fuera dependencia a EEUU se quedó atrás mientras se abrían acuerdos comerciales con países de Asia. Ese es el auténtico meollo que está detrás de toda (geo)estrategia destinada a poner a Venezuela contra las cuerdas y en el punto de mira. Para ello, se lleva a cabo una compleja e intrincada guerra de nueva generación que bebe de la experiencia acumulada en las “revoluciones de colores”, en la contra-insurgencia, en más de una revuelta ciudadanista o “primavera”, y en general en todo lo que el imperio y sus aliados han sacado en limpio en las últimas décadas. En muchos casos también, aprendiendo de la izquierda para usarlo contra ella.

Sin embargo, por muy sofisticadas que puedan ser las intenciones y maneras del imperialismo, el mayor peso de la suerte de los pueblos se suele decidir en casa. Y es en el propio proceso bolivariano donde se pueden encontrar las salidas en este choque y crisis actual que no es otra cosa más que una radicalización del eterno conflicto entre burguesía y clase trabajadora, el cual de quererse saber, como bien es sabido, no tiene solución. Ni en Venezuela ni en ninguna parte del mundo. O la balanza se inclina hacia un lado o hacia otro. Nunca pueden dominar dos elementos antagónicos al mismo tiempo.

Durante años, los avances del proceso bolivariano a través de reformas han sido extensos para las clases populares desde el punto de vista nacional y social. Poca gente con un mínimo de conciencia de clase o de principios de izquierda puede negarlo. Así como tampoco se puede negar que Venezuela a día de hoy sea capitalista. Una Venezuela donde convive lo nuevo y lo viejo, un intento de proceso hacia el socialismo con aún estructuras burguesas y oligarcas, unos intereses internacionalistas chocando contra unos intereses imperialistas, una élite que quiere volver a la Venezuela lacaya del imperialismo y el neoliberalismo. Es en esta coyuntura donde se libra la batalla. Una batalla que no es meramente electoral. En Venezuela se juega una batalla a escala global e internacional y como al igual que en cualquier otra parte, solo una profundización revolucionaria podrá subordinar al capital lo suficiente para que no consiga sus objetivos. Y ese precisamente es el nudo, más allá de cualquier otro factor.

Como recientemente en un artículo publicado en este blog escribía Guillermo Cieza: “En el proceso político venezolano coexisten desde hace tiempo y podría decirse, desde el principio, proyectos diferentes. Por un lado aquellos que siguiendo las hojas de ruta legada por Chávez que son el Plan de la Patria y el Golpe de Timón, siguen apostando hacia una transición al socialismo de base comunal. Por otro lado sectores que manteniendo la apuesta por el socialismo, apuestan a experiencias con gran preeminencia del Estado, con una concepción cercana al modelo cubano. Y luego sectores que identificándose mas con una Venezuela Potencia que con una Venezuela Socialista, creen en acuerdos permanentes con sectores burgueses, promoviendo modelos cercanos a los de China o Rusia, versiones de un capitalismo de Estado burocrático o mafioso. ”

Es decir, nos encontramos con algo archi-conocido, porque es algo que aparece sino en todos, en casi todos los desarrollos de la izquierda. La estrategia revolucionaria, la socialdemócrata y la conciliadora burguesa.

La estrategia revolucionaria al interior del proceso bolivariano no pudo impedir la eclosión de la burocracia y la formación de la boliburguesía. En parte, porque ese es el desarrollo natural dentro del capitalismo si no se acaban con sus estructuras y nace un poder de diferente cualidad. Por otro lado, la cara conservadora del proceso pretende la conciliación con partes de la “oposición” con la intención de quebrarla como conjunto y de alcanzar “la paz”, pero eso al mismo tiempo también responde a la no intención de profundización revolucionaria y de dejar las estructuras base del capitalismo casi intactas.

Como explica Jorge Beinstein: “Lo que sucedió fue una sucesión de trabas, dificultades, debilidades que fueron estableciendo una distancia cada vez mayor entre los objetivos socialistas proclamados y la capacidad de reproducción aunque sea degradada del país burgués que se pretendía superar. La burguesía comercial-financiera fue empujada, a veces golpeada, maltratada pero no eliminada, no fue superado el capitalismo sino que se caotizó su funcionamiento, no fue remplazado ni por el estatismo socialista (que el “socialismo del siglo XXI” chavista intentaba superar) ni por el “socialismo comunal” propuesto producto de la auto-organización de las bases populares. En medio de ese embrollo, se reprodujo desde el Estado un élite emergente parasitaria con fachada bolivariana y prácticas corruptas: la boliburguesía. El viejo sistema decadente sobrevivía no solo en sus antiguos crápulas sino generando nuevos hombres de negocios (turbios). ”

En cualquier caso, muchas veces se ha comentado en las líneas de este blog que es una constante histórica que el que ostenta privilegios derivados del capital jamás los cederá si no se ve forzado a ello. Que en el momento que vean peligrar lo que históricamente han usurpado utilizarán tarde o temprano todos los medios requeridos. Llegado el caso, la violencia o la guerra. Es una constante histórica irrebatible y que no se puede obviar. No existe ningún tipo de negociación o acuerdo que pueda evitarlo si las fuerzas del capital no parten de una posición subordinada.

La subordinación de la burguesía venezolana tiene nombres propios; poder comunal, “golpe de Timón”, plan de la patria… en definitiva, que los intereses del chavismo de base y del movimiento popular en comunión con los intereses del pueblo trabajador den cuerpo a ese socialismo comunal. Claro que esto supone al mismo tiempo dejar atrás estructuras que sirven de apoyo a la burguesía y un modelo económico rentista petrolero. O sea, un salto cualitativo en la confrontación apartando la conciliación de clases, pero al mismo tiempo la oportunidad de llegar a los corazones y necesidades de las grandes masas. Es probable que esta sea de las últimas esperanzas que quedan para que el proceso bolivariano no sea destruido y con energías renovadas renazca y avance, por lo que solo queda desear suerte a los y las que mantienen esa postura de cara a la Asamblea constituyente anunciada. Y desde Euskal Herria denunciar con dureza las ansias del imperio y no rebajar la solidaridad con Venezuela y con aquellos y aquellas que creyeron  y siguen creyendo en que era y es posible soñar.

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