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Artículo de colaboración para Borroka garaia da! Autor:  Marcelo Alvarez Suarez

La estrategia de represión que desde hace décadas vienen sufriendo lxs presxs politicxs vascxs obligan semanalmente a miles de personas de toda Euskal Herria -familiares y amigxs de aquellxs- a desplazarse cientos, miles de kilometros, para recorrer la extensa geografía del alejamiento físico con la que el Estado español intenta doblegar y domesticar el ser político y militante de los de dentro y de los de fuera.

Yo, como parte de ese amplio entorno social al que esa represión estatal ha impuesto varias decenas de amigxs encarceladxs a lo largo de estas décadas, tambien he rezado en numerosas ocasiones esa pesada letanía de horas y de kilómetros que separan de la persona amiga encarcelada y fue en una de ellas donde conocí a Maria Murgoitio, allá en “lo de Juleca”, cerca de la cárcel de Jaén.

No se bien si fue la primera o la segunda vez que iba a esa cárcel pero fue entonces cuando en el reparto para el viaje de vuelta me tocó el premio de “subir” a una señora a la que ya en Juleca habia echado el ojo por como la trataba el camarero: con un respeto que no ocultaba el cariño y con un “Doña María”; una mujer ya entrada en años, con genio y palabra y a la que se le veía muy suelta en aquellos trances. Era María Murgoitio, la madre de Gabriel Urizar, “Gautxori”, al que llevaba visitando desde 1985. En aquel viaje, largo, fuimos conociendonos, hablando, porque no era Maria de estar callada, y hablamos mucho y bien de lo de aquí y de lo de allá y descubrí a una mujer con la cabeza muy bien amueblada, con una vida caminada por los dias de la II República, el golpe fasciofranquista, la entrada de “los nacionales”, la “paz” de la Nueva España, el trabajo para sacar adelante a la familia, el brote de la resistencia y el apoyo solidario a quienes resistían, el euskera en el corazón, la conciencia y la palabra como único territorio siempre libre para los vascos por encima de quien fuera quien mandase…

Fueron varios viajes de ida y de vuelta los que hicimos juntos y puedo dar fé de que en ninguno callamos, siendo horas de carretera amenas y muy enriquecedoras por las vivencias que María me iba contando, por la vitalidad que desprendía, por la fuerza y la convicción que tenía en lo que creía y en lo que quería. Pero María era de las que pensaba que la mejor forma de decir es hacer y era esa forma de ser otra cosa que me acercó mucho a ella: María no era una “parraplas”, ni una de esa gran tribu de los “hay que” o de los del “juntémonos y que vayan”; María era de hacer.

Varias cosas recuerdo vívidamente de María y creo que reflejan excelentemente como era: una me la contó, la otra la presencié y también participé en ella. La que me contó daba cuenta de una visita que para ver a su hijo preso realizó a la prisión de Salto del Negro, en Canarias, otro de los lugares de la dispersión carcelaria. Tras el largo viaje en avión desde Euskal Herria para una hora escasa de visita María llegó hasta el locutorio penitenciario a donde algunos minutos después un funcionario llevaba a Gabriel, su hijo preso. El saludo como siempre en euskera, su lengua. El apercibimiento del que manda, como siempre, en castellano: “Aquí está prohibido hablar en otro idioma que no sea el castellano. Si continuan en vasco se acaba la visita. Cuestiones de seguridad señora…” contaba María que le dijo el funcionario. También contaba que en segundos supo lo que debia hacer y así me lo contaba.

“Yo con mi hijo y en mi casa he hablado euskera toda la vida, nunca en castellano. No iba a hacerlo entonces… Asi que me callé y mire a mi hijo y el me miró a mi. Sin cruzar palabra creo que los dos supimos lo que debiamos y queríamos hacer. Me senté, se sentó, nos sentamos mirándonos y no cruzamos palabra en toda la visita, sólo con los pensamientos, cada uno con los suyos, con el cariño y tambien con la rabia, claro… El funcionario no dijo nada en todo el tiempo hasta decir que se había acabado la visita. Yo me levanté. Mi hijo también. Nos miramos, sonreimos y nos enviamos un beso de despedida. Fue una de las mejores visitas con mi hijo”.

La otra tuvo lugar en la propia cárcel de Jaén y me hizo ver a una María solidaria con el débil, con el atacado por el Poder en la forma que sea. Estabamos en la sala de espera de la cárcel y a punto para entrar a la visita cuando oimos una discusión y llanto afuera en la ventanilla del funcionario. Salimos a ver que pasaba y era una mujer colombiana a la que el funcionario de turno, prepotencia en ristre, negaba el permiso para hacer la visita a su marido por una cuestión absurda a pesar de estar la mujer incluida en la lista de visitas. María no dudó ni un momento en alzar la voz y convocarnos a los familiare y amigos de los presos políticos que allí estabamos para plantear que si aquella mujer no entraba a la visita ninguno entraríamos y nos quedaríamos allí plantados, ella la primera. Evidentemente ninguno le llevamos la contraria y viendo aquello el funcionario rápidamente reculó con el clásico “bueno por esta vez pase, pero la próxima que no vuelva a ocurrir” y la mujer colombiana pudo entrar a la visita… y todos los demás con ella.

Esta era María Murgoitio, la peleona, la misma a la que una carga de la Ertzantza tiraría al suelo y rompería la pelvis por defender a un chaval al que querían llevarse en una manifestación contra la ilegalización de la Izquierda Abertzale. Allí nos dimos antes de esa carga un abrazo que aún hoy, junto a muchas cosas, recuerdo.

María ha fallecido con 92 años y sólo me queda enviarle desde aquí un sentido recuerdo y el cariño y el agradecimiento por todas aquellas horas de viaje, por aquellas historias, por aquellas reflexiones que desde el cariño o desde el odio pero siempre desde la lógica aplastante de la experiencia tambien me han servido como parte de la mia propia.

Eskerrik asko Maria!! Emakume itzela, borrokalari sutsua… Garaipenean elkartuko gara!!

3 thoughts on “María Murgoitio, la conciencia y la dignidad de serlo y hacerlo

  1. Goian bego.

    Agur eta ohore.

    —————————-
    Estas personas, esta dignidad se nos esta llendo todos los dias, habra algunos cuantos –muchos– que ni se dan cuentan y ademas ni les preocupa. Y no hay vuelta atras, no se como decirlo mas claro y que no me corten.

  2. Es bien cierto que estamos o estabamos ya no se, todo el dia con que si los jovenes esto los jovenes aquello, los de la gasolina esto, los del otro lado aquello… pero y los viejos?. Ellos si que tenían mucho que perder y oye, no faltaba mani en la que no anduvieran por ahí, jugándose la cara “no os llevéis al chaval!” creyendo que por peinar canas igual no se llevaban una ostia.

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