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Artículo de colaboración para Borroka garaia da! Autores: José Luis Herrero y Antton Azkargorta. Profesores despedidos de la UPV

+ 25 años de historia de una pancarta (primera parte)

+ 25 años de historia de una pancarta (segunda parte)

+ 25 años de historia de una pancarta (tercera parte)

Después de la entrada de Jesús Mari Zalakain y Joserra Etxebarria en la UPV, en septiembre de 2007, los otros tres profesores despedidos nos volvimos a encontrar de nuevo en las puertas de la UPV con la tradicional pankarta. Todo estaba por hacer. La caja de resistencia se había disuelto asi como las comisiones de apoyo. Desde luego había cambiado el panorama desde nuestro despido del año 1992. Ahora ya existía un Profesorado Propio y nuestros compañeros de antaño se iban estabilizando poco a poco en las nuevas categorías. Los dos miembros de la anterior “Pankarta” ya citados y Nikolas Xamardo se encontraban dando clases como hace 15 años. Pero el resto continuábamos excluidos ya que el rector se negaba a negociar con nosotros una solución digna basada en el reconocimiento de unos derechos a los cuales no podíamos renunciar. Nuestros planteamientos se los habíamos comunicado al rectorado, a los sindicatos y los habíamos publicado en los periódicos. Algunos sindicalistas los consideraban elementales, pero las autoridades académicas mantuvieron su negativa a negociar. En el caso de Enrike todavía era peor pues decían que no cumplía con la legalidad, como si 15 años peleando una causa justa, que además estaba reconocida en la ley, no le daba derecho a entrar por la puerta grande. Además disponía de documentación que acreditaba el cumplimiento legal de cinco años de permanencia en la UPV, pues era de justicia que la UPV le computase el año y medio que se pasó ofreciendo docencia a los alumnos sin cobrar y con sus actas reconocidas. Reconocimiento que debería hacerse extensible a nosotros dos por idénticas razones. Algunos nos decían que pasáramos por la “ventanilla” de la transitoria, como si se tratase de unos profesores nuevos y con olvido de los 15 años de lucha y pérdida de derechos por voluntad de la propia Universidad. Pedíamos lo mínimo: una negociación para recuperar los derechos arrebatados en estos 15 años como paso previo a nuestra reincorporación mediante los dispuesto en la ley Iztueta y sin discriminación a Enrike, al cual el por entonces vicerrector Iñaki Goirizelaia había tratado de forma despectiva. No nos importa decir que pasamos por un mal momento, dada nuestra soledad inicial, pero pronto nos recuperamos y lo primero que hicimos fue levantar una nueva caja de resistencia y conformar una nueva comisión de apoyo. Lo primero lo conseguimos con cierta dificultad por el desconcierto que produjo en los antiguos participante la noticia tendenciosa de la resolución del conflicto. Sin embargo, esta vez el importe de la caja era diez veces menor que el anterior, apenas 300 euros mensuales a repartir, una cantidad puramente simbólica que sin embargo agradecimos. El peor parado en esta cuestión fue Enrike que tuvo que apuntarse por falta de fondos a la renta de garantía de ingresos para poder sobrevivir. En cuanto a lo segundo se configuró un grupo de apoyo de pocas personas pero cuya labor y ayuda ha constituido un factor importante para mantener nuestra perseverancia y moral de lucha. El cuerpo-sujeto nuevo aparecía como sumamente débil por la reducción de sus miembros, el cambio de circunstancias motivada por el final de la lucha por el Profesorado Propio y más tarde por los cambios políticos y desaparición casi total del movimiento estudiantil.

Poe aquellas fecha de 2007 el empuje del movimiento estudiantil en torno al tema de Bolonia era considerable y tenía a la Universidad contra las cuerdas. Ello obligó al parlamento de Gasteiz a solicitar mano dura contra los “alborotadores”. Se aprobó un protocolo de seguridad plagado de medidas represivas y un listado de sanciones y faltas que dejaba prácticamente a los estudiantes sin los recursos de defensa utilizados tradicionalmente. Para hacer frente a esas medidas los estudiantes interrumpieron el Claustro donde se iba aprobar el catálogo de castigos y faltas. Estas medidas denunciadas fuertemente por los estudiantes daban lugar a un verdadero estado de excepción, una versión universitaria de la ley de partidos. Se suspendió el Claustro citado y se realizó otro pero ahora con un inusitado despliegue de Ertzainas. Los estudiantes solo pretendían leer una nota pero policías de paisano se abalanzaron contra ellos. Hubo una lluvia de palos, patadas e intervenciones totalmente desproporcionadas. Algunos vincularon esta violencia con la imposición de Bolonia considerada como manifestación del neoliberalismo en la UPV. Después de esto siguieron las movilizaciones y hubo una gran manifestación en Leioa. El peso de toda esta contestación recayó casi exclusivamente en Ikasle Abertzaleak, pues el resto de los estudiantes se fueron descolgando y los profesores, unos por miedo, otros por resignación y unos terceros por acomodación, no se movieron. La decepción de los estudiantes abertzales con sus homónimos del profesorado fue considerable. Sin embargo, las manifestaciones de este divorcio venían de lejos. El movimiento de profesores hacía tiempo que había desaparecido y la resolución del conflicto derivado de la reclamación del Profesorado Propio no hizo sino sentenciar su inmovilismo. Esto facilitó la represión de las autoridades sobre el movimiento y años más tarde un buen número de estudiantes abertzales fueron sometidos a juicio y condenados con sanciones por los actos del 2008. Este año lo podemos considerar como el del cierre histórico del movimiento estudiantil, que no por casualidad coincide con el final del propio movimiento del Profesorado Propio. No en balde ambos han caminado juntos desde casi los inicios del nacimiento de la actual Universidad, allá por los años 70. Nosotros participamos en las movilizaciones estudiantiles y escribimos varios artículos de denuncia de la represión. Era lo máximo que podíamos hacer en nuestra difícil circunstancia.

Con el paso del tiempo se fue imponiendo la ideología liberal que el Plan Bolonia impulso, aunque su aplicación en el contexto universitario sufrió de muchas contradicciones. El lenguaje universitario experimentó una metamorfosis, al apropiarse de los términos utilizados en el mundo empresarial y de los negocios y sobre el cual en plan crítico escribimos varios artículos. La elite universitaria no sufrió en exceso los cambios y se amoldó a la nueva situación por su situación de privilegio. Los que más sufrieron sus consecuencias fueron los miembros del ‘personal de a pie’. Surgieron entre sectores del profesorado situaciones de estrés y una fuerte desmotivación, sobre todo en las personas que menos se adataron a las nuevas exigencias competitivas. Un malestar bastante profundo inundó ciertos espacios universitarios pero fue fagocitado hacia el interior y no tuvo consecuencias externas. Podemos observar una caída del debate universitario y la cada vez mayor ausencia de pensamiento autónomo y creativo. Las exigencias burocráticas de la introducción del nuevo modelo absorbían las fuerzas de muchos profesores. La UPV dejó de ser un campo de la política y las posiciones individualistas y los intereses de grupo comenzaron a dominar plenamente. La crisis económica y los recortes asestaron un fuerte golpe al modelo Bolonia y en algunos aspectos hubo una regresión hacia fórmulas más tradicionales. La situación de cierto profesorado empezó a precarizarse, los sueldos se redujeron, el ratio de alumno por profesor aumentó, se pararon los concursos de plazas, las becas se redujeron, algunos masters y doctorados empezaron a sufrir una cierta crisis y las aportaciones a la investigación disminuyeron, siendo su reparto discutido. Hubo ciertas protestas pero la gente parecía resignada. Como si algo superior se impusiera. Algunos profesores incluso nos envidiaban porqué nos veían leer y escribir continua y libremente mientras ellos agobiados por diversos tipos de actividades, el trabajo burocrático y las clases apenas podía tocar un libro. Los más veteranos empezaron a jubilarse anticipadamente a diferencia de épocas anteriores, agobiados y desmoralizados por su situación propia y la general bastante insolidaria. Mientras los discursos de las autoridades eran triunfalistas y medían a la UPV en términos de ranking competitivo.

En la “Pankarta” adoptamos al principio un horario de permanencia que comenzaba de 08 a 10 de la mañana en la puerta de Leioa. A continuación nos colocábamos a la entrada de la Facultad de Periodismo y por la tarde también en esa Facultad. Con el tiempo dejamos de venir por la tarde y manteníamos los horarios de la mañana. Posteriormente, y con motivo de la necesidad que conllevaba la elaboración del segundo tomo de la historia de la Pankarta, manteníamos el horario de 08 a 10 en la puerta y luego penetrábamos en la facultad de Medicina para, aprovechando las mesas dispuestas en sus largos pasillos, seguir trabajando con más comodidad en las tareas que nosotros mismos nos imponíamos. Por cierto, con motivo de las obras que se estaban realizando en el campus de Leioa desapareció durante un tiempo el muro que nos protegía del viento y lo pasamos muy mal porque teníamos que mantenernos con la pancarta sin protección y era algo agotador. Se nos ocurrió después ponernos con la pancarta en la garita de entrada buscando mayor comodidad y protección de las inclemencias atmosféricas, aunque la lluvia y el viento nos seguían golpeando, sobre todo en invierno. Por suerte la construcción del aparcamiento acabó con nuestros padecimientos porque nos permitió refugiarnos alli y seguir colocando nuestro emblema en lugar bien visible.
La actividad a desarrollar dado lo limitado de nuestras fuerzas, consistió durante estos 10 años en intentar, mediante la colaboración de los universitarios, los esfuerzos de la comisión de apoyo y nuestras propias acciones llegar a una negociación con las autoridades académicas. El rector Pérez Iglesias se volvió a presentar a la reelección, esta vez en solitario. Le pasó factura su actitud represiva contra los estudiantes y su prepotencia que resultaba sumamente desagradable para muchos universitarios. Sorprendentemente fracasó y creó una pequeña crisis de gobierno que se solventó con nuevas elecciones que dieron el triunfo a su mano derecha el anterior vicerrector Iñaki Goirizelaia, que fue el único rector que pudo culminar dos mandatos. En 2017 fue sustituido por Balluerka, la primera mujer rectora por elección de la UPV, ya que antes hubo una rectora provisional: Arantza Mendizábal. Pues bien, todos los intentos que hicimos para iniciar unas negociaciones fracasaron. Reunimos más de mil firmas de universitarios solicitando el inicio de conversaciones. Conseguimos que más de 50 profesores de la Facultad de Periodismo firmaran un documento solicitando la resolución de nuestro problema. Logramos que en varias escuelas y facultades sus juntas de facultad aprobaran por unanimidad el inicio de negociaciones y nuestra readmisión (escuelas de magisterio de Bilbao y de Donostia, Facultad de Bellas Artes de Leioa). Fracasamos en la Facultad de Medicina a pesar del apoyo de su dirección y nos advirtieron que no lo intentáramos en otras grandes facultades porque el resultado sería asimismo negativo. Nuestros movimientos no habían pasado desapercibidos y el poder universitario iba a reaccionar. Nos llevamos una sorpresa con una Facultad como la de Informática de Donostia donde había un buen número de profesores abertzales. Sin embargo, precisamente allí se nos bloqueó la iniciativa y eso nos desmoralizó para intentarlo en otras del campus de Aneota por miedo a nuevos bloqueos. De todas formas los centros que aprobaron nuestra iniciativa no recibieron repuesta alguna de Goirizelaia. Iniciativas parecidas llevadas a cabo por antiguos rectores como Goiriena o catedráticos se toparon con una respuesta analogas a esta: “Imposibilidad legal”. Pero ya se sabe cuándo en un sitio se arguyen problemas legales lo que existe realmente son problemas políticos. Porque pensamos que nuestra readmisión se ha convertido en una cuestión política y es frenada por algunas fuerzas con indudable peso político tanto dentro como fuera de la Universidad. Hubo, eso sí, una oportunidad en 2008 cuando a raíz de un documento presentado por varias personalidades del mundo universitario, cultural y político de Euskalherria y del Estado español y de la reunión de Goirizelaia con nuestra comisión de apoyo se iniciaron unos contactos con un mediador del rector para preparar una mesa de negociación. Sin darnos explicación alguna esos contactos desaparecieron precisamente a raíz de la entrada de Patxi López en la Lehendakaritza. Han sido también innumerables los artículos publicados en periódicos y revistas hablando sobre nuestro tema y nuestra comisión de apoyo ha intentado a través de conversaciones con los sindicatos abrir una rendija en la posición de las autoridades pero se ha encontrado con la indiferencia, la hostilidad o la impotencia de estas organizaciones.

Dos han sido las iniciativas habidas para extender más allá de la Universidad la historia de nuestra lucha porque creemos que esta ha sido importante para nuestra Universidad y nuestra sociedad y queremos que el recuerdo no se entierre por conveniencias políticas y se haga un olvido que algunos deseoso de ocultar algunos episodios negros del devenir universitario pretenden a toda costa. Porque hasta ahora no conocemos una historia ni académica, ni menos política, del periodo completo de vida de la Universidad vasca desde sus inicios como Universidad de Bilbao. Por eso nosotros que, de alguna manera por nuestra edad hemos sido observadores y protagonistas de sus vicisitudes, tenemos el deber de transmitir, en la medida de lo posible y desde la perspectiva de la lucha a favor del Profesorado Propio, una parte de esa rica y conflictiva historia.
La primera de las iniciativas fue la de dos estudiantes que al principio tenían la intención de realizar un documental corto para una clase práctica, pero al darse cuenta de la dimensión del problema el ejercicio práctico se convirtió en un extenso reportaje de más de hora y media de duración sobre las vicisitudes diarias de los componentes de la “Pankarta”, con sus reivindicaciones y sus analogías con otros movimientos de otros lugares del mundo. Los autores Nerea e Iñigo Ganzarain, del talde Eguzki Bideoak, hicieron un esfuerzo encomiable informativo y documentalista para sacar una obra de impacto visual e intelectual. Este video los difundimos por varios centros culturales y Gaztetxeak y nos sirvió como inestimable presentación de nuestra problemática y nuestra historia. La segunda iniciativa fue la de publicar un libro que fuera segunda parte de historia de la pancarta publicada e 1999con el título: “Historia de una pancarta. La lucha por el Profesorado Propio en la UPV: 1988-1999”. Esta segunda parte se titula: “Diálogos sobre el Profesorado y la Universidad” y abarca todo el periodo de la lucha por el Profesorado Propio hasta el año 2007. En el primero sus coautores son los 6 miembros de la “Pankarta”, en el segundo Jose Luis y Antton y los estilos son diferentes dentro del mismo intento de rigurosidad discursiva. Tardamos dos años en redactarlo y utilizamos como hemos dicho Medicina como lugar de trabajo, reduciendo nuestro tiempo en la pancarta. Lo difundimos también en varios lugares. Sus editores fueron DDT Banaketak. El pintor Javier Morrás diseño la portada, el historiador Jose María Lorenzo Espinosa hizo las entrevistas y el profesor de la Facultad de Periodismo Noé Cornago nos prologó el libro con un artículo brillante.

Durante estos diez últimos años hemos visto transformaciones universitarias tanto desde el aspecto físico e infraestructural como en el académico, ideológico y político. Ha habido una remodelación amplia de los campus sobre todo el de Leioa, donde se han incorporado centros como la Escuela de Magisterio, se han reformado ampliamente facultades como la de Periodismo y se ha creado un campus científico-tecnológico. En Bilbao se han agrupado las facultades técnicas formando un Politécnico. También nosotros hemos vivido ciertas experiencias traumáticas personales como la enfermedad y muerte de varios familiares, separaciones y otros problemas. Aunque hemos tenido satisfacciones como la celebración de los actos conmemorativos del 20 y 25 aniversario de nuestro despidos, celebrados en la Facultad de Bellas Artes rodeados de amigos, miembros de las comisión de apoyo, antiguos y nuevos alumnos y profesores. Especial mención queremos hacer a nuestro entrañable amigo y miembro desde el principio de la comisión de apoyo. Antxon Mendizábal, “Tonino”, fallecido este año y que tanto ha defendido nuestra causa.

En los últimos años hemos intentado acercarnos a los rectores Goirizelaia y Balluerka a través de la mediación de la Defensora del Universitario, la profesora Itziar Etxeberria, hermana precisamente de Joserra. Mediación en la que también participó en ambas ocasiones como introductor y colaborador el profesor de relaciones internacionales Noé Cornago. La reuniones se celebraron en un clima cordial, facilitadas por el conocimiento que tenia del tema Itziar. Ella transmitió nuestras peticiones de negociación a ambos rectores pero los resultados fueron distintos. Iñaki Goirizelaia no nos respondió, como ha sido su práctica habitual, pero Balluerka lo hizo indirectamente, a través de la revista Hiruka. En ella y respondiendo a preguntas del periodista que la entrevistó afirmó que aunque la solución al tema la veía difícil se reuniría con nosotros a través de la vicerrectora de Profesorado e Investigación. Sin embargo, acabado el mes de Junio todavía nadie se ha acercado a nosotros para mantener la reunión prometida. ¿Habrá entrado la UPV en la era de la post-verdad? No ha sido fácil para la rectora su comienzo de mandato pues sobre todo su campaña electoral, que se presumía tranquila por ser la única candidata, estuvo plagada de incidentes protagonizados por los estudiantes y la policía. Existe un gran malestar entre los alumnos por razones estructurales que no vamos a tratar aquí y por comportamientos represivos con algunos de ellos por parte de las autoridades académicas. Como ejemplo queremos poner los encierros de 2016 y 2017 en algunas facultades como culminación de las clases alternativas que todos los años realizan sin incidentes los estudiantes de Ikasle Abertzaleak, clases a las que precisamente solemos acudir por invitación de ellos. Mientras en el campus de Leioa estos encierros no han dado lugar a intervención policial alguna, ya que es una práctica habitual utilizada no solo en esta sino en numerosas universidades, en la escuela de Ingenieros los estudiantes fueron desalojados y sufrieron el año pasado fuertes sanciones económicas. Este año se repitió la intervención pero ahora con más estudiantes encerrados y subidos al tejado con un despliegue policial absolutamente desproporcionado. El enfado estudiantil ha dado lugar a otro tipo de acciones, algunas ciertamente violentas, pero que han sido amplificadas y exageradas hasta el infinito por los medios de comunicación y la propia Universidad. Entrar la policía con sus vehículos al interior del campus de Leioa para repartir estopa con motivo del anuncio de una manifestación tampoco resulta demasiado justificado. Los estudiantes tienen arraigado un fuerte sentimiento antirrepresivo y consideran estas actuaciones policiales como una provocación. A nosotros nos recordaban escenas ya vistas anteriormente que no beneficiaron en absoluto a la Universidad.

Notamos que las reivindicaciones estudiantiles tienen una carga demasiado abstracta y fuertemente anticapitalista y estan desprovistas del antiguo componente nacional que eran características de tiempos pasados. Quizas en ello haya un fuerte rechazo a la mercantilización universitaria o recoja un síntoma de malestar con la situación del mercado de trabajo, la naturaleza de los estudios y la situación política general donde permanece vivo el conflicto político a pesar de la desaparición de la lucha armada. Las negociaciones en estas circunstancias resultan difíciles porque ¿cómo se concretan las alternativas “contra la Universidad Capitalista”? Los estudiantes siempre han actuado con reivindicaciones precisas, aunque inscritas en proyectos más generales. Sin ellas va a ser difícil llegar a acuerdos que supongan avances y conquistas reales. Como lo siguen haciendo los estudiantes con respecto al euskera en algunas facultades, pidiendo medidas perfectamente aceptables y justas. Otro problema con el que debe lidiar la rectora es con la situación del profesorado contratado que se va asemejando, en lo peor, con la situación existente antes del inicio de nuestro movimiento. La no convocatoria de plazas, las dificultades de acreditación debido a los sistemas de evaluación utilizados que no responden a las competencias reales de los aspirantes vascos y los recortes han favorecido el aumento vertiginoso de la precariedad y las situaciones de permanente inestabilidad, incluso en profesores con doctorado, calidad indudable y muchos años de antigüedad en la docencia. Goirizelaia pedía una nueva ley universitaria vasca, pero en la actualidad no se da ese debate en la UPV, porque unos estan bien instalados en sus poltronas y otros, los más afectados, viven el día al día en un ambiente de fuerte competencia por el puesto de trabajo, dispersión e individualismo. Hay que realizar una reforma profunda de la ley Iztueta que recoja la posibilidad de la creación de cuerpos propios de profesorado, cambios en las agencias de evaluación y acreditación, reformas en la composición de órganos de gobierno, eliminación de la condición de catedrático para ser rector, financiación etc. Con transitorias que posibiliten la estabilidad del profesorado que cumpla unos determinados requisitos. Lo que a falta de soberanía política obligará a cambios en la ley estatal actual. Pero la ley propia vasca tiene que estar en el orden del día en las prioridades de la Universidad.

En el citado segundo libro de la historia de una pancarta que publicamos, Lorenzo Espinosa nos pregunta porque hacemos tanto hincapié en nuestra reincorporación a la UPV si el objetivo por el que luchamos, el Profesorado Propio, se ha conseguido. La respuesta la sacamos de la contestación que en libro damos a ese interrogante y con el cual finalizaba ese libro. También nosotros vamos a terminar con lo respondido alli:
“Porque para nosotros el logro del Profesorado Propio y la reincorporación digna a la Universidad constituyen un todo indisociable. La segunda sin la primera es una especie de ‘impotencia de la virtud’, que fue la sensación que quedo tras el fracaso del movimiento de los PNNs en el Estado. Pero la primera sin la segunda encarna, por decirlo asi, “la potencia degradante de la injusticia’, que atraviesa toda la Universidad e impide su recomposición. Esa injusticia está dejando una especie de vacío denso, un cierto malestar y frustración que impide la cura ética que ese espacio reclama. Existe también el peligro del olvido de un acontecimiento y sus consecuencias, que dignificaron a sus militantes y crearon la conciencia de que una nueva Universidad era posible. Es imprescindible por lo tanto conservar la memoria histórica emancipadora a fin de que próximas generaciones universitarias se animen a emprender nuevas aventuras humanas en el proceso de cambio de este mundo que habitamos, cambio en el que la Universidad debería convertirse en protagonista, ya que su tradición asi lo reclama.”

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