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Artículo de colaboración para Borroka Garaia da!. Autor: Maurício Castro (del Colectivo Editorial de Diário Liberdade / Galiza)

A menudo, vemos opinadores profesionales de los medios del sistema ridicularizar las precarias condiciones de vida en Cuba, apuntando para ella como el ejemplo paradigmático de la inviabilidad del socialismo.

Quién ya allá estuvo –yo estuve hace unos 26 años– sabe que se trata de un país del llamado “Tercer Mundo”, con graves restricciones en el acceso a productos de primera necesidad y carencias materiales importantes.

Sin embargo, si no queremos quedarnos en la caricatura liberal-reaccionária, deberemos profundizar en el análisis crítico en el momento de interpretar aquella realidad, sin tampoco caer en idealizaciones fuera de lugar. La primera exigencia, en nombre del rigor intelectual, será situar a Cuba en el ámbito que le corresponde, en términos no exactamente geográficos, sino sobretodo relativos a la división internacional del trabajo en el capitalismo mundial.

En efecto, sería absurdo intentar comparar la situación de Cuba con la de Suecia, para así defiender el “modelo nórdico” frente al “caribeño”. Cuba debe ser comparada con otros países de la sub-región del Caribe, como Haití, República Dominicana, Jamaica… en parámetros como la protección social, desigualdad, salud, educación, etc; descontando, claro, algunos refugios fiscales y colonias de la zona, con una función muy determinada al servicio del grand capital financiero o de determinados estados del centro del sistema.

A partir de ahí, con idéntico rigor, habrá que reconocer, como lo hace la intelectualidad más lúcida de la propia Cuba, la imposibilidad de que un pequeño país como Cuba, con una economía dependiente y bloqueada hace más de 50 años, pueda alcanzar sola el comunismo.

En lugar de eso, admitamos que se trata de una ambiciosa y heroica, pero limitada, experiencia de transición hacia el socialismo, que enfrenta enormes dificultades para conseguir mantener los mínimos necesarios que garantizan al conjunto de su población una vida digna en todos los parámetros que la configuran como sociedad del siglo XXI.

Ahorraré a quien me lee el repaso a las diferentes y evidentes conquistas a lo largo de este medio siglo de revolución, limitándome únicamente a la parte que, por motivos personales, más me interesa: la protección a sectores especialmente desfavorecidos. Me refiero a los niños, a los ancianos y personas con enfermedades o problemas de salud que les quitan toda o buena parte de la autonomía personal para desenvolverse en sus vidas.

Son precisamente esos los sectores mejor atendidos por las instituiciones revolucionarias cubanas, dentro de las limitaciones impuestas por el bloqueo y por las carencias económicas. Un ejemplo de eso que afirmamos, y que contrasta radicalmente con otros países de Caribe, es el que estamos viendo en estos días con el huracán Irma.

Los brutales huracanes que cada año arrasan aquella área, incluyendo los estados norteamericanos más próximos, dejan saldos de decenas, cuando no centenares de víctimas mortales y de personas desaparecidas. Solo un par de datos significativos: el Huracán Matthew dejó, hace ahora un año, 842 muertes en Haití. Provisionalmente, el Huracán Irma ya há dejado, en los últimos días, más de 25 muertes en diversos países caribeños. Probablemente el número acabe por aumentar.

En los dos casos, la humanizada y organizada Cuba, con su defensa civil activada en el seno de la propia población, no tuvo víctimas mortales, aunque sí importantes daños materiales. Además, envió a personal sanitario a las islas vecinas, para colaborar solidariamente con aquellos pueblos hermanos.

Ojo, no estamos diciendo que Cuba consiga siempre la total autoprotección de su población. Afirmamos, eso sí, que la mayor de las Antillas consiguió suprimir la obligatoriedad estructural de que cualquier catástrofe ataque siempre y por definición a aquellos sectores más desfavorecidos de la sociedad, causando un gran número de víctimas, porque la protección de toda la población y especialmente de la más dependiente es el principal objetivo institucional.

Algo tan normal como poco frecuente en esta prehistoria de la humanidad en que aún vivimos.

El discurso dominante nos vende que el coste en vidas humanas debido a “catástrofes naturales” es inevitable. Gracias a Cuba, con todas sus limitaciones y problemas, sabemos que no es exactamente así y que un mundo al servicio de la humanidad es posible… pero solo en el socialismo.

PS: 24 horas después de escrito este artículo, que ofrecía datos provisionales, acabó por confirmarse la muerte de 10 personas en el centro de la Isla de Cuba, en el que fue uno de los más devastadores huracanes de su historia. Consideramos que, tal como se decía en el texto, esos fallecimentos no cuestionan la tesis defendida en el mismo: “Ojo, no estamos diciendo que Cuba consiga siempre la total autoprotección de su población. Afirmamos, eso sí, que la mayor de las Antillas consiguió suprimir la obligatoriedad estructural de que cualquier catástrofe ataque siempre y por definición a aquellos sectores más desfavorecidos de la sociedad”.

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