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Endavant OSAN

Este 10 de octubre el gobierno de Cataluña traicionó la soberanía del pueblo expresada en el referéndum del 1 de octubre y la huelga general del 3 de octubre. La no proclamación de la República -y su sustitución por una «suspensión» que abre las puertas a una negociación con el estado es un ataque contra la soberanía del pueblo. El gobierno de Puigdemont ha cedido ante el chantaje ejercido por la banca, la patronal y la Unión Europea, y ante los miedos del soberanismo gubernamental al desbordamiento popular que permitió el éxito del referéndum y de la huelga general. El mensaje que han lanzado es claro y triste: las opiniones de unos pocos tienen más valor que los votos de una mayoría; la soberanía, por el soberanismo gubernamental, es negociable y transaccionable. No sólo nos limitamos a decir que no compartimos la decisión, sino que la rechazamos abiertamente porque es un grave desprecio a la voluntad popular.

El proceso de autodeterminación sólo avanza en la calle

El ejercicio de la autodeterminación es en sí mismo una revolución política. Una revolución que implica la acción del pueblo en la calle, la toma del control del territorio, el control de los sectores económicos estratégicos y la voluntad decidida de construir un poder político independiente. El pueblo cumplió su parte, con una movilización y autoorganización tan masivas que permitieron hacer el referéndum y detener el país en la huelga. El gobierno ha demostrado que no tenía la intención de cumplir con su parte, a pesar de cinco años de propaganda intensa sobre la creación de las estructuras de estado.

Cuando el proceso pasó de las instituciones a la calle, después del 20 de septiembre pero sobre todo entre el 1 y el 3 de octubre, la autodeterminación pudo empezar a materializarse. Ante la enorme magnitud del pueblo movilizado, el miedo del soberanismo gubernamental dictó un retorno del proceso a las instituciones. Un soberanismo gubernamental que ya había tomado decisiones destinadas a convertir el referéndum en una protesta, como la disolución de la sindicatura electoral o la movilización que pretendía impulsar la dirección de la ANC de hacer colas silenciosas ante las escuelas mientras la policía retiraba las urnas, y que afortunadamente no tuvo ningún seguimiento.

La decisión de aplazar una semana la traducción de los resultados del referéndum en acción política ha dado tiempo a las grandes empresas y bancos para entrar en una verdadera guerra psicológica y para que el españolismo organizara una importante desfile orangista por el centro de Barcelona y perpetrara agresiones fascistas en Palma y Valencia. Situaciones que ahora están sirviendo para justificar el retroceso del gobierno en la aplicación de los resultados del 1 de octubre. Esta es una decisión que atribuimos al miedo del gobierno autonómico de tomar decisiones políticas mientras la gente estaba en la calle.

Con las movilizaciones del 1 y el 3 de octubre grandes capas de la población tomaron conciencia del poder de la movilización y de la necesidad de desbordar las instituciones para poder generar cambios en profundidad. Es sobre esta conciencia con la que será posible terminar de materializar el ejercicio del derecho de autodeterminación de la única forma que es posible en nuestra situación: a través de la desobediencia al marco constitucional y europeo, y la obediencia única al mandato popular .

Necesitamos hacer frente a la operación de reforma constitucional

En el contexto político actual sólo hay tres escenarios posibles: ruptura, reforma o involución. Quien no juega a favor de uno, está jugando en favor de otro por mucho que crea lo contrario. En el Principado, la ruptura es la proclamación de una República independiente. Aquel soberanismo o aquella izquierda que no esté para hacer efectiva ya la República independiente, no está por la ruptura y juega, por tanto, en favor de la reforma. Y la única reforma posible dentro del marco constitucional es una reforma constitucional.

Desde hace tiempo, en Endavant OSAN venimos denunciando las intenciones de los sectores de orden del soberanismo de buscar escenarios de negociación con el estado que sólo conducen a un lugar: la reforma constitucional. Este escenario, que perpetuaría durante décadas la sumisión de nuestro pueblo a España y los dictados de la Unión Europea, comienza a congregar actores diversos.

En primer lugar, el reformismo ha encontrado en la «nueva política» un puntal para la supervivencia del régimen. El papel del Colauismo y de Compromís en todo el conflicto ha sido sistemáticamente el de obviar la voluntad popular, el de menospreciar cualquier concepto de soberanía real y el de querer cerrar el conflicto a través de negociaciones por arriba. Por mucho que lo maquillen con la propaganda en favor de un proceso constituyente, hacer un proceso constituyente en el marco constitucional es una reforma del estado de las autonomías y no la construcción de una República.

El reformismo también es la vía posibilista en la que apuestan tanto una parte del PDeCAT como algunos sectores del poder económico de Cataluña. Se trata, en definitiva, de intentar amortiguar la contestación social y nacional surgida en Cataluña sin poner en duda el orden jurídico existente -español, capitalista y patriarcal-, y hacerlo utilizando como horizonte un referéndum pactado que es imposible que sea ​​aceptado por el estado español.

En esta operación, la jugada de recurrir a la mediación de la UE previa a cualquier ruptura refuerza la postura de aceptar la hoja de ruta de la reforma constitucional. Los principales mandatarios de la UE afirman que «damos el apoyo a los esfuerzos para superar la división y la fragmentación para asegurar la unidad y el respeto a la Constitución Española», y dan pleno apoyo al gobierno español.

Toda esta operación tiene, sin embargo, un problema: el pueblo. Una mayoría social en Cataluña ha apostado y ha defendido la proclamación de una República independiente. Y es este pueblo el que tiene que hacer prevalecer su soberanía contra los intereses políticos y económicos de élites y grupos de presión.

Hacer lo que dijimos que haríamos: ser aceleradores de la autodeterminación

En la izquierda independentista no podemos titubear ni adoptar un posicionamiento de seguimiento crítico del proceso negociador al que nos quieren empujar. Hay que hablar con claridad y no dar ningún balón de oxígeno al procesismo. El riesgo de convertirse en cómplices de una operación de reforma desde arriba es muy elevado.

En este sentido, apoyamos la posición apuntada por la CUP-CC de no volver a participar de la actividad parlamentaria hasta que no se hagan efectivos los resultados del 1 de octubre. Asimismo, alertamos contra la trampa de iniciar debates parlamentarios o políticos sobre el proceso constituyente antes de la materialización efectiva de la independencia. Una acción que sólo se entendería destinada a distraer al independentismo mientras se negocia una reforma constitucional.

La izquierda independentista se debió al mandato popular del 1 y el 3 de octubre, y no a una pretendida unidad política con ERC y PDeCAT que si no sirve para dar cumplimiento a este mandato popular, no sirve para a nada.

Cuatro ejes para ganar esta batalla.

Aunque los hechos del 10 de octubre sean decepcionantes, hay muchos motivos para continuar en esta batalla. El principal, los más de dos millones de personas que el 1 de octubre dijeron basta y que el 3 de octubre protagonizaron la movilización más grande de la historia de Cataluña. Y también porque con el pueblo organizado todavía podemos detener este ataque a la soberanía y conseguir hacer respetar los resultados del 1 de octubre. Y creemos que lo podemos hacer con una estrategia que debe pivotar sobre estos cuatro ejes;

-Exigir la proclamación de la República independiente en la calle. Hay un calendario de movilizaciones amplias de todos los agentes que no han apoyado el paso atrás del gobierno autonómico.

-Continuar trabajando en el proceso de autoorganización popular. Los Comités De defensa del Referéndum (CDR) y las diferentes formas de autoorganización al margen de las correas de transmisión de las direcciones del soberanismo gubernamental son un valor importantísimo y clave para generar movilización.

-Secundar la propuesta de la CUP de detener su participación en el Parlamento. La legislatura sólo tiene sentido si culmina con la inmediata proclamación de la República independiente.

-Desmontar el discurso sobre el «diálogo» destinado a justificar la reforma constitucional. La reforma constitucional no puede ser presentada como un mal menor, sino que significa alargar la pertenencia de los Países Catalanes en España durante más generaciones.

4 thoughts on “Valoración sobre los hechos parlamentarios del 10-O y el contexto postreferéndum

  1. Buena aportación, dos millones de personas no se pueden dejar a un lado.
    La lucha sigue

  2. Hay que apoyar toda acción dirigida a minar, tanto al corrupto y totalitario Estado español, como a la corrupta burguesía catalana.
    Es el momento de ampliar la grita desde todos los territorios.

  3. Ya, pero lo que sucede es que los corruptos españoles lo tienen muchísimo más controlado todo que los catalanes.
    La preferencia en la lucha hoy es meridiana y clara, Catalunya.

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