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fines

Autor: Borroka garaia da!

En ocasiones hay confusión en cuanto a fines y medios. Por poner un ejemplo, a veces se entiende la ocupación como una herramienta, como un medio de cara a dar cuerpo a algún proyecto. Por lo que podría ser descartable si se encontrara algún medio diferente que pueda dar cuerpo a un proyecto similar. Sin embargo, la ocupación más allá de ser un medio para algo también es un fin – arrebatar al capital un espacio-, por lo que si se prescindiera de ello el proyecto ya no sería lo mismo. Sería otra cosa. Es decir, lo táctico se convertiría en estratégico acotando el proyecto emancipador. Es por ello que la ocupación mientra exista capitalismo es un objetivo táctico por sí mismo y no puede haber nada que lo sustituya ya que el espacio que comprende el capital debe ser completamente ocupado en todas sus vertientes.

La estrategia política es un conjunto de tácticas planificadas regidas por unos principios ideológicos de cara a conseguir unas metas. Estas metas u objetivos son llamados objetivos estratégicos cuando responden a la finalidad de un proyecto político determinado. Cuando lo táctico se convierte en estratégico significa que los objetivos estratégicos se han trastocado, un proceso que puede incluso pasar inadvertido por un tiempo pero que tarde o temprano sale a relucir por la acumulación excesiva de incoherencias y contradicciones con inmensa dificultad para reconocerlas e imposibilidad de superarlas o gestionarlas. Esto es debido a que dentro de un movimiento político o en la interrelación con sus alianzas o posibles alianzas se superponen objetivos estratégicos diferentes. No es lo mismo estrategia y táctica, por diversificadas o diferentes que sean de cara a un estado socialista vasco independiente que estrategia y táctica por diversificada o diferente que sea de cara a una democracia formal en la UE pese a que en diversos tramos o fases pueda haber similitudes. Tarde o temprano explota la contradicción. Esta contradicción no se puede gestionar ya que solo tiene dos resultados posibles. Supeditación a intereses ajenos de clase que a su vez bloquean los objetivos estratégicos o supeditación a los intereses de la clase trabajadora que abre espacio y camino hacia los objetivos estratégicos poniéndose tras de sí a franjas sociales diferentes. Y no al revés.

En política se entienden los fines como objetivos determinados a alcanzar y los medios como las herramientas empleadas para lograr tales fines. Sin embargo, la relación entre fines y medios tiene una complejidad muy superior al en teoría simple enunciado que los define.

Por un lado estaría la relación que no los asocia: Los fines son lo importante y cualquier medio que aparentemente pueda servir para su consecución es válido. Por otro lado nos encontraríamos la relación que los asocia: Los medios están relacionados con los fines de tal manera que en ellos se debe mostrar el adelanto del fin perseguido. Básicamente estos son los dos postulados y generalmente llevados al extremo nos llevan al pragmatismo radical sin principios o al fundamentalismo. En cualquiera de los casos haciendo muy difícil la consecución de los fines.

La palabra pragmatismo proviene del vocablo griego pragma que significa “situación concreta”. El pragmatismo es una actitud que prioriza la utilidad y el valor de lo práctico por encima de otros factores. Lo práctico justifica los medios. La verdad está relacionada con lo útil o exitoso de las cosas. El conocimiento que no sirva para algo, lo que no sea posible de realizar es descartable.

En política es común utilizar el término pragmático cuando en verdad ese pragmatismo político en demasiadas ocasiones suele tener una base de prejuicio y rara vez observará consecuencias prácticas y útiles que no encajen con los prejuicios base, siendo esto paradójicamente algo filosóficamente no pragmático.

Parece que en la sociedad occidental europea la utilidad de los ideales revolucionarios corresponderían en el mejor de los casos a otras latitudes. Idealismo utilizado sobre supuestas situaciones idílicas lejanas que en realidad de idílicas tienen poco. Más bien de esfuerzo sobrehumano y de persecución del ideal.

En Euskal Herria no somos ajenos a ese contexto y en muchas ocasiones se intenta contraponer el discurso del pragmatismo, concepto que se relaciona con seriedad, avance, eficacia y sensatez frente a lo utópico o la locura, relacionado con lo radical, dogmático, ineficaz y enquistador.

El pragmatismo político en algunos casos elimina el componente ético (revolucionario) a la hora de valorar y comprender el carácter de los actos y decisiones políticas llevadas a cabo. En otros casos es usado como bandera de un hipotético movimiento requerido aunque no querido pero generalmente detrás de ello realmente si hay un impulso de necesidad política que acaba convirtiéndose en valor y paradigma real.

Lo que se puede hacer es siempre una variable virgen que no depende de ningún otro factor ya que es el propio sujeto el que lo lleva a cabo. Lo que se debe hacer es otra variable que conjuga lo que se puede hacer con el análisis del contexto y procesos. Es ahí, en el análisis del contexto y de la influencia resultante de aplicar acciones lo que nos demuestra la utilidad o no de lo que hacemos.

Todo movimiento que aspira a un cambio del status quo o “estado del momento actual” que basa su accionar exclusivamente en la “situación concreta” tendrá limitado su horizonte en la persecución de un ideal. Y la utilidad de lo conseguido será relativa y relacionada al “estado del momento actual” dificultando la construcción de un nuevo estado de las cosas. Al fin y al cabo eso no es práctico y puede suponer aceptar la primera oferta del comerciante en el regateo y acabar con visión de embudo no siendo conscientes de la fotografía completa.

El pragmatismo administra simplemente lo existente y el idealismo (no el idealismo filosófico contrapuesto a materialismo) nos saca de lo existente para llevarnos a la realidad que aún no es.

Los y las que han hecho evolucionar el pensamiento, la ciencia, el mundo.…toda la cultura que ha venido siendo; es esa masa real de materia y “sueño”. Quienes creemos que este humanidad, este pueblo, nosotras mismas…pueden ser lo que queremos que sea; no podemos morir lentamente mirando simplemente la realidad que es o contemplado pasivamente la idea que no será. Realmente si somos fieles a nosotros y nosotras mismas (eso es la ética) viviremos la felicidad de la lucha saltando desde lo necesariamente conocido que ahora es hacia lo necesariamente querido que será.

Si todo lo que conocemos en tiempo y espacio es absolutamente discontinuo, hasta la propia luz ( a Leibnitz le saltó Planck ); no digamos una realidad social pendiente en parte de variables objetivas, nunca conocidas en su totalidad, y a la ilimitada potencialidad subjetiva.

Luego nunca en la historia ha ocurrido que hacer algo que no se desea haya traído al final objetivos deseados, ya que actuar en el no deseo invariablemente trastoca el fin que ya será otro. Ni actuar en el deseo invariablemente lleva al fin sin calibrar medios. Cuando se llega al equilibrio exacto (por muy caótico que sea) es cuando se produce el cambio o la revolución.

Moraleja: No son de fiar los que te pidan hacer algo que no deseas prometiéndote que se llegará así a lo que deseas. Sobre todo cuando no son de tu clase.

One thought on “Sobre los fines y los medios

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