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Artículo de colaboración para Borroka garaia da! Autor: Fermin Gongeta

Con 7,9 millones de votos, el llamado arbitrariamente partido popular, maneja a su antojo a 45,9 millones de ciudadanos; 36,5 millones de ellos, con derecho a voto.

“¿Por qué los pobres botan a la derecha?” Es un libro de Tomas Frank. La edición del año 2014 contiene un prefacio de Serge Halimi, director de Le Monde Diplomatique. Su pensamiento y el 30 de algunas de sus expresiones críticas, referidas a la república francesa, se pueden aplicar casi literalmente al reino español.

En el reino español se ha cumplido con creces el sueño de los conservadores, y es que una parte de la clase obrera, les proporciona de nuevo, los medios políticos para desmantelar y destruir los pertinentes derechos que el mundo obrero les había arrancado anteriormente con la lucha continua, su fuerza sindical y política; esto es, con una mayor democracia.

Pero esto ha desaparecido. El triunfo del conservadurismo ha destruido la unidad obrera y su fuerza política y democrática.

¿Por qué esta ruptura en la clase obrera?

Yo diría que la primera razón es que una parte reducida, y muy reducida de la clase obrera, durante los llamados años gloriosos, a partir de los sesenta, ha conseguido sustraerse de la miseria. Y, a partir de ahí, con su silencio y sumisión exigida, se han aliado con la poderosa burguesía, con el exclusivo fin de mantener el éxito personal de sus dirigentes, pero no el objetivo social.

La elevación de un determinado grado económico cambia radicalmente nuestra forma de vivir, y por consiguiente también la de pensar. Porque primero se vive, y l luego se piensa justificando nuestros actos.

La clase obrera se rompe. Y cada dirigente forma sus grupos, fortalece sus propios “sindicatos” para justificar sus acciones. Y, son estos sindicatos obreros quienes discuten todo tipo de actitudes intrascendentes y superficiales para evitar deliberadamente tocar el tema fundamental: cómo debe cubrir el gobierno las necesidades más elementales del pueblo desposeído y sustraído de sus derechos más elementales.

La ruptura del mundo obrero y de sus representantes hace aumentar los motivos de su propia separación, frente a la unidad total y absoluta de los poderosos, de las clases políticas conservadoras y acomodadas sin límites, y de empresarios cuyo único falso pretexto es la competencia internacional.

Pese a ello, los desgarros grandiosos producidos también en la alta burguesía, en absoluto les impiden que a la hora de buscar, encontrar y elegir sus representantes políticos, lo hagan en una tan clara como escandalosa unidad.

Mientras tanto, algunos grupos de la pequeña clase media, desprendida ya de sus situación proletaria, justifican su actitud de apoyo a los súper poderosos de la derecha, en base a razones ética o religiosas de paz, frente a la autoridad, pero sobre todo en base a una razón primordial y fundamental, jamás pronunciada ni reconocida, como es el miedo. Miedo a empeorar su estatus, le situación económica y social conseguida.

La inseguridad económica desencadenada por el nuevo capitalismo –mundialización, ha conducido a una gran parte del proletariado y de las pequeñas clases medias, a buscar, y por supuesto sin encontrarla, la seguridad, no en la unión y solidaridad entre ellos, sino en un universo moral y jurídico que lleva inexorablemente al conservadurismo y a planteamientos de plena sumisión al poder. Efecto claro del miedo a volver a una mayor miseria, al castigo y a cárceles. Aunque en muchos casos parecería imposible.

En el reino español, la dimensión religiosa ha impulsado, más aún si cabe, el resentimiento conservador mucho más que en el resto de Europa.

El ultra liberalismo del poder absoluto sobre el pueblo, y más aún sobre la clase obrera, se ha fusionado así con la mojigatería e inexistente moralización.

Mantengo que una reacción conservadora, completamente individualista, se deriva, en general, de una apreciación más pesimista de las capacidades del progreso colectivo”. Afirma con claridad Serge Halimi. Y a ello me  adhiero plenamente.

Pero ¿cómo un menesteroso y necesitado como yo, que no llega a empalmar económicamente los meses, va a juntarse con desdichados y desafortunados idénticos a mí?

¿Acaso ellos me darán de comer, me cuidarán? ¿Ellos que no tienen de qué comer ni con qué vestirse ni dónde vivir?

Únicamente me pueden dar algo, aunque sean basuras, aquellos que las poseen. Es a ellos a quienes tengo que, no solamente obedecer, sino votar ciegamente en las elecciones. Que, al menos, me den lo que les sobre, aunque sea robando a otros.

Tremendo error.

Ese es el pensamiento del miedo.

Más aún cuando veo que los únicos que nunca se dividen son los ricos y poderosos. Mientras que todos los partidos y sindicatos, que en teoría debían defender al pueblo, no hacen sino dividirse por pensamientos y teorías idiotas, que en definitiva buscan su propia ansia de poder personal.

La izquierda, esto es, la clase obrera que se había unido para poder, juntos salvarse, está siendo históricamente incapaz de mantener un pensamiento unificador, ni una acción coordinada, frente al poder absoluto de extrema derecha.

La frase “sálvese quien pueda” la están poniendo de moda algunos líderes, de manera tan tremenda como sobrecogedora.

En Europa, y sobre todo en el reino español, la religión católica ha implantado el pensamiento de que el origen de la vida y el juicio final (pretendidamente divino) en el momento de la muerte de cada individuo, dependen de que cada persona hayamos sido obedientes a las leyes divinas y a las aplicaciones que de ellas han desarrollado las autoridades tanto religiosas como políticas.

Según ellos, es el individuo quien debe ser fiel y obediente a la ultraderecha, y a todo poder si es que quiere salvarse.

Esta reacción conservadora nos conduce a una apreciación cada vez más pesimista de las posibilidades y capacidades del progreso colectivo. Y ello, debido a que el poder social económico político y religioso se centraliza y une cada vez más para dominar y aprovecharse de las clases más humildes y desposeídas.

El individualismo no es sino el ansia de poder y dominio sobre los demás, a quienes se intenta desvincular, desunirles y disgregarles para que el poder del más fuerte sea más fácil de ejercer.

Fueron los poderosos quienes primero descubrieron lo de que “el pueblo unido jamás será vencido”, y por ello implantaron la ley del individualismo, y que su primera misión fuese la de dividir al pueblo, a la clase obrera, proletariado, privilegiando a quienes más capaces eran de distanciarse y dominar a los más desposeídos.

Esto es lo que a mí me explica la desaparición eficaz del partido comunista, la terrible e incurable enfermedad de la desunión del partido socialista, así como el grave posicionamiento de la auto denominada izquierda nacionalista vasca, frente a nuestros presos injustamente detenidos, sentenciados por decretos y condenados a perpetuidad.

El egoísmo de unos pocos destruye la unidad del pueblo.

Y el individualismo aislacionista impide la lucha eficaz por la supervivencia.

2 thoughts on “En plena lucha catalana – española

  1. Tal vez lo primero sea observar que la clase obrera de 2017 no es la de 1970, ni aquella la de 1935. Es más, diría que clase obrera es mas hoy un concepto de identificación colectiva que un concepto objetivo como podía ser en 1935. Si esto es así apelar a la clase obrera como fuerza transformadora es absurdo, vamos a estar atrapados en un bucle dialectico eterno.

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