Borroka Garaia da!

La política penitenciaria es estrategia de estado

Autor: Borroka garaia da!

Esta madrugada ha muerto la presa política Belén González y lo único que se ha sabido del estado es su interpelación por la pulsera telemática que la tuvo controlada hasta su último aliento. Son perfectamente conocidos por el estado los presos y presas políticas en estado grave de enfermedad como es el caso de Ibon Iparragirre en una situación crítica que puede llevar a un desenlace fatal en cualquier momento.

La idea del estado es que la cárcel vaya matando a los y las presas políticas y que siga girando la ruleta de la muerte de la dispersión en sus allegados. No por una supuesta venganza, sino como siempre ha ocurrido en la historia de todo proceso de liberación donde las fuerzas reaccionarias se han hecho con rehenes, hasta que se cumplan las condiciones y propuestas exigidas para lo cual entonces vendrían las promesas del estado de “aligerar”la carga de su represión. La política penitenciaria no deja de ser una estrategia política, la cual solo puede ser vencida por otra. Entender la política penitenciaria como un acto emocional (vengativo) es una cortina de humo que ofusca la realidad de ésta, ya que es una estrategia de estado no relacionada con el o la oprimida sino con la opresión.

La tónica política de los últimos años ha reforzado la estrategia política del estado, y se ha quedado muy lejos de ser una estrategia ganadora, al contrario, lo ha sido perdedora y ha llevado el proceso de liberación vasco a su práctica desaparición bajo la sombra vigilante de la derecha regionalista vasca, pese a que “el conflicto” no lo haya hecho, consiguiendo que el “problema político vasco” sea un asunto sin apenas transcendencia y sin capacidad en ningún caso de crear nuevas energías y perdiendo antiguas, tanto a nivel interno para generar procesos políticos de lucha que abran espacio a la iniciativa independentista y mucho menos a la socialista. Y a nivel externo logrando estar bajo mínimos históricos de cara a poder condicionar las políticas de estado. Esto tiene un efecto directo claro en cuanto a las y los rehenes políticos, que dejaron de ser un “problema” en relación proporcional a que el proceso de liberación dejo de serlo para el estado. Lo que históricamente estaban dispuestos a solventar aunque fuera de manera técnica para quitarse “el problema” es hoy un abanico completo de posibilidades estratégicas con las cuales poder jugar.

Lo cierto es que si no cambia el panorama político y social vasco difícilmente se podrá visualizar un futuro distinto a lo ya conocido, salvo una nueva generación de presos y presas políticas vascas que está empezándose a fraguar y que ya está dejando sus víctimas para lo cual ya tienen disponible toda una nueva hornada de leyes represivas para unirse a las anteriores y ejercer nuevas ofensivas y presiones si son requeridas o en vistas de que una nueva estrategia de liberación renazca.

Que los represaliados y represaliadas sean “una carga” para el estado, que tenga un coste ascendente cualquier dinámica represiva dentro o fuera de las cárceles, o que cualquier consecuencia tenga un precio es la condición base para que la balanza se incline a favor y eso está relacionado también con una estrategia política de confrontación contra el estado. En su ausencia no hay nada que poner en la balanza. Y es que no se conoce ningún arreglo duradero para los y las prisioneras de ninguna guerra o conflicto político que no pase por una solución política, entendida mucho más allá de lo que se suele entender por ésta, que no caen del cielo sino que son arrancadas, conseguidas. Y no lo son por abogados, políticos y humanistas sino por el pueblo en lucha. Es por ello por lo que solo la amnistía como referente ineludible puede dar cuerpo político a una estrategia que suponga una carga para el estado y que será proporcional a la fortaleza del proceso de liberación nacional y social. Y es en su camino donde se producen victorias tácticas. Cuando la táctica se convierte en estrategia cada presente o futuro represaliado o represaliada se convierte en una pieza inconexa apolítica de un puzzle que no se puede solventar. Por eso la insistencia del estado en restar el caracter político a a la represión que ejerce o a los presos y presas que crea.