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Autor: Borroka garaia da!

El ser humano generalmente es tricromático ya que posee tres canales independientes para la recepción de la información de los colores a partir de los tres colores primarios. Esto es algo bastante inusual dentro de los mamíferos ya que exceptuando algunos primates y marsupiales, por regla general los mamíferos son dicromáticos o monocromáticos (ciegos al color).

Hace unos años, y aún sigue rulando, apareció en internet un test visual mediante el cual se ofrecía la posibilidad de dilucidar si personalmente eras dicromático, tricromático o tetracromático dependiendo de cuántos colores diferentes eras capaz de distinguir en una tira de colores de una imagen que se ofrecía. El éxito fue de tal envergadura que se hizo rápidamente viral y fueron muchos millones de personas por todo el mundo las que descubrieron que al parecer tenían un superpoder oculto del que nunca se habían dado cuenta hasta realizar el test y orgullosamente compartieron en sus redes sociales el resultado. Y es que los resultados daban un porcentaje altísimo de tetracromáticos o poseedores de cuatro canales independientes para la visión tanto en hombres como en mujeres, y hasta en algunos informátícos, cosa bastante increíble ya que en primer año de informática ya se aprende que los monitores solo utilizan tres colores primarios y ninguno sería capaz de llegar a esa dimensión extra.

No se descarta que algún hombre pueda ser tetracromático, pero se cree que esa condición es exclusiva de mujeres y de un número muy limitado de éstas (posiblemente no mayor del 10%) siendo aún muy menor el porcentaje de entre ellas que tendría una tetracromía señalable. Y es que los conos rojos y verdes se encuentra en el cromosoma X y, como las mujeres tienen dos de estos cromosomas podría darse el caso de dos versiones distintas de esos genes y que tengan los cuatro tipos de cono del tetracromatismo y por tanto percibir una dimensión extra de variabilidad en los colores. Al ser el cromosoma X recesivo y al tener el hombre solo uno, el resultado sería inverso, y ahí es donde aparece el daltonismo, que también se puede dar en la mujer pero es una condición muchísimo más usual (casi diez veces más) en el hombre.

En cualquier caso el famoso test no deja de ser un bulo barato no solo ya porque desde los monitores sea materialmente imposible saber tal cosa sino porque se necesitan pruebas sofisticadas e investigaciones complejas para llegar a aproximaciones y solo han sido casos muy contados en los que se han hecho investigaciones profundas.

La que creó y difundió el tan falso como exitoso test fue una profesional del llamado neuromarketing (o marketing emocional), la rama encargada de estudiar el comportamiento del cerebro en los procesos de compra. O sea, los procesos manipulativos a través de la emoción que necesita el empresariado para la venta de su producto y que luego se traducen en publicidad, propaganda y otros menesteres. Básicamente el arte del engaño a través de los sentimientos desde una perspectiva supuestamente científica para que la emoción pueda superponerse a la razón y por lo tanto dejar sin defensas de cara a un aumento de ventas. Esta disciplina “científica”es no solo uno de los pilares del consumismo moderno sino también de la política, y con los años de una forma cada vez más sofisticada y omnipresente.

Si el test de marras tuvo tanto éxito pese a su falsedad es porque tras un manto de supuesta seriedad científica puso en las manos del “cliente” un falso “empoderamiento” mediante el cual le daba la posibilidad de saber si era “especial” y tenía capacidades, controles y dotes supuestamente superiores y además “poder demostrarlo” creando gran orgullo y satisfacción instantánea una vez “demostrado así” y compartido con el resto de la humanidad que lo viera colgado en su red social.

Por eso es importante que los y las que solo tienen la verdad y no los medios y capitales para que pueda cuajar la mentira, se agarren a ella fuertemente ya que es lo único que tienen y si la pierden o la banalizan no les queda nada. Por eso se dice que la verdad es revolucionaria y por eso la nueva política revolucionaria que a día de hoy se necesita tiene que volver a su base sencilla y a la mirada justa como la que tiene por ejemplo un perro que guarda la verdad del cosmos, aunque sea dicromática.

Y es que en realidad los colores más que una realidad objetiva son una percepción. Lo que existe es la luz. Sin luz no hay color. Cuando la luz llega a un objeto las propiedades químicas de éste hacen que absorba determinadas longitudes de onda y refleje otras. Las células fotorreceptoras de la retina de nuestros ojos lo convierte en pulsos eléctricos transmitidos a nuestro cerebro. No todo el mundo tiene ni el mismo tipo ni cantidad de células sensibles a la luz, por lo tanto en el ser humano existe variabilidad de percepción en los colores creando ligeras diferencias. De esta manera la percepción del color depende de la luz, de las características químicas del objeto y del observador. Y pese a que existan similitudes y amplios consensos, el cielo es azul, tus ojos también pueden serlo… no es una realidad que ese azul sea exactamente ese azul para todos y todas en todas las circunstancias. Por eso es necesario fijarnos más en la esencia y la verdad de las cosas y no dejarnos llevar por la apariencia por muchos colores que nos digan que está pintada.

One thought on “Neuromarketing

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