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Boro LH – Adiante

Han pasado unos días desde el juicio que llevaba esperando 4 años y medio, ese que amenazaba con llevarme 6 años a prisión (7 y medio si le sumamos la condena ad-hoc que me impuso la Audiencia Nacional por opinar en Facebook).

Lo primero, decir que a nivel personal ha sido un proceso duro, porque no ha sido un simple juicio, ha sido un año prácticamente defendiéndome de montajes policiales y jurídicos: el 30 de noviembre del año pasado tuve el primer juicio, fue el de la Operación Araña en la Audiencia Nacional, cuando aún estaba esperando la sentencia recibí la fecha para el juicio por el “Jaque a la monarquía” fijada para el 16 de abril, y llegada esa fecha llegó el consabido aplazamiento ante la supuesta indisposición de uno de los agentes que me acusaba. Así que ha sido por fin este 3 de octubre cuando se ha celebrado el juicio. Ni que decir tiene que estar todo un año así, de juicio en juicio, además viendo como compañeros han ingresado en prisión, han tomado el camino del exilio o siguen inmersos en una batalla judicial para evitar entrar en prisión, es algo agotador. Y en mi caso además no me he quedado precisamente parado esperando, he recorrido medio estado explicando el caso y contextualizándolo en la actual escalada represiva impulsada por el Estado español.

Como decía, el pasado miércoles se celebró por fin el juicio, y si algo quedó claro en las casi dos horas que duró, fue que la acusación no se sostenía, la policía mentía y eso es algo que quedó muy claro para tod@s l@s que estábamos en la sala. En primer lugar, el policía que lleva 4 años y medio diciendo que yo le pegué un puñetazo en la cara, de repente se saca de la chistera que ese puñetazo se lo dio alguien 5 minutos antes, y que no podía identificar quién había sido. La cosa está muy clara: o mentía en el atestado o miente ahora… o lo más seguro es que mienta en las dos. El otro policía supuestamente agredido tampoco lo tenía nada claro vista su declaración: lleva 4 años y medio diciendo que le di una patada y de repente suelta: “el acusado me dio un puñetazo” y a preguntas de la fiscalía añadió “y una patada”. Que una persona que me pide que pase 6 años de mi vida en prisión por supuestamente agredirle, no tenga claro ni que lesión sufrió nos da una idea de la veracidad de dicho testimonio: cero.

Los compañeros de prensa que testificaron posteriormente lo dejaron muy claro: aquel día había una hostilidad manifiesta hacia la prensa, ya desde el primer momento se sucedieron los insultos, amenazas, empujones… hacia los periodistas que cubríamos la protesta. Tras las declaraciones de los periodistas fue el turno de los vídeos donde una vez más quedó claro que no hubo ninguna agresión por mi parte, y además pudimos visionar también la paliza que estos señores les dieron al resto de compañeros que trataban de informar sobre lo que estaba pasando.

Y llegó la fiscal, es alucinante que tras ver cómo un policía cambia su declaración sobre quien le agredió y otro ni siquiera tiene claro si le han dado un puñetazo o una patada (o los dos), tras ver unos videos donde queda muy claro quienes fuimos los agredidos aquel día y quienes nos agredieron, esta señora aún tenga la DESFACHATEZ de seguir pidiéndome 2 años de condena y una multa de casi 5.000 euros. Mi abogado, Erlantz Ibarrondo, lo dejó muy claro: habrá que deducir testimonio a los agentes por si hubieran incurrido en falso testimonio.

En mi alegato final destaqué que aquello no fue un atentado a la autoridad, sino un atentado a la prensa y a la libre información. Denuncié las agresiones policiales ocurridas tanto a mi como a mis compañeros, remarqué que si nos acercamos fue “para informar de la violenta e irresponsable actuación que estos señores estaban llevando a cabo, porque creemos que la prensa debe denunciar este tipo de abusos y de vulneraciones de los derechos humanos por parte de funcionarios públicos”.

“Estos señores han mentido, no hubo ninguna agresión por mi parte, y lo más probable es que dichas lesiones, en caso de ser reales, fueran causados por ellos mismos mientras apaleaban al grupo de periodistas. Estos dos agentes, funcionarios públicos que deberían de estar al servicio de la ciudadanía, mienten cuando me acusan de atentado, mienten cuando me acusan de causarles lesiones y lo hacen porque necesitan una excusa, necesitan un cabeza de turco para justificar su salvaje actuación de aquel día”, continué.

Terminé mi intervención pidiendo “mi libre absolución, pero también quiero pedir responsabilidades para quienes llevaron a cabo esa salvaje actuación policial. Responsabilidades por la paliza a los periodistas, pero también responsabilidades por haber mentido, por esa falsa acusación que me ha tenido durante cuatro años y medio viviendo bajo la amenaza de pasar varios años en prisión. Y responsabilidades por haber obstruido el derecho a informar, el derecho a la libertad de prensa. Sin prensa crítica no hay democracia, sin libertad de expresión y de información no hay democracia “.

Ahora ya ha pasado lo peor, 4 años y medio a la espera, un año de juicio en juicio… y ahora a esperar la sentencia, visto lo visto en el juicio no espero otra noticia que no sea la libre absolución, aunque desde luego tengo claro que la justicia española suele ser de todo menos justa. Pero en este caso ya ni siquiera voy a pedir justicia, porque bastaría con una pizca de sentido común para absolverme e investigar este descarado montaje policial.

Lo que me ha ocurrido a mí es la punta del iceberg, los montajes policiales están a la orden del día, y muchas veces ni con vídeos ni con testigos, ni demostrando las mentiras policiales somos capaces de tirarlos abajo. Los ataques a la prensa crítica y a la libertad de información continúan día a día en un Estado donde se han cerrado medios de comunicación y se ha encarcelado a sus trabajadores sin prueba alguna (Egin, Egunkaria, Apurtu…). La libertad de expresión ha sido derogada de facto y ahora nadie que exprese una opinión contraria al régimen está a salvo de ser la siguiente víctima de la Audiencia Nacional.

Quieren que no salgamos a la calle, que no opinemos, que no luchemos, que no informemos. Así que la receta contra esto es precisamente seguir movilizándonos, seguir luchando, seguir opinando y seguir informando.

 

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