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Artículo de colaboración para Borroka garaia da! Autor:  Josemari Lorenzo Espinosa

(Este es el artículo que no quise publicar antes de las elecciones. Para que nadie dijera que soy un aguafiestas y me meto, donde no me llaman)
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El domingo próximo (10-11-2019) vamos a votar en otra elecciones, de las llamadas “democráticas”. Vamos a votar (o no) aunque todos sepamos que semejante cosa, no es democracia. Democracia no es que un pueblo, un electorado o una ciudadanía, elija a una oligarquía politica parlamentaria y gobernante. Democracia es el poder del pueblo, ejercido por el pueblo continuamente. Sin encargárselo a otros, sin delegarlo en nadie…Y sin pagar a nadie, para que lo ejerza, en nuestro lugar. Por muy especialista, que diga que es, en eso de hacer las cosas de los demás.

Si la gente que vota, leyera algo mas que la toxina diaria de los periódicos. Por ejemplo, sin ir mas lejos, el Diccionario de la RAE (que no cuesta tanto) podía ver que democracia, como mínimo es “la intervención del pueblo en el gobierno” o también, “el predominio del pueblo en el gobierno político”. O sea, nada que se le parezca a esto. Llamar democracia a lo que sucede, cada cierto tiempo, entre partidos y sus listas, campañas, urnas, pactos, repartos limitados entre minorías elegidas etc. es, como mínimo, una broma.

Y todo esto, sin entrar en los detalles contables del asunto. Los sueldos, los viajes, las dietas, las indemnizaciones, las jubilaciones etc. etc. Que todo el mundo conoce, pero que casi nadie de los “representantes” explica a satisfacción de sus representados, Así que, haced lo que queráis, pero por favor no llaméis democracia a vuestra cosa. Llamadlo, para no haceros muchso daño, sistema representativo. Régimen de delegación. Gobierno por mandato. O modelo de comisionados, elegidos. Lo que sea, menos faltar al respeto a ciertos conceptos.

Instituciones y partidos

Todas las sociedades históricas, mas o menos conocidas, han tenido un modelo de organizacicón-relación, dominación o participación política. Modelado en lo que llamamos instituciones. Esto es, gobierno, parlamento, jueces, policía etc. Que se nutren de personas, a título individual o designadas por partidos políticos. Los partidos son también instituciones de este sistema y, al mismo tiempo, la referencia en estas instituciones. Es decir, en un sistema político burgués. Se desarrollan, casi con sus características actuales, desde la época de la llamada revolución francesa. Primero fueron tertulias, reuniones, charlas etc. Luego clubs, asociaciones, organizaciones, redes, estructuras…Finalmente se complicaron y burocratizaron, hasta alcanzar las complejas formas estructurales y el comportamiento social, con que los conocemos.

Es decir con militantes, simpatizantes, cotizantes, sedes, administradores, gerentes, tesoreros, comisiones, directivos, departamentos, secretarías, encargados, presidentes, vicepresidentes, delegados, asesores etc. Y, sobre todo votantes. Se trata por tanto, de una estructura “empresarial” calcada de los modelos burgueses de organización. Este grupo de personas, en su mayoría, pertenecen al partido en calidad de lo que se llama “liberados”. Esto es, empleados a sueldo, con dedicación completa. Y con las mismas relaciones laborales de cualquier empresa privada. Sin ellos, no fucionarían los partidos.

Esto que parece virtuoso, suele terminar en vicio de funcionamiento. Porque este modelo de estructura tiene también reglamentos y normas. Estatutos, ordenanzas, indicaciones, cerebros dirigentes etc. Y lo que es peor sombras, claroscuros y comportamientos ocultos. Todos de carácter interno. Que en manos de los funcionarios, antes descritos, ahogan la frescura y el funcionamiento natural de los partidos. Y malogran gravemente los objetivos fundacionales.

Líderes

Además del vicio burocrático, los partidos tienen otro casi peor. El culto a la personalidad. Procede también de las prácticas burguesas, que reconocen el mérito personal como elemento indispensable para calificar a los individuos. El culto a la personalidad es un defecto congénito del capitalismo. Pasando a formar parte del partidismo y reflejándose en la existencia y promoción de un líder. Este debe tener las condiciones olfativas necesarias, para dominar la compleja estructura interna del partido. Pero también el carisma suficiente, para seducir al electorado. Estos dos aspectos suelen ser contradictorios. Dando lugar a una esquizofrenia social o doble moral de comportamiento. Porque mientras al exterior, el líder se tiene que mostrar afable, optimista, condescendiente y ocurrente. Incluso falseando la realidad de su carácter original, en el trato interior puede llegar a ser un dictador insoportable. Odiado por sus colaboradores mas directos. Con quienes, es habitual, se disputa el poder en forma poco amistosa.

Guionistas y actores

Los partidos tienen también un programa externo, que se ofrece al electorado, y en el que se indican los criterios, objetivos y forma de conseguirlos. Normalmente los objetivos propuestos son un diseño de los cerebros del partido. Analistas politicos, sociólogos, economistas, sindicalistas, abogados. Son los guionistas teatrales encargados del diseño programático. Este diseño tratará de acercarse lo mas posible a las expectativas del electorado medio. Aunque sea al precio de alejarse de los principios fundacionales del partido. Incluso de las expectativas de los propios militantes.

Se trata de la conocida aberración electoral de ofrecer a los votantes, no lo mejor posible, sino lo que quieren. Por muy conservador que esto sea. Y aunque la oferta se distancie de los criterios políticos iniciales, con que nació el partido. Este guión será puesto, también, en escena por un elenco de actores de primera fila. Con el líder carismático a la cabeza. En el que no faltan los intelectuales orgánicos o las mujeres florero (con perdón). Que en algunos casos, aparentan ser mayoría.

Todo este grupo se separa lentamente del resto. Llegando a constituir un cuerpo extraño, con intereses propios y tácticas distintas. Un cuerpo a medio camino entre la urna y los ideales. Un grupo, que se hace famoso y conocido. Que saluda a propios y extraños. Que conviven civilizadamente con el enemigo político. Ríen y asisten con el, a numerosos agasajos y fiestas políticamente onerosas. Se fotografían juntos y desafían literalmente, cualquier enfrentamiento supuesto. Así se marcan las pautas y el estilo, del partido. Mejor dicho, del nuevo partido.

Asamblea y delegación

Esto ha funcionado así desde el triunfo de la burguesía. Lo ha hecho relativamente bien. Para ellos. En pocas ocasiones ha peligrado el modelo de partido, con su líder carismático y su equipo de asesores teatrales. Hasta ahora, la ventaja de los partidos es que nadie ha resuelto el problema, que tienen los pueblos así maltratados, oponiendo un modelo mejor o mas práctico, a esta partitocracia de talante burgués.

Algunas veces, la asamblea pudo parecer que sustituía a los partidos. Estos o sus sindicatos con orígenes populares, han nacido de una semi-espontaneidad, por iniciativa de grupos asamblearios, que rechazaban las estructuras de dominación político-partidistas, para intentar sustituirlas por otras democráticas, cercanas y colectivas. Todas, sin embargo, han terminado fracasando.

La exigencia de permanencia, dedicación y participación terminaría creando el asambleario profesional. Precedente del sindicalista o político institucional. Y la asamblea ha terminado desinflada por delegación, entregando siempre el poder en unos pocos miembros. Que, por muy representativos que fuesen, eran eso…unos pocos. Pronto la asamblea cede, delega y se queda, supuestamente, en guardia. Para vigilar el cumplimiento de los acuerdos. Pero lo que no puede vigilar la asamblea es el funcionamiento la operativa cotidiana. Una vez que los elegidos toman sus puestos. Se cierran en un comité central. Y, a su vez, dan el poder a un líder. Un profesional con dedicación exclusiva que garantiza unos escaños. Los suficientes para terminar de aniquilar el poder asambleario, desvanecido.

Es una evolución táctica, en la que no se abandonan supuestamente los objetivos estratégicos. Pero poco a poco, también, en la práctica, estos objetivos son relegados, descafeinados, apartados…y finalmente sustituidos. Para entonces, la asamblea ha perdido todo su poder fáctico. Su convocatoria y funcionamiento han dejado de ser espontáneos. Han pasado a depender de las estructuras de partido. Están totalmente en sus manos. Y, en ocasiones pasan años, antes de que se convoque otra vez. Y cuando se hacen estas convocatorias, se convierten en una fiesta institucional del partido. Una mas, en el carnaval político donde todos participamos.

De este modo, el modelo político euro-occidental post45, es decir después del triunfo USA en la guerra mundial, se pone en evidencia. Se desenmascara cada vez que hay unas elecciones. El sistema funciona por ciclos. Y repartos entre los partidos del turno. Cada cierto tiempo, cambian las siglas o los partidos. Pero las reglas son las mismas. Los líderes se repiten, en sus formas y acatamientos. Pueden llamarse con otros nombres, ser cada vez mejor mejores gestores. Fieles delegados. Estas mas controlados, por órganos internos, etc. Pero no son demócratas. Sencillamente, porque semejante cosa no existe. Ni siquiera, como dicen los historiadores del periódo clásico, existía en la antigua Grecia. Donde, unos individuos políticos semejantes a los actuales, tuvieron la desfachatez de inventar la palabra y adjudicársela impunemente.

Si no es mucho pedir: no vayaís a votar

Por todo lo anterior, y otras muchas cosas que algunos podían añadir, yo os pediría que no vayais a votar. No por cansancio electoral, como dicen muchos. Ni porque sea domingo y a lo mejor llueve… Sencillamente, porque las elecciones como el resto del modelo del 78, son una gran mentira. Una farsa, que los políticos, y otros actores interesados o beneficiados siguen llamando “democracia”. Porque mienten, como bellacos, aprovechándose de la desidía política de los demás.

Los elegidos asistirán inocuamente, durante cuatro años, al parlamento español. Ni siquieran hablarán. Porque no les toca. Aplaudirán ostentósamente a sus portavoces. Y solo votaran testimonialmente, porque no pueden cambiar el sentido de los pactos y de las leyes pactadas, de antemanos en despechos y otras cámaras. Intervendrán en alguna inoperante comisión especializada. De la que los ciudadanos apenas conocemos lo que sale por televisión. Es decir, las ocurrencias de algún líder de la mayoría. Etc. etc.

Todos ellos, o casi todos, os volverán a defraudar. Dejarán que pasen cuatro años mas, en la indolencia parlamentaria y con la demogagia impasible habitual, seguirán pidiendo vuestro voto. Desde el mismo día de la toma de posesión, hasta la próxima convocatoria…Sin necesidad de cambiar ni programas, ni mentiras. Serán los mismos guiones, para los mismos actores protagonistas y de reparto. ¡Ah¡ y para el que no lo sepa, o no haya caído en la cuenta, las primeras elecciones de estas fueron el 15 de junio de 1977. Apenas hace cuarenta y dos años. Así que…. vosotros mismos. Vosotros, una mayoría de mas del 60% del electorado, que no habíais nacido, o no tenías edad para votar, cuando a los demás nos impusieron la Constitución del 78… O sea, que ni siquiera habéis elegido el sistema, que parece os gusta tanto.

Porque como decía un chiste de Franco, pocos días después de las lecciones: “Que tontos son, si lo llego a saber, yo mismo hubiera convocado elecciones”.

One thought on “Sin tomar partido

  1. El hombre y el sufragio unibersal:
    “El sufragio universal, al dar un voto a los que sufren, les quita el arma. Al darles poder, les da calma. El sufragio universal dice a todos, y no conozco una fórmula más admirable para la paz pública: cálmate, eres soberano ”. (…) ¡Es el fin de la fuerza bruta, es el fin de los disturbios, el derecho a la insurrección abolido por el derecho al sufragio! ”
    Victor Hugo en la Asamblea Nacional francesa, en 1849 años.

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