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Artículo de colaboración para Borroka Garaia da!. Autor: César Manzanos Bilbao

He conversado con auténticas eminencias en materia de neurociencia, bioquímica, filosofía, y otras disciplinas científicas, acerca de un tema que a mi entender resulta de gran relevancia: ¿la nano-fauna y el resto de los seres tienen conciencia de su existencia? ¿y el animal humano? Siempre defiendo que tener conciencia de “estar vivo”, al final, es crear y reproducir las condiciones orgánicas y ambientales para sobrevivir como sujetos y como especie. No obstante, vista la involución ecosistémica y mental del autodenominado “homo sapiens” hacia un engendro definible como “alienígena descerebrado”, parece más bien que esté creando las condiciones mastodónticas para acabar con el medio que permita tanto su supervivencia, como la de sus congéneres.

Esto le convierte en el único ser sobre el planeta tierra que no tiene conciencia, y si la tiene, es un gilipollas, entendiendo por ello, “aquel ser que deambula a espaldas de sí mismo y de todo cuanto le rodea”. Mata y domina al resto de los seres masivamente sin que le sirva para alimentarse, sino más bien, para transformar su poder en propiedad y capital. Ha instituido la necrofilia y la necropolítica sembrando un mundo de congéneres que malviven empobrecidos, desplazados, refugiados, bombardeados, estresados, enfrentados, encerrados. En fin, infectados con el virus social del malestar y la miseria.

Por su parte, los virus, bacterias, microorganismos y demás nano-fauna, se reproducen y mutan con admirable facilidad para crear las condiciones que garantizan su subsistencia. Eso sí que es ser consciente de su existencia, lo cual, resulta envidiable. Cuando miro a mi alrededor, no dejo de pensar en los infinitos millones de bichos invisibles para nuestros ojos que no necesitan contemplarnos para reírse del engreído y patético animal humano. A ellos les debemos estar vivos y, paradójicamente, a la vez se encargarán, como verdugos anónimos e inaparentes en esta guerra bactereológica ya descontrolada, de ayudarnos en nuestro demencial empeño por acabar con nuestra especie. Un poco de conciencia por favor.

One thought on “¿Autoconciencia?

  1. El uso de Manzanos del término “conciencia” (consciencia, yo nunca uso “conciencia” por sus implicaciones religiosas pero es la misma palabra) es incorrecto: un robot, un programa, un virus informático puede hacer lo que hacen sus fantásticas bacterias (que, ojo, yo también admiro pero no idealizo). La consciencia de estos seres es muy limitada: tienen un programa genético determinista y sólo necesitan procesar “conscientemente” inputs concretos muy limitados, como un programa informático, exactamente igual. Su consciencia es casi cero y no sería la primera vez que ponen en riesgo la vida en el planeta, como p.e. cuando el programa biológico mutó a fotosíntesis y provocon la masiva crisis de oxigenación que casi destruyó la vida en la Tierra, y nos dejó como herencia capas geologicas inmensas de roca sedimentaria rojiza (óxido de hierro, sin fósiles, sin vida).

    La consciencia no es hacer las cosas bien, de hecho la consciencia no es hacer nada en absoluto aparte de procesar los datos, la información, es una actividad pasiva, reflexiva, es nuestra capacidad de entendimiento de nuestro entorno y existencia, limitada y práctica a nivel primario, extensa y a menudo poco práctica a nivel secundario, en mentes “inteligentes” como la nuestra (o de otros animales inteligentes) que producen actitudes “absurdas” como el juego y el arte quizá.

    Pero ojo, no es la consciencia la que produce el arte o el juego por sí misma, es la voluntad creativa, la volición, que es el aspecto opuesto o complementario de la mente. La consciencia es el aspecto pasivo-reflexivo: “siento que me duele algo” o “veo una comida que me apetece”, la voluntad es el aspecto activo-creativo: “busco un remedio para el dolor” o “adquiero la comida esa”… o no lo hago, porque la voluntad no tiene por qué seguir a la consciencia, sino que toma decisiones basadas en la consciencia pero no necesariamente pegadas a ella al milímetro.

    Hay cierto límite en esta división en dos aspectos de la mente pero se aprecia sin duda en la estructura cerebral, con áreas dedicadas al procesado de sentidos (consciencia) y otras áreas dedicadas a la motricidad y al procesado complejo que lleva a que esa motricidad, esa actividad, tenga sentido, coherencia de algún tipo. En la medida en que nos centramos en la consciencia adoptamos una actitud filosófico-científica, espectadora, de limitado alcance, el aspecto volitivo de la mente es al menos tan importante como el de la consciencia y es el que puede trascender la mera observación pasiva. Así la consciencia puede hacer a un geólogo pero sólo la voluntad creativa hará a un escultor o incluso a un humilde cantero, que de forma a la roca y no simplemente la observe.

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