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Artículo de colaboración para Borroka garaia da! Autor: Hauspoa

Traducción al castellano del texto, Euskal Nazio Askapenerako Mugimendua: etorkizunerako irakaspenak

En el último texto que publicamos, dedicado a la historia de la lucha de clases en Euskal Herria, cerramos el análisis en la apertura del ciclo político que nos ha traído a la situación actual. Pasada la mitad del siglo XX y, especialmente con la creación de ETA (1958), la perspectiva progresistas y de izquierdas fue adquiriendo cada vez más relevancia dentro del movimiento abertzale. No se trataba de un fenómeno nuevo, ya que antes del alzamiento franquista del 36 existían ya expresiones organizativas e ideológicas que desde el abertzalismo apuntaban en esa dirección. EAE-ANV fue quizá el ejemplo más destacado. Sin embargo, no fue hasta la década de 1960 que el socialismo terminó por enraizar definitivamente en el mundo abertzale, que por lo general hasta ese momento, al abrigo del PNV, podemos considerarlo en muchos sentidos reaccionario. Para entonces, el desarrollo industrial ya estaba extendido por muchas comarcas de Euskal Herria, y la lucha obrera bullía por las calles de nuestros pueblos y ciudades, bajo la férrea amenaza de la represión franquista. Por su parte, ese mismo régimen de Franco, que había arremetido violentamente contra la cultura vasca y el movimiento abertzale desde el fin de la Guerra, avanzaba inexorablemente hacia una profunda crisis económica y política. En ese contexto, y con el decidido impulso de una nueva generación abertzale y combativa, se aceleró la tendencia a fusionar la conciencia de clase dentro del marco de la liberación nacional. En el seno de una organización revolucionaria como ETA, se pudo desencadenar todo el potencial liberador que esa combinación guardaba en su interior. Quedaban así establecidas las bases del Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV); se ponía en marcha el movimiento que, tomando como eje la independencia y el socialismo, vertebraría la lucha revolucionaria en Euskal Herria durante las próximas décadas.

Llegados a este punto podríamos analizar toda la génesis y desarrollo del MLNV, ya que son numerosos los elementos para el análisis y reflexión que podemos encontrar a lo largo de ese ciclo político que se alargó durante 50 años. Sin embargo, desde la perspectiva actual hoy nos gustaría centrar el análisis hacia el final de dicho ciclo político. En concreto, en el momento en el que la estrategia del MLNV se va agotando, y ante la incapacidad de reinventarse a sí mismo, toma el camino de la desintegración. Tal y como mencionamos en nuestro primer texto, es indudable que a medida que se consumaba la derrota del MLNV (con el cambio de siglo), el sector socialdemócrata fue tomando el control político de lo que se venía denominando como Izquierda Abertzale y desplazó todas sus estructuras al espectro ideológico reformista. Por el contrario, no es menos cierto que el reformismo no hizo más que aprovechar la ocasión lo mejor que pudo; las claves para entender la derrota histórica deberemos hallarlas en el socialismo abertzale revolucionario. En concreto, en su incapacidad para llevar a término sus objetivos. Ahí es donde queremos colocar el análisis de hoy. Y es que para las que tenemos la mirada puesta en la apertura de un nuevo ciclo político revolucionario, es un trabajo fundamental entender las claves que provocaron el agotamiento y la desarticulación del ciclo anterior, y sacar las lecciones pertinentes de ello. ¿Cuáles son, por tanto, los errores que cometió el socialismo abertzale revolucionario? ¿Cuáles las razones del colapso estratégico?

En primer lugar, debemos de prestar atención a factores externos al propio MLNV, que van más allá de sus dinámicas internas, y que sin duda han condicionado el contexto socio-económico y político de Euskal Herria en las últimas décadas. Entre ellos, cabe que subrayar la profunda transformación socio-económica que se ha producido en sociedad vasca en los últimos 60 años. Así, la crisis mundial de 1973 supuso el punto de partida para la desindustrialización y la reforma neoliberal en nuestra tierra. Para la década de los 90, el nuevo ciclo económico había transformado de arriba abajo la composición de clase de la sociedad vasca. Tal y como analizaremos en los siguientes textos, la contradicción entre capital y trabajo seguía vigente (como lo sigue estando hoy en día), pero las condiciones materiales y subjetivas que constituían la clase trabajadora se habían transformado completamente. Como consecuencia de tal transformación, el proletariado industrial, a cuya vera despegó la lucha revolucionaria en los inicios del MLNV, aparecía cada vez en en una proporción menor dentro de la sociedad vasca.

Del mismo modo, con el paso de los años se fue consolidando el cambio de régimen en el Estado español. De la dictadura militar a la democracia liberal, el régimen español logró legitimarse por la vía electoral sin necesidad de ruptura alguna. Una legitimación y cohesión interna que no hizo más que acrecentarse con la entrada en la Unión Europea. En el mismo sentido, en Euskal Herria el autonomismo fue logrando un nivel de arraigo cada vez mayor. No era posible un estado independiente dentro del Estado español, pero sí ir desarrollando estructuras de estado. La burguesía vasca, una vez más de la mano del PNV y en alianza con el poder central de Madrid, se lanzó a esa construcción, cuyo objetivo principal no era otro que la asimilación de Euskal Herria en el marco autonomista español. Así, según iban pasando los años, para muchas vascas fue aumentando la simpatía hacia ese marco administrativo impuesto; teníamos “nuestro gobierno” (Eusko Jaurlaritza), “nuestra policía” (Ertzaintza) o “nuestros medios de comunicación” (EITB). Todo esto impulsó una transformación político-cultural en la sociedad vasca que no podemos ignorar, y que con los años traería graves consecuencias para el movimiento revolucionario. La conciencia obrera y combativa que una vez estuvo generalizada en grandes capas de la población, fue poco a poco sustituida por una la conciencia ciudadanista y cosmopolita; el pensamiento y la ideología burguesa estaban cada vez más extendidos en nuestros pueblos, barrios y ciudades. Más allá del contexto político particular a nivel autonómico y estatal, el desarrollo del estado del bienestar también tuvo mucho que ver a la hora de condicionar la subjetividad de la clase trabajadora. Como conclusión de todo ello, la sociedad vasca pasó de una cultura de la resistencia a una cultura de la falsa convivencia forjada a expensas de un conflicto social y nacional aún sin resolver.

Por otro lado, la represión también ha sido otro factor externo que ha condicionado enormemente al MLNV. Más allá de la “transición”, la actividad represiva del Estado español continuó sin mayores modificaciones. Con el paso de los años, sin embargo, la persecución policial aprendió abordar la labor represiva desde una perspectiva más selectiva, más quirúrgica; de golpear directamente a amplios sectores de la sociedad vasca en su conjunto, paso a centrarse en los elementos y estructuras específicas del MLNV: operaciones policiales constantes, detenciones de cuadros, ilegalizaciones, golpes a organizaciones, torturas salvajes, condicionamiento de las movilizaciones callejeras… En las Vascongadas, la Ertzaintza y el PNV fueron constituyéndose como colaboradores indispensables en esa tarea; en Ipar Euskal Herria, de forma similar, la coordinación policial con el Estado francés fue siendo cada vez más estrecha. Si a todo esto le sumamos el sistema de euro-órdenes que se puso en marcha a nivel europeo y la lucha que se emprendió contra el “terrorismo global” tras el atentado de las Torres Gemelas, cada vez se hizo más difícil llevar adelante la actividad revolucionaria en condiciones adecuadas.

Por último, no podemos dejar de mencionar los cambios que sucedieron en el escenario geopolítico e ideológico internacional. Con la caída de la URSS el neoliberalismo pudo tomar una dimensión mundial sin ningún tipo de obstáculo, abriendo las puertas a la Globalización. Parecía que la lucha de clases estaba históricamente agotada y la mayoría de movimientos socialistas y revolucionarios se quedaron sin rumbo ideológico. Al mismo tiempo, en las academias universitarias se iban desarrollando nuevas propuestas ideológicas dentro del paisaje progresista y de izquierdas, muchas de ellas en torno al marco de pensamiento posmoderno. A ese respecto, debemos de conceder a dicha corriente haber sabido aportar ciertos elementos a la perspectiva de género, trayéndola al centro del panorama político, así como aportaciones en torno a la concepción de las relaciones de poder. Aún así, en el contexto de los movimientos revolucionarios, la posmodernidad hizo las veces de licuadora ideológica, sirviendo en bandeja a la ideología burguesa y liberal la posibilidad de parcializar y disgregar la perspectiva revolucionaria. Un resultado a todas luces desastroso.

Con todo, para inicios del siglo XXI, el MLNV se encontraba sin duda ante la necesidad de repensar y reconstruir la estrategia revolucionaria; lo que obviamente nunca llegó a suceder. Al igual que en muchos otros movimientos revolucionarios, en el nuestro también (quizás un poco más tarde) se terminó tomando el camino reformista, con la socialdemocracia y el institucionalismo burgués a la cabeza. Es cierto que el contexto había cambiado de raíz y que el reformismo jugó bien sus cartas. Pero como hemos subrayado anteriormente, la incapacidad para dar una respuesta revolucionaria ante las nuevas condiciones es responsabilidad únicamente de las revolucionarias. En nuestra opinión, los errores y carencias que para entonces se habían ido acumulando durante años dentro del MLNV, hicieron imposible revertir la situación en el momento que correspondía. Era responsabilidad de nosotras las revolucionarias identificar y corregir esas carencias, pero, por diferentes razones, no ocurrió así. Por eso, los fallos y carencias que enumeramos a continuación, más que como ataque, las subrayamos en nuestro análisis como autocrítica. Se trata, además, de tendencias que siempre van a aflorar en los movimientos revolucionarios y que, por tanto, habremos de tener muy presente en el futuro si no queremos repetir los errores del pasado:

• Formación. Por diversas razones, el peso que adquiría la formación en el proceso militante fue disminuyendo, llegando a cumplir una función cada vez más secundaria. Hay que entender la importancia central de la formación más allá del intelectualismo; para entender la realidad de manera crítica y para actuar en ella en una dirección revolucionaria, es imprescindible la formación básica de los nuevos cuadros, así como profundizar en la formación de las que ya están en el movimiento. Las carencias que fueron generalizándose en la formación básica alimentaron una actitud acrítica, una confianza ciega en las estructuras y el corporativismo. Como consecuencia, a la hora de reinventar el movimiento en claves revolucionarias o a la hora de hacer frente al reformismo, se impusieron la incapacidad y la pasividad.

• Ética revolucionaria. La revolucionaria no debe solo pensar y decir; también ha de hacer. Y demasiadas veces, esa práctica no ha ido acorde con los valores revolucionarios que se teorizaban. Qué duda cabe que, dependiendo del contexto, la militante revolucionaria debe aprender a vivir con la contradicción; pero al mismo tiempo debe ser el reflejo revolucionario de esos valores por los que luchamos. El cuadro revolucionario debe estar en un esfuerzo constante por materializar en sí mismo y en el movimiento esa vida libre sin propiedad privada ni dominación. En ese sentido, el compromiso y la ética militante han tenido relevancia dentro del MLNV, pero por diferentes razones no se le ha ofrecido la centralidad que requería. Son ejemplo de ello las actitudes patriarcales, individualistas, agresivas y arrogantes, consumistas… que se han reproducido entre las militantes. En muchos sentidos, el mismo movimiento fue un mero reflejo de la sociedad patriarcal y capitalista de la que partía.

• Perspectiva de clase. Al igual que con la formación, conforme avanzaban los años, se fue dejando de lado la importancia de la cuestión de clase y ésta pasó a ser un objeto de estudio sectorial. No hemos de olvidar que la perspectiva de clase es la mejor vacuna contra el pensamiento burgués y liberal; la clave para entender y superar las raíces de la dominación, y por tanto, la garantía de que el camino revolucionario se mantendrá siempre a favor de las oprimidas. Además de eso, y partiendo de las lecciones del proceso de lucha e historia que había ido acumulando durante a lo largo de las décadas, el movimiento perdió la oportunidad de impulsar una teoría unificada para la revolución socialista vasca. Tampoco llegó a realizarse un diseño estratégico de la lucha de clases que debía darse en Euskal Herria. De este modo, la unidad estratégica y organizativa fue rompiéndose paulatinamente, lo que fue acumulándose como carencia estructural dentro del movimiento.

• La debilidad de las organizaciones socialistas-revolucionarias. Unido a lo anterior, dentro del MLNV han convivido diferentes sensibilidades de izquierdas, empezando por las tendencias libertarias hasta las socialdemócratas, pasando por el comunismo o el socialismo abertzale. Ya sea por la represión, ya sea por cambios sociales y económicos más profundos, la posición, teoría y organización socialista-revolucionaria fue perdiendo peso dentro de la izquierda abertzale, mientras se iban fortaleciendo paradigmas, militantes y organizaciones ubicadas en coordenadas reformistas.

• Burocratización. La dirección política, junto con la figura de las liberadas, se fue burocratizando. En sí mismo, la figura de la liberada es esencial para cualquier proceso revolucionario; así ha sido en el nuestro, y durante años el mayor nivel de compromiso y las condiciones de vida más duras han recaído sobre las liberadas. Sin embargo, con los años (y sobre todo a partir del cambio de estrategia) esa condición se fue distorsionando; de suponer la figura de mayor responsabilidad y sacrificio revolucionario, pasó a representar un mero cargo político asalariado. De la misma manera, la falta de transparencia impulsó el corporativismo, al tiempo que la falta de información obstaculizaba el debate. Las dinámicas de nivel nacional tomaron preferencia frente a las de nivel local y se fue reduciendo la diversidad y flexibilidad organizativa que había sido característico de ciertos sectores del MLNV. Se iban generalizando las condiciones para el dirigismo y los personalismos, o sea, las condiciones para tomar decisiones cada vez más por encima de la base social.

• La alianza nacional con la burguesía vasca. Ésta ha sido una de las mayores tensiones que se ha dado al interior del MLNV: Txiberta, Lizarra-Garazi, la unidad de fuerzas soberanistas de los últimos años… Esto es, aliarse con la burguesía vasca para construir el Estado burgués vasco primero, y luego ya avanzaremos hacia el socialismo; o construir la independencia y el socialismo mediante el proceso de lucha en sí mismo, tomando la independencia de clase como punto de partida. Los acontecimientos de los últimos años nos muestran que ha terminado por imponerse la primera opción. Aunque hay mucho que decir en este tema, nos gustaría recalcar lo siguiente. A día de hoy caben pocas dudas de que no se calibró adecuadamente el papel que el PNV debía jugar en todo esto y la capacidad política que ha mostrado como agente político. De hecho, hasta el momento podemos asegurar que siempre ha estado cómodo en el autonomismo y nunca ha tenido un interés real en crear un Estado burgués en Euskal Herria. El Estado español siempre ha protegido sus intereses de clase y parece que así seguirá haciéndolo. De este modo, podemos comprobar cómo ha sabido sacar el mayor provecho posible a cada coyuntura que se le presentaba y a día de hoy está más fuerte que nunca.

• Institucionalismo. El parlamentarismo liberal siempre crea corrupción y aburguesamiento. Si no va acompañado de una tensión en los ejes de opresión, de la confrontación y la presión popular, ese parlamentarismo termina por absorberte en su propia lógica. Si la participación en las instituciones no va encaminada a alimentar un poder popular y obrero que supere la misma institución, terminará por fagocitarte. Con los años, el ámbito institucional se fue convirtiendo en prioritario para el MLNV, al tiempo que la radicalización que había que hacer con paciencia y pedagogía en los sectores obreros y populares fue perdiendo relevancia. En términos generales, podemos asegurar que durante toda la historia del MLNV ha existido una relación en continuo desequilibrio entre la lucha institucional, la lucha armada y el movimiento popular.

• Las áreas metropolitanas. Uno de los retos del MLNV siempre ha sido superar los límites identitarios que atravesaban la sociedad vasca. Y falló en ese propósito. Gran parte del pueblo trabajador vasco se concentra en zonas metropolitanas (la margen izquierda de Bizkaia, por ejemplo), y las dificultades para enraizar en esos territorios han sido históricamente manifiestas. Es en esas zonas donde viven las capas de población que están en peor situación y si queremos lograr una unidad de clase que sirva de catalizador para el proceso de lucha, es imprescindible que los trabajadores de estos sectores se unan al proceso de liberación. Entre las razones que explican esta incapacidad, puede encontrarse el desplazamiento de la perspectiva de clase del centro de la perspectiva estrategica; de hecho, en las primeras décadas del MLNV, cuando la centralidad de la cuestión de clase era manifiesta, los migrantes se unían con mucha más facilidad a la lucha de liberación.

Con todo, tenemos que la suma de estos fallos, dificultades y carencias se fueron acumulando conforme pasaban los años. Puede que en algunos casos no llegaran a identificarse; en otros casos, el acelerado ritmo del proceso de militancia o la represión policial dificultaron enormemente hacerles frente. Además, a pesar de que el cambio de estrategia terminó de materializarse entre 2008-2013, fue madurando como un proceso más largo y complejo. En nuestra opinión, las claves para entenderlo están en la década de los 90: la desaparición de HASI y el vacío que dejó; los cambios que se dieron a partir del año 92 y la reconfiguración de KAS; el despliegue de la estrategia de construcción nacional y la negociación entre élites políticas (PNV-Izquierda Abertzale) que se dio paralelamente; las dinámicas posteriores a Lizarra-Garazi… Aunque no lo abordaremos en esta ocasión, sería necesario investigar en profundidad los movimientos y acontecimientos que sucedieron en esa década.

De cualquier manera, podemos asegurar que ya para el año 2008, lo único que sostenía la existencia del MLNV era la existencia misma de la lucha armada. Lo que formalmente aparecía estructurado como un movimiento revolucionario, carecía ya de una estrategia y una praxis política revolucionaria. Así, al desaparecer la lucha armada, desapareció el principal factor de cohesión. En el proceso de desarticulación, la lucha armada y sus consecuencias tomaron centralidad, lo que nos distrajo de la cuestión sobre la que realmente hubo de pivotar todo el proceso; es decir, la reformulación de una estrategia revolucionaria capaz de garantizar la liberación de este pueblo. Queda fuera de toda duda que en las condiciones actuales carece de sentido retomar la lucha armada, pero más allá de eso, ¿por qué renunciar a la perspectiva y práctica política revolucionaria? Ahí está la clave principal para entender la situación que vivimos hoy en día; en el proceso de desintegración del MLNV no solo se desmantelaron las estructuras armadas, sino que también se desmanteló completamente la estructura organizativa y teórica que podría reformular la estrategia revolucionaria. No solo eso, sino que se impidió y obstaculizó la creación de cualquier espacio organizativo que apuntara en esa dirección.

En el vacío que provocó este contexto, el reformismo, que siempre había existido, tomó el control. Por el camino de la socialdemocracia, y con la ayuda de los errores acumulados durante años, el MLNV se convirtió en un partido político normalizado, dispuesto a participar en el juego parlamentario burgués. Además, centró su propuesta política en ese peligroso campo de juego. Se abandonó la riqueza organizativa del movimiento, la lucha y radicalidad ideológicas, la combatividad en las calles, se destruyeron las estructuras que podían cumplir una función revolucionaria y se confirmó la apuesta por el acercamiento a la burguesía vasca. Cada vez la integración en el sistema era más completa, y a día de hoy, podemos asegurar que el pueblo trabajador vasco ha dejado de ser un dolor de cabeza de primer nivel para los estados y el capital.

Y a pesar de todo esto, la fase actual también nos abre nuevas opciones. Tenemos frente a nosotras una oportunidad histórica para reformular de arriba abajo la teoría y práctica revolucionarias, tarea a la que cada vez se encomienda más gente a lo largo y ancho de Euskal Herria. De igual modo, no debemos olvidar tampoco el potencial político y organizativo que aún conserva Euskal Herria, el aliento y el latido revolucionario que todavía persiste en este pueblo. Qué duda cabe que todo esto únicamente es posible gracias a las miles de militantes que que han luchado por la libertad de este pueblo durante las décadas anteriores. Izan direlako gara, garelako izango dira. Por tanto, no nos queda otra que aprender de las lecciones que nos ofrece el pasado y apuntar hacia el futuro. Un futuro en el que la propuesta revolucionaria habrá de materializarse bajo una conciencia de clase, feminista y nacional. Por el contrario, el autonomismo, el estatutismo, la falsa paz o cualquier otra opción que nos reconcilie con el capital y los estados nunca podrán dar una solución real a los problemas, ya que se basan precisamente en ocultar las raíces de los problemas. Así pues, unamos fuerzas, reorganicémonos, construyamos la estrategia revolucionaria y pongámonos a caminar en esa dirección. Esas son, en nuestra opinión, las prioridades que requiere la fase histórica actual. En lo que a nosotras respecta, en el próximo texto nos centraremos en analizar las formas que adopta hoy en día el sistema de dominación.

+ Avivemos el presente para ganar el futuro

+ El hilo rojo de la historia

+ Historia de la lucha de clases en Euskal Herria

 

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