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José Miguel Beñaran Ordeñana “Argala”. Prólogo al libro de Jokin Apalategi: Nationalisme et question nationale au Pays Basque, 1830-1976 (1977)

argalaCuando se me ha invitado a presentar este libro, consistente en un análisis teórico acerca del nacionalismo vasco, su concepción a través de la historia por las diferentes clases sociales existentes en Euskadi, su relación con el internacionalismo en la conciencia de la clase obrera, me ha parecido lo más indicado no hacer una presentación crítica –cada lector hará sin duda la suya–, sino un breve relato de mi experiencia política personal; de mi toma de contacto con la problemática nacional vasca y con la más especifica de la clase de nuestro país, el desarrollo de esa conciencia inicial a través de mi actividad política como militante de ETA en Euskadi peninsular y posteriormente como refugiado vasco en Euskadi continental.

Tratando de evitar que el objetivo de este relato pueda ser mal interpretado, debo aclarar que, desde luego, no consiste en dar a conocer mi biografía, sino tratar de aportar al lector un elemento de juicio vivencial –ni más valido, ni menos que el de cualquier otro vasco– en un intento de enriquecer con datos de la experiencia el trabajo teórico realizado por Jokin Apalategi.

Tampoco pretendo en modo alguno que mi experiencia personal sea susceptible de extensión a otras personas, por mucho que su evolución se haya podido producir en los mismos cauces organizativos. Por otra parte, considero que la experiencia sólo es racionalizable cuando se ha situado ya a cierta distancia en el pasado –e incluso en este caso su explicación puede ser diferente según el momento de la vida desde el que se la observa– con lo que su recuperación para el análisis adolecerá de la incapacidad para recoger determinadas circunstancias y elementos causales que se perdieran en el olvido sin tomar conciencia de ellos.

Nací en Arrigorriaga en 1949. Arrigorriaga –cuando yo residía en ella– era una localidad con una población que calculo en 8.000 habitantes, de los que una buena parte son inmigrantes de diferentes regiones y pueblos del Estado español. Próxima a la zona euskaldun del valle de Arratia, giraba no obstante exclusivamente en la órbita de la industriosa y comercial villa de Bilbao y sus alrededores, fuertemente integrada de emigrantes, por ésta y otras razones históricas, de habla casi totalmente castellana. Debido a ello, Arrigorriaga, fundamentalmente, era también de lengua castellana. El euskara era, hasta hace unos doce años, un idioma en vías de desaparición; conocido casi exclusivamente por el reducidísimo sector de los baserritarras, probablemente lo utilizaban en sus hogares, pero, por lo menos los jóvenes, se avergonzaban de hablarlo fuera de ellos., El conocimiento del euskara era, pues, más una causa de complejo de inferioridad que una razón para la afirmación nacional como pueblo diferenciado.

Mi padre, nacido en la misma localidad, era de origen obrero; trabajador desde la infancia y durante mis primeros seis años de vida trabajador y copropietario, junto con sus hermanos, de un pequeño negocio de carpintería que utilizaba un solo asalariado, quien, frecuentemente, fuera de horas de trabajo convivía con ellos en régimen familiar.Mi padre, hijo de euskaldunes, desconocía por completo el euskara. Mi madre, de origen baserritarra, se vio obligada, también desde niña, a acudir a las grandes villas a ofrecer sus servicios como “femme de menage”, trabajo que realizó hasta su matrimonio. Vasco-parlante, no sé si por necesidades de convivencia con mi padre y su familia –todos habitaban una sola vivienda– o por un complejo de inferioridad muy extendido por aquel tiempo entre los vasco-parlantes –probablemente por ambas razones–, utilizaba en casa únicamente el castellano, por lo que hasta fechas recientes he desconocido el euskara.

Siendo niño aún, fortuitamente –mediante la lotería–, mi padre consiguió cierta cantidad de dinero, suficiente como para iniciar por su cuenta la construcción de viviendas, convirtiéndose de este modo en pequeño industrial de la construcción, nivel social en el que habría de permanecer hasta el día de su muerte.

Un factor fundamental durante mucho tiempo en mi educación seria la enseñanza recibida en la escuela. Estudiaba con admiración las hazañas de los conquistadores españoles y las llamadas cruzadas, considerando la perdida del imperio español como el lamentable resultado de un cúmulo de injusticias históricas realizadas por otras naciones como Inglaterra o Francia. José Antonio Primo de Rivera –fundador de la Falange– era considerado por mí como héroe nacional, y los rojos, como se denominaba en los libros de historia a todos los enemigos del franquismo, una horda de ateos, violadores y asesinos.

La cuestión nacional vasca jamas llegué a planteármela en la infancia de un modo positivo, si bien la conocía por mi padre y sus audiciones nocturnas de una emisora de radio prohibida cuyas emisiones quedaban semiahogadas en una mar de ruidos y pitidos que las convertían casi en ininteligibles.

Mi padre era patriota vasco, simpatizante del P.N.V., y yo patriota español y partidario de Franco por la paz que, tras los años de “revueltas y quemas de conventos”, nos había dado a “todos los españoles”. Debido a ello los enfrentamientos en casa se producían con relativa facilidad y, si jamás llegué a ser castigado a causa de ellos, fue simplemente gracias a que mi padre comprendía que discutía con un niño al que mejor que reprender era dejar crecer y madurar.

También mi familia paterna y sus relaciones –que constituía mi medio ambiente– eran casi en su totalidad nacionalistas vascos. Con frecuencia podría sentir ese extraño ambiente de conversaciones en la intimidad de los hogares, en los que se citaban los nombres de Sabino Arana, fundador del P.N.V., y José Antonio Aguirre, en aquel entonces presidente del Gobierno Vasco en el exilio. Pero todo esto, que sin darme cuenta iba impregnando mi subconsciente, era incapaz de combatir la enseñanza escolar, e incluso de plantearme problemas a los que de cualquier modo era aún poco sensible por mi corta edad.

De lo que, en cambio, guardo una viva sensación es de la imposibilidad para relacionarme con mi abuela materna. Ella apenas hablaba castellano y yo no conocía el euskara por lo que nuestras conversaciones jamás superaban de un breve intercambio de palabras sueltas. Habría de morir sin que llegásemos a tener una autentica conversación. Recuero también que cuando íbamos a visitarla, mi madre hablaba en euskara con su familia sin que yo llegase a comprender nada. Todo ello me hacía sentirme disminuido en el ambiente de aquellas esporádicas visitas, que más tarde comprendería era el de una gran parte de mi pueblo, la más auténtica.

Por otra parte, mi padre, a pesar de su nacionalismo sabiniano, era un ferviente admirador de la organización social de la U.R.S.S. y del comunismo en general, aunque quizá entendido de un modo un tanto particular, Esto hizo que los términos socialismo y comunismo, una vez liberado del lastre educativo recibida en la escuela, me resultaran una opción social más positiva que otras, a diferencia de la herencia anticomunista que demasiados vascos de todas las capas sociales han recibido del nacionalismo tradicional. La dificultad para acercarme a ellos se situaba en el terreno ideológico, pues era decididamente religioso.

Los amigos de mi padre eran obreros y mis amigos hijos de obreros, por lo que ése ha sido el ambiente social en que me he desarrollado; aunque hasta la adolescencia no haya estado capacitado para conocer la división de la sociedad en clases sociales. Tampoco serían estas relaciones las que me inclinasen a posicionarme con la clase obrera y optar por el modelo social marxista. Creo que mi evolución en este sentido se produjo en dos etapas.

La primera, caracterizada por tres elementos. negación del individualismo pequeño-burgués, condena de la explotación capitalista y correspondiente afirmación obrerista y visión idealista de inspiración religiosa de la sociedad.

Recuerdo como una vivencia continuada las preocupaciones económicas de mi padre en el desarrollo de su empresa. Para comenzar la construcción de un edificio, dependía siempre de la venta de los locales del anteriormente construido y de los créditos bancarios. Le recuerdo muchas veces solo en su despacho, preocupado hasta la angustia, cuyo contagio no podía yo evitar. Pronto comprendí que aquella competencia, aquella ley de la selva que rige las relaciones sociales entre empresarios, no podía aportar un mínimo de felicidad social –entendiendo la felicidad como yo la entiendo, lógicamente–; que era mejor colectivizar la propiedad para que los beneficios y las preocupaciones fueran de todos. Era tan fuerte en mí esta vivencia que no recuerdo haber deseado nunca continuar los negocios de mi padre a pesar de los beneficios que indudablemente reportaban. Quizá también yo era de animo débil, pues otros en situación semejante lo han hecho.

Desde que tengo uso de razón –es un decir– he tenido ocasión de contemplar la explotación de la clase obrera, aunque sin comprenderla como tal durante mucho tiempo. He visto trabajadores –vecinos míos– que tras una jornada laboral normal se veían obligados a “meter horas” en la construcción de mi padre u otras, y todo ello únicamente para alcanzar a sobrevivir junto con sus familias: Hacia los diecisiete años ingresé en una organización católica, denominada Legión de María, uno de cuyos objetivos era bucear en la miseria social para consolar a quienes se veían obligados a padecerla. A través de mi participación en ella, conocí lo que creía no existía en nuestro país, pero aún desconocía los motivos del sufrimiento que veía; lo que progresivamente se me fue haciendo evidente es que el consuelo no quita el hambre ni las enfermedades. Únicamente con las luchas obreras que en mitad de la década de los sesenta se produjeron en mi zona, y especialmente con la huelga de Bandas y la represión desatada durante el “estado de excepción” consiguiente, y la lectura de novelas sobre el tema del sacerdocio obrero llegué a la comprensión de la división social en clases con intereses opuestos.

Ya comprendía el problema, pero no conocía aún posibles soluciones válidas para resolverlos. Se me escapaba el carácter antagónico del enfrentamiento burguesía-proletariado, y en general toda la racionalización de la problemática social. Mi visión era puramente vivencial y su interpretación idealista. Debía estar con el que sufría y ayudarles, debía hacer algo por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, pero no alcanzaba a comprender la existencia de un modo de producción capitalista que causaba la explotación de la case obrera y la represión contra ella. Recuero que, por ejemplo, para sensibilizar frente a la guerra del Vietnam, poníamos en la puerta de la iglesia parroquial fotografías de niños muertas por las bombas. Pero lo que ni yo ni mis compañeros de aquel entonces comprendíamos con todas sus consecuencias, era que la guerra del Vietnam no era un mal en sí mismo, sino producido por el imperialismo americano en su lucha contra las justas aspiraciones de liberación nacional y social del pueblo vietnamita; y que la única solución posible estribaba en la derrota de las tropas norteamericanas en aquel territorio.

Sería poco más tarde, en una segunda etapa, cuando habría de sufrir una profunda transformación ideológica que me permitiese colocar en su lugar cada elemento del rompecabezas, Aficionado al estudio y necesitado de racionalizar mis experiencias, de comprender el por qué de las cosas, mi concepción religiosa de la vida, del hombre y de sus relaciones sociales entró en crisis, debido a que no me era suficiente para explicar ninguno de los problemas que se me planteaban. Comencé a estudiar la teoría marxista.

Ya para entonces se oía hablar de una nueva organización política patriótica y socialista que luchaba por la independencia de Euskadi, era E.T.A. Surgían las Ikastolas y aparecían jóvenes que cantaban en euskara. La cuestión vasca brotaba a la luz con toda su problemática. Nuestro pueblo, casi aniquilado, resurgía y su resurgir se dejó sentir también en Arrigorriaga. Comenzaron las clases nocturnas de euskara para adultos y los vasco-parlantes comenzaron a superar su complejo para mostrarse orgullosos de hablar el euskara.

Como resultado de ambos factores –estudio del marxismo y resurgir nacional vasco–, tomé conciencia clara de la existencia de Euskadi como nación diferenciada, integrada por siete regiones separadas por las armas de los Estados opresores, español y francés; de la división de la sociedad en clases enfrentadas por interés irreconciliables; de que Euskadi misma no era una excepción en este sentido, comprendí lo que fue la “evangelización de América” por los españoles y lo que fueron “las cruzadas”, lo que fueron “los rojos” y el “glorioso alzamiento nacional”; que no se trata de que los ricos ayuden a los pobres, ni únicamente de que se aumenten los salarios de la clase obrera, sino de socializar los medios de producción; que para lograr la solidaridad social es precisa una profunda revolución cultural, y que para ello, no basta con la buena voluntad, sino que es precisa una transformación del modo de producción capitalista actualmente dominante por otro socialista; que para ello es preciso que la clase obrera obtenga el poder político; que un aparato de Estado no es neutral y que esto obliga a la clase obrera a destruir el Estado burgués para crear otro propio, que la burguesía recurre a las armas cuando ve en peligro sus privilegios, lo que induce a pensar que si la clase obrera no se plantea el problema en términos semejantes, tendremos ocasión de presenciar muchas matanzas y pocas revoluciones.

Iniciado este proceso de comprensión, que espero jamás llegue a considerar suficientemente maduro, se me planteó la entrada en E.T.A., y acepte.

A pesar de la dificultad de las relaciones orgánicas debida a exigencias de la clandestinidad en que debía desarrollarse nuestra actividad política, mi pertenencia a E.T.A. me permitió profundizar más en el conocimiento de la cuestión nacional y su relación con la lucha de clases. Pero fue fundamentalmente la escisión producida en torno a la realización de la VI Asamblea –declarada ilegal– la que, obligándome a revisar todos mis planteamientos antes de posicionarme, me permitió darles coherencia y confirmarme en su justeza.

La tesis defendida por el grupo denominado VI Asamblea consistía en que la opresión nacional sufrida por el Pueblo Vasco era una consecuencia histórica más del desarrollo social que tenía como motor la lucha de clases. En el proceso de consolidación del modo de producción capitalista, las burguesías de los Estados español y francés, buscando el dominio de mercados lo más amplios posible, habían separado Euskadi en dos pedazos y, tratando de homogeneizar sus respectivos mercados, tanto a nivel jurídico como lingüístico, habían destruido la peculiar organización jurídica vasca e intentado aniquilar la lengua, imponiendo por contra las culturas castellana y francesa, que de este modo se convertirán no sólo en dominantes, sino en las únicas permitidas. Superado el modo de producción capitalista, y no teniendo los trabajadores españoles y franceses –nueva clase hegemónica– ningún interés en mantener la opresión del Pueblo Vasco, ésta automáticamente tendería a desaparecer. Por lo tanto, el objetivo principal lo constituía el triunfo de la revolución socialista a nivel de los Estados español y francés. Para lograrlo lo antes posible, era necesario unificar a los trabajadores a nivel de Estado ya que es a este nivel al que se desarrolla la lucha de clases de un modo diferenciado. E.T.A. había defendido siempre la independencia de Euskadi y, según VI Asamblea, esta reivindicación dividía a los trabajadores vascos, por lo tanto, era preciso abandonarla y posicionarse por la autodeterminación nacional sin adoptar opción concreta alguna respecto a ella. La opción independentista, no sólo era contrarevolucionaria en cuanto que sembraba la división en el seno de la clase obrera y frenaba el proceso revolucionario, sino que además era pequeño-burguesa por cuanto representaba el intento de la pequeña burguesía vasca de convertirse en clase hegemónica del nuevo vasco a crear; intento por otra parte banal, visto el punto al que había llegado el proceso de desarrollo histórico. La opción independentista era, pues, reaccionaria además. Curiosamente –por lo repetitivo– y coincidiendo con esta tesis, se planteaba la lucha armada como un método elitista y de ambiciones mesiánicas que, intentando sustituir al necesario protagonismo de las masas obreras, no representaba sino la expresión de una pequeña-burguesía que se revolvía desesperadamente contra su inexorable marginamiento histórico. Siguiendo este esquema –y aunque jamás fuera dicho–, E.T.A. no representaba sino la versión anti-franquista, y por ello radical, de la política pequeño-burguesa del P.N.V.; y en definitiva, una organización llamada a ser asimilada por dicho partido una vez alcanzada la democracia política, si esto llegaba a producirse.

Estando de acuerdo con su análisis acerca del origen de la opresión del Pueblo Vasco, rechazaba por completo las consecuencias que de dicho análisis extraían. Su esquema, copia exacta del aplicado por Lenin en la U.R.S.S., lo encontraba erróneo en Euskadi. Los pueblos, y dentro de ellos cada sector, no optan en un momento, sino continuamente en un proceso a lo largo del cual pueden cambiar sus opciones si así lo aconsejase la realidad circundante. No era el Estado dictatorial franquista con su acerbo centralismo e imperialismo español la única causa de la existencia de la opción independentista, sino también la incomprensión históricamente demostrada por los partidos obreros españoles frente a la cuestión vasca. La opción independentista era la expresión política de la afirmación nacional de los sectores populares con conciencia nacional que iban día a día ampliándose. El Pueblo Vasco ha tenido ocasión de comprobar a lo largo de la historia que una revolución socialista a nivel de estado no es la solución automática de su opresión nacional; que los partidos obreros españoles están demasiado impregnados del nacionalismo burgués español. Por otra parte, el logro de la independencia exigía la derrota del Estado español por lo menos en Euskadi, es decir, una verdadera revolución política que sólo podía ser llevada a cabo por las capas populares bajo la dirección de la clase obrera, única capaz de asumir hoy en Euskadi con todas sus consecuencias, la dirección de un proceso de tal envergadura. Precisamente, este asumir la cuestión vasca por la clase obrera es lo que ha posibilitado el resurgimiento nacional de Euskadi.

Mis posteriores relaciones, como representante de E.T.A., con representantes de diversos partidos obreros revolucionarios españoles, no sirvieron sino para confirmar esta visión. Dichos partidos no entendían la cuestión vasca sino como un problema, un problema molesto que conviene hacer desaparecer. Siempre me pareció ver que la unidad de “España” era para ellos tan sagrada como para la burguesía española. Jamás llegaban a entender que el carácter nacional que adoptaba la lucha de clases en Euskadi fuese un factor revolucionario; por el contrario, no era para ellos sino una nota discordante en el proceso revolucionario español que aspiraban orquestar.

Con respecto a las relaciones entre Euskadi continental y Euskadi peninsular, el exilio me ofreció la ocasión de conocer directamente la problemática existente. Hasta entonces, mi opción frente a este tema obedecía más a razones históricas e ideológicas que a un conocimiento real de la Euskadi continental actual. No obstante, la experiencia no hizo sino confirmar mis hipótesis y dotarlas de una base más científica. Euskadi continental es una zona de casi nula industrialización; las bases de su economía lo constituyen las actividades del sector primario y las turísticas. Con una población que no sobrepasa el cuarto de millón de habitantes y marginada completamente de los centros económicos franceses, sufre una aguda emigración de mano de obra joven. Aunque el euskara es ampliamente conocido en las zonas rurales, e incluso algo en la costa, su participación junto a Francia en dos guerras de liberación nacional contra las potencias centrales y la inexistencia de clase social alguna capaz de marcar una dinámica nacional propia, ha tenido como consecuencia, que hasta hace aún pocos años la conciencia nacional fuese propiedad exclusiva de determinados sectores intelectuales. Pero la onda expansiva de la lucha de Euskadi peninsular, junto a la labor de dichos sectores intelectuales, ha producido una toma de conciencia cada vez mayor. El Estado francés supo ver el peligro que representaban ambos factores y declaró ilegales tanto a E.T.A. como a Enbata. Como sucede con frecuencia en tales casos, la medida no serviría sino para fortalecer el resurgimiento nacional y nuevas organizaciones habrían de brotar y extenderse, aunque lentamente. Por otro lado, es evidente que la única solución económica viable para Euskadi continental es su integración con la zona peninsular donde puede encontrar los capitales y la tecnología de que necesita para dejar de constituir una reserva turística y productora de mano de obra destinada a la emigración A pesar de las diferencias culturales creadas entre ambas zonas de Euskadi por dos siglos de separación forzada, la comunidad lingüística posibilita dicha integración Pude, pues, comprobar que, a pesar de lo incipiente del grado de desarrollo de la conciencia nacional en Euskadi continental, la unidad de ambas partes de nuestro pueblo no estaba sólo justificada por razones históricas, sino también económicas y que por todas ellas era posible. Por lo tanto, ambas zonas del país no habrían de caminar separadas en dos estrategias correspondientes a los estados en que se hallaban incluidas, sino que era preciso desarrollar una sola estrategia nacional y unitaria, aunque coordinando tácticas y etapas diferentes en correspondencia con la realidad de cada zona.

En cuanto a la lucha armada, mi interpretación acerca de ella tampoco se correspondía con la realizada por VI Asamblea. El hecho de que fuese practicada de modo minoritario no significa en modo alguno que expresase los intereses de la pequeña-burguesía vasca. Constituía únicamente la expresión más radical del descontento de las capas populares vascas y en especial de la clase obrera. La identificación de esta clase con quienes la practicaban comenzó a hacerse patente de modo evidente con ocasión del juicio de Burgos en diciembre del año 70. A partir de entonces, no haría sino crecer. La lucha armada era resultado de la convergencia de la opresión nacional y la explotación de clase que los trabajadores vascos –entendido el término en el sentido más amplio– sufrían bajo la dictadura franquista, y no podía sino desarrollarse en tanto ésta se mantuviese. La mayor o menor aceleración de su proceso de desarrollo obedecía a las condiciones de vida y formación ideológica histórica respecto a ella del pueblo Vasco.

La lucha armada tampoco frenaba las labores de organización de masas a otros niveles; por el contrario, al constituirse en el peor enemigo del régimen español, convertía el resto de formas de lucha en enemigos secundarios y más fáciles de admitir para el franquismo. Cierto que provocaba oleadas de represión sobre los sectores que trataban de organizar a las masas trabajadoras patrióticas, impidiendo su organización; pero ello no se debía a la lucha armada en sí, sino a la unidad orgánica que en E.T.A. se producía entre dichos sectores y los encargados de la práctica armada.

VI Asamblea se declaraba internacionalista y tachaba a E.T.A. de nacionalista pequeño-burguesa. Pero, ¿qué es el internacionalismo obrero? ¿Ser internacionalista exige a los trabajadores de una nación dividida y oprimida renegar de sus derechos nacionales para de este modo confraternizar con los de la nación dominante? En mi opinión, no. Internacionalismo obrero significa la solidaridad de clase, expresada en el mutuo apoyo, entre los trabajadores de las diferentes naciones, pero respetándose en su peculiar forma de ser nacional. Si las relaciones entre las fuerzas obreras españolas y las patrióticas vascas no han sido mejores no se debe a las justas exigencias de estas últimas, sino a la incomprensión y actuación oportunista mostrada por aquéllas frente a la cuestión nacional vasca. ¿El internacionalismo obrero exige que los trabajadores de la nación políticamente más avanzada frenen su ritmo para ir de la mano de los de las más atrasadas? Si fuera así, la humanidad estaría aún estancada. Si determinadas revoluciones socialistas e innumerables luchas de liberación nacional, de indudable signo progresista, han podido alcanzar el éxito se debe de modo muy importante a la existencia de países que no entendieron de aquel modo el internacionalismo obrero. E incluso más, la experiencia demuestra que cada país que triunfa sobre el capitalismo sienta las premisas para la extensión de la revolución socialista mundial porque no hay consejo más eficaz que el ejemplo. La mejor forma de cultivar el internacionalismo es avanzar el proceso revolucionario social, allá donde haya condiciones para ello.

El sector patriótico de la case obrera vasca que no existía de modo consciente hace cuarenta años –lo que permitió que la dirección de la lucha nacional fuese ejercida de modo importante por la pequeña-burguesía– existía ya en la década de los sesenta. La evolución de E.T.A. con sus bruscos saltos y desgajamientos en una y otra dirección, no expresaba sino la búsqueda de la afirmación ideológica y política de dicha clase en el seno de una realidad ocupada por sectores con intereses ajenos a ella.

La separación de la VI Asamblea sería decisiva en este sentido. A partir de ella, no se trataría ya de saber dónde se estaba sino cómo había de estarse. El que E.T.A. –entendida más como fenómeno político que como organización– no haya sido capaz, hasta fechas recientes, de comenzar a organizar a los trabajadores patriotas vascos de modo coherente no se debe a su, por algunos pretendido, carácter pequeño-burgués, sino a la inexperiencia política, lógica en un sector social que en Euskadi acababa de tomar conciencia de su identidad y lo tenía aún todo por aprender.

Precisamente la toma de conciencia de este sector social, constituido por los trabajadores vascos con conciencia nacional, es lo que permitía pensar en Euskadi como un marco autónomo para la revolución socialista que forzosamente habría de ir unida a la lucha de liberación nacional; con todas las dependencias respecto al resto de los Estados español, francés y mundial, que lógicamente existen.

La realidad posterior no ha hecho sino confirmar estas hipótesis. Las luchas obreras surgidas en Euskadi han tenido siempre su límite de generalización en el marco geográfico de la nación vasca; igualmente la lucha política ha tenido en Euskadi carácter diferenciado del resto de los estados vecinos. Ello ha obligado a los partidos de extensión estatal española, a considerar la conveniencia de descentralizar sus estructuras, creando órganos de dirección y siglas a nivel de Euskadi peninsular. Los partidos obreros españoles han dejado de ser el enemigo principal del estado para que este papel fuese ocupado por las fuerzas patrióticas obreras vascas y en especial E.T.A. Estas mismas fuerzas han servido de elemento revulsivo y radicalizador del proceso revolucionario de todo el Estado español, confirmando la justeza de la visión que E.T.A. ha tenido del internacionalismo obrero.

A pesar de la disimilitud entre Euskadi continental y peninsular, producida por las diferentes estructuras socioeconómicas y de formas de padecimiento de la opresión nacional, el proceso de aproximación entre ambas zonas es ya evidente –relaciones culturales, relaciones económicas intercooperativas, partido político extendido a ambas zonas– y su interrelación cada día mayor, contrarrestando la tesis de quienes las pretendían insertar, respectivamente, en los procesos francés y español e independientes entre sí. Por el contrario, debido a la interrelación antes citada, son los mismos aparatos de Estado español y francés quienes han comenzado a unificar su lucha contra el pueblo Vasco.

Una vez iniciado el proceso de descomposición del franquismo., E.T.A., lejos de engrosar las filas de las organizaciones pequeño-burguesas, ha dado lugar a la creación de partidos obreros; que además están demostrando ser capaces de impulsar a los sectores que representan a una práctica revolucionaria frente a la política reformista de quienes siembre se han auto-proclamado auténticos comunistas revolucionarios.

Hoy, frente a la doble solución –pequeño-burguesa vasca o socialista española– que se le presentaba al Pueblo Vasco en el primer tercio de siglo, un sector de la clase trabajadora está en condiciones de ofrecer una tercera vía: la revolución socialista vasca.

Tampoco debemos engañarnos: el triunfo de esta opción es difícil. Y sus principales obstáculos –con ser importantes– no van a ser únicamente los partidos burgueses –ellos sólo pueden alargar la lucha– ni la existencia de un elevado número de trabajadores sin conciencia nacional; el resurgir y extenderse de la conciencia nacional vasca, así como su asimilación por los inmigrantes, es un proceso largo, pero ya hoy lo suficientemente profundo como para considerarlo difícilmente reversible. Hoy quizá el mayor obstáculo consiste en el alto nivel de consumo existente en Euskadi peninsular –motor del proceso revolucionario vasco–, que puede hacernos olvidar que el objetivo de los trabajadores vascos no es consumir lo necesario y lo superfluo hasta el nivel de lo ridículo –y a la vez dramático–, sino transformar nuestras relaciones sociales de producción, haciéndolas fraternales y solidarias, y nuestras relaciones con los medios de producción apropiándolos y colocándolos a nuestro servicio; decidir qué queremos producir y cómo queremos distribuirlo; poder pensar y relacionarnos en nuestra lengua y crear nuestra propia cultura; en suma, ser hombres libres en un país libre. Esto constituye una revolución social y, para llevarla a cabo, es precisos que el poder político sea nuestro, sin sustituismos de ninguna clase; es precisos que se lo arrebatemos a las burguesías española y francesa que hoy lo detentan; es precisa una revolución política.

Por supuesto que las fuerzas políticas de la burguesía se opondrán a ella. Pero lo más triste seria que también lo hiciesen las fuerzas políticas representativas de la clase obrera española. Nosotros renunciamos a intentar determinar cómo ha de configurarse el proceso revolucionario español y muchos estaríamos dispuestos a ayudarles en su tarea.

Pero a cambio exigimos que a los trabajadores vascos se nos respete el derecho a decidir ya desde hoy cómo queremos construir el futuro, nuestro futuro.

La opción que hoy ofrece el sector patriótico de la clase obrera vasca no es únicamente una opción para Euskadi, sino indirectamente también para los trabajadores españoles y franceses en cuanto que la revolución socialista vasca no puede sino potenciar las de sus respectivos países. Ella constituye la mejor aportación que la clase obrera vasca puede hacer a los trabajadores de todo el mundo.

Si los partidos obreros españoles no lo comprendiesen así y buscasen frenar el proceso político vasco en un intento de integrarlo en el de sus respectivos estados, estarían haciendo un triste favor a los trabajadores vascos y a la clase obrera en general. La incomprensión que hasta el presente han demostrado a las peculiaridades de la lucha en Euskadi es consecuencia directa de su incomprensión de la existencia misma del Pueblo Vasco. Ella constituye precisamente el motivo de que el sector objetiva y subjetivamente más revolucionario de éste haya optado por la independencia y de que todo él tenga hoy una dinámica en ese sentido.

Entre el Pueblo Español hemos encontrado también auténticos revolucionarios que han sabido reconocer la existencia y los derechos de nuestra pueblo; pero desgraciadamente muy pocos. Si los partidos obreros españoles hubiesen sido como ellos, quizá hoy quienes defendemos la independencia de Euskadi hubiésemos optado por otra solución más unitaria. De cualquier modo, los pueblos caminan hacia su integración económica y política y los trabajadores debemos potenciar la solidaridad y unidad internacionales siempre que no nos obligue a sacrificar nuestra personalidad nacional. De ahí que, frente a la tarea de evitar enfrentamientos y borrar suspicacias entre los trabajadores vascos y los españoles y franceses e iniciar un proceso de acercamiento y ayuda mutua, han de ser estos últimos quienes dejen de pensar en términos de imperio y comprendan de una vez que los trabajadores vascos no somos españoles ni franceses, sino única y exclusivamente vascos, y que lo que nos une con ellos no es la pertenencia a una misma nación sino a una misma clase.

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argalaArgala fue uno de los hombres más carismáticos y decisivos en la historia de ETA. Murió el 21 de Diciembre de 1978 después de que una bomba colocada debajo de su coche en Angelu le destrozara. La fecha escogida y el prodecimiento utilizado venían a dejar constancia de la operatividad e ideología de los grupos para-policiales que quisieron dejar su sello cinco años después de la muerte de Luis Carrero Blanco.

José Miguel Beñaran nació en Arrigorriaga en 1949. Después de una infancia y adolescencia marcadas por el entorno social del franquismo, entró en ETA con otros jóvenes. En 1968 y como consecuencia de unas detenciones, José Miguel Beñaran abandonó su localidad refugiándose en Oñati durante largo tiempo y adoptando el mote de lñaki. Exiliado después en lparralde participaría activamente en la futura evolución de la organización armada.

En esos años de intensidad dialéctica hizo célebre una frase de su propio cuño:

«Yo discuto con todos, intelectualizo a los militares y militarizo a los intelectuales».

En diciembre de 1973 José Miguel Beñaran Ordeñana, ahora con el sobrenombre de Fernando, se encontraba en Madrid, junto con otros miembros del Comando Txikia preparando el atentado que costaría la vida al presidente español, Carrero Blanco.

De nuevo en Iparralde, participaría en la reestructuración de ETA. En el seno de la organización armada había divergencias en cuanto a los cambios internos y, fundamentalmente, en cuanto al análisis del futuro político. Ordeñana jugó aquí un papel determinante, en doble sentido: analizando las consecuencias de la caída del régimen franquista y los cambios que se avecinaban, y estudiando el desdoblamiento para abarcar todos los frentes de lucha sobre un nuevo modelo organizativo, dejando para ETA el campo militar. De esta forma se constituía en noviembre de 1974 ETA militar y el análisis realizado por José Miguel Beñaran quedaría plasmado en un manifiesto -el Agiri-que se publicaría a últimos de ese mes.

En octubre de 1976 se casó en la isla francesa de Yeu, en donde estaba deportado, con Asun Arana cuyo anterior compañero, Jesús Mari Markiegi, había muerto en una emboscada policial en Gernika en 1975, Después de abandonar Yeu, ambos alquilarán una casa en Angelu. Cuando se produjo su muerte la Policía bloqueó y prohibió la entrada en su pueblo natal, Arrigorriaga.

Como protesta por el cerco, una asamblea popular decidió que todos los vecinos se encerraran en sus casas y que acompañaran al cadáver sólo la madre, los hermanos y los compañeros. Dos personas que portaban la bandera de KAS abrían el pequeño cortejo que avanzaba lentamente ante el cordón policial.

Al llegar frente al ayuntamiento, con la ikurriña enlutada y a media asta, tres agentes se cuadraron ante el paso del féretro.

Diccionario histórico-político de Euskal Herria / Iñaki Egaña – Txalaparta

14 thoughts on “Argala 1978 – 2012

  1. Lo dice Maju : impresionante.
    Conocía el texto hace tiempo , publicado en una de aquellas publicaciones. Y le conocí personalmente en Biarritz, en aquella librería que ya no está.
    Cuando escribe lo dice todo con absoluta sencillez. Así era , flaco, callado y humilde. Cuando Txomin escuchaba la palabra comunista, solía decir: ¿Comunista? Argala

  2. Digo lo mismo un documento impresionante y vigente.También le conocí en Biarritz y jamas olvidaré la conversación, la única que mantuve con él. Me sentí menos culpable por haber coqueteado a los 15 años con la Legión de María en el colegio que estudiaba y me hizo sentir orgullo por pertenecer a una familia de trabajadores y de “rojos”.

  3. Comparto con vosotros un texto de Argala, extraído del libro “Argala”, de Iker Casanova y Paul Asensio, de editorial Txalaparta, que considero sumamente interesante, sobre todo por el zas en toda la boca a Carrillo.

    Tras el atentado a Carrero, el PCE puso en duda la autoría del atentado, insinuando que había “manos profesionales” detrás de la acción, como por ejemplo la CIA. Y criticó el atentado diciendo que “nosotros estamos en contra del atentado individual porque consideramos que no resuelve, … , que puede ser un obstáculo en la lucha del pueblo”.

    Ante ésto, Argala respondió:

    “Si los dirigentes del PCE mantuviesen alguna ligazón aún con el pueblo es posible que estuviesen dotados de esa intuición que ha llevado a muchos militantes de su base a aceptar como lógico el hecho de que se ejecutase a Carrero Blanco. Pero hace tiempo que los carrillistas dejaron de sentir con el pueblo…”

    “Su desprecio hacia el pueblo llega hasta el punto de considerarlo incapaz de socavar un pequeño túnel, instalar un explosivo, tender un cable y apretar un interruptor. Es completamente lógico que teniendo tal visión del pueblo predique el pacifismo y la reconciliación nacional, pues, si lo considera incapaz de llevar a cabo cosas tan sencillas, ¿cómo ha de considerarlo capaz de hacer una revolución? Hacer una revolución socialista significa por parte de la clase obrera, destruir un Estado burgués y construir otro proletario; significa tomar en sus manos la dirección económica, cultural y política del país.”

    “[…]en suma, que condenar cualquier tipo de violencia popular es una brutal necedad y una muestra de clara incapacidad (por parte de quien la condena) para salirse de las perspectivas ideológicas de la clase explotadora”.

    ——–

    Adivina adivinanza:
    ¿Aplicándolo a la realidad actual de euskal Herria quién sería el PCE?

    • ¿Te has considerado de la IA alguna vez?. ¿O hablas desde algun otro ambito de referencia?

      ¿Quien sería el PCE?. Pues el mismo PCE que también existe. Como todas las organizaciones españolas que no respetan el marco autonomo de lucha de clases en Euskal Herria fingiendo una defensa de la autodeterminacion para engañar a la clase trabajadora vasca y han creado y crean organizacione sucursales que es muchisimo peor que cualquier opinion divergente ante la violencia revolucionaria.

      Si te refieres a la izquierda abertzale, no condena la violencia revolucionaria. ¿Has visto a ETA decir algo sobre su pasado?. En el ambito institucional se ha aceptado la ley de partidos pero no se comparte. De todas maneras la izquierda abertzale es muchisimo mas que un partido. Simplemente no la usa en la etapa actual. El utilizarla o no, no hace mas revolucionario a nadie (son otras cosas las que lo hacen y ahi si abria debate pero supongo que no te interesara ). Este no es el mejor sitio para hablar ademas de ciertas cosas, vivimos en estado de guerra.

      La traicion del PCE no tiene nada que ver con su posicionamiento sobre la violencia sino con su defensa del entramado español post-franquista como democratico.

      En tiempos de Argala todas las organizaciones politicas fueron poco a poco siendo no ilegales (alegales como minimo). Por lo tanto no existia el tema de las ilegalizaciones como se conoce ahora. La postura de Argala hoy en día yo creo que sería clara en ese aspecto. Que en el frente institucional se haga lo posible para ser legal. El pueblo sabra despues como organizarse y mantener la llama aunque cueste.

      Por ejemplo el partido español PCE(r) ha sido eliminado y derrotado (no es que tuviera mucha fuerza antes tampoco) gracias a las ilegalizaciones.Y eso que no tenian frente institucional por falta de apoyo popular. La izquierda abertzale cuenta con organizaciones…en todos los ambitos. Esta muy equivocado el que piensa que la IA es sortu, sin mas.

    • Una nota mas, De hecho argala fue muy claro en el sentido de que la organizacion tenia que ser totalmente independiente de la lucha de masas, de la politica etc, asi se teorizo ETA militar. Eso precisamente para evitar la represion. Con el tiempo el enemigo falazmente hizo el famoso “todo es ETA”. Por eso cada situacion y cada ambito requiere su respuesta concreta , su ritmo y sus caracteristicas.

  4. “ Es completamente lógico que teniendo tal visión del pueblo predique el PACIFISMO y la RECONCILIACIÓN nacional, pues, si lo considera incapaz de llevar a cabo cosas tan sencillas, ¿cómo ha de considerarlo capaz de hacer una REVOLUCIÓN? Hacer una revolución socialista significa por parte de la CLASE OBRERA, DESTRUIR un Estado burgués y CONSTRUIR OTRO PROLETARIO; significa tomar en sus manos la dirección económica, cultural y política del país.”

    ¿Quién en la actualidad en EH predica el pacifismo?

    ¿Quién en la actualidad en EH predica la reconciliación?

    ¿Quién en la actualidad en EH niega la revolución socialista?

    ¿Quién en la actualidad en EH niega el caracter y el concepto de estado burgués?

    ¿Quién en la actualidad en EH niega la necesidad de DESTRUIR el estado burgués?

    ¿Quién en la actualidad en EH propone cambiar las cosas desde dentro?

    Pues sí, en una cosa acierta el comentario de las 23:52, y es que en la actualidad en EH sigue siendo el PCE uno de esos, pero le faltta aclarar un par de cosas más, al PCE se le unió Euskadiko Ezkerra, también se unió más tarde a esos pasos Aralar, y adivina adivinanza… ¿quién se ha unido a esos pasos del PCE, EE y Aralar en la actualidad en EH?

    A quién se da por aludido/a sin ni siquiera nobrarlo/a.

    • En los debate generalmente me gusta que me contesten y te he hecho varias preguntas. ¿Te has considerado de la IA alguna vez?. ¿O hablas desde algun otro ambito de referencia? ¿Tienes algo que decir sobre el marco autonomo de la lucha de clases en _Euskal Herria?.

      ¿Quién en la actualidad en EH predica el pacifismo?

      No la izquierda abertzale. Una estrategia no violenta no es sinonimo de pacifista.

      ¿Quién en la actualidad en EH predica la reconciliación?

      Depende lo que entiendas por reconciliacion y enmarcada en donde. La mayoria de la IA no acepta una reconciliacion sin justicia.

      ¿Quién en la actualidad en EH niega la revolución socialista?

      No la izquierda abertzale.

      ¿Quién en la actualidad en EH niega el caracter y el concepto de estado burgués?

      No la izquierda abertzale.

      ¿Quién en la actualidad en EH niega la necesidad de DESTRUIR el estado burgués?

      No la izquierda abertzale.

      ¿Quién en la actualidad en EH propone cambiar las cosas desde dentro?

      La izquierda abertzale, pero no en la actualidad. Argala lo proponia tambien. La IA ha propuesto siempre cambiar las cosas desde todos los ambitos, eso incluye dentro y fuera.

  5. Vaya obsesión con eso de que te diga donde he estado o he dejado de estar o de donde me he considerado o me considero, ¿de verdad estás cuestiones tienen algo de relevante o aclarador en el debate o solo intentan desprestigiar al contrario?

    Parece que tienes vocación de txakurra con eso de intentar sacar información de pertenencia a los demás.

    Te diré que me considero abertzale entre otras cosas. ¿te sirve con eso o necesitas algo más para la información que hay que pasar al cuartelillo?

    ¿Pero qué tiene que ver si considero o no EH como un ámbito autónomo de lucha de clases en este debate?

    • No creo ni que seas independentista. Tiene que ver mucho porque tu marco autonomo de la lucha de clases es el estado español y tiene que ver mucho porque usar citas de Argala sin hacer una contextualizacion en el marco autonomo de la lucha de clases de euskal herria se ha convertido en una moda del ambito comunista español camuflado de abertzale o de la IA de toda la vida.¿Por que?. Por que cuatro listos se han pensado que pueden timar a la clase trabajadora vasca , Y en unos momentos de dureza especial y de debate e incluso de contradicciones quieren asimilarse para su pirrico movimiento lo que nunca hicieron a traves de la lucha. Asi que de txakurra poco o mejor dicho nada. Solo eso, que me parece patetico que no seas(ais) claro y digas, defiendo una concepcion similar al comunismo revolucionario español de caracter estatal (Como la ETA VI que criticaba argalaya de paso sea dicho) y quiero erosionar a la IA para atraer a mis planteamientos lo que la IA ha levantado con sangre, sudor y lagrimas. Hay que ser sincero.

  6. Ah y una cosa que por lo visto deseas que te conteste, me siento parte del MLNV, pero no considero parte del MLNV a Euskadiko Ezkerra por ejemplo, tampoco considero parte del MLNV a Aralar por poner otro ejemplo, y por supuesto que tampoco considero parte del MLNV a aquellos que siguen los pasos de los ya antes citados.

    ¿Aclara algo al debate que diga de qué me considero parte?.

    La respuesta es NO, pero vista tu insistencia, pues lo respondo, no me importa.

    Ahora también hay que dejar claro que tu actitud con esta cuestión es intoxicar y desviar el debate, así como desprestigiar.

    Por última vez te repito que no formo parte de ningún partido de ambito estatal, ni español ni francés.

    Ah por cierto, una pregunta, ¿Como sabes eso de que “el PCE(r) ha sido eliminado y derrotado”? otra consideración más que denota tu vocación de txakurra (lo seas o no lo seas).

    Lo dicho, sigues intentando hacer ver que no soy independentista, ¿de donde sacas eso de mis comentarios? ¿sirve de algo que te diga que sí que lo soy? que por cierto, sí que lo soy.

    Háztelo mirar que parece que tienes una obsesión. Es que todavía no se de donde sacas tú eso de que “Solo eso, que me parece patetico que no seas(ais) claro y digas, defiendo una concepcion similar al comunismo revolucionario español de caracter estatal”, vaya, ahora parece que continuas con tu vocación de txakurra y me acusas la pertenencia a alguna organización y ámbito al que no pertenezco.

    Pero bueno, sigue intoxicando anda, que es gratis.

    • Lo siento pero no te creo, pero bueno da igual. Por cierto con esa insistencia sobre txakurras ¿ a ver si lo vas a ser tu?.Ya ves.

      Que de donde saco que el PCE(r) ha sido eliminado y derrotado?, Del mismo sitio que tu sacas que la izquierda abertzale es el PCE vasco. Solo que en este caso, apenas nadie conocia al PCE(r) en Euskal Herria antes de ser ilegalizado y ahora mucho menos, y si me preguntas ¿que se yo?. Pues deberia preocupar al PCE(r) que no lo sepa ya que si aspira a ser la vanguardia en Euskal Herria, la sociedad vasca deberia saberlo. ¿Que donde esta?. claro que no esta eliminado (retoricamente, a nivel de eficacia politica lo esta totalmente),. ¿Pues donde esta?. Haciendose pasar por IA en un submundo por ahi perdido y lanzando todos sus cartuchos contra ella.

  7. Bueno, no pienso entrar en debates estériles, los dejo para gente como tú, la gente cercana a mí ya sabe donde he trabajado, en fin que ahí te quedas sola/o tú y tus obsesiones. Agur.

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